31.10.09

Nocturna


Nacht.


A pesar de su tibieza
dan ganas de partir y dejarlo todo
perderse por así decirlo
dejar Catalpa con su hondura
ese lento crujir de dientes
esa barcaza que comienza una lánguida decadencia.

Dan ganas de huir,
canoa abajo,
de tanta desolación en los estantes
o de esta ruinosa casa donde el cielo raso
es ahora una insaciable madreselva.

Dan ganas, pero no. Al instante ya quisiera regresar.
Me basta el enjambre de tu voz pacífica
la ensenada de tu cuerpo que se infiltra en mis manos.


Derechos reservados
© Hellman Pardo

30.10.09

Dan Brown vs Phillip Roth


Portada de "Engaño", de Phillip Roth.

De Brown les dejo los dos primeros capítulos de "El símbolo perdido".
De Phillip Roth, el primer capítulo de "Engaño", editada recientemente por Seix Barral.

Pincha aquí para El símbolo perdido.

Pincha aquí para Engaño.

El libro en el 2009


The future...

Un artículo interesantísimo del futuro del libro. Presten atención lo que nos comenta Carlos Guyot, en la Nación de Argentina:

¿Qué transformación sufrirán los libros a partir de las nuevas oportunidades tecnológicas? ¿Cuáles son las implicancias para los escritores y lectores? Estas son las preguntas que intenta responder if:book, un proyecto del Instituto para el Futuro del Libro que investiga la evolución del discurso intelectual en su transformación del papel a las pantallas.

Entre sus trabajos recientes se encuentra Songs of Imagination and Digitisation , un libro online inspirado en la obra del poeta y pintor inglés William Blake, con textos, audios y videos que reúnen escritos originales, reflexiones y el minucioso trabajo de la William Blake Society, que intenta recuperar el espíritu del autor desde el lenguaje multimedia.

Hace pocos días, if:book reunió a ocho escritores ingleses para que escribieran en colaboración el libro The 24h Book , utilizando la plataforma de escritura y publicación online Completely Novel. De las 10 de la mañana del sábado 3 de octubre a las 10 del día siguiente, mientras los escritores trabajaban bajo la conducción de la novelista Kate Pullinger, los lectores fueron testigos de la construcción de la trama y los personajes, y hasta participaron con comentarios y sugerencias. Ese domingo el libro pasó a manos de un editor y finalmente el lunes 5 estuvo disponible online y en versión papel bajo la modalidad print-on-demand en una presentación de la experiencia en el Soho londinense.

HOTbook es otro proyecto que explora cómo evolucionará la literatura en los próximos... 1000 años. Para ello if:book invita regularmente a escritores y especialistas a imaginar un pronóstico en clave de ficción. En su texto "Imágenes de 2059", la joven novelista inglesa Naomi Alderman imagina que, para entonces, "en el mundo de los videojuegos, los escritores trabajan junto con los programadores produciendo ficción interactiva, juegos que son experiencia literaria". De cualquier manera, Alderman apunta que en 2059 la tecnología no habrá cambiado lo fundamental del arte de contar historias, y a su vez habrá permitido recuperar la interactividad que siglos antes existía en los relatos contados al calor del fuego.

México vs. Japón


Ruy Sánchez, quien visita muy seguido nuestro país.

Los escritores mexicanos Alberto Ruy Sánchez, Coral Bracho y Aurelio Asiain llevaron hoy a Tokio una muestra de literatura mexicana contemporánea, en un encuentro con autores japoneses para "tender puentes" entre ambos países a través de las letras.

En este diálogo literario, organizado en el marco del 400 aniversario de las relaciones entre México y Japón, participaron también la poetisa nipona Takako Arai, profesora de lengua y cultura japonesa en la Universidad de Saitama, y el escritor Dan Keizuke, galardonado con la Pluma de Plata Mexicana en 1991.

"En México hay una larga tradición de amor por la literatura japonesa desde Octavio Paz, no hay un escritor mexicano que no se haya educado o conocido algo de literatura japonesa. Es un universo indispensable", dijo a Efe el escritor y editor Alberto Ruy.

Uno de los libros de Ruy, "Los nombres del aire", aparecerá "muy pronto" traducido al japonés, explicó el autor, que precisó que forma parte de un ciclo de cinco obras "que tratan sobre el deseo".

A Tokio viajó también la bailarina mexicana Tatiana Zugazagoitia para presentar, durante el encuentro literario, una coreografía basada en la obra de Alberto Ruy.

El escritor Aurelio Asiain, profesor en la Universidad de Estudios Extranjeros de Kansai (sur) y uno de los promotores del evento de hoy, destacó que la literatura mexicana aún no es muy conocida en Japón, pese a lo cual "tiene influencia en un sector de poetas".

"Es muy importante que haya un diálogo entre los propios escritores. Muchas veces la influencia entre grupos minoritarios puede dar muchos frutos a largo plazo", explicó Asiain, que es también miembro del Consejo Editorial de Letras Libres.

Tras el encuentro entre los escritores, está previsto que el próximo martes se inaugure en el Museo Kampo de Kioto una exposición sobre el arte ritual de los indígenas Huicholes en presencia de Ruy Sánchez también en el marco del 400 aniversario de las relaciones bilaterales.

"Los huicholes tienen una peregrinación hacia el sol naciente, de ahí el paralelo con Japón. Además los cuadros muestran un parentesco en estilo con la caligrafía japonesa", indicó el escritor.

28.10.09

En la Central, charla sobre El viajero del siglo, de Andrés Neuman


Neuman, de tourbook.


Tan pronto terminé El viajero del siglo, comencé a hacer una reseña del impresionante premio Alfaguara de este año. Dicha reseña saldrá en el próximo número de Lecturas Críticas, que maneja Carlos Almeyda. Mientras esto sucede, la Universidad Central en su sede del centro, en Bogotá, hará una charla de la obra de Andrés Neuman. El jueves 29 de Octubre a las 6,30 p.m. ¿Iré? No lo creo. Fue suficiente escuchar a Neuman de viva voz el día del lanzamiento oficial de El viajero del siglo. Además, se cruza con el recital de Giovanni Quessep en la Casa Silva, y Neuman estará en alguna calle de su Granada del alma...

La gran biblioteca de los filósofos


Platón.

Convencidos de que, en tiempos de descreimiento y de crisis, la filosofía "puede salvar al individuo", los responsables de Gredos lanzan al mercado la "Biblioteca de Grandes Pensadores", una ambiciosa iniciativa que pone al alcance de todos las obras de los mejores filósofos de la historia.
Serán 38 volúmenes, de mil páginas cada uno, que en cuidada edición ofrecerán al lector el pensamiento de 31 filósofos, desde Platón hasta Wittgenstein, pasando por Aristóteles, Séneca, Cicerón, San Agustín, Santo Tomás, Erasmo, Maquiavelo, Descartes, Spinoza, Voltaire, Hume, Kant, Hegel, Schopenhauer, Marx, Nietzsche y Ortega y Gasset, entre otros.
De momento, llegan a las librerías los primeros volúmenes de Nietzsche y de Wittgenstein, pero la puesta de largo de la nueva Biblioteca de Gredos, que aparecerá simultáneamente en Círculo de Lectores, tendrá lugar esta tarde, en un acto en el que intervendrán el ministro de Educación, Ángel Gabilondo, y el filósofo Emilio Lledó.
"En tiempos de descreimiento y de crisis económica, en los que la gente está de vuelta de todo y machacada por el consumismo, siempre nos quedarán Platón, Nietzsche o Schopenhauer", asegura José Manuel Martos, director de Gredos y responsable por tanto de que haya llegado a buen puerto este "insólito proyecto", que no tiene parangón en España.

Thelonius Monk, la biografía


Monk. Fuente: BetsyBleepBlop.

Si. Cómo no amar el jazz. Y Thelonius Monk es la clave para llegar definitivamente y por completo a ella. Aparece en España, y probablemente a Colombia, una extensa biografía del artista norteamericano, del músico, del hombre. Dice la nota en Babelia:
Desde la ventana de la habitación que abandonó muy pocas veces en los últimos años de su vida Thelonious Monk veía el río Hudson y el perfil entrecortado de Manhattan. Cada mañana se vestía escrupulosamente con sus trajes bien cortados, sus grandes zapatos, sus calcetines y sus corbatas a juego, como si tuviera que acudir a alguna cita en la ciudad, y a continuación se tendía en la cama, y se pasaba el día mirando el techo, o se incorporaba sobre los almohadones doblados para mirar la televisión. Su programa favorito era la versión americana de El Precio Justo. El pianista Barry Harris, que vivía en la misma casa, y que ensayaba en una sala próxima, se asomaba a veces a la habitación de Monk y al verlo inmóvil y formal encima de la cama pensaba que parecía un muerto en su ataúd. La casa estaba en Nueva Jersey y había pertenecido al director de cine Joseph von Sternberg. Su dueña era ahora la baronesa Pannonica de Koenigwarter, que llevaba años dedicando su vida y su fortuna a proteger a músicos de jazz, y que en 1955, en su apartamento del hotel Stanhope de Nueva York, había acogido a Charlie Parker, enfermo y desahuciado. Mientras la baronesa Pannonica le preparaba algo de cena o una bebida Parker estaba en el sofá mirando un programa cómico que le gustaba mucho. Se le paró el corazón en medio de un ataque de risa.

