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5.2.11

Después del Hay


Londoño.


Un autor que siempre me es fascinante, sobre todo desde sus ensayos, Julio César Londoño, comenta después del Hay, o, como dice él, después del Jay:

Terminó otra edición del Hay Festival de Cartagena. El Hay se realiza anualmente en seis ciudades pequeñas y glamorosas del mundo, reúne a un buen número de personajes de las letras, es light y elitista (el Hay no programa nada en Bazurto ni en otros barrios malolientes de la ciudad; debía llamarse el Jai Festival, como propone Checho Jordán) pero lo hace de frente, sin milonga, con una irresponsabilidad social franca, y cumple bien su cometido de divulgación: acerca los escritores al público y pone a la literatura en la primera plana de los diarios.

El conversatorio entre Daniel Samper y el humorista infantil Luis Perscetti fue absolutamente feliz. Los asistentes nos divertimos como niños porque Samper y Perscetti son dos payasos profesionales que conocen la regla cero de la risa: el humor no se improvisa… ¡y porque no había niños en la sala! (Definitivamente es un festival perfecto: ni pobres ni niños).

María Elvira Bonilla, la directora de la revista digital Kien y Ke, entrevistó a Emily Bell, la directora de la Escuela de Periodismo de Columbia University. El tema fue el presente y el futuro del periodismo on line. La señora Bell lo sabe todo (fue directora de los diarios británicos The Guardian y Observer) y las preguntas de María Elvira fueron siempre at point.

Rubén Blades, abogado de Harvard y músico malevo, dijo que había sido pobre dos veces: primero en español y luego en inglés; que su música tenía fecha de vencimiento, como la leche; que debíamos reinventar el mundo, en especial la política y la economía, y que “Haití no se arregla con cancioncitas”.

La entrevista que Marianne Ponsford le hizo a Alessandro Baricco cubrió varios frentes: su obra, su vida personal y la relación con “sus mayores italianos”, Umberto Eco y Claudio Magris. Baricco tuvo que hablar de Seda, ese best seller cuyo éxito ya empieza a fatigarlo; de City (reconoció que su estructura tiene complicaciones innecesarias) y de Los bárbaros, su magistral ensayo sobre el fútbol, los libros, el vino y Google.

En la Casa Mafer, los colombianos Guido Tamayo, Fernando Quiroz y el autor de La plana, sostuvimos con los mejicanos Rosa Beltrán y Francisco Hinojosa una candente polémica sobre el adulterio. Concluimos que la tragedia del amor conyugal era la pérdida del deseo, y que el responsable era ese torpe diseño social que pone la ternura en la casa y el erotismo en la calle, en lugar de mezclarlos un poco aquí y allá.

Yo vi varias personas cabeceando en el auditorio (Eduardo Victoria, Beatriz López…) pero creo que la responsable era esa atmósfera como de sancocho hirviendo que flota hace mil años sobre la ciudad. Lo cierto es que los comentarios de la gente al final fueron muy elogiosos, si descartamos la opinión de dos señoras caleñas a las que sorprendí, escondido tras una columna del patio interior de la Casa, rajando de los panelistas.

–Qué petardos, ¿no? –decía una de las brujas, la presentadora de televisión Martha Isabel Hinojosa.
Sí –le contestó la otra bruja, Gladys Reyes–, parecía una reunión de padres de familia.
–Sí –agregó la primera bruja–, es más emocionante la reunión de la junta del condominio.
–Sí –dijo la segunda acomodándose el escote de su precioso traje de lino blanco.

27.10.10

¿Por qué es negra la noche?


El vallecaucano Londoño.


Aparece ¿Por qué es negra la noche? de Julio César Londoño. Un libro de ensayos que nos recuerda a ¿por qué las moscas no van a cine? del mismo autor. Un escritor mordaz, inteligente, creador de una prosa que mantiene al lector "pegado". Aquí lo que comentan en CEET:

Para llegar al brasier se necesitó de la geometría griega y el estudio de cónicas, de la Revolución Industrial, para que se crearan telares que manejaran fibras elásticas; del glamour francés y del mercadeo estadounidense.

Este es uno de más de 70 temas curiosos que ha coleccionado a lo largo de su vida el escritor vallecaucano Julio César Londoño, que ahora reúne en su nuevo libro '¿Por qué es negra la noche?'.

