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25.5.10

La disidencia cubana


Lift Cuba.


La nueva revolución cubana es y será Internet. En Gatopardo se publica una interesante y sugestiva crónica sobre los blogs, el facebook, el twitter y demás en Cuba. Si, en Cuba. La principal bloggera, Yoani Sánchez, da algunos atisbos sobre esta disidencia:

La casa donde Guillermo Fariñas hace la huelga de hambre número 22 de su vida huele a estofado de cerdo que prepara su madre. El día que me encontré con él, a su decisión de no probar alimentos había sumado la privación de líquidos para hacer su protesta aún más desafiante. Luego de la vuelta al mundo que dio la noticia de la muerte de Orlando Zapata Tamayo —un preso político, negro, pobre y desconocido— tras 86 días de ayuno, Fariñas había decidido seguir su ejemplo con la exigencia de que 26 opositores del gobierno de Cuba fueran puestos en libertad.

Sentado en uno de dos sofás viejos que se amontonan delante de un televisor ruidoso, Fariñas descubre su camisa celeste para mostrarme cicatrices que le dejaron las huelgas anteriores y una bala recibida en la columna vertebral durante los días en que fue enviado por Fidel Castro a Angola, al lado de miles de soldados cubanos que participaron en la guerra de independencia del país africano colonizado por Portugal. Marcas ya cerradas y ennegrecidas aparecen a lo largo del pecho huesudo y la espalda morena, como vestigios de combate.

El anterior ayuno de protesta de Fariñas comenzó el 31 de enero de 2006, después de que agentes de seguridad cubana le bloquearan el acceso al cibercafé de Santa Clara, la apacible villa donde vive, a 250 kilómetros del rumor de las olas y el olor a salitre de La Habana. En esa ocasión, Fariñas anunció que dejaría de comer hasta que el gobierno garantizara internet para él y para todo el pueblo de Cuba. Al poco tiempo de iniciada su protesta, su estado de salud colapsó y fue llevado a la sala de terapia intensiva de un hospital cercano, donde dice que cada vez que recuperaba el conocimiento se arrancaba los sueros y los aparatos que le conectaban de forma intravenosa para que siguiera con vida pese que no probaba alimentos. La batalla por el derecho a internet en el único país comunista de América duró siete meses. El 31 de agosto de ese mismo año, Fariñas volvió a su casa con 15 kilos menos, problemas renales y alteraciones esporádicas del corazón. No consiguió internet para todos pero recibió dos premios, uno del gobierno de la ciu
dad alemana de Weimar, y otro de la organización Reporteros sin Fronteras, ambos por su lucha para lograr el libre acceso a la red en la isla.

A sus 47 años de edad, Fariñas ha logrado adaptarse a la nueva generación de jóvenes opositores que han hecho de internet una de sus principales armas de combate. Oswaldo Payá, quien durante los noventa y principios de esta década fue el disidente cubano más conocido a nivel mundial, se ha visto rebasado debido a su falta de pericia para navegar por la red. Payá tiene una página web bastante insípida que alimenta con información que envía a colaboradores en Miami a través de cartas escritas de puño y letra, que deja en las embajadas en Cuba de algunos países como Polonia o Suiza, o bien mediante dictados telefónicos, lo que le resta agilidad a su activismo. Por eso es que cada vez son menos las noticias que tiene el mundo sobre este disidente.

Fariñas, en cambio, se comunica vía electrónica. Cuando nos vimos, aunque en Cuba muy pocos estaban enterados de su protesta, medios de comunicación alrededor del mundo daban seguimiento a su estado de salud con entrevistas vía telefónica o por medio de blogs y cuentas de redes sociales como Twitter y Facebook. En algún momento de nuestro encuentro de casi tres horas, Fariñas se levantó de su asiento y se dirigió con paso lento de la sala de su casa hacia un pequeño cuarto donde cohabitaban una computadora y un lavadero de ropa. Con el rostro serio me dijo: “No vamos a dejar que el fuego que encendió Zapata Tamayo se extinga, porque si dejamos que este fuego se extinga, vamos a ser aniquilados como oposición pacífica. Éste es el momento de ahora o nunca”.

Coco, como le dicen sus amigos, se sentó frente a su máquina y empezó a enseñarme diversos escritos y fotografías de su vida, en especial las de su época como miembro de uno de los tres comandos de demolición, penetración y sabotaje del Ejército cubano en Angola, así como las de su paso posterior por la academia militar de Tambov, Rusia, donde padeció un ataque epiléptico a causa de un gas neuroparalizante que, erróneamente, le dio otro soldado. Fariñas volvió a Cuba, estudió Psicología y se desencantó del gobierno. Años después optó por dedicarse al periodismo.

Su gran contacto con internet aconteció en 2003, cuando se incorporó a la agencia Cubanacán Press, a la cual nutría de crónicas sobre la vida en Santa Clara. Cubanacán Press, que fue creada por disidentes, pretendía usar la entonces novedosa plataforma cibernética para dotar de información periodística rigurosa al mundo, pero acabó cerrando cinco años después, justo cuando iniciaba en Cuba una oleada de blogs que relataban con de-
senfado la cotidiana realidad de una generación de jóvenes aparentemente enclaustrada. Uno de éstos era el de Yoani Sánchez Cordero, amiga de Fariñas, cuyas opiniones divulgadas por la red hoy son seguidas por centenares de medios de comunicación de todo el mundo y traducidas a 12 idiomas, incluido el persa.

Durante el viaje a Cuba, que hice con la finalidad de entrevistar a Fariñas, internet se convirtió en el tema recurrente. Mientras que en México y otros países latinoamericanos los medios sociales son para algunos especialistas tan sólo una moda, el mundo opositor cubano está convencido de que celulares, Twitter, Facebook, conexiones inalámbricas y memorias portátiles son un cambio radical en la forma de comunicación, el cual detonará la transformación social y política de esta isla gobernada desde hace 51 años por Fidel y Raúl Castro.

La nueva revolución cubana, creen, pasará por internet.

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