Robin D. G. Kelly le ha dedicado ahora una extraordinaria biografía, Thelonious Monk, The Life and Times of an American Original. La mejor manera de leerla es escuchando de fondo los discos de Monk, sintiendo en cada nota del piano, como en una sesión de espiritismo, una presencia que el paso de los años no desdibuja. Pero cuando acaba la música y uno cierra el libro la presencia no cesa. El silencio también tiene que ver con Thelonious Monk, que eligió recluirse en él al final de su vida, estragado por la enfermedad y el agotamiento: un silencio que según él decía es el ruido más estruendoso que existe en el mundo.

Federico Jeanmaire, Premio Clarín de Novela


Jaenmaire, celbrando el premio...

Vestido informalmente, el hombre de la voz baja y las palabras duras caminó con calma hacia el escenario del Malba para recibir el 12o Premio Clarín de Novela, para recibir lo que desde hacía unos instantes ya era su premio. "Es difícil hablar ahora, en realidad es difícil hablar siempre", decía Federico Jeanmaire, que con su novela Más liviano que el aire, una historia marcada por la violencia puesta en boca de una anciana de 95 años, ganó uno de los premios literarios más importantes de hispanoamérica. Además, como se encargó de subrayar la jurado Rosa Montero, Jeanmaire fue el primer hombre en ganar el premio tras varias ediciones dominadas por mujeres. "Ya estábamos pensando en asignarles un cupo", bromeó la española.

La decisión del jurado se supo poco antes de las diez de la noche pero lo pasillos del Malba se venían llenando desde dos horas antes por fanáticos de la literatura y cazadores de bocaditos. Se sabe que hay muchas formas de vivir las esperas y la historia de la literatura da cuenta de buena parte de ellas. Fiel al oficio, en un rincón de la sala se lo veía a Pablo Toledo, ganador del premio Clarín por "Se esconde tras los ojos", pasando obsesivamente las páginas de la novela "El gueto de las ocho puertas". Más allá, un grupo de cholulos rodeaba a Rosa Montero y que sí, que no, que sí me animo a saludarla pero me da mucha verguenza. Mientras, y con mención aparte, el decano del periodismo Joaquín Morales Solá se pavoneaba de su elegancia ante un coro jóvenes (y desarrapados) periodistas. "Pero miren cómo andan, así es como nos vestimos los de antes".

La ceremonia de entrega del premio Clarín de novela, que este año recibió 682 originales, la abrió el editor general de Clarín, Ricardo Kirschbaum. Remontándose a pioneros de la literatura argentina del siglo XIX como Esteban Echeverría, Kirschbaum recordó la importancia de "las narraciones reales y las ficcionales, imperiosas en una sociedad que aún tiene dificultades para comprender al otro, un tema que cruza toda nuestra literatura". También recordó a la "Casa tomada" de Julio Cortázar, "una mítica casa incapaz de cobijar diferencias, una casa que pensábamos que había quedado definitivamente atrás en el tiempo".

Pasaban los minutos y la emoción se veía en gestos grandes y pequeños. Mientras una de las finalistas apretaba al mismo tiempo un ramo de flores, las manos de su hijo y la de otra acompañante, encima del escenario el editor de la revista Ñ, Ezequiel Martínez, presentaba el premio a la trayectoria para el escritor que le corrigió su primer entrevista como periodista, que lo inspiró para entrar en el oficio y, que además, es su padre. Tomás Eloy Martínez, autor de libros inolvidables como Lugar común la muerte, La novela de Perón o Santa Evita, recibía el premio por su trayectoria de su hijo y como no podía estar presente también lo recibía el hijo.

El momento más esperado de la noche llegó inmediatamente después. El jurado integrado por el Premio Nobel José Saramago, la española Rosa Montero, el periodista Juan Cruz y el novelista Pablo de Santis, que coincidieron en que esta edición superó en calidad a todas las anteriores e incluso agregaron una tercera mención entre los libros finalistas, hicieron saber su dictamen: la tercera mención fue para Enrique Mario Papatino por "La fantasía bajo sospecha", la segunda para el español Juan Muñoz por "El doliente" y la primera para "El río", de Déborah Beatriz Mundani.

Finalmente, fue el turno para que Jean Marie subiera al escenario y levantara la estatuilla como un jugador de fútbol. Su libro, calificado como una tragicomedia negra, "desternillante y atroz", será su decimoquinto libro publicado. "Escribir -contaba después de las fotos de rigor-, a fuerza de estar solos imaginando cosas, te lleva a darte cuenta de que en realidad te importan muy cosas en la vida, cosas que llevamos a los libros. A mí, lo que me interesa es lo solos que vivimos todos y los difícil que nos resulta comunicarnos, y que es esa soledad la que termina por generar violencia", contaba el flamante ganador del Premio Clarín de novela.

En el Malba, todos las miradas y elogios eran para Jeanmaire. Según Saramago, su obra demuestra una "gran maestría narrativa". Para Rosa Montero, su libro "parte de una situación originalísima y el tenderete armado no se cae nunca". Sin embargo, entre todos los elogios que oía hubo uno solo que a Jeanmaire le sacó los colores: un grito anónimo, de una dama ubicado en un rincón de la sala , que le decía "¡Jean Marie, estás bueno!". Está visto que a este hombre, anoche, le salían todas.

26.10.09

Encuesta sobre el Kindle, en Colombia


3.000 libros en la palma de tus manos...

La revista Semana preguntó a 50 intelectuales colombianos, entre los que se encuentran Juan Gabriel Vásquez, Héctor Abad Faciolince, Nahum Montt y el B39 Ricardo Silva, si dejarían o no los libros de papel, o más bien, si se dejarían encantar de ese aparatejo que se llama Kindle. Juzguen ustedes. La lista es larga:

Por el sí:
1. Ricardo Silva, escritor:
Sí, yo comenzaría, sin ningún problema, a sumarle a mi biblioteca física la biblioteca que alcance a almacenar mi Kindle, igual que le he sumado a mi repisa de música las canciones que tengo en mi IPod, pero, porque el objeto que es un libro me parece maravilloso, no dejaría de comprar nunca las novelas o los poemarios o los volúmenes de cuentos que quisiera tener en mis manos.

2. Rafael Baena, escritor:
Más que dispuesto, estaría encantado de hacerlo sin dudar un instante. Me serviría además como ‘back-up’ de los libros que siempre releo, y como liviano y poco aparatoso compañero de viaje, que permite pasar de la lectura de prensa a la de una novela y de regreso vuelve y juega.

3. Héctor Abad, escritor:
Tarde o temprano regalaré mis demasiados libros y seguiré leyendo en pantalla. No necesariamente en Kindle (no me gusta hacerle publicidad a ninguna marca) sino en cualquier soporte electrónico.

4. Nahum Montt, escritor:
Tener un Kindle es lo más parecido a tener un Aleph, un dispositivo mágico donde caben muchos, muchos textos al alcance de un click. Tampoco renuncio al placer de acariciar y leer los libros impresos, pero con un Kindle me puedo convertir en un lector caracol que lleva su biblioteca a cuestas.

5. Antonio Ungar, escritor:
Claro que sí usaría el Kindle o cualquier otro aparato parecido. Si es igual de liviano que un libro y la pantalla logra imitar al papel, me parece muy bueno lo de ahorrar espacio y pagar menos. La nueva tecnología permite además encontrar libros que los editores en papel tienen 'descatalogados' por el miedo a imprimirlos.

6. Manuel Kalmanovitz, periodista:
Aunque igual da pesar. La interfaz clásica del libro, tan portable, anotable, recorrible, no tiene equivalente electrónico. Pero es razonable la migración: se pueden llevar muchos libros en poco espacio, tiene bastante mejor surtido que las librerías locales y hay muchas cosas gratis (la carestía casi obscena de los libros en el país no deja de sorprender).

7. Salomón Kalmanovitz, economista:
Por la facilidad de acceso, menor precio por el ahorro de papel, oferta creciente de títulos, necesidad de menos espacio en mi biblioteca (que se ha vuelto inmanejable), tener a la mano una enorme cantidad de títulos que facilitan su citación en mis investigaciones y el mero placer de tener ahí muchos, mucho libros que quiero leer pero que nunca leeré.

8. Catalina Holguín, periodista:
He estado muy tentada a comprar el Kindle por que los libros son mas baratos, porque la oferta en libros en inglés es infinitamente mas amplia que en Colombia y porque para viajes largos es mas practico el Kindle que un cerro de libros de papel. Esto no significa que dejaria de "construir" una biblioteca de papel. Construiría mas bien una biblioteca digital paralela con libros con los que no sienta una necesidad de guardar para la posteridad.

9. Antonio García, escritor:
Porque es ecológico, porque uno puede tener muchos libros en un espacio reducido y porque sería una biblioteca portátil.

10. Hugo Chaparro, escritor:
La ciencia ficción nos alcanza. Modifica nuestros hábitos. La lectura en el papel se trasladó a la pantalla. Una tecnología que sugiere otra variante posible: hacer de la biblioteca un objeto portátil. Al libro de bolsillo lo reemplaza la estantería de bolsillo. Un mundo al alcance de la mano. ¡Y pensar que apenas estamos en el Kindle-garden!

