30.11.09

Publicado en El Heraldo, de Barranquilla


La Biblioteca de La Aduana.

¿Por qué será, me pregunto, que mi poema Camino interior es el que siempre cuelgan por ahí, en algún portal de algún periódico, de revistas digitales, incluso en una página de poesía infantil? Esta vez lo publican en El prestigioso periódico El Heraldo, de Barranquilla. Lo hacen por dos razones, a mi modo de ver: por la siempre afortunada intervención de mi compa Paul Brito - gracias Paul!!! - , y quizá por estar allí recientemente, en la cálida ciudad de Barranquilla. Tengo que agradecer, sea de paso, a Carlos Barraza por todo el tiempo dedicado en aquella hermosa biblioteca de La aduana. También a Guillermo Tedio, a Ariel Castillo, crítico literario. A Heriberto Fiorillo, a quien le agradezco invitarme a ese espacio grandioso como La cueva. Y, por último, a Lina Robles - un fuerte abrazo querida Lina - y claro, de nuevo, como siempre, a Paul. Gracias amigo.

Aquí, el enlace.

Contra Dan Brown


El escritor estadounidense.

Después que Fresán destruyó El símbolo perdido en una de sus famosas columnas, queda poco que añadir al último Best Seller de Dan Brown. Sin embargo, el ADN de Argentina, de la pluma de Vicente Battista, hace una dura crítica del libro. Aquí la nota:
Primero deambuló por los pasillos secretos del Vaticano: intentaba detener la venganza de los feroces Illuminati . Más tarde anduvo por catedrales milenarias con el único propósito de descifrar el mensaje secreto que Leonardo Da Vinci dejó en uno de sus cuadros. Luego de tantas peripecias, el profesor experto en simbología Robert Langdon (que cada día se parece más a Indiana Jones, el profesor en arqueología de En busca del arca perdida , la película de Steven Spielberg) había resuelto tomarse un merecido descanso, sin preocuparse por otra cosa que hacer cincuenta largos diarios en la desierta piscina de Harvard y saborear el exquisito café de Sumatra, recién molido.

Pero no hay descanso que dure cien años. El de Langdon duró apenas cinco: Dan Brown lo ha vuelto a poner en escena. En esta ocasión prescinde de la vieja Europa y evita conflictos con las jerarquías eclesiásticas: la faena sucede en Washington. Allí lo convoca Peter Solomon, filántropo, masón y casi un padre para Langdon: lo tuvo bajo su protección a lo largo de tres décadas. Langdon acepta embarcarse en el avión privado que le ha enviado Solomon y se dispone a dar una conferencia en el Salón Nacional de las Estatuas del Capitolio, tal como le pidió su mentor. Esa conferencia será el prólogo de una nueva aventura, propuesta a lo largo de 622 páginas ordenadas en 133 capítulos, un prólogo y un epílogo. En esta oportunidad, Langdon deberá descubrir el símbolo perdido que guardan secretamente los masones en algún rincón del Capitolio. También deberá enfrentar a Mal´ akh, una criatura con nombre de resonancias árabes y que es algo así como la suma de todos los males. Sin embargo, no hay nada que temer: los héroes nunca mueren. Si bien habrá algunas pérdidas que lamentar (la mano derecha del bueno de Solomon), en la última página encontraremos a Langdon envuelto en "una emoción que nunca en toda su vida había sentido con tanta intensidad: la esperanza". Tal vez se trate de la misma esperanza que alienta a los millones de lectores de Dan Brown, ávidos por una nueva aventura de su héroe. Ellos saben que estarán ante la resolución de otro secreto (acaso la fórmula de la Coca-Cola), porque, según manifiesta el protagonista: "no hay cosa oculta que no haya de ser manifestada, ni cosa escondida que no haya de ser conocida y venida a luz". En El símbolo perdido la cosa oculta se esconde en la pirámide masónica y no se trata de un símbolo sino de una palabra cuya sola enunciación provocaría el desconcierto universal, el final de todo.

Este conflicto tiene muchos siglos de antigüedad: los escribas de los textos sagrados judíos se empeñaban en mantener oculto el verdadero nombre de Dios, por respeto y tal vez porque pronunciarlo desataría el caos. Arthur Clarke tiene un célebre cuento, "Los nueve billones de nombres de Dios", en el que devotos monjes del Tíbet se empeñan en encontrar el nombre verdadero; no bien lo consiguen, las infinitas estrellas del universo comienzan a apagarse. En El símbolo perdido , Langdon cuenta con doce horas para impedir que Mal´ akh logre articular ese nombre. Como se advierte, la originalidad no es una de las virtudes de Dan Brown; tampoco su escritura, que dista de ser brillante. ¿Cuál es entonces la razón de su éxito? Es una pregunta que podría tener numerosas respuestas, o ninguna. Hasta hoy no se ha logrado dilucidar por qué en lengua española, luego de Cervantes, es Corín Tellado la autora más leída. Podría decirse que en literatura en lengua inglesa, luego de Shakespeare, lo es Dan Brown. Es cierto que tanto Cervantes como Shakespeare hace más de cuatrocientos años que se mantienen en el podio, como también es cierto que difícilmente Corín Tellado y Dan Brown vayan a ser nombrados de aquí a dos o tres décadas; quizá permanezcan como dato estadístico en alguna página del libro de récords Guinness.

Guerrilla - poesía, según Santiago Roncagliolo


El escritor peruano.

El escritor peruano hace un balance de la guerrilla en latinoamérica en los últimos 5o o 60 años, y de cierta influencia en la poesía. Roncagliolo ahora siente a Sendero Luminoso como parte de la historia peruana, tal como lo hizo en Abril Rojo. Nos cuenta Santiago:
Los primeros antecedentes de la guerrilla latinoamericana datan de los años cincuenta, cuando las milicias campesinas luchaban contra el sistema casi feudal del agro, o simplemente subsistían a costa de bandidaje. Pero a partir de los sesenta, la Revolución Cubana dotó a esos grupos de una ideología, de un proyecto continental y, por cierto, de una poesía.Poeta era Javier Heraud, del Ejército de Liberación Nacional peruano, o el salvadoreño Roque Dalton, asesinado por sus propios compañeros del Ejército Revolucionario del Pueblo. Poeta era Ernesto Cardenal, otrora icono del sandinismo. Los poetas, sin embargo, no suelen ser grandes estrategas militares. Un notable ejemplo de ello fue el Ejército Guerrillero Popular, que trató de abrir un foco guerrillero en Argentina en 1964. Sus miembros pasaron hambre. Sufrieron una geografía endiablada. Los campesinos de Salta, en vez de acogerlos como liberadores, los denunciaron a la policía cada vez que los vieron. Antes de lograr ningún objetivo, buena parte de los guerrilleros fueron arrestados, y a su líder Jorge Masetti se lo tragó la selva. Nunca volvió a saberse de él.

La mayoría de estos "ejércitos" contaba con menos de cuarenta efectivos, todos ellos blancos de clase media con muchas ilusiones y poco entrenamiento. Fascinados con la experiencia revolucionaria cubana, y adiestrados ahí durante unos meses, regresaban a sus países con el plan de abrir focos revolucionarios en toda América Latina. Casi siempre caían muertos en menos de un mes.

Uno de sus principales obstáculos era su propia estrategia. El planteamiento militar guevarista sólo podía funcionar en países pequeños, llanos, tupidamente tropicales y asolados por regímenes repugnantes sin defensa posible, como Cuba o Nicaragua. El propio Che Guevara cayó en Bolivia, víctima de su desconocimiento del terreno y de la desconfianza de los indígenas. Pero eran tiempos de ideales, y los guerrilleros creían que todo era posible. Al fin y al cabo, la misma revolución cubana parecía inviable, hasta que se hizo.

En los años noventa desaparecieron de América Latina las últimas dictaduras militares de derecha, y con ellas, las últimas guerrillas. Sin embargo, hubo una geografía donde éstas lograron, si no tomar el poder, al menos sobrevivir: las zonas de producción de hoja de coca. Se trata de regiones semitropicales situadas entre los Andes y la selva, especialmente en Colombia y Perú. Ahí resultaba fácil esconderse, y el narcotráfico ofrecía una fuente de financiamiento inagotable.

En esos mismos años, el comunismo cedió el puesto a las drogas como enemigo regional de Estados Unidos. Desde entonces, Washington financia la fumigación de cultivos cocaleros y la entrega de pertrechos militares a sus Estados aliados en el tema. Con lamentable frecuencia, el resultado de esas políticas es la intoxicación o muerte de los campesinos, y la persecución y criminalización de sus dirigentes. De cara a la población, eso brindó una nueva legitimidad al discurso guerrillero que ya sonaba trasnochado en cualquier otro lugar.

La asociación de guerrilla y narcotráfico es sólo un tramo más del reguero de violencia que acompaña la ruta de la coca. En Bolivia, el Evo Morales de hace pocos años dirigía la asfixia de la capital por bloqueo. En Centroamérica, las maras se ocupan del pequeño comercio y la protección de los traficantes. En México, la guerra contra el narco se cobró seis mil víctimas mortales sólo en 2008.

No obstante, cada caso es diferente: los sindicatos cocaleros bolivianos han tomado el poder por vía electoral y enfatizan el lema "coca no es cocaína". Los narcos y las maras no tienen aspiraciones políticas, y la mayoría de ellos ni siquiera sabrían deletrear esa palabra. En cambio, el peligro con las guerrillas -como las FARC en Colombia o Sendero Luminoso en Perú- es que aspiran a convertirse en un poder paralelo, y en ciertas regiones, ya lo son.

