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9.8.10

Marilyn Monroe, versión poesía


MM.


En octubre se publicará un libro con textos inéditos de Marilyn Monroe. ¿Le "meterá la mano" el editor? Eso es seguro. la nota en la Revista Ñ:

La breve y trágica vida de Marilyn Monroe sigue dando noticias, aún hoy, a 48 años de su muerte (cumplidos exactamente ayer). Ahora, es su faceta menos conocida la que sale a la luz. La de una Marilyn que escribía: poemas, textos literarios y cartas intercambiadas con figuras intelectuales de su época como Truman Capote, Norman Mailer, Pier Paolo Pasolini y Arthur Miller, quien fue, además, su segundo marido. Su albacea, Anna Strasberg, ofreció material inédito (que incluye dibujos y recetas de cocina, entre otras curiosidades) de la que fuera el gran símbolo sexual del siglo XX y lo recopilado, junto a 33 imágenes también inéditas, serán publicadas en octubre. El libro tendrá varias ediciones en Europa y los Estados Unidos. Sobre ella, se publicaron cientos de biografías en todo el mundo. Pero hasta ahora no había registro de la propia actriz sobre sus opiniones y experiencias. Este libro, que se llamará Fragmentos, es la primera oportunidad de acercarse al interior de uno de los íconos de la cultura popular del último siglo. "Se trata de la visión de una mujer que intentaba comprender el mundo que la rodeaba y sus relaciones con los demás y con ella misma. Era una lectora infatigable de Joyce, Beckett y Whitman", explicó uno de los editores. Lejos, muy lejos del estereotipo de la rubia tonta, los escritos de Marilyn muestran los pensamientos más íntimos de la actriz y la hacen más humana.
Prólogo

"Nadie sospechaba que en ese cuerpo vivía el alma de una intelectual y poeta", dice en el libro, el escritor italiano Antonio Tabucchi.

13.5.10


Antonio Tabucchi


Alejandrea Patatat, del periódico La nación, hace un balance sobre la última novela de Tabucchi, El tiempo envejece deprisa. Se respira Italia por todos lados. Así lo comenta:

Una mujer se pregunta por primera vez a los treinta y ocho años por qué no ha tenido un hijo o, más bien, por qué no ha deseado tener un hijo. Un escritor espera en un hospital la muerte de una tía y descubre que, en esos momentos finales, ella ansía contar, no su propia historia, sino la infancia del sobrino. Un ex espía alemán pasa sus tardes de jubilado siguiendo la pista de presuntos objetivos y vuelve obsesivamente a la casa-museo de Brecht, su víctima excelente. Un viejo general húngaro reencuentra, después de cincuenta años, a su antiguo enemigo, un ruso que lo había condenado tras la invasión de Budapest en 1956. Un hombre asiste solitario a una escena conmovedora: en una terraza de una ciudad cualquiera del Mediterráneo, una madre canturrea la canción sefardita "Yo me enamoré del aire", mientras abraza feliz a su hijo. Un hombre maduro viaja hasta Creta y desvía su camino para recluirse en un monasterio. ...stos son algunos de los personajes y de las historias de El tiempo envejece deprisa , el nuevo libro de Antonio Tabucchi (Vecchiano, 1943). Uno de estos personajes afirma: "Las emociones no se explican, para ser explicadas deben transformarse en sentimientos". Por eso, habría que decir que estos nuevos cuentos, que reconcilian con la mejor literatura del autor, son como esbozos de personajes e historias: sensaciones, emociones y atmósferas, captadas en escorzo.

Con El juego del revés (1981), Nocturno hindú (1984) y Pequeños equívocos sin importancia (1985), sin duda sus mejores libros, Tabucchi irrumpió en la escena literaria mundial. Les siguieron una gran cantidad de relatos, entre los cuales figuran Sostiene Pereira (1994) y Tristano muere (2004). Su poética -como escribió recientemente Daniel Capano- es común a las tendencias de la escritura posmoderna: carácter fragmentario, intertextualidad, parodia y metaliteratura. Pero la insistencia iterativa de sus temáticas -la escisión del sujeto, el viaje como laberinto, la incertidumbre como derrotero, la paradoja, el enigma y la inconsistencia del ser humano- lo proyectan hacia atrás, es decir, hacia principios del siglo XX, cuando la literatura testimoniaba la crisis del hombre moderno.