11. Patricia Lara, escritora:
A pesar de la nostalgia que me produce el adiós a la tinta y al papel, me encantaría construir mi biblioteca con kindle: me ahorraría espacio, plata en costosas bibliotecas de madera, podria cargar mi biblioteca entera en mi cartera y dejaría de almacenar ácaros y polvo. ¡Bienvenido el kindle!

12. Rodrigo de la Ossa, editor:
Porque no dejaría de comprar libros pero quisiera un acceso más amplio, veloz y efectivo de contenidos de todo tipo. Debe ser sensacional tener una biblioteca en el bolsillo, más que un aparato.

13. Ernesto McCausland, periodista:
Sí.

14. David Roa, librero:
Sí.

15. Eduardo Posada Carbó, historiador:
En fin, ciertamente no reemplazaría la biblioteca con el Kindle, pero no creo que se excluyan. Como su encuesta no deja una tercera opción, mi respuesta parecería apuntar hacia un "Si".

16. Juan Diego Mejía, escritor:
Después de un tinto nostálgico en mi biblioteca digo que a estas alturas ya es mayor las ganas de leer que de tener libros. Hasta hace poco iban parejitas pero algo ha ocurrido en estos últimos años. Si el Kindle me abre la puerta de la biblioteca de la nueva Alejandría me quedo con el Kindle. Tal vez me dedique a conservar algunos viejos compañeros de vida en mi biblioteca, para que me acompañen a leer en el Kindle por las noches.

17. Eduardo García Aguilar, escritor:
Debemos reaccionar con el mismo entusiasmo que tuvieron los hombres de letras ante la aparición de la revolución de Gutenberg, y hace poco ante la irrupción de internet y su ampliación espectacular del conocimiento y el acceso abismal a la información. Ahora en la red llegamos en un instante a libros que antes nos eran inaccesibles. Tener en la mano el Aleph de Borges me encanta y por supuesto, así como tras Gutenberg siguen existiendo los manuscritos caligráficos monacales, pervivirán para siempre los libros de papel para los bibliómanos del futuro y sus arqueólogos...

18. Mauricio Becerra, escritor:
Porque hay muchos lugares de mi casa que merecen sacudirse cuanto antes de tantos libros apilados en torres de dudosa estabilidad. Sin embargo, creo que hay libros que seguiré leyendo en el papel como un tributo: todo Kafka. Todo Verne. Todo Steinbeck. El Quijote.

19. Daniel Samper Pizano, periodista:
Sí, pero en ningún caso dejaré de agregar y leer libros impresos. Es interesante el Kindle como complemento, sobre todo para buscar unidades en un texto (palabras, párrafos, capítulos), pero jamás reemplazaré mi biblioteca por este útil fantasma del que pueden desaparecer archivos cuando alguien mueve un botón en una estación central.

20. Alberto Casas, periodista:
Sí , lo intentaré sin prescindir de mi biblioteca actual.

21. Ana Roda, directora de la Biblioteca Nacional de Colombia:
Si. Aunque no tengo afán por abandonar el cómodo y amigable libro, supongo que a la vuelta de unos años habremos aceptado y estaremos encontrándole las ventajas a esta nueva tecnología, como nos ha pasado ya con la música, con el correo electrónico, con el internet. Aún no he leído nada en un kindle, pero si es de agradable lectura como dicen, portátil y sobre todo, si permite leer cualquier libro de la abundante oferta editorial, pues sí, acabaré utilizándolo. Pero, insisto, no tengo prisa por cambiar esta particular costumbre de la lectura en el libro.

22. Carmen de Escorcia, bibliotecóloga:
Si me hubiesen encuestado hace tres meses habría dicho que no. Pero hoy digo que SI.

23. Germán Rey, analista de medios:
Seguiré utilizando el libro físico y empezare a trabajar también con el electrónico.

Por el no:
1. Alejandro Martín, filósofo:
No, porque Kindle tiene un sistema muy restrictivo que no permite leer libros en todos los formatos, y privilegia de modo muy marcado los libros comprados en Amazon.
Buscaré otro lector de libros digitales de mayor libertad de formatos, e intentaré tener allí una buena biblioteca, a la vez que seguiré comprando libros físicos. Sin embargo, considero fundamental resaltar que los dominios más importantes que lo digital ha "quitado" a lo impreso están en internet y se consultan en los computadores personales desde hace años. Lo revolucionario es internet y el formato digital, no estos nuevos aparatos.

2. Juan Carlos Garay, escritor:
por alguna razón, la lectura en pantalla me cansa la vista más rápido que en papel. El Kindle es útil para transferir publicaciones que uno consulta puntualmente, como diccionarios o enciclopedias. Pero la narrativa le pertenece al papel. Generacionalmente, no puedo desvincular los libros de la experiencia del tacto y la ley de gravedad. Y sobre todo: el libro no tiene un sistema operativo que necesita ser actualizado, que es la excusa de Kindle para vendernos cada año nuevos modelos. El libro no caduca.

3. Andrés Felipe Solano, escritor:
Porque hay cosas que el Kindle no me permite y un libro sí: guardar un pasabordo en medio de las páginas y encontrarlo años después, usar un sello que tengo a manera de ex libris o pedirle en la playa a un boxeador que estampe su autógrafo en la primera página como lo hizo alguna vez mi padre con Kid Pambelé. Además siempre pierdo los cargadores y me molesta mucho la idea de tener que actualizar cada tanto un programa o aparato electrónico.

4. Óscar Collazos, escritor:
Porque el paisaje de las paredes de mi casa es una biblioteca de obras impresas y me llena de placer convertirme en el último ser humano que compre, toque, lea, subraye y anote libros en papel.

5. John Junieles, escritor:
Los que quieran usar ese aparato que lo hagan, tienen derecho a ser parte de una nueva tradición. La bateria de los libros de papel seguramente dura más que la del Kindle.Yo seré fiel al libro de papel y tinta, en especial a esos libros usados que parecen veteranos de guerra (es un asunto de amor). Al final lo que importa son las ideas, la libertad de expresarlas sin que te expulsen de los periódicos por hacerlo.

6. Miguel Silva, periodista:
Le tengo un amor profundo a los libros. Y seguiré comprando y atesorando libros. Pero eso no quiere decir que no fortalezca mi biblioteca con libros en lectores con Kindle. Lo que pasa es que aun están lejos estos libros electrónicos de parecerse a los libros verdaderos.

7. Carmen Barvo, editora:
Primero, porque mantengo una relación amorosa con el papel. También, puedo agregar que leo un 90% de literatura y que esta obtiene su perfección en forma de libro tradicional. A veces leo historia, biografías y uno que otro ensayo. Los libros de árboles, orquídeas y jardines, son maravillosos pero si son en papel. Cuando necesito una "referencia" recurro al internet. Reniego diariamente de la cantidad de libros que tenemos en la casa, pero no los reemplazaría por una cajita.

8. María Inés McCormick, periodista:
No. Personalmente, me cansa estar leyendo todo el tiempo en una pantalla pero pienso que el dispositivo tiene grandes virtudes. Para los que crecimos con el libro tradicional, el papel está arraigado en el inconsciente y nos cuesta trabajo desprendernos de ese soporte pero ahora los jóvenes son digitales y su realidad tiene nuevos referentes. Si el Kindle ayuda a que un joven que jamás ha leído una novela se acerque a la literatura me parece un medio tan legítimo como cualquier otro.

9. Pía Barragán, periodista:
No, no reemplazaré mi biblioteca por un Kindle. ( y los periódicos internacionales los seguiré leyendo en la pantalla de mi computador, para poder ver fotos, videos y audios.)
Mi biblioteca representa la geografía de mis 44 años... Contiene todos sus accidentes, amores, torpezas, pasiones, aprendizajes y obsesiones. Es un lugar sagrado para la memoria y el encuentro. Vive, habla, palpita y me sorprende. Cada libro encierra un misterio y una magia particulares. Y gozo con íntimo placer redescubrirlos por azar, releerlos, manosearlos y volverlos a guardar hasta el próximo encuentro, en otro rincón de mi biblioteca.

10. Julio Paredes, escritor:
Sostengo desde hace tantos años una relación física y visual con la biblioteca que de verdad no entendería otra forma. Como cualquier relación afectiva, está cifrada por lo imprecedible, con libros, por ejemplo, que aparecen de repente por ahí, en un estante, después de un rato largo. Veo en el Kindle otro apéndice supuestamente infalible y sin esas sorpresas simples que alegran.

11. Yolanda Reyes, columnista:
Porque todavía me cuesta trabajo aprender a manejar el nuevo celular. Porque aún compro discos por las carátulas y por los libritos que incluyen. Porque soy concreta, como los niños, y necesito tocar el papel y pasar las manos, al tiempo con los ojos, por las ilustraciones. Porque se me acaban de borrar mil correos del computador, por causa de un virus, y confío más en el papel que en los misterios informáticos. Porque el tamaño sí me parece importante, y el de la letra y el de cada libro son distintos, como la gente.

12. Carolina López, editora:
Porque por alguna razón siento que lo digital es perecedero y lo físico no (hablo de los libros o el contenido escrito, específicamente). Por ejemplo, cuando veo en internet una información que me interesa, o paso de la primera página de un manuscrito, o considero importante un correo, me veo en la necesidad de imprimirlos. Supongo que es cuestión de costumbre, costumbre que no pienso cambiar por ahora porque me gusta esa lógica que tengo con lo impreso en el papel, que también corresponde a la necesidad de ver los libros apilados en la biblioteca.