En un principio, los guerrilleros en estas zonas funcionaban como un Estado: brindaban protección armada a los campesinos, establecían un código legal y practicaban juicios, controlaban el precio de la coca y cobraban un impuesto por su venta. Progresivamente, fueron ampliando sus actividades: algunos se convirtieron en sicarios de los traficantes, como parece ocurrir con Sendero Luminoso en el Perú. Su función es hostigar a los militares para liberar las rutas de salida de la droga. Otros grupos, sobre todo en Colombia, empezaron a controlar franjas cada vez más grandes del negocio. Son dueños de sus propios cultivos y negocian de igual a igual con los traficantes, como líderes de microestados cocaleros.

Ésa es la complicación para combatir a los guerrilleros del siglo XXI. Donde se subordina a los narcos, se les puede tratar como delincuentes comunes. Pero donde la población los apoya, las operaciones militares dañan a la población civil y fortalecen a los subversivos. Desde el exterior es casi imposible conocer la dinámica política de cada sitio específico. Hoy en día, de hecho, lo único seguro es que resultaba más fácil matar poetas.

Los influyentes


Torre torrecita...

Babelia convocó a ciento nueve personalidades de la cultura iberoamericana para que opinara acerca de los 10 personajes más influyentes en la región en los últimos 200 años. Vaya tarea. Les dejo el enlace.

Pincha aquí para leer.

27.11.09

Amar el mundo es acariciarlo con palabras


La pluma de Pamuk.

Una sencilla pero bella frase del Premio Nóbel Orhan Pamuk, que condensa en gran medida su oficio de escritor. Nathan Gardels le entrevistó a su paso por Los Angeles.
Al integrarse como el escritor Pamuk a su nueva novela, "El museo de la inocencia", usted dice: "Esta no es sólo una historia de amantes, sino de toda el área de Estambul." ¿Qué lo llevó a elegir ese tema?

El hábito de coleccionar, el apego por las cosas, es una característica humana esencial. Sin embargo, la civilización occidental puso el coleccionismo en un pedestal al inventar los museos. En los últimos cincuenta años, el mundo no occidental empezó a adoptar los museos porque quiere representar su poder. En su mayor parte, esos museos se relacionan con el poder del Estado. En mi novela, en la que Kemal reúne la tetera, colillas de cigarrillos, el picaporte de la puerta del dormitorio y otros elementos de Fusun, está creando un museo no del poder, sino de la experiencia íntima del amor, de una vida individual. Lo que sostengo es que, no importa qué es lo que constituya una vida, sus sueños y desilusiones, es digna de orgullo. Al construir mi propio museo en Estambul, estoy muy cerca de mi personaje, Kemal. No quiero exponer poder, sino expresar mi interioridad, mi espíritu.

En un momento, Kemal dice que el amor es "profunda compasión", "atención devota", "respeto y reverencia" por la persona amada, por las historias integradas a las actividades, los lugares y los objetos cotidianos. Eso me resulta muy similar a la idea budista de "atención plena", pero a través del apego piadoso en lugar de mediante el desapego. ¿Hay aquí una correspondencia?

Me identifico con la atención de Kemal como amante respecto de su amada porque es como la atención que un novelista presta a las palabras. En última instancia, ser novelista es, en cierto sentido, amar el mundo, acariciar el mundo con palabras. Es prestar atención a todos los detalles que uno ha vivido y experimentado. Este libro es el más personal, el más íntimo de los que escribí. Es todas las cosas que viví y vi en Estambul en toda mi vida. Es un panorama escrito con amoroso detalle. Escribir este libro me hizo sentir muy feliz. Me produjo tanta felicidad que diría que me salvó en épocas políticas muy conflictivas. Después de escribir todas las mañanas de siete a once, pude enfrentar las tensiones del resto del día durante esos largos meses. (Nota del editor: Pamuk fue procesado en 2005-2006 por "insultar a Turquía" al abordar el tema de la masacre de armenios en una entrevista que concedió a un diario suizo. Luego las acusaciones se retiraron). A los cincuenta y siete años soy menos experimental y más maduro. Lo que más quiero es transmitir la forma en que veo la vida. Por otra parte, escribir novelas durante treinta y cinco años me enseñó una gran humildad. Me enseñó a ser respetuoso del maravilloso detalle del mundo.

¿Usted es un escritor occidental o no occidental?

Hace treinta y cinco años que trato de evitar esa categorización. Dostoievsky era tanto un escritor occidental como no occidental. Dostoievsky creía, como yo, que la occidentalización, o ahora la globalización, era inevitable, pero eso no debe derivar en la represión del pasado, de la gente común y su cultura. El problema con la occidentalización desde arriba, como la vivimos tanto en Rusia como en Turquía, es que se convierte en un símbolo de distinción entre la gente: "el estilo francés" es elegante y glamoroso; "el estilo turco" es retrógrado y pedestre. A las clases altas les alegra tanto ser las primeras en tener la nueva afeitadora eléctrica porque eso significa que son occidentalizadas y mejores que todos los demás. En mi novela doy muchos ejemplos de eso.

¿Usted es un escritor "bisagra"?

Lo tomo como un elogio, pero no elegí ese papel, sino que fue algo que me sucedió.

Los periodistas literarios


La portada.

Jorge Pinzón hace una retrospectiva del libro Los periodistas literarios, del escritor Norman Sims. Recomendado de la semana.

Que la no ficción no está condenada a ser un género narrativo de segundo orden lo confirman los trece reportajes de largo aliento que el cronista y profesor norteamericano de periodismo literario Norman Sims reunió en esta famosa antología publicada por primera vez en 1984 y reeditada hace pocos meses en español. En manos de auténticos maestros de la reportería, de la inmersión, de la palabra y de la estructura, la no ficción resulta un verdadero deleite literario cuya materia prima no es otra que la realidad del ser humano, sus circunstancias y su voz. Así de sencillo y así de complejo. Se necesita un Richard Rhodes, un Tom Wolfe o una Joan Didion para llevar el lenguaje periodístico donde sólo cuentistas y novelistas han logrado penetrar, de maneras efectistas pero eternas, el misterio de la belleza esculpida en prosa.

Si algo han tenido en común los mejores periodistas literarios de todas las lenguas, pero en especial los anglosajones, desde mediados del siglo XX hasta los difíciles días que atraviesa el periodismo del presente, ha sido, además de la sensibilidad tradicionalmente reservada a los literatos, la persistencia a la hora de enfrentarse, días y noches, meses enteros e incluso años, a los dramas y las rutinas de sus personajes de carne y hueso. Por obra de la persistencia es que los relatos de este libro, escritos por hombres y mujeres cultivados entre libros, calles y salas de redacción, y publicados en prestigiosas revistas como Esquire y The New Yorker, nos cuentan realidades contundentes, y no burdas novelerías disfrazadas de periodismo.

De persistencia tuvo que armarse durante dieciséis meses el reportero del New Yorker Mark Singer para conseguir que, poco a poco, tanto las historias íntimas de “Los entusiastas de los juzgados” de Brooklyn como el tono y la voz del texto se le fueran revelando. Persistencia la del gran aventurero texano Richard West, quien a lo largo de un mes de rigurosa reportería se ganó la confianza de propietarios, empleados y clientes del célebre restaurante neoyorquino 21, cuya historia de puertas para adentro West se dio a la tarea de diseccionar en el soberbio reportaje “El Poder del 21”, publicado inicialmente en la revista New York.

Inmersión es otra palabra clave. A la inmersión recurrió el escritor Mark Kramer para comprender las tragedias y la frialdad médica alrededor de las cirugías de cáncer. Alcanzó tal grado de inmersión, que llegó a creer que padecía la enfermedad. “Hay que meterse dentro del asunto para hacer que casen las piezas”. Son palabras de John McPhee citadas por Sims en el prólogo.
A diferencia de las voces planas y sin matices de los periodistas del montón, incapaces de ver más allá de la chiva diaria, la voz del periodista literario es humana, innovadora y de ninguna manera institucional. La suya es una voz que se alimenta de otras voces. Así como su mirada se alimenta de otras miradas.

En autores del kilometraje de John McPhee, Sara Davidson y Ron Rosenbaum, por mencionar apenas tres de los “elegidos” en la selección de Norman Sims, conviven el olfato, la exactitud y el trabajo de campo del reportero, con la pericia técnica y el andamiaje lingüístico del novelista. Y es ahí, en ese punto de confluencia, donde se produce “el arte del reportaje personal”, como fue subtitulado el libro.

Aunque es bastante seductora la nómina de especialistas en el arte de valerse de la mirada aguda para producir piezas reveladoras de la cotidianidad de seres comunes y corrientes, mentiría si dijera que este pollo no tiene presa mala. O mejor, a mi juicio tiene una que otra presa regular. Pero, en general, el resultado es bellamente imperfecto. Que cada cual haga su top 5, ó 6, ó 10, con los mejores reportajes del libro.

Cosmocápsula # 2


El logo.

Cierre de convocatoria: 31 de enero de 2010 (fecha tentativa para el número febrero–abril 2010).
Próxima convocatoria: Febrero 1, abril 30 2010.
Cosmocápsula, revista colombiana de Ciencia-ficción, es una publicación digital trimestral distribuida en internet en formato PDF de manera libre y gratuita.
La intención de la revista Cosmocápsula es principalmente fomentar la ciencia-ficción en Colombia, por lo cual, si bien se recibirán trabajos de autores sin importar su nacionalidad, en ocasiones nos inclinaremos especialmente por la publicación de trabajos de autores colombianos.
Este proyecto es sin ánimo de lucro. La publicación de un escrito u otro aporte no conlleva a remuneración económica alguna. Tipos de escritos: Relatos, Poesía de Ciencia-ficción, Reseñas, Artículos y ensayos.

Gamboa, Serrano y Vásquez en España


Enrique Serrano.