Este libro no escapa a esta rara conjunción entre estilo posmoderno y problema moderno, entre innovación y tradición. A tal punto que la cuestión transversal de los relatos es la relación entre el tiempo, la memoria y el recuerdo. El tiempo transcurre irreversiblemente, advierten sin sorpresa los protagonistas de las historias. Pero la fuerza de la memoria involuntaria todo lo arrasa: la lógica del recuento final y la frágil concatenación de los hechos. Los infinitos juegos de la memoria, que nacen casi siempre de esa sutil y vaporosa evocación proustiana, conducen al sujeto a rememorar. Y la epifánica visión fotográfica de la realidad cede ante la ensoñación nostálgica, la fantasiosa geometría del recuerdo. Todos los libros de Tabucchi se caracterizan por una fuerte saudade : es el signo más claro de su consabida deuda con el portugués Fernando Pessoa, su autor predilecto. El tiempo envejece deprisa es, sin embargo, el libro de la nostalgia por excelencia, el punto culminante de un recorrido à rebours que lleva al autor cada vez más atrás en el espacio y en el tiempo. El final de la colección, en la mítica Creta, es más que elocuente. Aun así, no es todavía el libro sobre la infancia que probablemente el autor italiano escriba alguna vez. El pasado que los personajes de estas historias recuperan es el de la plenitud de la vida, el de la añorada juventud.

Hay algo más para agregar. La literatura y el cine italianos del siglo XX fueron capitales cuando se abocaron a la tragedia de la guerra: Ungaretti, Montale, Pavese, Bassani, Levi, Morante, Pasolini, Rossellini, De Sica y Visconti produjeron sus obras maestras cuando evocaron con acierto el momento en que la vida se ofrecía en todo su significado en carne viva. Y ello sucede indefectiblemente durante la guerra. Tabucchi no es un escritor testigo de los conflictos mundiales, pero su formación intelectual -su idea misma de compromiso, hoy tan devaluada- lo colocan junto a esta vastísima tradición europea. La guerra constituye el segundo plano de casi todos sus relatos. Aparentemente es una imagen desdibujada y sin contornos, tal como hoy se le aparece a la mayor parte de los europeos. Pero si se observa bien, la guerra es el escenario preciso en que la vida de sus personajes cobró un determinado sentido o sinsentido; imborrable, es una forma del tiempo que inscribe a los hombres en el magma de la historia.

7.4.10

El tiempo de Tabucchi


La portada.


Les dejo un aparte de un cuento que conforma el libro El tiempo envejece deprisa de Antonio Tabucchi, traducido al español por Anagrama. El italiano es, sin lugar a dudas, uno de los mejores exponentes contemporáneos del relato.

EL CÍRCULO

«Le pregunté sobre aquellos tiempos en que éramos aún tan jóvenes, ingenuos, entusiastas, tontos, inexpertos. Algo de eso ha quedado, excepto la juventud, respondió.»

El viejo profesor se había interrumpido, tenía una expresión casi contrita, se había enjugado precipitadamente una lágrima que se le había asomado a una pestaña, se había dado un golpecito en la frente, como diciendo qué idiota, perdonen, se había aflojado el corbatín de aquel increíble color anaranjado y había dicho con su francés marcado por un fuerte acento alemán: les ruego que me disculpen, les ruego que me disculpen, se me había olvidado, el título del poema es «El viejo catedrático», de la gran poetisa polaca Wisława Szymborska, y en ese momento se había señalado a sí mismo, como queriendo indicar que el personaje de ese poema en cierto modo coincidía con él, después se había bebido otro calvados, más responsable de su conmoción que el poema, y se le había escapado una especie de sollozo, todos de pie, consolándolo: Wolfgang, no hagas eso, sigue leyendo, el viejo profesor se había sonado la nariz con un amplio pañuelo de cuadros: «Le pregunté por la fotografía», prosiguió con voz estentórea, «esa en el marco, sobre el escritorio. Fueron, pasaron. Mi hermano, mi primo, mi cuñada, mi esposa, mi hijita sobre las rodillas de mi esposa, el gato en los brazos de mi hijita, y un cerezo en flor, y sobre el cerezo un pájaro volador no identificado, respondió.»

El resto ya no lo había escuchado, o tal vez ya no quiso seguir escuchándolo, qué amable el viejo profesor del cantón de San Galo, los primos de San Galo son un poco paletos, eran palabras de la tía abuela oídas en alguna ocasión en la cocina, criaturas extrañas, son buena gente, pero viven en ese sitio tan aislado entre montes y lagos, en cambio quien le parecía delicioso a ella era el viejo profesor de San Galo, hasta había hecho fotocopias del poema que quiso leer en el brindis, qué delicadeza, y las había dejado a disposición de los invitados sobre la mesa ya puesta, entre el postre y los quesos, porque, según decía, ése era el mejor homenaje a la memoria del abuelo, «mi añorado e inolvidable hermano Josef, en cuyo lugar el Señor hubiera debido llamarme a mí».