13. Juan Felipe Roblado, poeta:
Aparece una y otra vez la posibilidad de permitir que el papel sea sustituido por un equipo electrónico que, con las enormes ventajas que tiene, jamás ofrecerá la cercana complicidad de un libro, esa herramienta para gozar y compartir las historias que constituyen el origen de nuestros sueños, anhelos, fortalezas y temores. Isaac Asimov llega a afirmar que ese sorprendente Kindle ya existe y se llama libro.

14. Conrado Zuluaga, editor:
No estoy dispuesto a construir a partir de ahora mi biblioteca con un Kindle. Magnífico para quienes tienen que vivir actualizados con las últimas tendencias de la gerencia, la administración, las ventas, el código penal o lo avances científicos. Pero de los clásicos de la literatura y de los buenos autores de hoy -que son tan pocos- no hay y no se requieren actualizaciones.

15. Luis Fernando Charry, escritor:
Me irrita mucho (sobre todo los ojos) leer en una pantalla. Por lo demás no estaría dispuesto a salir de mi actual biblioteca, que ya está cerca de los 3000 libros.

16. Orlando Mejía, escritor:
No, porque hace 6 meses compré el PR S 700 de Sony y me pareció un desastre visual. Mi biblioteca digital alcanza varios cientos de volúmenes pero son textos antiguos que no pudieron ser configurados adecuadamente con lo que compré. Pienso que falta mucho para que hagan un modelo de lector virtual que compita, de verdad, con los libros de tinta y papel.

17. Claudia Cadena, editora:
No.

18. Juan Manuel Roca, poeta:
Los libros perseguidos en la novela de Bradbury, las páginas envenenadas de El nombre de la rosa, los libros salvados de la trituradora como los de Una soledad demasiado ruidosa, resultarán antiguallas metafóricas para el neo-riquismo del Kindle. No me niego a las diferencias: al que le sirva el Kindle que se lo chante. Yo prefiero los viejos modos de llegar a los libros. No estoy dispuesto a construir mi biblioteca de modo tan lánguido y aséptico.

19. Evelio Rosero, escritor:
Porque me parece irreemplazable el libro de papel, que es como otra piel, viva, cálida, prolongación mutua del autor y del lector.

21. Rubén Darío Vasco, bibliotecólogo:
La respuesta a la pregunta es No. Aunque considero que el kindle es un instrumento que se puede integrar paulatinamente a la cotidianidad.

22. Federico Díaz-Granados, poeta:
Sin duda los entusiastas defensores del Kindle tienen razón esgrimen sus argumentos tan ventilados por estos dìas pero, reconociendo que será un complemento para la formación de nuevos lectores, no cambio por nada del mundo el placer de ir a las librerías de viejo y oler y manosear libros de todas las texturas sin necesidad de energía y baterías y reconocerme en los que me han acompañado siempre con la alegría que entraña ver cómo crece una biblioteca real a la par de la vida misma.

23. Gloria María Rodríguez, bibliotecóloga:
Mi respuesta es NO, yo no estaría dispuesta a seguir formando mi biblioteca solo con un Kindle. Tengo muchas expectativas con su llegada, seguramente experimentaré, pero no me voy a privar del placer de tocar, abrir, oler y ver los libros de papel. Me encantaría además que en las bibliotecas públicas empezaran a hacer pequeños experimentos con el Kindle para ver como los recibe la gente.

24. Juan Gabriel Vásquez, escritor:
La respuesta es no. Porque no quiero que mi biblioteca se dañe si le cae agua, o si alguien se sienta encima, o si le entra arena. Porque no quiero que se vuelva obsoleta cada vez que a los señores fabricantes les dé por sacar una "nueva generación". Porque me parece que el libro, como la rueda, nació perfecto, el pobre. Porque los libros electrónicos me parecen objetos sin gracia, asépticos y antipáticos, gratuitamente complicados y frívolamente artificiales.

25. Nicolás Morales, editor:
No. Es cierto que generacionalmente me correspondería ser correcto y decir que si pero la respuesta es que aun creo en mi experiencia personal con el tacto y el olfato en el disfrute del libro. En otras palabras el objeto calo demasiado en mis imaginarios infantiles con padres intelectuales llenos de libros-objetos y esto fue muy perjudicial, desde este punto de vista. Es decir: seguiré con mis manías masturbatorias editoriales. Eso no quiere decir que como editor este absolutamente convencido que es irremediable el cambio tecnológico y que la digitalización de los contenidos nos forzará a todos los actores del espectro editorial a competir en los nuevos espacios multimediático y diseñar nuevas cadenas de valor entre todos ellos.

26. Carlos Castillo, columnista:
No seguiría construyendo mi biblioteca exclusivamente con el Kindle.
No he empezado a usar el Kindle. Lo haré, porque uno debe acudir a todos los recursos de lectura que sean posibles. Sin embargo, la tecnología de libros digitales todavía está en desarrollo, la disponibilidad de libros todavía es limitada y, finalmente, yo soy un vejete que todavía cree en el papel, así ácaros de los libros viejos me devoren los dedos.
Si me preguntan a mi, diría como Woddy Allen. Quizá si, quizá no y también todo lo contrario.

Giovanni Quessep en la Casa Silva


Quessep, al negro vivo.

Quizá uno de los mejores poetas colombianos de los últimos tiempos, Giovanni Quessep, presentará parte de su obra en la Casa Silva, el Jueves 29 de octubre a las 6,30 de la tarde. Para no perdérselo. Querido poeta, allí estaré.

QUÉ SOLOS

Los almendros de oro polvoriento,
qué solos. Nadie sabe
quién los sembró, ni quiénes
son ya sus hojas amarillas; pero,
cuánto vuelo de trompos a su sombra,
y columpios, y rondas que cantábamos
los que hoy vemos el cielo desde un lecho de piedra.

Giovanny Quessep.

A la venta primeras obras de Benedetti


El viejo Mario.

Ya he comentado que no dejan descansar a los escritores muertos, y los primeros siempre son sus familiares. A qué no tengo familia semejante, lo juro ¿o tal vez sí? La nota en EFE:
Según publicó el semanario uruguayo "Búsqueda" en su último número, el hermano del poeta, Raúl Benedetti, pretende vender la colección de cartas que aquél le envió durante su exilio en París, Palma de Mallorca y Madrid, así como una veintena de ejemplares de sus obras dedicados a él y a sus padres, muchos de ellos primeras ediciones.

La intención es financiar con ese dinero un documental sobre Mario Benedetti en el que se incluirían los testimonios de su hermano.

Silva, ex secretario de Mario Benedetti (1920-2009) y gerente de su fundación, evitó dar opiniones y se limitó a afirmar: "las cosas que Mario le regaló a Raúl son de él y, por tanto, puede hacer lo que quiera con ellas".

"Desde la fundación no queremos formular ninguna reacción ante lo publicado", aseveró.

Sin embargo, la presidenta de la institución, la poeta Sylvia Lago, calificó la decisión de "increíble" y afirmó que "eso es todo una confabulación que hay ahí, con las personas que están alrededor de él (Raúl Benedetti)" en declaraciones publicadas hoy por el periódico uruguayo "El País".

Entre los ejemplares que quiere poner a la venta figuran las primeras ediciones de "Montevideanos" (1951), "Poemas de la oficina" (1956) y "La víspera indeleble", el primer libro de poesía del escritor, financiado y editado en 1945 por el propio Mario Benedetti, informó "Búsqueda".
Asimismo, el hermano del poeta venderá la colección de cartas que Benedetti le envió en el exilio, en la que se incluye una misiva donde relata su traslado de Mallorca a Madrid, debido a que la humedad era perjudicial para su asma, y otra, de 1983, en la que reflexiona sobre el inminente retorno de la democracia a Uruguay, que finalmente ocurriría dos años después.

Según dijo Raúl Benedetti al semanario, el anuncio de la venta se realizará a través de Internet para permitir el acceso a coleccionistas de todo el mundo y especialmente de España.

Agregó que ya se han iniciado contactos con cineastas locales para la realización del proyectado documental sobre el autor de "La Tregua" (1960), que se pretende financiar con el dinero recaudado por la venta de ese legado.

El hermano del poeta subrayó su deseo de que este material no sea adquirido por la Fundación Mario Benedetti, designada heredera universal de los bienes del autor.

"Ahí hay gente que no me interesa que conserve esas cosas", dijo Raúl Benedetti, quien el pasado junio cuestionó la legitimidad del testamento del autor y llegó a insinuar la posibilidad de emprender acciones legales contra los miembros de la institución.

En este sentido, Silva dijo a la agencia EFE que la fundación "no quiere entrar ahora" en la posibilidad de comprar ese material, pues "aún sigue en marcha el proceso sucesorio" y "hay plazos legales que cumplir".

No obstante, indicó que los trámites evolucionan "sin impedimentos" y "pronto" podrá abrirse el apartamento que Benedetti poseía en el centro de Montevideo, que por el momento permanece cerrado y bajo vigilancia y cuyos bienes pasarán a formar parte de la institución, previo inventario judicial.