En el Instituto Cervantes, en su sede de Tokio, fueron invitados Santiago Gamboa, Enrique Serrano y Juan Gabriel Vásquez para que comentaran la "salud" de la actual literatura colombiana. Me pregunto, ¿dónde dejaron a Evelio Rosero, en el patio trasero? La nota en la agencia EFE:

Tres escritores colombianos reivindicaron hoy en Tokio su derecho a acceder a otros mundos literarios después de Gabriel García Márquez, cuya "poderosa sombra" ha marcado la literatura moderna de Colombia. Santiago Gamboa (Bogotá, 1965), Enrique Serrano (Barrancabermeja, 1960) y Juan Gabriel Vásquez (Bogotá, 1973) participaron en un coloquio en el Instituto Cervantes sobre la literatura colombiana después de García Márquez, destinado a divulgar entre el público nipón a autores que comenzaron a publicar en los 90 con temáticas abiertas a otros mundos y otras culturas.

"La literatura colombiana no se reduce a García Márquez pero su sombra es muy poderosa y nadie quiere reducir su grandeza", resumió Enrique Serrano, autor de "Tamerlan" y "De parte de Dios", y único de los tres escritores que reside habitualmente en Colombia. Gamboa, que trabaja en la Embajada de Colombia en Nueva Delhi, explicó que los autores de su generación conquistaron "territorios con tranquilidad" más allá de América Latina, desde Europa a Asia, y dijo que no responden a los estereotipos atribuidos a Colombia: "exotismo, evasión y revolución".

En el coloquio, organizado por la Embajada de Colombia en Tokio, el autor de "Los impostores y "Hotel Pekín" reivindicó que "leer nos hace mejores, más sensibles y comprensivos", y que por ello también "es importante abrirse a otras culturas". Juan Gabriel Vásquez, cuya primera novela, "Los informadores", narra un episodio oscuro de la II Guerra Mundial, coincidió con sus compañeros en que "existe una sombra" de García Márquez, a quien calificó como la figura literaria más importante de todos los tiempos en Colombia, pero opinó que no es "territorial".

25.11.09

¿A qué hora duermes, Neuman?


No se engañen, aquí también anda escribiendo...

A mi modo de ver, y de leer, Andrés Neuman no duerme. O duerme muy poco, o tiene pocas novias (con una sería suficiente, Neuman), o escribe mientras vuela, o no tiene tele en su casa, ni un gato que le acompañe, o por lo menos un perro chihuahua, o se toleraría un french puddle. ¿Cómo es posible que ya tenga listo otro libro tan pronto? Bueno, el libro trata de su booktour, y aún lo vi cuando vino a Colombia tomar algunas notas en un pequeño moleskine, pero, ¿a qué hora? Trato de sorprenderme todavía, cuando sabemos que Neuman escribe hasta en el baño. La nota en la agencia EFE:
El autor de El viajero del siglo llegó a Panamá ayer procedente de República Dominicana, para presentar a los lectores nacionales esta novela con la que se hizo acreedor en marzo pasado al Premio Alfaguara, dotado con 175.000 dólares.

Adelantó que en mayo próximo publicará el libro Cómo viajar sin ver, en el que narrará toda la experiencia vivida en este periplo que realiza por los países latinoamericanos para presentar su novela.

También indicó que tiene la idea para su próxima novela en la que espera ponerse a trabajar una vez termine con su gira, que seguirá en El Salvador, Guadalajara (México), San José (Costa Rica) para luego regresar a Madrid.

Andrés Neuman, novelista, poeta y escritor de cuentos, nació en 1977 en Buenos Aires, Argentina, aunque reside en Granada desde joven y es considerado uno de los autores más prometedores en los últimos años.

En El viajero del siglo, que discurre en el siglo XIX y se proyecta al XXI, Neuman narra la historia de Hans, un extranjero que llega a una ciudad alemana ficticia, Wandernburgo, de la que se quiere ir al día siguiente, pero tras conocer a Sophie se queda en el lugar.

El Premio Alfaguara es uno de los de mayor prestigio entre los otorgados a una obra inédita en lengua española.




Susana García, Premio Aura Estrada


La ganadora.

El primer Premio Internacional de Literatura Aura Estrada, que se otorga a escritoras menores de 35 años residentes en México o Estados Unidos, fue entregado la noche del pasado 13 de noviembre a la joven escritora Susana García Iglesias, quien recibió un cheque por diez mil dólares y además realizará dos residencias en Estados Unidos y una más en Italia.

El jurado estuvo compuesto por de las escritoras Gabriela Jáuregui, Vivián Abenshushán, Cristina Rivera Garza, Margo Glantz y Mónica de la Torre.

El galardón, que se otorgó durante la 29ª Feria Internacional del Libro de Oaxaca —realizada en esta ciudad del sur de México entre el 13 y el 22 de noviembre—, fue instituido por el escritor guatemalteco Francisco Goldman, esposo de la escritora mexicana Aura Estrada, fallecida el 25 de julio de 2007 luego de un accidente en las playas de Mazunte, en la costa oaxaqueña.

El acto tuvo lugar en el Teatro Macedonio Alcalá, y asistieron los escritores que participaban en la feria, entre ellos, Francisco Hinojosa, Martín Solares, Leonardo DaJandra y el periodista Miguel Ángel Granados Chapa.

La ganadora es originaria del Distrito Federal, trabaja como barwoman y peluquera de perros, y en sus tiempos de ocio escribe novelas. Su obra, una novela aún sin título, se alzó sobre las de otras 65 escritoras participantes.

Durante la entrega del premio, Goldman dijo que el mismo nació a iniciativa de amigos de Aura, y de él mismo, la noche en que la estaban velando. “Dijimos: vamos a hacer un premio, lo dijimos como gente buscando cualquier cosa, que nos pudiera dar razón de seguir adelante”.

24.11.09

Termina la Feria del Libro de Venezuela 2009


Logo de la feria.

Este domingo 22 de noviembre fue clausurada la V Feria Internacional del Libro de Venezuela, Filven 2009, con un exitoso registro de más de 140.000 visitas realizadas a los espacios culturales abiertos desde el pasado 10 de septiembre en distintos estados del país.

El vicepresidente del Centro Nacional del Libro (Cenal), Michell Bonnefoy, especificó que sólo el capítulo Caracas fue visitado aproximadamente por más de 80.000 visitantes, cifra que se suma a las más de 60.000 visitas realizadas en el resto del país.

Sólo en el pabellón de las Librerías del Sur ascendía a 4.000 la cifra de personas que habían adquirido libros aprovechando las ofertas de la editorial estatal El Perro y la Rana con libros a precios tan bajos como 2 y 5 bolívares.

Al respecto, Bonnefoy consideró que la mayor parte de la asistencia y acercamiento cultural a la lectura fue lograda por el pabellón infantil, organizado por la misión Corazón Adentro del Ministerio del Poder Popular para la Cultura.

A su juicio, el mayor logro de la Filven 2009, además de la amplia receptividad, fue incorporar el hábito de la lectura a más hogares venezolanos. “Acercamos a más gente a este inmenso universo que significa leer. Además de la venta de libros, la mayor parte de charlas y análisis realizados en el seno de la feria se llevaron a cabo en torno a la promoción de la lectura”, destacó Bonnefoy.

En ese sentido, refirió que la Filven desarrolló más de 400 actividades culturales e ideológicas, las cuales se desarrollaron a través de charlas, foros, conferencias, encuentros y debates entre diversas editoriales alternativas e independientes tanto nacionales como internacionales.

McCann, Premio National Book 2009


Colun McCann.

Los autores Colun McCann, T.J. Stiles y Keith Waldrop han recibido el National Book Award 2009, los premios nacionales de la literatura de EEUU, en sus categorías de ficción, no ficción y poesía, en tanto que Gore Vidal recibió una medalla honoraria por su contribución al mundo de las letras.
La organización informó hoy, en su página web, de que para elegir a los premiados de esta 60 edición, 193 editoriales le sometieron 1.129 libros, de los que 236 eran de ficción, 481 de no ficción, 161 de poesía y 251 de literatura infantil y juvenil.
En la categoría de ficción, Colum McCann recibió el premio de las letras estadounidenses por su "Let the Great World Spin", mientras que los finalistas fueron Bonnie Jo Campbell ("American Salvage"), Daniyal Mueenuddin ("In Other Rooms, Other Wonders"), Jayne Anne Phillips ("Lark and Termite") y Marcel Theroux ("Far North").
McCann, profesor en el Hunter College de Manhattan, señaló en la página web de los premios que escribió el libro como "respuesta práctica" a lo que le ocurrió después de los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001, "aunque transcurra en 1974".
En no ficción, el ganador ha sido T. J. Stiles, por la biografía titulada "The First Tycoon: The Epic Life of Cornelius Vanderbilt",que compitió con David Carroll ("Following the Water: A Hydromancer's Notebook"), y Sean Carroll ("Remarkable Creatures: Epic Adventures in the Search for the Origins of Species"). También fueron finalistas en esa categoría Greg Grandin ("Fordlandia: The Rise and Fall of Henry Ford's Forgotten Jungle City") y Adrienne Mayor ("The Poison King: The Life and Legend of Mithradates, Rome's Deadliest Enemy").
El ganador del premio de poesía de National Books Awards fue Keith Waldrop, por "Transcendental Studies: A Trilogy", y los finalistas, Rae Armantrout ("Versed"), Ann Lauterbach ("Or to Begin Again"), Carl Phillips ("Speak Low") y Lyrae Van Clief-Stefanon ("Open Interval").
Gore Vidal, de 84 años, fue premiado con la medalla honoraria de la organización por su aportación a la literatura estadounidense de manos de la actriz Joanne Woodward. En la categoría de literatura juvenil, el prestigioso galardón fue para Phillip Hoose por su "Claudette Colvin: Twice Toward Justice".
La ceremonia de los premios fue presentada por el humorista Andy Borowitz y tuvo lugar durante una cena en la noche del miércoles en un famoso restaurante neoyorquino, dijo la organización en su página web.