Luego de la novela 'Proyecto piel' (2008), Londoño regresa al ensayo, uno de sus géneros preferidos. "Un ensayista debe tener varias cosas: debe escribir bien, debe pensar bien, pero tal vez, la cualidad principal, es que sepa especular, de una manera inteligente y que nos regale reflexiones propias", anota.

En la primera parte, se encuentran los temas dedicados a los genios y sus inventos; un aspecto más de corte cerebral, que el autor cataloga, con el humor negro que lo caracteriza, como la materia más fea de los humanos.

"Usted nunca oye a nadie decir: 'tan divino su cerebro'. Es muy feo, pero su organización no la tiene nada: ni el agua, ni el diamante, ni el cuarzo; ninguna materia tiene tanto orden en el sentido de que pueda producir tal cantidad de sucesiones y de relaciones por milímetros cúbicos", se adelanta a decir Londoño, un apasionado estudioso de los temas científicos.

Precisamente, fue un curioso hallazgo científico sobre el escritor Edgar Allan Poe, el que le dio a Londoño el título de su libro. Ni Keppler, ni Newton, a pesar de sus horas de estudio, lograron responder "¿por qué es negra la noche?".

"Y fue Poe quien descubrió, entre los vapores del alcohol, en una noche de Baltimore, que la noche todavía es negra porque no nos ha llegado aún la luz de las últimas estrellas. O sea que dentro de algunos cientos de años vamos a perder ese tesoro que son las noches", explica el escritor, que dedica, la segunda mitad del libro, a temas más humanísticos como el lenguaje, el sexo y la religión.

"A cualquier persona le intriga un personaje tan extraordinario como Dios. Y cada que viene un papa y cierra el infierno y luego otro lo abre a mi me parece que es una gran noticia, y un gran tema. En todos esos campos la humanidad está produciendo frecuentemente unos artículos extraordinarios y uno debe estar muy atento para aprovecharlos", concluye el autor.

¿DE DÓNDE VIENE LA OBSESIÓN POR LOS GENIOS?

"La idea del genio no es tan vieja como un piensa. La obsesión por los genios viene del Renacimiento y su tendencia de la individualidad. Anteriormente, la humanidad era muy plana, muy colectiva. Por ejemplo, los poeta griegos no se consideraban a sí mismos genios porque ellos creían que eran los dioses y as musas quienes los inspiraban. En el Renacimiento, los dioses pierden terreno y el individuo cobra mucho peso, y comienzan a admirarse a los hombres como genios y ellos a firmar hasta sus cuadros", explica Londoño.

8.3.10

Vallejo y la Muerte


El "mexicano" Fernando Vallejo.


A Julio César Londoño le encanta leer Fernando Vallejo. Es un "vallejiano" por excelencia. A mí no me desilusiona, pero tampoco me hace ver el mundo diferente cuando lo leo. Su enfrentamiento ahora es con la intrusa, con la Muerte. María Paulina Ortíz le hace una entrevista en México D.F:

Este viernes entrará en librerías 'El don de la vida', la nueva novela de Fernando Vallejo, en la que el escritor entabla un diálogo rabioso y franco con la muerte. Hace algunos años visité a Fernando Vallejo en su apartamento de Ciudad de México (y lo más seguro es que él no lo recuerde). Un par de horas antes me había presentado por teléfono como periodista para pedirle una entrevista. Aún recuerdo cada una de sus palabras al otro lado de la línea, con esa voz suya, delgadita, frágil:

-Venga a mi casa y hablamos, pero sin que publique nada -respondió-. Y agregó: Si quiere decir algo de mí en Colombia, diga que me morí.

La muerte y Fernando Vallejo han caminado juntos desde hace tiempo. La muerte, como protagonista de su literatura. En su nueva novela, El don de la vida (editada por Alfaguara), Vallejo -o el personaje de la historia, que puede no ser él, vaya a saberse- entabla un diálogo con la Muerte (así, en mayúsculas). Sentados en una banca del parque Bolívar, de Medellín, los dos pasan las horas completando un largo listado de personas fallecidas y compartiendo opiniones sobre muchos temas, como si fueran unos viejos compadres. La Iglesia, el sexo, la política, la familia, el idioma, Medellín, Colombia, la vejez, el pasado. El Vallejo de siempre, igual de rabioso, igual de franco, aparecen en este libro que, sin embargo, está escrito en una forma que hacía rato no empleaba el autor antioqueño: el diálogo.
Y así comienza:

"-¿Quién tiene la verga más grande en este bar de maricas? -pregunté al entrar todo borracho y me trajeron a un muchacho".
Vallejo de siempre, qué decir.