La Fundación Mario Benedetti fue lanzada en Montevideo el pasado 14 de septiembre, coincidiendo con la fecha de nacimiento del escritor.

23.10.09

La ficción de Fresán


El argentino Rodrigo Fresán.

Una entrevista al célebre crítico y escritor Rodrigo Fresán, a propósito de su nuevo libro, El fondo del cielo. Dice la nota en el ABC:
-¿Por qué dice que no ha escrito un libro de ciencia-ficción sino, en todo caso, una novela con ciencia-ficción?
-El libro es más una «rara avis» para un escritor español que para un argentino, en el sentido de que la gran tradición de la literatura argentina pasa por el género fantástico; no tenemos esa especie de problema púdico con la literatura fantástica. Borges, Bioy Casares, Piglia, Cortázar, Lugones... No hay gran escritor argentino que no haya dado una vuelta por la anticipación o la fantaciencia o como queramos llamarla. Pero cuando yo me puse a escribir, mi primera intención era contar una historia de amor.

-Aunque fuera con ciencia-ficción...
-Hubo una primera versión mucho más larga y, si bien a la versión final no le falta nada de lo que hubo en la anterior, lo cierto es que detecté el riesgo de que se convirtiera en una novela de género, donde la ciencia-ficción ocupaba un espacio más enciclopédico, con más detalles, escritores y películas. En algún momento me di cuenta de que ése no era el idioma que le correspondía al libro, sino otro más cercano a la poesía, la melancolía, lo crepuscular, donde lo que priman son los sentimientos. Y finalmente el amor como la cosa más extraterrestre que hay, y como una forma de invasión...

-Al escribir del amor con ciencia-ficción, crea una con-ciencia-ficción, una mirada específica sobre otras cosas raras, casi extraterrestres, que nos ocurren.
-El libro se construye desde una profunda melancolía, casi derrota, porque lo que finalmente narra «El fondo del cielo» es el momento en el que el futuro deja de ser recurrente, cuando nos damos cuenta de que los extraterrestres no nos van a salvar, y ni siquiera van a invadirnos, y que básicamente cada ser humano se está convirtiendo en un extraterrestre de sí mismo, encerrado, con dependencia del teléfono móvil, con los ordenadores en casa, con todas estas cosas que tres generaciones atrás eran pura ciencia-ficción. Lo más clásico de todas las películas del género era hablar con alguien al que vemos en una pantalla. Jamás pensé, cuando era niño, que tener un ordenador en casa fuera a ocurrirme a mí.

-Lo interesante es que soñar con el futuro siempre amenazaba con la pesadilla, pero ya es rutina.
-El futuro pasó, y vivimos en él. Paradójicamente, el mío es un libro de ciencia-ficción que se preocupa más por el pasado porque el pasado se ha vuelto más interesante que el futuro. Es lo que hacían, en definitiva, los escritores que siempre me interesaron más: Ballard, Dick, Vonnegut, que es uno de mis ángeles tutelares.

-Se diría que la ciencia-ficción le permite romper los límites de la realidad, como ocurrió con Don Quijote y los libros de caballería...
-Sí, claro, y también comparte la temática con los grandes textos religiosos: la importancia de lo que viene desde los cielos. La primera manifestación de ciencia-ficción tiene lugar en el momento en el que cae un rayo, algo arde y pasa un tipo que interpreta que aquello se lo han enviado, o descargado desde otro planeta. Toda suposición de este tipo está poniendo de manifiesto la ausencia de Dios y la necesidad de que haya alguien que nos guíe o que nos destruya, nos castigue por completo. Siempre queremos poner esa instancia en un ser superior. Lo curioso es que las cosas que solíamos adjudicar a los extraterrestres, como no sucumbir a las enfermedades o vivir muchísimos más años, o conocer al detalle el ADN, ¡incluso destruir el planeta Tierra! ya lo estamos haciendo nosotros de manera muy organizada.

Filmando El Capital


La gran cabeza de Marx, en la ciudad alemana de Chemnitz.

Pedro Rey, del periódico la nacion, de Argentina, hace un balance de la película-río que se filma de la célebre obra de Carlos Marx, El Capital. ¿El último tratado del hombre? Puede ser. Dice Rey:
Jean-Luc Godard señaló alguna vez que existen dos tipos de cineastas: los que quieren hacer películas a cualquier precio y los que quieren hacer una película determinada. A la segunda categoría habría que agregarle un inciso: una película determinada que se considera imposible de filmar. Sergei M. Eisenstein (1898-1948) pasó a revistar definitivamente en la última de estas subcategorías cuando a fines de la década de 1920 se propuso adaptar el farragoso contenido de El capital (1867), el tratado económico-político de Karl Marx, al lenguaje cinematográfico. Eisenstein, la mente más brillante y minuciosa de aquel cine que conjugaba vanguardia y revolución, no pudo consumar el proyecto, pero es la inevitable alma tutelar que preside Noticias de la antigüedad ideológica: Marx, Eisenstein, El capital, la película de nueve horas y media que el año último, mientras el mundo entraba en una nueva crisis financiera, dio a conocer el alemán Alexander Kluge.

Tal vez fuera necesaria una filmografía como la alemana (que ya alumbró proyectos fílmicos tan monumentales como Hitler , de Hans-Jürgen Syberberg, y Berlin Alexanderplatz , de R. M. Fassbinder) y un cineasta omnívoro, esa figura artística e intelectual que parece pertenecer al siglo XX antes que al actual, para poder reflotar el proyecto. Kluge (Halberstadt, 1932), como prueba su biografía, pertenece a esa especie en extinción: estudió derecho e historia, frecuentó a Theodor Adorno y el Instituto de Investigación Social, colaboró con Fritz Lang y fue uno de los propulsores del Nuevo Cine alemán que tuvo su bautismo de fuego, en los años sesenta, con el Manifiesto de Oberhausen. El adjetivo omnívoro puede entenderse de manera todavía más precisa si se ven sus películas ( Los artistas bajo la carpa del circo: perplejos , entre otras) o se lee El hueco que deja el diablo , el único de sus libros que circula en español y en el que los breves relatos pasan con fluidez de un accidente automovilístico sufrido por Hitler en 1931 a la tragedia de Chernobyl, de la perra Laika y el final de Cartago a la película dilecta de Walter Benjamin o los films perdidos de Murnau.

Noticias de la antigüedad ideológica (que el Goethe-Institut presentará en el docBsAs en la versión de menos de una hora y media, abreviada por su autor) también aprovecha "el mundo fantástico de los hechos objetivos" que frecuentan sus relatos. No se limita a ser la seca puesta en escena de un libro áspero y abstracto; por el contrario, aprovecha todas las líneas de fuga que permite el texto de Marx.

Los excursos de la película son extensos y variados: un diálogo con el poeta Durs Grünbein sobre la versión didáctica en verso homérico que Bertolt Brecht realizó del Manifiesto comunista hace contrapunto a una excelsa conversación con el escritor Hans Magnus Enzensberger. En ella, ambos imaginan (Kluge, hay que decirlo, es un entrevistador excelente) de qué manera podría haberse representado la crisis de 1929 o podría dar forma a un poema sobre temas en apariencias tan áridos como la economía.

Kluge es fiel a Eisenstein con una perseverancia siempre inteligente. Después de filmar Octubre , su opus sobre la Revolución de Octubre, el director soviético había llegado a la conclusión de que el único desafío creativo que le quedaba era abordar El capital . "La estructura de la obra surgirá de la metodología del cine-palabra, cine-imagen, cine-frase", consigna en octubre de 1928, en una de las entradas de su diario. Su libro de cabecera en aquellos tiempos era el Ulises de Joyce, que lo inspiró en su proyecto de filmar a Marx. El cineasta, que se encontraba afectado por una ceguera temporaria, se reunió con el escritor irlandés (que al mismo tiempo pensaba en él o Walter Ruttmann para llevar a la pantalla grande su novela). "No soportaba la idea de tener que reducir las 29 horas de filmación, que para él eran muy importantes, a dos horas -cuenta el propio Kluge en una reciente entrevista en el Frankfurter Allgemeine Zeitung -. Como ya no puede leer en voz alta [estaba perdiendo la vista], Joyce pone un disco en el que lee el Ulises . A partir de allí ambos tramaron una ´dramaturgia esférica´, un cine sin narración lineal; las cosas deben girar unas alrededor de las otras, tal como lo hace un sistema planetario, en todas direcciones. Esto es épica, ya el Talmud babilónico había sido escrito de esta manera." El crac financiero de 1929 y la desconfianza de los potenciales productores le darán el golpe de gracia al proyecto.

Kluge siguió esa estructura esférica que habían ideado el cineasta y el escritor. Su película está conducida por leyendas y consignas escritas que cambian de tipografía y color de pantalla, manteniendo siempre alerta la atención. El procedimiento recuerda el distanciamento estipulado por Brecht y las frases que intercala en sus obras el propio Godard, otro creador de ambiciones teóricas. Actores leen fragmentos de El capital de maneras diversas (desde la salmodia al recitado), pero también de otros textos de Marx. La prosa, pese a su frialdad técnica, se revela así de una vitalidad casi narrativa. Una de las virtudes de la película proviene del efecto que el curioso modo de distribución tiene sobre su forma: la película -el dato quizá diga mucho sobre el futuro del cine- no fue pensada para su estreno en salas comerciales, sino para ser editada en DVD (por la editora Suhrkamp).