Ferlosio, Premio Nacional de las Letras Españolas 2009


Ferlosio.

Vaya, hombre, ahora que tenía que acabar un artículo…». Lo que en otro podría sonar a descortesía o falsa modestia, en Rafael Sánchez Ferlosio suena a sinceridad y a actitud consecuente con su vida y con su obra. Una vida dedica por entero a la creación, narrativa, ensayística y periodística, y a una obra que pese incluso al propio autor está marcada por la aparición en 1955 de «El Jarama», probablemente la obra cumbre de la novelística de posguerra, y sin duda uno de los textos de la literatura española contemporánea más leídos, comentados y también a veces denostados, según hayan ido rolando los vientos de las modas y de los modos.
Nacido en 1927, hijo del falangista Rafael Sánchez Mazas, Ferlosio, compañero de generación de autores como Ignacio Aldecoa, Jesús Fernández Santos y Carmen Martín Gaite (su esposa durante diecisiete años), la publicación de «El Jarama», por la que obtuvo el Premio Nadal, hizo que Sánchez Ferlosio fuera adscrito a la corriente realista (neorrealista para otros) o de novela social posterior a la Guerra Civil, marcada también por libros como «Tiempo de silencio», del citado Martín Santos o «El fulgor y la sangre», de Aldecoa.

Sin embargo, el debut literario de Rafael Sánchez Ferlosio se había producido cuatro años antes, en 1951, con un libro maravilloso, «Industrias y andanzas de Alfanhuí». Un libro que no siempre ha recibido el aprecio que merecía, pero que hoy con la perspectiva que da el tiempo, se ha convertido en un clásico, una joya artesana de nuestra mejor literatura, entroncada directamente con la novela picaresca, pero en la que, para ciertos sectores de la crítica, no faltan pasajes que parecen anticipar lo que al otro lado del Charco sería el realismo mágico.
Una literaria trayectoriaTras «Alfanhuí», Ferlosio cambió de registro para narrar en estilo descarnado (los cincuenta todavía eran tiempo de penurias para buena parte de los españoles, tiempos todavía oscuros, existencias todavía sombrías), las peripecias de un grupo de amigos durante unas horas de un día de verano junto al río que da nombre a la obra. Ni psicologías de andar por casa, ni sentimentalismos, ni interpretaciones, sólo descarnados diálogos, primeros planos, como en una película de Rossellini o De Sica.
Tras el éxito y la trascendencia de «El Jarama», Rafael Sánchez Ferlosio publicó libros como «Y el corazón caliente» (1961) y «Dientes, pólvora, febrero» (1961). A partir de entonces, dejó de lado la narrativa y prestó su pluma incisiva y sabia al ensayo con títulos como «Personas y animales en una fiesta de bautizo» (1966) y, sobre todo, los dos volúmenes de «Las semanas del jardín» (1974), título de una novela de Cervantes, que son una erudita reflexión sobre las técnicas y los procedimientos narrativos.

Tuvieron que pasar doce años hasta que Sánchez Ferlosio volviera a la novela. Y lo hizo en 1986 con una obra que fue finalista del Nacional de Literatua, «El testimonio de Yarfoz» (1986). No obstante, continuaron los ensayos como «Mientras no cambien los dioses nada ha cambiado» y «Campo de Marte». En 1992 publicó, en dos extensos volúmenes, sus «Ensayos y artículos», y en 1993 el libro de aforismos «Vendrán más años malos y nos harán más ciegos» con el que ganó los Premios Nacionales de Ensayo y Ciudad de Barcelona en 1994.

«Sobre la guerra (2007)» y «Apuntes de polemología» (2008) son dos de sus últimas obras, últimos trazos por ahora de una carrera literaria jalonada, además de por los premios citados y por el que le ha sido concedido hoy, por el Premio de Periodismo Francisco Cerecedo (1983), el Mariano de Cavia (2002) y el Cervantes que obtuvo en 2004.
Siempre crítico, encerrado bajo siete llaves en el castillo de su siempre personalísima creación, poco amigo de componendas ni de arrumacos, ni literarios ni políticos, literato de solitaria estirpe, siempre metido hasta las cachas en los berenjenales de su obra y de la literatura, evidentemente, las musas casi siempre le pillan trabajando, y los premios, parece que también. La próxima palabra, la siguiente frase es, probablemente el mejor premio, y el más difícil de conseguir.

El despertar de Volpi


La portada.

Ultimamente suena mucho Jorge Volpi, y no es para menos. Prefiero, sin embargo, al Volpi ensayista, más que al novelista...creo ya haberlo comentado. Así que les dejo aquí unas primeras páginas de El insomnio de Bolivar, aquel libro con el que ganó el premio Debate-Casa de América.

Pincha aquí para leer.

23.11.09

El poeta de Paul Auster


La trilogía bajo el sombrero...

Le estreché la mano por primera vez en la primavera de 1967. Por entonces yo era un estudiante de segundo curso en Columbia, un muchacho sin formar con ansia de libros y la creencia (o ilusión) de que algún día tendría las suficientes cualidades para considerarme poeta, y como leía poemas, ya conocía a su tocayo del infierno de Dante, un muerto que iba arrastrando los pies por los últimos versos del canto veintiocho del Inferno. Bertran de Born, el poeta provenzal del siglo XII, que llevaba cogida del pelo su cabeza cortada, haciéndola oscilar de un lado a otro como un farol: sin duda una de las imágenes más grotescas de ese extenso catálogo de alucinaciones y tormentos. Dante era un defensor incondicional de los escritos de Bertran de Born, pero lo redujo a la condenación eterna por haber aconsejado al príncipe Enrique que se rebelara contra su padre, el rey Enrique II, y como el poeta originó la división entre padre e hijo convirtiéndolos en enemigos, el ingenioso castigo de Dante fue dividirlo a él mismo. De ahí el cuerpo decapitado que va gimiendo por el inframundo, preguntando al viajero florentino si puede haber dolor más terrible que el suyo.

Cuando se presentó como Rudolf Born, inmediatamente pensé en el poeta. ¿Algún parentesco con Bertran?, le pregunté.

Ah, contestó, esa desventurada criatura que perdió la cabeza. Quizá, pero me temo que no parece probable. No tengo el de. Para eso hay que poseer un título de nobleza, y la triste verdad es que soy de todo menos noble.

No recuerdo en absoluto por qué me encontraba allí. Alguien debió invitarme, pero hace mucho que se me fue de la memoria quién pudo ser. Ni siquiera me acuerdo de dónde se celebraba la fiesta -en el norte o en el centro de la ciudad, en un apartamento o en un loft- ni de mis motivos para aceptar la invitación en primer lugar, porque por aquella época tendía a evitar las grandes congregaciones de gente, harto del barullo de la multitud que habla mucho y dice poco, azorado por la timidez que me sobrevenía en presencia de personas desconocidas. Pero aquella noche, inexplicablemente, dije que sí, y acompañé a mi olvidado amigo adondequiera que me llevase.

Lo que recuerdo es lo siguiente: en cierto momento de la velada, me encontré solo en un rincón de la estancia. Estaba fumando un cigarrillo mientras observaba a la gente, docenas y docenas de jóvenes cuerpos apiñados en los confines de aquel espacio, oyendo la estruendosa mezcla de palabras y risas, preguntándome qué demonios hacía allí y pensando que tal vez era hora de marcharme. Había un cenicero sobre un radiador a mi izquierda, y al volverme para apagar el pitillo vi que, sujeto en la palma de la mano de un desconocido, el receptáculo lleno de colillas se elevaba hacia mí. Sin que lo hubiera advertido, dos personas acababan de sentarse en el radiador, un hombre y una mujer, ambos mayores que yo, y sin duda con más años que ninguno de los que se encontraban en la habitación: él, alrededor de los treinta y cinco; ella, veintinueve o treinta.

Hacían una extraña pareja, a mi modo de ver, Born con un arrugado traje blanco de lino, un tanto sucio, y una camisa blanca igualmente arrugada bajo la chaqueta, y la mujer (que según resultó se llamaba Margot) toda vestida de negro. Cuando le agradecí el cenicero, me dirigió un leve y cortés movimiento de cabeza y dijo Encantado con un ligerísimo acento extranjero. Francés o alemán, no sabía decir, pues su inglés era casi impecable. ¿Qué más observé en aquellos primeros momentos? Piel clara, descuidado cabello pelirrojo (más corto de lo que solía llevarse por entonces), facciones amplias y regulares, sin nada especialmente destacable (un rostro corriente, en cierto modo, una cara que resultaría invisible entre cualquier multitud), y ojos castaños de mirada firme, los ojos perspicaces de alguien que no parecía tener miedo a nada. Ni delgado ni robusto, ni alto ni bajo, pero dando a pesar de ello cierta sensación de fuerza física, quizá debido al grosor de sus manos. En cuanto a Margot, permanecía quieta sin mover un músculo, mirando al vacío, como si la misión principal de su vida fuera la de parecer aburrida. Pero interesante, muy atractiva para mis veinte años, con su pelo negro, suéter negro de cuello vuelto, minifalda negra, botas de cuero negro, y espeso maquillaje oscuro en torno a sus grandes ojos verdes. No era una beldad, quizá, sino una representación de la belleza, como si encarnara algún ideal femenino de la época con su apariencia de estudiado estilo.

Born dijo que Margot y él estaban a punto de marcharse, pero entonces me vieron solo en el rincón, y como tenía aquel aire tan desdichado, decidieron acercarse para animarme un poco: sólo para asegurarse de que no me rebanaría el cuello antes de que acabara la noche. Me quedé sin saber cómo interpretar aquella observación. ¿Estaba insultándome aquel hombre, me pregunté, o intentaba realmente mostrarse amable con un muchacho desconocido que parecía perdido? En las palabras de Born había cierto tono de broma que desarmaba, pero en sus ojos brillaba una expresión fría y distante, y no pude evitar la sensación de que, por razones que se me escapaban por completo, me estaba provocando, poniéndome a prueba.

Me encogí de hombros, y dirigiéndole una tenue sonrisa, repuse: Lo crea o no, me estoy divirtiendo como nunca.

Entonces fue cuando se incorporó, me dio la mano y me dijo su nombre. Tras mi pregunta sobre Bertran de Born, me presentó a Margot, que me sonrió en silencio y luego volvió a su tarea de mantener la mirada perdida.

A juzgar por su edad, me dijo Born, y considerando su conocimiento de oscuros poetas, yo diría que es usted estudiante. De literatura, sin duda. ¿En la Universidad de Nueva York o en Columbia?

Columbia.

Columbia, suspiró. Qué sitio tan lúgubre.

¿Lo conoce?

Desde septiembre doy clases en la Facultad de Relaciones Internacionales. Como profesor visitante con contrato de un año. Afortunadamente, ya estamos en abril, y dentro de dos meses me volveré a París.

Así que es francés.

Por circunstancias, inclinación y pasaporte. Pero soy suizo de nacimiento.

¿Suizo francés o alemán? Percibo en su voz algo de ambas cosas.

Born hizo un ruidito chasqueando la lengua y luego me miró fijamente a los ojos. Tiene buen oído, me contestó. En realidad, soy las dos cosas: el producto híbrido de una madre germanohablante y un padre francófono. Me crié hablando indistintamente las dos lenguas.

Sin saber lo que decir a eso, me detuve un momento y luego le hice una pregunta inocua: ¿Y qué enseña en nuestra deprimente universidad?

El desastre.

Es un tema bastante amplio, ¿no le parece?

Más en concreto, las calamidades del colonialismo francés. Doy un curso sobre la pérdida de Argelia y otro acerca de la retirada de Indochina.

La encantadora guerra que ustedes nos han legado.

No hay que subestimar la importancia de la guerra. Es la expresión más pura y vívida del espíritu humano.

Empieza usted a parecerse a nuestro poeta descabezado.

¿Ah?

Veo que no lo ha leído.

Ni una palabra. Sólo lo conozco por el pasaje de Dante.

De Born es un buen poeta, incluso puede que excelente; pero profundamente perturbador. Escribió unos poemas de amor encantadores y un conmovedor lamento a raíz de la muerte del príncipe Enrique, pero su verdadero tema, lo único que parecía interesarle con genuina pasión, era la guerra. Le producía auténtico deleite.

Entiendo, repuso Born, dirigiéndome una irónica sonrisa. Un hombre con el que me identifico.

Me refiero al placer de observar cómo los hombres se parten el cráneo unos a otros, de ver castillos envueltos en llamas, derrumbándose, de contemplar a los muertos con lanzas atravesadas en los costados. Todo muy sanguinario, créame, y Bertran de Born ni se estremece. La sola idea de un campo de batalla lo llena de felicidad.

Me parece que no tiene usted deseos de convertirse en soldado.

Ninguno. Prefiero ir a la cárcel antes que combatir en Vietnam.

Y suponiendo que se libre de la cárcel y el ejército, ¿qué planes tiene?

Ninguno. Sólo seguir con lo que estoy haciendo y esperar que me salga bien.

¿Y qué es?

Escribir. El arte de emborronar papel.

Eso pensaba. Cuando Margot lo vio al otro extremo de la habitación, me dijo: Fíjate en aquel chico de ojos tristes y aire pensativo: qué te apuestas a que es poeta. ¿Es usted poeta?

Escribo poemas, sí. Y también algunas críticas de libros en el Spectator.

El periodicucho universitario.

Todo el mundo tiene que empezar en alguna parte.

Interesante...

No tanto. Casi todos los tipos que conozco quieren ser escritores.

Onetti, según Sábat


Onetti, según Sábat.

El caricaturista que llenó de humor el Carnaval de las Artes de Barranquilla del 2008, Hermeregildo Sábat, lanza 22 dibujos sobre el novelista uruguayo Juan Carlos Onetti. El nuevo libro de dibujos -o caricaturas o pinturas -de Hermelegildo Sábat, Pesimista Militante. Una interpretación gráfica de Juan Carlos Onetti, que se presentó ayer en Montevideo, en la Facultad de Artes de la Universidad de la República, será un tesoro para los lectores del gran escritor uruguayo (Premio Cervantes, 1980), a 100 años de su nacimiento.

¿Por qué un tesoro? Por dos motivos, uno obvio y otro no tanto. En primer lugar, los dibujos (veintidós caricaturas inéditas que retratan a Onetti desde su juventud bohemia montevideana hasta su exilio melancólico en Madrid, pocos años antes de morir) son de las clásicas pinceladas de Sábat, ya una leyenda del periodismo gráfico del Río de la Plata. Amigos de toda la vida, la mirada de Sábat es mucho más que documental. Es como un reencuentro sentimental con el escritor, que murió en 1994, en Madrid. La convivencia con los dibujos ofrece al lector la posibilidad de llegar a conocer un Onetti auténtico, como uno se imagina que lo percibían sus amigos: se ven sus gestos, sus miradas, sus hábitos -la lectura y el tabaco, por ejemplo-, su vestimenta y su melancolía.

¿Y el segundo motivo que hace que este delgado álbum sea indispensable para los onettianos? Cada dibujo esta acompañado por un breve texto que, como las caricaturas, resume el ser fundamental de Juan Carlos Onetti, tal vez mejor, incluso, que una extensa biografía autorizada. Un ejemplo: "Mientras ladraba en el hall de su departamento de Madrid, dirigía su estentórea voz hacía un oscuro espacio debajo de la mesa, y acusaba: "Están allí". Como nadie inquiría, redondeaba el chiste con dos palabras: "La CIA".

La presentación de Pesimista Militante fue en el marco de la inauguración de la exposición de las obras originales del libro.

En la ceremonia estuvieron presentes miembros de la Facultad de Artes, Rodrigo Arocena, rector de la Universidad de la República; Gustavo Lugones, rector de la Universidad Nacional de Quilmes; y Alejandro Archain, gerente general del Fondo de Cultura Económica (Argentina). La edición del libro fue compartida por las tres entidades.

La presentación del libro de "Menchi", como le dicen a Sábat sus amigos, estuvo a cargo de Lászlo Erdelyi, director del suplemento cultural del diario El País, de Uruguay, el escritor Enrique Estrázulas, y Omar Prego Gadea, especialista en la obra de Onetti y autor del prólogo de Pesimista Militante, en el que dice: "Sábat ha creado un nuevo género narrativo que encuentra su expresión en este libro-objeto. En este álbum. Y el personaje es Onetti. El pintor-escritor lo califica, lo bautiza interpretación gráfica. Veraz definición para este libro que nos captura, nos fascina, que no escapa, sino que exige el calificativo obra de arte."

Guadalajara abre sus puertas a la FIL


El logo.

Faltan tan sólo 3 días para que arranque la feria del libro más importante de América Latina: la FIL Guadalajara. En su edición 2009, con Los Angeles-USA como invitado de honor, la Feria Internacional del Libro de Guadalajara se prepara para festejar su edición 23 consolidada como la cita más importante del año para el libro en español, del 28 de noviembre al 6 de diciembre.

El festival literario en el que participan casi 500 autores e intelectuales, las 460 presentaciones de libro organizadas por las editoriales e instituciones participantes, y los diálogos sobre la actualidad serán los ejes que a lo largo de nueve días reunirán a 600 mil visitantes, en un espacio que albergará a más de 1,900 editoriales y 17 mil profesionales del libro.

Festejos

La Feria festejará, junto con todo México los 70 años de José Emilio Pacheco cuya poesía será leída por Darío Jaramillo, Vicente Quirarte, Marcelo Uribe y Jorge Esquinca. El análisis crítico del trabajo de Pacheco lo harán Julio Ortega, Tamara Kamenszain, Álvaro Salvador y Adolfo Castañón y mil jóvenes conversarán con el poeta, de la mano de Xavier Velasco, sobre su novela Las batallas en el desierto.

Mario Vargas Llosa y Juan Cruz, harán un homenaje a Juan Carlos Onetti. Los poetas Luis García Montero, Josefa Parra, Rafael de Cózar y Julio Neira, evocarán a la Generación del 27. Otro poeta, el uruguayo Mario Benedetti, será recordado por las voces de 30 lectores que leerán una selección de sus textos en el Auditorio Juan Rulfo y Edgar Allan Poe, será homenajeado en dos noches de terror, durante las cuales quienes acudan disfrazados de seres de la oscuridad entrarán en forma gratuita a la Feria.

I love L.A.

Los Angeles-USA, invitado de honor en la Feria, viene a Guadalajara con toda la fuerza y la diversidad cultural que caracteriza a una de las megalópolis más importantes del siglo 21. El programa literario que abarcará cerca de 60 actividades contará con la participación de 50 autores encabezados por Ray Bradbury, quien tendrá una participación vía satélite.

La presencia de Los Angeles como invitado de honor marca fuertemente los temas que se discutirán en el ámbito académico. Los mexicanos en Los Angeles, su sociedad, relaciones políticas y cultura será el tema del Encuentro Internacional de Ciencias Sociales.