El film tiene, a pesar de la riqueza de sus estribaciones, un núcleo duro. Se trata de El hombre en la cosa , un corto autónomo firmado, no por Kluge, sino por Tom Tykwer. La imagen de una calle, un edificio, una mujer que camina, luego corre y queda inmovilizada es la coartada para presentar un "pequeño Marx explicado a los niños". Haciendo foco en algunos de los muchos elementos que componen la instantánea, la lente va desbrozando las redes de historia material que acumula cada uno de esos objetos, de la tela y las botas de la mujer al portero eléctrico o las cerraduras, del adoquinado a la goma de mascar o la colilla aplastada contra el suelo.

La escena final, con una muchacha que busca en el cementerio de Highgate, en Londres, la tumba del filósofo, es reveladora. Marx no está bajo el gran busto que lo conmemora, sino en los confines más silvestres del terreno, resguardado por una lápida en pésimo estado. No es, sin embargo, un final nostálgico. A Kluge no le interesa reivindicar a un Marx hace tiempo muerto. Lo ve, en todo caso, como una usina de ideas para reflexionar sobre la experiencia humana. Como él mismo sugiere: es el "boy-scout que nos puede guiar a través de un mundo altamente complejo y llevarnos de vuelta a la antigüedad".

Jackson al rojo


El rey, cuando era el rey...

El crítico Walter Cassara hace una "disección" del libro "La magia, la locura, la historia completa", la biografía del rey del pop, del escritor Randy Taraborreli. No que se diga más allá de Michael Jackson, es solo habladurías:

En astronomía, un quásar es un agujero negro supermasivo que contiene tanta energía como para devorar una galaxia entera. La tarde del 25 de junio de 2009 en que "el rey del pop" cayó infartado por una sobredosis de anestésicos, un enorme quásar debe de haber colapsado en el cielo. En los más remotos rincones de la aldea global, millones de fans encendieron una vela por la muerte del ídolo. Por otros motivos, lo mismo hicieron los alicaídos magnates de la industria discográfica. Elizabeth Taylor y Diana Ross habrán llorado toda la noche. Walt Disney, Elvis Presley, Frankenstein, Peter Pan, Fred Astaire y también Mickey Mouse. Todos los mitos, todas las mascotas y todas las marionetas del mundo lloraron. Los únicos que no deben de haber llorado son Paul McCartney, que todavía estará despotricando contra los abogados de Jackson porque le "robaron" los derechos de las canciones de los Beatles, y Randy Taraborrelli, que debía estar muy ocupado actualizando los últimos capítulos de esta voluminosa biografía.

Como un auténtico quásar, un agujero negro que puede absorber la luz de las galaxias más lejanas, el artista fue, como refleja Michael Jackson. La magia, la locura, la historia completa , un fenómeno que logró condensar, en su música y en su vida, todas las formas del estrellato, todos los lugares comunes y los prejuicios, todas las desdichas y las remesas del gran sueño americano. Para empezar fue una mezcla insólita de Shirley Temple y James Brown, una mezcla de ensayada ingenuidad y marginalidad irreparable que se muestra -clara y quizás involuntariamente- en sus primeras actuaciones, cuando tenía apenas once años. Según se refleja en esas primeras apariciones en el escenario, parecía un niño lleno de vida y de una alegría insobornable, eximio bailarín y concienzudo cantante. Hasta que lo "descubrió" un sello discográfico especializado en música negra; se dispararon los primeros éxitos, el niño conoció por primera vez la "jacksonmanía" y empezó a recibir jugosos cheques que dilapidaba en caramelos.

Quizá no todo el mundo sepa que la infancia de Michael Jackson transcurrió en Gary (Indiana), un suburbio industrial a cuarenta kilómetros de la ciudad de Chicago. Allí vivía con sus padres y sus nueve hermanos en una casilla prefabricada, del tamaño de un garaje. Su padre era operario en una planta siderúrgica, aficionado a la guitarra eléctrica y muy proclive a los castigos corporales. Además, profesaba el culto de los Testigos de Jehová. Con la dirección de este padre despótico, Michael empezó a cantar y bailar soul desde muy chico, junto a sus hermanos, en un grupo que se llamaba The Jackson Five. Para esa época, fines de los años sesenta, el soul -que había nacido en las iglesias metodistas influido por el gospel- poco o nada tenía que ver con sus raíces, y The Jackson Five, con sus trajes coloridos y sus destrezas coreográficas, habría pasado sin pena ni gloria, como otro de los tantos grupos que expresaban la típica visión pequeño-burguesa de la cultura negra, si no fuera porque con ellos se forjó el talento artístico y el afinadísimo ingenio empresarial del moonwalker .

Tal y como se desprende de esta biografía escrita por un paparazi acreditado, que entrevistó al cantante y a su familia en varias ocasiones, Jackson fue un genio precoz, extremadamente tímido y solitario, que descolló en el escenario y batió todos los récords de ventas, pero que nunca logró dejar atrás una infancia expoliada por las ambiciones materiales de su familia y el canibalismo insaciable del show business . Con tan sólo veinticuatro años, ya había amasado una fortuna descomunal y había alcanzado la cúspide de la popularidad. A lo largo y ancho del planeta, se oían sus canciones, millones de jóvenes imitaban sus pasos, lucían el sombrero fedora, los calcetines blancos y el guante de lentejuelas.

No obstante, nada de eso alcanzaba para curar su timidez ni sus temores infantiles. La plata va y viene, la fama es la meretriz más vieja del mundo. Después de tener todo lo que se le antojara, Michael sólo quería salir a rodar en una patineta por la calle y regalarles dulces a los chicos del barrio. Nunca lo pudo hacer y tuvo que conformarse con soñar que volaba, como Peter Pan. De hecho, se compró un rancho de mil hectáreas y lo llamó Neverland. Se compró un zoológico, un parque de diversiones y una cámara hiperbárica. Dicen que quiso, incluso, comprar el esqueleto del Hombre Elefante, pero no se lo vendieron. Del mismo modo, se compró una nariz y una máscara. Luego, otra nariz y otra máscara, y otra, hasta borrar todo rastro de su pasado, de su clase, de su raza y su yo verdadero. "A veces, me siento en mi dormitorio y lloro -le confiesa Jackson a su biógrafo, con esa vocecita en falsete que era otra de sus marcas registradas-. Es muy difícil hacer amigos y algunos temas no se pueden hablar con los padres o la familia. A veces camino por el vecindario de noche, solamente esperando encontrar a alguien con quien conversar. Pero termino regresando a casa."

Así como quiso vencer las leyes de la gravedad con su célebre paso de baile, Jackson también quiso sustraerse -como prueba este libro- a las leyes de la evolución y convertirse en precursor de una nueva especie de mutantes que ayudarían a mejorar el mundo. Al final, lo único que le quedaba de humano era la megalomanía. La megalomanía y los ojos negros, vivaces, los ojos que raras veces dejaba aparecer en público, los ojos de aquel muchachito de Gary saltando aterrado bajo el látigo del padre.

22.10.09

40 años sin Kerouac


Jack, no el destripador.

Tal día como hoy, hace 40 años, nos dejaba Jack Kerouac, uno de los máximos exponentes de la «generación beat» y escritor de culto gracias especialmente a su novela «En el camino», que se convertiría en la referencia de numerosos jóvenes y no tan jóvenes que soñaban con esos aires de experimentación y libertad que ruzumaba la obra.
Jack Kerouac nació en Lowell (Massachusetts) el 12 de marzo de 1922 en el seno de una familia canadiense de lengua francófona y no aprendió a hablar inglés hasta los seis años.
A la literatura llegó pronto. Con diecisiete años ya estaba escribiendo sus primeros textos, influenciado por autores como Hemingway, Thomas Wolfe o Jack London. Antes había tenido tiempo de descollar en el fútbol americano, pero una lesión en la pierna le impidió desarrollarse en este campo profesionalmente. Un sueño frustrado que le llevó a enrolarse en la marina mercante, donde esperaba vivir grandes aventuras. Cada vez que atracaba su barco, Kerouac cogía lápiz y papel y se dejaba llevar por su pasión literaria.
Posteriormente se trasladaría a Nueva York, ciudad en la trabaría amistad con Allen Ginsberg, William S. Burroughs y Neal Cassady, los otros grandes referentes de lo que no tardaría en conocerse como «generación beat». Un termino éste que nació de una conversación entre el propio Kerouac y John Clellon Holmes y que quedó inmortalizado gracias a un artículo publicado por este último en el «New York Times Magazine». El rechazo a los valores clásicos de la sociedad estadounidense, la influencia de la filosofía oriental la libertad en materia sexual y el uso de sustancias alucinógenas constituían algunas de las señas de identidad del movimiento.

La supuesta Medellín desconocida


Alfredo Gómez Cerdá. Fuente: su blog.

Publicada por la editorial Luis Vives y galardonada ya con el Premio Ala Delta, "Barro de Medellín" es fruto del viaje que hizo el escritor en 2007 a Medellín, Colombia, y está llena de personajes "con sentimientos, que viven una existencia dura y, en apariencia, con pocas esperanzas, al límite de todo y de la nada", según manifestó el autor.