Entre los participantes estarán Rubén Hernández León, Víctor Zúñiga, Jesús Velasco, Laura Velasco Ortiz, María Eugenia D’Aubeterre, Patricia Arias, Roger Waldinger, Edward Telle, Abel Valenzuela y José Ángel Pescador.

Literatura viva

El escritor turco Orhan Pamuk, abrirá el Salón Literario, el domingo 30 de noviembre, a las 12:00 horas, presentado por Rosa Montero. El autor presentará también su más reciente libro, El museo de la inocencia.

Mario Vargas Llosa presentará La libertad y la vida, libro que registra su trabajo de escritor y será acompañado por una formidable exposición del mismo nombre, que se alojará en el Instituto Cultural Cabañas.

Adán en el Edén, nuevo libro de Carlos Fuentes se presentará en la Feria en exclusiva mundial. Además, Fuentes encabezará la mesa titulada ¿Por fin, ya encontramos nuestra identidad?, dedicada al bicentenario de las independencias y en la que dialogará con Natalio Botana, Enrique Florescano y Gonzalo Velorio

FIL joven

Las sesiones de Mil jóvenes con… recibirán este año a Rafael Cadenas y José Emilio Pacheco. Benito Taibo sostendrá la charla “Leer para vivir” y Moussa Ag Assarid participará en una sesión sobre lieratura oral.

Xavier Velasco compartirá su experiencia como escritor durante la sesión titulada: “Terapia de autoperjuicio, o de cómo y por qué narrar es un horror” y el concurso cartas al autor, organizado por el SEMS, se dedicará este año a Luis Jorge Boone, alrededor de su libro La noche caníbal.

Lecturas que emocionan

En el pabellón infantil de la Feria los visitantes serán invitados a descubrir las emociones a través de las actividades programadas en 17 talleres alrededor del libro y la lectura, a los que podrán inscribirse en visita escolar o visita libre y se dividen en edades de 3 a 6 años, 7 a 9 y 10 a 12.

Autógrafos y venta nocturna

Este año la Feria inaugurará un módulo para firmas de autores, en donde los asistentes podrán acudir para que sus escritores favoritos les dediquen sus libros. El módulo estará ubicado en el nuevo vestíbulo del área internacional y entre los autores y personalidades que el público podrá encontrar en este espacio estarán Orhan Pamuk, Cornelia Funke, Rosa Montero, Laura Restrepo, Aminatta Forna, Vladimir Sorokin, , Denisse Dresser, Xavier Velasco y Héctor Suárez.

Convocatoria al Premio Nacional de Novela Manuel Zapata Olivella


El mundo según Zapata Olivella.

La Alcaldía Municipal de Santa Cruz de Lorica y La Fundación Festival Cultural del Sinú convocan el Premio Nacional de Novela Manuel Zapata Olivella, con el cual se le rinde tributo y honores a uno de los hijos más ilustres de Santa Cruz de Lorica, que se destacó por sus grandes aportes a la renovación y vigorización de las letras nacionales y latinoamericanas.
Las novelas deberán ser remitidas a la sede de la Fundación Festival Cultural del Sinú, indicando claramente en el sobre: Premio Nacional de Novela Manuel Zapata Olivella, 2009. Calle 4 Nº 17-05 Casa de la Cultura, Centro de Lorica, Córdoba, Colombia. El plazo de envío de los originales se cerrará el día 10 de enero de 2010 a las 6:00pm. En los casos en que los originales se reciban con posterioridad a esta fecha, se tendrá como fecha válida para clasificar o no, la del matasellos del correo.


+ info: Fundación Festival Cultural del Sinú . Calle 4 Nº 17-05 Casa de la Cultura, Centro de Lorica, Córdoba, Colombia. Celulares: 3205406246 - 3205493868 . Email: fculturaldelsinu@yahoo.es

19.11.09

La cueva


Portada de los libros.

Hoy estaré en Barranquilla, presentando La tentación inconclusa, en La Cueva, aquel sitio cuya historia todos conocen y que no seré yo quien la repita por enésima vez, en un evento que Lina Robles, la coordinadora de programación, ha llamado Literatura actual. La presentación será a las 6:30 de la tarde, y el anfitrión será mi compa Paul Brito. También se presentará el libro de relatos Voo, vainilla once onzas, del barranquillero Renato Martinez, y el libro Género libre, de Nelson Pacheco. ¿Qué más queda por añadir? Ahh, si. El viernes me invitarán a un taller de literatura cuyo sitio desconozco para contar mi "supuesta" experiencia como escritor. Jaja. Eso me ha programado Paul, en cuyas manos me encontraré hasta el sábado en la mañana. Ese mismo día iré a Cartagena. ¡Hey Paloma! ¡Que no me esperes hasta el domingo!!!!!!

PD: Este blog abrira de nuevo sus puertas hasta el lunes. Auf vierderseen!!!!

17.11.09

Un abrebocas de Necrópolis


Portada de la primera edición, que ya está agotada.

Les dejo, como en algunas ocasiones, el primer capítulo de alguna obra reciente. En este caso, Necrólis, de Santiago Gamboa.

Pincha aquí para leer.


La necrópolis de Gamboa


Gamboa expresivo.

El diario El País de España comenta la novela Necrópolis, de Santiago Gamboa, obra ganadora del premio La otra orilla, de la editorial Norma:
Una Jerusalén sitiada por la guerra, un congreso de biógrafos -con asistentes entre los que figuran una actriz porno, un empresario colombiano, un bibliófilo judío francés y una periodista islandesa- y la sorpresiva muerte de José Maturana, un ex pastor evangélico, ex convicto y ex drogadicto. Con esta mezcla, Necrópolis, la más reciente novela del escritor colombiano Santiago Gamboa (Bogotá, 1965), ha ganado el Premio La Otra Orilla del Grupo Editorial Norma. Un escritor al que una larga enfermedad le había separado de las letras intenta aclarar si realmente el de Maturana fue un suicidio o si se trató de un homicidio y funge de narrador. "Es una especie de revisión y de relectura mía del Decamerón en una clave contemporánea", explica Gamboa en Nueva Delhi, en el jardín de la casa en donde Mahatma Gandhi vivió sus últimos días. El escritor es consejero cultural de la Embajada de Colombia en India. Como en la obra de Boccaccio, un grupo de personas está reunido en una ciudad sitiada -en este caso por la guerra y no por la peste- y su manera de proteger la vida, la memoria, el legado es contando historias. "Es un libro que tiene la pretensión de mostrar la palabra y la literatura como la opción de la vida contra el olvido y la muerte", dice. Jerusalén acosada por la guerra es el marco de la novela, la metáfora de la ciudad atormentada. "Pero mi lectura no es política, no trato el enfrentamiento entre palestinos e israelíes o entre árabes y judíos. Es sencillamente una mirada histórica y literaria de la ciudad", asegura. Por eso nunca se dice quién la ataca y sucede "más que en el futuro, en un presente un poco adelantado, en un no presente".

"La literatura convierte todo en ficción", opina Gamboa. La ciudad de Jerusalén es el origen, pero lentamente para los personajes empieza a ser la metáfora de una ciudad acosada, cercada, martirizada y ellos están defendiendo sus historias, sus propias vidas, sus creencias más íntimas. Así, cada una de las historias dentro de la historia trata grandes temas: la lealtad, la amistad, la traición o la muerte. Son temas muy tradicionales en la literatura, pero a la vez muy profundos y humanos, dice el escritor. Por la gran variedad de personajes y de historias, Gamboa considera su séptima novela la más ambiciosa hasta ahora. Le llevó cuatro años de trabajo durante los cuales "la escritura física fue sólo el momento final donde convergió todo el trabajo previo, de pensar y madurar lo que quería contar".

Necrópolis retrata a personas solitarias rodeadas de un mundo que no las comprende o que las agrede. Buscan en su interior, en su imaginación o en su fe algo que les permita continuar, seguir vivas. La historia tiene un sabor descreído, nihilista, "pero es lo que tengo en el espíritu y de lo que puedo escribir ahora", explica el autor.

Después de los 40 años, "uno cambia la sonrisa, el humor y la alegría por una elegante melancolía", cuenta. También podría ser que la jocosidad de sus lecturas de otras épocas ha quedado atrás y que ahora está influido por escritores como Sándor Márai o Thomas Bernhard. Sin embargo, su novela arranca al lector unas buenas carcajadas. "Yo sigo la regla de Julio Cortázar con mucho cuidado: divertido no es lo contrario de serio, es lo contrario de aburrido. Uno puede ser divertido y muy serio. De hecho, una de las cosas más serias que hay es el humor".

Necrópolis explica las historias de personas de varios lugares del mundo y transporta a ellos. Por ello, Gamboa la califica como "extraterritorial". Él ha vivido fuera de Colombia en los últimos 25 años, en España, Francia, Italia e India: "La presencia del viaje en mi vida es enorme y por supuesto en mis libros. Me gustan los libros que se mueven, que van de un lugar a otro. Siempre cito a Juan Goytisolo: las raíces de los hombres son los pies y los pies se mueven. Así que hay que avanzar y alejarse". El viaje, dice, es conocimiento: conocer mejor el mundo para conocerse mejor a sí mismo y para dar mejores cosas. La literatura latinoamericana actual ya no se limita a su territorio, ahora cuenta historias de todo el mundo. "Ésta es una gran libertad que antes parecía prohibida y sólo los escritores europeos podían viajar", afirma. Como ejemplos de esta tendencia cita a Roberto Bolaño y a Jorge Volpi. "Pero a pesar de esto, ciertos sectores de la cultura en Europa o Estados Unidos siguen privilegiando a los autores que ofrecen la imagen de América Latina que ellos tienen en sus estereotipos, quienes satisfacen sus clichés".

El sucesor


Volpi, señalando el horizonte.

Según Carlos Fuentes, su sucesor para abanderar a las letras mexicanas se llama Jorge Volpi. En sí, Volpi me encanta como ensayista, no me desilusiona con sus novelas, y le creo como preriodista. Sí, pueder ser un buen sucesor, puede ser. Dicen en la revista Ñ:
Del pelo largo y la actitud rockera, al look cool o nerd. De la colección amarilla de Gallimard a la del mismo tono de Anagrama. De los debates iracundos sobre política en la universidad a miles de posts en la blogosfera. Del realismo mágico al realismo y la ciencia ficción; de Gabriel García Márquez a Santiago Gamboa y de Mario Vargas Llosa a Iván Thays: ¡vaya si ha cambiado el perfil del perfecto y joven escritor latinoamericano!"

El que ilustra y grafica un poco en broma, un poco en serio, la hilarante cartografía literaria regional es el mexicano Jorge Volpi, integrante de esta casta; la de los escritores nacidos a partir de 1965, ya no tan jóvenes. Hace unos años, Volpi estuvo entre los cinco escritores que Carlos Fuentes eligió como sus herederos literarios.

De paso por Buenos Aires, adonde vino a presentar El insomnio de Bolívar. Cuatro consideraciones intempestivas sobre América latina en el siglo XXI -que le valió el Premio de Ensayo Debate-Casa de América- Volpi habla detrás de sus ojos diminutos sobre la literatura latinoamericana, o -como prefiere decir- "la literatura que hoy se escribe en América latina".

Para él -escritor y director de un canal de televisión-, la idea de una literatura continental murió con el chileno Roberto Bolaño, "el último escritor latinoamericano".

¿Por qué?

Bolaño sí tenía esa convicción de estar respondiendo a la tradición latinoamericana. Él conocía bien lo que pasaba en la tradición literaria argentina, chilena, colombiana o mexicana y le importaba pelearse con esa tradición.

En cambio ahora...
Se buscan otras tradiciones, otros autores, otras influencias, de manera que ya no hay rasgos claros de lo latinoamericano, excepto en aquellos escritores que temáticamente retratan los principales conflictos sociales actuales; que eso sigue existiendo.

Si antes el compromiso era un deber ser, ¿hoy el deber ser no es justamente ser apolítico?
Sí. Para ser escritor latinoamericano ya no hay que estar comprometido con la izquierda. Ahora hay que descreer de cualquier compromiso político, y hay que estar vinculado con el mayor cosmopolitismo posible. Somos excepcionales los que nos interesamos todavía por lo político.

Muy lejos está Volpi de afirmar que todo tiempo pasado fue mejor. Simplemente argumenta que se acabaron los grandes discursos y con ellos los sumos pontífices. "Ahora hay una enorme pluralidad -o un enorme caos- de temas y de propuestas. El que haya estos contrastes hace que la literatura que se escribe en América latina viva un momento interesante, desde las propuestas minimalistas de Mario Bellatín hasta algunas novelas totalizadoras de Santiago Gamboa".

Pero ambos y los que cita en su libro, como los argentinos Mairal, Kohan, Guillermo Martínez y Pablo de Santis, pertenecen a los canales de distribución masiva? ¿No pasa nada más?
Por supuesto. Pero la concentración editorial en España provocó que prácticamente tres empresas dominaran todo el mercado editorial en lengua española, apabullando a los editores más pequeños. Sin embargo, el fenómeno comienza a revertirse. Cada vez hay más editoriales pequeñas. La paradoja es que lo que no se ve, no existe, y para un lector común es difícil encontrar aquellas grandes obras que están sepultadas en editoriales muy marginales. Es muy raro que un escritor notable se mantenga permanentemente dentro de esas pequeñas editoriales. Para un latinoamericano publicar en editoriales españolas significa la única forma de escapar de su jaula nacional y de ser leído en los demás países de la región.

El eterno Orwell


Portada de 1984.

Para la revista Ñ, Jorgelina Núñez hace un balance de lo que Orwell ha representado para las generaciones posteriores a 1984, a propósito de un libro póstumo que se ha publicado recientemente. - ¿Hasta cuando desempapelarán tanto escrito por ahí de grandes autores? Ya. dejénlos dormir, simplemente dormir - :
Da un poco de tristeza que de George Orwell sólo se recuerde que fue el autor de Rebelión en la granja y el creador del Gran Hermano, y a veces, ni siquiera eso. También apena que el mundo haya suspirado aliviado tras comprobar que en 1984 los males que la novela con ese título profetizaba no se hubieran cumplido. Nadie tuvo el tino de señalar que esa obra era menos una ficción futurista que una farsa y que como tal poco después habría de alcanzar su total realización. ¿Sentiría Orwell vergüenza ante la payasada televisiva o sonreiría irónico? No lo sabemos y tampoco importa. Lo que importa ahora es que su obra periodística y sus ensayos se están editando en español y a través de ellos su personalidad, combativa y alerta, puede recuperar algo de ese interés perdido.

La fecha y los motivos por los que Eric Blair decidió cambiar su nombre por el de Orwell se mantienen desconocidos, pero a poco de leer Matar a un elefante y otros escritos, cualquiera puede advertir en su autor a alguien incómodo con su condición. Por ser un inglés nacido en India, por representar al Imperio en una tierra colonizada, por vivir dentro del capitalismo teniendo ideas de izquierda, por ser periodista de un medio que no informaba. Por esto, la historia de su vida fue también la de su lucha no por ser otro, ya que nunca dejó de aceptarse como lo que era, sino por señalar que era consciente de todo eso y de las consecuencias que entrañaba. Si no podía ser distinto, podía, al menos, tratar de ser mejor.

Valgan como muestra dos momentos –dos disparos– narrados en este libro. El primero está recogido en el extraordinario ensayo que le da título y acontece cuando Orwell se desempeñaba como comisario imperial en Birmania. En una ocasión, un elefante de los que se usaban para transporte de cargas sufrió un ataque de locura. A los destrozos provocados en un poblado rural, se le sumó la muerte de un nativo. Orwell fue llamado para restablecer el orden satisfaciendo el reclamo de la población que exigía la muerte del animal. Pero he aquí que cuando lo encontró, el elefante, ya sosegado, se mostraba tan pacífico como una vaca. No obstante, él se vio obligado a disparar para no quedar como un idiota frente a la multitud. Esa actitud lo hizo reflexionar: "fue en ese momento, allí de pie con el rifle en las manos, cuando por primera vez capté la vacuidad del dominio del hombre blanco en Oriente (...) en realidad no era más que una marioneta manejada por la voluntad de aquellos rostros aceitunados que tenía a mis espaldas. Comprendí entonces que cuando el hombre blanco se vuelve un tirano, es su propia libertad lo que destruye".

El segundo momento tuvo lugar mientras formaba parte de las milicias extranjeras que pelearon junto a los republicanos, durante la Guerra Civil española. Una mañana, se encontraba dentro de una trinchera, en las afueras de Huesca. De repente, frente a él, un enemigo echó a correr semidesnudo, tomándose los pantalones con ambas manos, a lo largo de un campo yermo. A pesar de ser un blanco fácil, Orwell se abstuvo de tirar. "Había viajado hasta allí –dice– para disparar contra los 'fascistas', pero un hombre que se sujeta los pantalones no es un 'fascista', sino evidentemente un congénere, un semejante."

¿Qué demuestran estos dos ejemplos? Algo que se repite como una constante a lo largo de estos escritos: que Orwell era un hombre de acción tanto como de palabra, dispuesto a empuñar las armas, pero sin dejarse engañar respecto de lo que estaba haciendo. Ninguna circunstancia, ningún ideal, pesaba sobre él más que sus convicciones más hondas, ésas para las que ni siquiera hay nombres que las designen. Cuando se desata la Segunda Guerra mundial y se ve imposibilitado de ir al frente por una herida de bala en el cuello, recibida en España, y por la tuberculosis que le causaría la muerte en 1950, a los 46 años, la máquina de escribir reemplazó al fusil. Su objetivo era combatir la apatía crónica del pueblo inglés. Un pueblo que, según su opinión, escuchaba con indiferencia las noticias del extranjero y trataba de convencerse de que las bombas siempre caían en otro lado. En 1941, Orwell entra a trabajar en la BBC, pero allí descubre que la función de la radio no era informativa, sino propagandística: una herramienta destinada a "propagar mentiras, encender el odio y exigir una paz vindicativa". Tras su alejamiento, se emplea como editor y columnista del semanario socialista Tribune, pero el agravamiento de su enfermedad lo obliga a pasar sus últimos años en los hospitales.

Además de cuatro ensayos notables, en los que el escritor arremete contra cualquier clase de eufemismo ("el gran enemigo de una lengua clara es la falta de sinceridad", dice), el volumen se compone de unas pocas reseñas de libros de otros autores (entre ellos el británico Winston Churchill), los "Diarios de la guerra" escritos entre 1940 y 1942, los "Recuerdos de la Guerra Civil española" y "A mi antojo", una selección de sus columnas para el semanario socialista Tribune. En todos se impone la imagen de un escritor mesurado y de franqueza insobornable y su sola lectura bastaría para poner en duda los motivos por los cuales, meses antes de morir, habría denunciado a 38 intelectuales y artistas pro comunistas. La existencia de la lista con esos nombres se dio a conocer en 2003, en ocasión del centenario del nacimiento de Orwell, y generó una fuerte polémica entre los medios británicos y los españoles que, a modo de homenaje, salieron a defender a quien en su momento arriesgó su vida por la causa republicana.


13.11.09

Rey, Premio Loewe de Poesía


Rey. Fuente: EFE.