Cuenta la historia de Camilo y Andrés, para quienes los días transcurren vagabundeando por las calles de su barrio de Medellín, el mejor lugar del mundo, en el que el enorme edificio de la biblioteca destaca como un gigante de ladrillo. Camilo tiene claro que, cuando sean mayores, dirigirán una banda de ladrones. Pero Andrés no quiere ser ladrón, aunque tiene claro que nunca se separará de su amigo.

Gómez Cerdá lleva años dedicado a la literatura infantil y juvenil, y en el libro que le valió el Premio Nacional procuró no caer en sentimentalismos al desarrollar la trama, al tiempo que buscó un estilo marcado por la sencillez y la concisión, según el jurado.

Gómez Cerdá empezó a escribir a los 11 años y aunque inicialmente se dedicó al teatro, a partir de 1982, cuando ganó el segundo premio "El Barco de Vapor" por su libro "Las palabras mágicas", se inclinó ya por la literatura infantil y juvenil.

En 2001 obtuvo el Premio Assitej-España de Teatro por "La guerra de nunca acabar", en 2005 fue galardonado con el "Premio Gran Angular" por "Noche de alacranes", y un año más tarde con el "Premio Fray Luis de León" por "La montaña más bella". El año pasado mereció además el "Premio Cervantes Chico" por el conjunto de su obra.

El Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil está dotado con 20.000 euros (unos 30.000 dólares) y lo concede el Ministerio de Cultura para distinguir una obra de autor español, escrita en cualquiera de las lenguas oficiales del país y editada en España durante 2008.

Llega El símbolo perdido


The lost symbol.

Dan Brown llega al mismo tiempo que el Kindle, aunque no en e-book. El símbolo perdido pronto invadirá las librerías. Ay de nosotros...comenta Sergio Vila-Sanjuán:
Lo fácil es pensar que Dan Brown vende tanto porque es muy malo. Pero quizás resulta más ilustrativo indagar, como hace José Enrique Ruiz-Domènec, en las razones que hacen de él, tras J. K. Rowling, el novelista más leído de los últimos diez años. Ya sabemos que Brown no aspira a competir con Henry James. Hay que acercarse a sus páginas no desde la teoría literaria, sino desde la teoría cultural del best seller y sus tipologías.

UNIDAD TEMPORAL Igual que en la serie televisiva 24, y como en obras anteriores, las andanzas del simbólogo Robert Langdon se presentan prácticamente en tiempo continuo, a través de una única jornada sin descanso para cuestiones nimias como comer o dormir. Una estrategia que refuerza la inmediatez narrativa y la implicación lectora.

NOVELA ENIGMA Estructuralmente, El símbolo perdido, como El código Da Vinci - que son las genuinas aportaciones del autor de Exeter al mundo del best seller, puesto que las novelas anteriores del autor no presentan su originalidad-,va un paso más allá de la novela de misterio, surgida en el siglo XIX de la mano de Poe y Conan Doyle y consolidada en el XX con Agatha Christie o Raymond Chandler. Se trata más bien de novelas enigma, donde protagonistas y lector se ven confrontados a una serie de interrogantes que sólo pueden ser resueltos, no ya desde el sentido común, sino a través de una criptología especializada y un saber esotérico que requiere iniciación. En este terreno transcurren por la senda abierta en 1988 por Katherine Neville con su novela El ocho,mega seller en torno al mundo del ajedrez que también es un trabajo de referencia en el campo de la narrativa esotérica.

NOVELA ´HIGH CONCEPT´ Así se conocen aquellos best sellers que lo son por transmitir al lector en forma narrativa una idea nueva o, al menos, que hasta el momento sólo había circulado en ámbitos minoritarios. El precedente high concept más famoso es sin duda Parque jurásico deMichael Crichton, donde se especulaba con la posibilidad de clonar animales desaparecidos a partir de su ADN. En sus últimos dos libros, Dan Brown se aproxima a dos conceptos de la espiritualidad no institucional de nuestro tiempo, con especial arraigo en Estados Unidos. Si en El código Da Vinci era la creencia en una dinastía que arranca de Jesús y sobre todo la convicción de que sólo una revolución feminista puede salvar el cristianismo, en El símbolo perdido se aborda la noción, propia de la espiritualidad sincrética new age, de que el pensamiento puede actuar sobre la realidad - y aquí el autor no está muy lejos de Gaspar Hernàndez-;la confianza en un deísmo surgido de la energía mental colectiva y la identificación entre sabiduría tradicional y teorías científicas de vanguardia. Aunque ocupa mucho menos espacio narrativo que la masonería, es la divulgación new age la que aporta más frescura e intención al nuevo Brown, que aparece en España la próxima semana.

20.10.09

Ya desembarcó el Kindle...


El próximo desayuno...

El llamado e-book se lanza esta semana en forma simultánea en España y Colombia, en medio de la controversia entre empresarios electrónicos y editores por los derechos de autor y por el futuro de un negocio multimillonario. La guerra por los lectores del siglo XXI se disparó los últimos días durante la Feria del Libro de Fráncfort, Alemania. Allí, los visitantes fueron recibidos por carteles en los que se leía “Le ponemos cara al futuro” y enseguida se revelaron las siguientes cifras:

El año 2018 será en el que el libro digital le dará el golpe de gracia al impreso. Incluso se admite que en menos de dos años un 25% de los ingresos de los editores vendrá por ese canal, cuando ahora esos beneficios son casi inexistentes. Así lo creen cuatro de cada 10 editores encuestados por la feria internacional más grande del sector.

Pero aun así, no saben cuál es el modelo de negocio, ni cuánto cobrar, ni cómo. Lo mismo ocurre en Colombia, donde desde este lunes la poderosa Amazom.com, líder en la comercialización de libros vía internet, amplía sus canales para que potenciales compradores nacionales encarguen vía electrónica el nuevo kindle para cargar en un aparato de 200 gramos su biblioteca preferida.

Por ahora, entramos a la fase experimental pero no hay vuelta atrás. El fenómeno mundial es tan grande que la piratería queda como “tercera consternación” ante el reto del e-book. También preocupa la incertidumbre por la rapidez en los cambios y conocer mejor los usos tecnológicos de los consumidores. Una prueba de la desorientación que asuela el sector está en la respuesta de los editores cuando se les pregunta por el modelo de pago para el acceso de los lectores a los contenidos on-line. Mientras el 25% (en su mayoría editores europeos) está por una tarifa plana o un modelo de suscripción que permitiera acceso a toda la oferta, el 23% (especialmente los anglohablantes) prefieren los micropagos o pagos por capítulos o partes de un contenido.

La división ya es total a la hora de poner precio al libro electrónico (al contenido, no al aparato que en Colombia se venderá a 279 dólares). Aún hay quien cree que un e-book debe ser igual (15%) o más caro (4%) que un libro tradicional. El resto, que ha de ser más barato. ¿Pero cuánto? Hay división de opiniones. Un 10%, un 20% y hasta un 30%. Y queda una quinta opción: algunos defienden que se ha de poner al mismo precio que los modelos supereconómicos que vende ya hoy Amazon por US$9,99.

Quizá el caos impera porque el 65% de los editores aún no leen e-books. No es el caso de Jesús Badenes, director general de la división de librerías del Grupo Planeta, quien solicitó la intervención de los gobiernos “para evitar el control monopólico de los buscadores, o de kindle, el lector de Amazon”.

En esa línea, avanzó que para la Feria del Libro de Madrid la plataforma conjunta de libros electrónicos que Planeta prepara con Santillana y Random House Mondadori dispondrá de “unos 6.000 títulos” y que siguen abiertos a nuevos socios.

También insinuó el nombre de Anaya como posible cuarto socio gigantesco de la operación. Aún con ello, recordó que en 2008 los e-books sólo representaron el 0,8% de las ventas en EE.UU. y apenas un 0,6% en Inglaterra. Y que la batalla con Google por la digitalización de obras pasará en Europa por “un acuerdo país por país”.

Tal vez lo mismo termine sucediendo en América Latina. Por ahora la moda se desata en Colombia y habrá que ver cuántos clientes ingresan a Amazon.com en busca del kindle, cuánto bajará el precio del libro electrónico a mediano plazo y si esta nueva herramienta del siglo XXI estimula la aparición de una nueva generación de lectores o ahuyenta a los pocos que se resisten a abandonar el aroma de las hojas impresas.

Una novelita lumpen


La portada.

Aparece al fin la nueva -¿nueva?- novela de Roberto Bolaño...bueno, la novela que nadie quiso leer en su momento. La publica su editorial, Anagrama. Aquí les dejo los primeros párrafos de "una novelita lumpen":

I

Ahora soy una madre y también una mujer casada, pero no hace mucho fui una delincuente. Mi hermano y yo nos habíamos quedado huérfanos. Eso de alguna manera lo justificaba todo. No teníamos a nadie. Y todo había sucedido de la noche a la mañana. Nuestros padres murieron en un accidente automovilístico durante las primeras vacaciones que hicieron solos, en una carretera cercana a Nápoles, creo, o en otra horrible carretera del sur. Nuestro coche era un Fiat amarillo, de segunda mano, pero que parecía nuevo. De él sólo quedó un amasijo de hierros grises. Cuando lo vi, en el desguazadero de la policía donde había otros coches accidentados, le
pregunté a mi hermano por el color.

-¿No era amarillo?

Mi hermano dijo que sí, claro que era amarillo, pero eso fue antes. Antes del accidente. Las colisiones deforman el color o deforman nuestra manera de percibir el color. No sé qué quiso decir con eso.

Se lo pregunté. Dijo: luz... color... todo. Pensé que el pobre estaba más afectado que yo. Esa noche dormimos en un hotel y al día siguiente volvimos a Roma en tren, con lo que quedaba de nuestros padres, y acompañados por una asistente social o una educadora o una psicóloga, no lo sé, mi hermano se lo preguntó y yo no oí la respuesta pues iba mirando el paisaje por la ventana.

El autobús de Roth


Phillip Roth, by 7.B.

Anna Grau, desde New York, nos comenta lo "fácil" que es acceder al eterno Phillip Roth, que, entre otras cosas, se quedó viendo un "chispero" con la concesión del Premio Nóbel:
Philip Roth está considerado el mayor escritor americano vivo. Y el más huraño. Periodísticamente es un hueso que raramente o nunca concede una entrevista. Socialmente se deja ver poco incluso por su Newark natal, de la que hace tiempo que se exilió para vivir con su familia en Connecticut. Hasta el pasado fin de semana.
«El Newark de Philip Roth» es el nombre de una ruta turística en autobús concebida para rendir homenaje al genio ausente y a los muchos mitómanos que besan por donde pisa. O pisó. Hace años que recorre desde la esquina de Summit Street donde nació Roth –y que por eso ahora lleva su nombre- hasta el museo local, el parque Washington y Clinton Avenue, entre otros hitos de la ficción «rothiana».
Que por supuesto a veces es ficción pero no es mentira. Roth es de los escritores más impúdicamente y arriesgadamente autobiográficos que existen, pero en el sentido más alto: para crear se sirve de su vida como otros del aire para respirar. Es decir, que inhalan la materia, cogen lo que necesitan (el oxígeno), expelen lo que no aporta nada (dióxido de carbono) y todo es lo mismo pero ya no es igual. Así la vida y la obra de Roth se hacen un perpetuo y fascinante boca a boca, donde todo es verdad y a la vez está reinventado.

Disputa por El proceso, de Kafka


Kafka revolutions...

Hoy día los escritores consagrados, los realmente consagrados, reviven así porque sí. Kodama no deja reposar a Borges, España no deja descansar a Lorca, y ahora, Israel y Alemania no dejan en paz al adorado Kafka. Cuentan en la Revista Ñ:
Kafka, como han señalado muchos ensayistas, nunca terminó de saber a dónde pertenecía y su doble condición de miembro de las minoría alemana y de la minoría judía en Praga hacia más difícil esa búsqueda de la identidad. Ahora, se discute también donde deben estar sus manuscritos -aunque los checos, que tardaron en descubrir a Kafka no han entrado en la discusión- lo que también vuelve a abrir la cuestión de a dónde pertenece el autor del proceso.El original de El proceso está, desde 1988, en el Archivo de Literatura Alemana de Marbach pero ahora el director de la Biblioteca Nacional Israelí, Schmuel Har Noy, exige que el documento sea devuelto a Israel para poner fin a "una injusticia histórica".

El manuscrito de El proceso, al igual que los otros manuscritos de Kafka, ha tenido una historia que en parte refleja también la historia del siglo XX. La odisea de los documentos empieza ya con ese momento en que Kafka, ya moribundo, le pide a su amigo y albacea testamentario Max Brod que queme sus manuscritos después de su muerte, en 1924.

Brod no sólo no cumplió la última voluntad de Kafka -que había editado pocos textos- sino que publicó sus obras, que le darían una fama mundial póstuma y lo rodearían además de un aura de leyenda. Además, Brod conservó los manuscritos originales y en 1939, cuando logró huir de Praga con destino a Palestina, se los llevó con él en una maleta.

Brod murió en 1968, en Jerusalén, y su secretaria, Esther Hoffe, heredó sus bienes, incluidos los manuscritos de Kafka que ya para ese momento era visto como un indiscutible clásico de la modernidad. En 1988, Hoffe decide separarse de parte de los documentos kafkianos y vende, entre otras cosas, el manuscrito de El proceso que fue adquirido por el Archivo de Literatura Alemana -por cerca de 2 millones de dólares- en una subasta realizada en Londres.

Cuando murió, le dejó a sus hijas Ruth y Hava lo que quedaba del archivo de Max Brod, en donde se sospecha que hay otros manuscritos de Kafka, además de otros bienes de alto valor pero el proceso de sucesión se encuentra bloquedado por culpa de "El proceso".

El director del Archivo, Ulrich Rauff, sostiene que no hay duda alguna sobre la legalidad de la adquisición del manuscrito, que se hizo "ante los ojos del mundo" sin que se hubiese presentado reclamaciones en los 21 años que han transcurrido desde entonces y se ha declarado irritado por las exigencias israelíes. Rauff no ve razón para devolver el manuscrito que forma parte de la tradición de la literatura en lengua alemana.

En Israel se sostiene que con la venta de el manuscrito de El proceso en una subasta en Londres se violó una ley nacional que prohíbe sacar bienes culturales del país. Otro argumento es que con la venta del manuscrito no se respetó la última voluntad de Max Brod, a lo que hay quien responde que, si del respeto de las últimas voluntades se tratara, el documento debería quemarse como lo había pedido Kafka.

19.10.09

Teorema para evitar demandas...


La acosada Herta Müller...

Cuando ya faltaba un párrafo para traducir un pequeño relato de Herta Müller -llamado Mi familia-, llamo a mi editor y le comento el asunto: estoy traduciendo un cuento de Herta Müller. Me responde ¿por qué? Yo le digo ¿Cómo que por qué? El dice ¿Lo vas a publicar? Yo respondo: claro, en el blog. El me refuta y dice: ni lo intentes. Yo, simplemente, le haré caso. No quiero meterme en lios judiciales o de derechos de autor con los alemanes, y menos con el editor de un premio Nóbel. Vaya uno a saber si es cierto o no, pero será mejor evitarlo. Por el momento, traduzco el cuento, y lo dejo en remojo, al igual que dos poemas de la rumano-alemana, para ver quien se anima a publicarlos, a ver quien se anima a obtener los derechos de autor. Los alemanes son inmisericordes con los asuntos legales. Recuerdo que una ex-novia que vive en Alemania, me comentó en algún momento, antes de viajar a Frankfurt, que tuviese cuidado con ir a enojarme con algún alemán, de ir a insultarlo o algo semejante. -cómo insultarlo, le dije en aquel momento, como si conociera mucha jerga-. Me contó una historia de locos: un ecuatoriano -porque están en todos lados los ecuatorianos- que llevaba radicado ya cierto tiempo allí, insultó a un alemán con verdufte -vete a la m...-. Pues el alemán no dijo nada, llamó a la policía y demandó inmediatamente al señor ecuatoriano. El suramericano no comprendió nada en absoluto. El caso es que, para salir del agravio y salvarse de una temporada en la cárcel, tuvo que desembolsar 3.500 euros. A mi, pues, que me insulten todo lo que quieran, eso si, en Alemania...

18.10.09

Angeles Caso: premio Planeta 2009


La ganadora, Angeles Caso.


Ni Risto Mejide, ni Aldredo Urdaci ni Elvira Lindo. Al final el Premio Planeta se escapó del corrillo de rumores y quinielas y acabó en manos de la asturiana Ángeles Caso (Gijón, 1959), quien desde anoche puede presumir de su doble condición de finalista -en 1994, con «El peso de las sombras» y Camilo José Cela en lo más alto del podio- y flamante ganadora.
Contra todo pronóstico, la periodista y escritora se embolsó el más jugoso galardón de las letras nacionales -601.000 euros de dotación- con una novela que, bajo el título de «Contra el viento», relata los infortunios de una joven de Cabo Verde que emigra a Portugal y España y contempla como vida se entretiene maltratándola. Fiel a esa paridad que se ha venido respetando a rajatabla desde que Nativel Preciado y Espido Freire compartieron podio en 1999, el andaluz Emilio Calderón (Málaga, 1960) resultó finalista con la intriga policíaca llamada «La bailarina y el inglés».

Un secreto a vocesPresentada bajo el seudónimo de Virginia Évora, homenaje a la cantante caboverdiana Cesária Évora, el triunfo de Caso era, en realidad, un secreto a voces. Solo hacía falta pegar bien la oreja. La propia autora explicaba hace apenas un mes en una entrevista que su próximo libro narraría las vicisitudes de una inmigrante a partir de las experiencias de una amiga de Cabo Verde, y ése era precisamente el argumento de una de las diez novelas finalistas. Según explicaba entonces Caso, su novela quiere reflejar la lucha a la que se enfrentan estas «heroínas del siglo XXI» y su constante pulso por la supervivencia, ya sea en su país o en el que las acoge.
A pesar de que su llegada a la literatura es relativamente tardía -su primer libro, «Elisabeth de Austria-Hungría. Álbum privado» data de 1993-, Caso ha conseguido que su nombre aparezca con asiduidad en listas de ventas y podios literarios. La autora de «Contra el viento» empezó con buen pie, compartiendo protagonismo con Cela en 1994. En 2000 ganó con «Un largo silencio» el premio Fernando Lara, trampolín que parece hacerla catapultado hacia el LVII premio Planeta.