Hay dos premios literarios en español que cualquier poeta quisiera llevarse en el bolsillo y en la memoria: el Premio Hiperión y el Loewe de Poesía. No hay quien se haya ganado los dos, y quizá no suceda, pero casos se han visto. Si Cela se ganó el Premio Planeta y el Nóbel de literatura, todo puede pasar. En fin, El premio recayó en otro español - tan extraño - del cual poco o nada se conoce: José Luis Rey. Les dejo más info, del ABC:
Será porque escribirla no resulta caro (aunque pueda resultar costoso), que apenas si con un lapicero y un folio en blanco, incluso menos, puede bastar y hasta sobrar, pero la crisis no se ha cebado en la poesía, aunque a algunos jurados de algunos premios les hayan trocado la comida por un simple tentempié, que no es el caso.
No, no lo es, porque nuevas voces se incorporan a lo más selecto de nuestra lírica y porque uno de sus galardones más prestigiosos, el Premio Loewe, sigue viento en popa después de veintidós ediciones y hoy daba a conocer al ganador de este año, que ha resultado ser el libro «Barroco», del poeta cordobés José Luis Rey, autor de poemarios como «La luz y la palabra» y «La familia nórdica», por el que fue galardonado con el Jaime Gil de Biedma en 2006. El Premio Loewe está dotado económicamente con 20.000 euros y su edición en la colección Visor de poesía.

La calidad de las obrasEl jurado cuya presidencia de honor ostenta Carlos Bousoño, estuvo presidido por Víctor García de la Concha, director de la Real Academia, y ha estado compuesto por Francisco Brines, José Manuel Caballero Bonald, Jaime Siles, Antonio Colinas, Darío Jaramillo, Cristina Peri Rossi y Luis Antonio de Villena. Entre los asistentes al acto se encontraban también la ministra de Cultura, Ángeles González-Sinde, y el director general del Libro, Rogelio Blanco.

En esta ocasión y dada la calidad de las obras presentadas, también se ha otorgado el Premio al Ganador Joven, para menores de 30 años, que recayó en el mallorquín Sergio Copete García, por su obra «La ciudad de las delicias», un libro que trae, según Luis Antonio de Villena, «el mundo clásico a la Barcelona de hoy, lo que produce un libro inaugural, muy bien hecho, de gran claridad y emoción, poesía, en suma, que busca la modernidad sin olvidar la tradición».
En nombre del jurado, el poeta Jaime Siles destacó de «Barroco», el libro ganador, que con él «también se quiere presentar una nueva vía poética, una nueva generación que guarda alguna similitud con los primeros novísimos». Igualmente subrayó del poemario su magnífica «teoría y práctica de la metáfora, su surrealismo inteligible, de gran aliento verbal, que crea una suerte de irracionalismo visionario, de realismo lírico».

La Biblioteca Cervantes, en Bubok


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¿Ya comenté que mi libro lo consiguen libre en Bubok? Creo que si. Bueno, era sólo un recorderis. Bubok vuelve y suena. Y juega.
La Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes y Bubok han inaugurado hoy un portal a través del cual se facilita la compra de una parte de los fondos de la Cervantes, en formato papel o electrónico. El comprador podrá recibir en su domicilio las obras que solicite, a un precio muy asequible, en tiradas a partir de un ejemplar.
El catálogo que presenta el nuevo espacio virtual, y que se incrementará progresivamente, ofrece en estos momentos 555 obras de autores fundamentales de la literatura en español. Son ediciones realizadas para la Cervantes, entre las que se encuentran las que integran su Colección 10.º Aniversario, una selección de 35 libros elegidos por los asesores científicos de la Biblioteca Virtual para celebrar, en este 2009, su primera década de existencia.
«El Libro de Buen Amor», del Arcipreste de Hita; «La Celestina», de Fernando de Rojas, «El Lazarillo de Tormes» o «El Quijote» son algunos de los títulos reunidos en la citada Colección 10.º Aniversario, que incluye también creaciones de Sor Juana Inés de la Cruz («Obras escogidas»), José Hernández («El gaucho Martín Fierro»), Rubén Darío («Prosas profanas») y José Martí («Amistad funesta»), así como sonetos de Garcilaso de la Vega y Góngora, obras dramáticas de Lope y Calderón, artículos de Larra y novelas de Galdós, Clarín y Emilia Pardo Bazán, entre otras obras.

El guionista


Charlie Kaufman. Hey, quiero una corbata de esas!!!

Daniel Kozak hace una reflexión acerca de ese oficio tan poco reconocido de otra especie de escritores: los guionistas:
Lo llaman el gurú del guión, y es tan célebre que el guionis­ta Charlie Kaufman lo con­virtió en personaje. Robert McKee es ese tipo mala onda, interpreta­do por Brian Cox, que le grita a Nicholas Cage en la escena de la clase de guión en El ladrón de or­quídeas. McKee estuvo en Buenos Aires con el seminario con el que viaja por el mundo desde hace 25 años y dialogó con Ñ sobre el lu­gar del guión en el cine. Detrás del concepto de autor cinematográfi­co, señala, hay un equívoco que derivó en un profundo desprecio por la escritura de guiones.

El tema es casi tan viejo como el cine, y ha sido objeto de innu­merables polémicas. El lugar del guión es complejo: es el punto de partida de una película, pero no es en sí mismo una obra. En los 50, los redactores de Cahiers du Cinéma impulsaron la política de los autores . El realizador pasó a ser el verdadero autor, capaz de expre­sarse con estilo propio, como un escritor con su pluma. Pero esta noción, aún vigente, también dio lugar a una distorsión que con­denó a los realizadores a escribir sus guiones para ser considerados autores.

"En la época de oro del cine eu­ropeo, del neorrealismo italiano a la nouvelle vague francesa, la belle­za de las películas se basaba en los guiones. Detrás de muchas obras neorrealistas hay un gran escri­tor que nadie conoce porque no dirigía: Cesare Zavattini", señala McKee. Y observa que directores como François Truffaut o Ingmar Bergman eran, además, talentosos guionistas. "Ellos entendían que sin una buena idea, expresada de una forma bella en una historia, no importaba lo que pudieran hacer como directores, porque el estilo no es la sustancia. Pero los críticos creían que la personalidad del director y el modo en que fil­maba y componía eran las marcas autorales, no veían el trabajo del director como la interpretación de una historia. Y el resultado fue el desprecio por los guiones".

Esta interpretación de la teo­ría del autor derivó en la idea de que, para ser considerado un au­tor, el director tiene que escribir él mismo el guión. Pero ni Alfred Hitchcock ni John Ford escribían sus guiones y nadie dudaría en considerarlos autores. En el cine argentino surgido en los noventa, esta confusión es frecuente. Hay directores que son también talen­tosos guionistas. McKee mencio­na a Lucrecia Martel y a Fabián Bielinsky. Pero hay otros que no, e igual escriben sus guiones con resultados dispares. Pablo Solarz y Patricio Vega son guionistas pro­fesionales de esa generación. Los dos coinciden en que hay un cier­to recelo por la autoría. "Un buen director de cine de autor participa del proceso del guión y dirige al guionista desde que empieza a tra­bajar. No necesita ser el autor del guión, es el autor de la película", observa Solarz, guionista de Histo­rias mínimas y Un novio para mi mujer . "En el cine de autor se le tiene miedo al guionista, como si al sumar un guionista se resignara autoría, identidad o particularidad. Y es al revés: un guionista puede ayudar a que un director se luzca más", señala Vega, que dirige la escuela El laboratorio de guiónMúsica en espera o La señal.

Para McKee, escribir y dirigir son talentos distintos. "Cuando los directores intentan escribir, a veces surgen grandes problemas, porque dirigir es un arte interpre­tativo. El director de cine es como el director de orquesta, dirige la música compuesta por otro. Y los buenos directores de orquesta no siempre son buenos composito­res. Muchos directores ni siquie­ra quieren escribir, pero lo hacen porque creen que si no, no serán considerados autores".

Una de las consecuencias de este equívoco es la precariedad laboral de los guionistas. Fuera de la televisión, donde la produc­ción seriada ofrece condiciones de trabajo más estables, la situación del guionista de cine en Argentina es bastante aleatoria. Puede ser el autor de un guión original, adap­tar una obra, colaborar con otro guionista o con un director. Pero son pocos los guionistas de cine que escriben de manera regular. Aída Bortnik, guionista de La his­toria oficial , y Fernando Castets, coguionista de varias películas de Juan José Campanella, son dos de los más reconocidos. La escritura para cine suele ser una actividad episódica, desempeñada por guio­nistas de televisión o por escrito­res, como Marcelo Birmajer. "El espacio para la escritura profesio­nal de guiones es restringido por el tiempo y por el presupuesto que se asigna, y eso se nota en los re­sultados", observa Solarz.

Para mejorar estas condiciones, un grupo de guionistas creó hace dos meses el Círculo de Guionis­tas Cinematográficos. Es que la falta de reconocimiento se refleja incluso a nivel institucional. Un ejemplo: el espacio para guionis­ tas en los comités del INCAA que seleccionan lo que se va a filmar, está ocupado hoy por guionistas-directores de una asociación de directores, y no por representan­tes de la asociación que nuclea a los autores.

Para pensar la cuestión del guión, hay que distinguir entre esos dos momentos que son el cine clásico y el cine moderno. El cine clásico comprende la produc­ción de los estudios desde el inicio del sonoro hasta fines de los años cincuenta, y se caracteriza por un relato que sigue las reglas del tea­tro clásico, con una concepción de los personajes cercana a la de las novelas del siglo XIX. El cine mo­derno nace con Ciudadano Kane , de Orson Welles, y el neorrealis­mo italiano en la década del cua­renta, y continúa con la nouvelle vague . En el relato moderno, la concepción del personaje y de su relación con el mundo cambia.