Aquí dejó el monólogo. ¿Se siente cómodo escribiendo en diálogo?
"Para mí lo más fácil es poner a hablar a los personajes: lo aprendí prestándole atención a la gente y escribiendo guiones de cine. Por lo demás, mis libros nunca han sido monólogos; en varios de ellos hay diálogos míos con un juez, con un psiquiatra, con un cura... Y continuas interpelaciones al lector. En Entre fantasmas le dicto párrafos enteros, que le voy corrigiendo, a un amanuense".

El protagonista conversa con la muerte y entre los dos casi no hay puntos opuestos. ¿No habría sido más tentador dialogar
con la vida? ¿Debatir con ella?

"Yo no tengo nada qué debatir con la vida. Lo único que quiero es salir de ella".

Vallejo responde corto, conciso. Lo prefiere así, dice, para que no salgan editadas sus palabras.

¿Y cuándo vamos a encontrarnos con un Vallejo que no defienda la muerte? Difícil. "...Menos la Muerte, que vive y queda, todo se muere y pasa. Pero al final de cuentas la Muerte no es tan mala, es una buena mujer. Consuela al triste, reivindica al pobre, cura al masturbador, duerme al insomne, pone a descansar al cansado...", se lee en la página 144.

Lo que se echa de menos en este libro son las historias con sus abuelos, sus palabras de amor por ellos. Aquí incluso se queja de su abuela por haber dado a luz...

"Traer hijos a este mundo es el crimen máximo. Con todo y lo que quise a mi abuela, cada día que pasa se lo perdono menos. ¡Qué tenía que meterse esa santa mujer en semejantes porquerías!".
Y por ahí dice también que lleva años acostándose con Colombia... ¿Se trata acaso de una reconciliación o, por lo menos, de un deseo de reconciliarse?

"Nada de eso. Puro sexo. A mi peor enemigo le perdono lo que sea si está bueno y se acuesta conmigo".

Colombia, claro, no sale bien librada en este libro. De ahí que aparezcan frases como estas: "... ¡Y cuál patria, a ver, de cuál hablamos! ¿De Colombia? Colombia es un matadero, el campo mejor minado para la Muerte".

Al terminar la novela uno puede pensar que el don de la vida para Vallejo es poder morirse. ¿El título del libro termina por ser una ironía?

"Sí, es un título irónico. La vida es una desgracia. Entiendo la muerte como un alivio".

"La lengua española se putió", escribe. ¿Tan malo ve el estado actual de nuestro idioma?

"La lengua española perdió toda su expresividad y su gracia, y hoy no es más que un pobre adefesio anglizado. Ojalá que se acabe también. Total, ya ha durado mil años. ¿Qué más quieren?"

Ha afirmado que no lee un libro desde hace 25 años. ¿Qué libros quedan en su biblioteca?

"¿Libros? Un diccionario viejo de la Real Academia y párele de contar".

Pocos se salvan en las páginas de El don de la vida. De Jorge Luis Borges, Vallejo escribe que "...era un güevon y todos lo saben.
¡Pero quién le da patadas a un ciego!". De García Márquez aparece, por ejemplo: "No debe ser 'El amor en los tiempos del cólera'. Debe ser: 'Amor en tiempos de cólera'. Sobran 'el', 'los' y el artículo 'el' de la contracción 'del'. ¡Qué hombre estúpido el de semejante título! Un güevón inflado".

Vallejo, acostumbrado como está, dispara palabras contra Bolívar, contra el Papa de hoy y el de antes, contra los liberales y los godos, contra Dios, contra la presidenta argentina Cristina de Kirchner, contra Hugo Chávez, contra los pobres, los ricos... Y cómo iban a faltar, también contra el presidente Álvaro Uribe y el procurador Alejandro Órdoñez. Vallejo escribe: "(...) Lo que a mí me pasa a mí me pasa y no me animo a generalizar por un simple principio de honestidad que es del que carecen este presidentucho liliputiense y bellaco y su procurador vándalo Alejandro Ordóñez".

¿No cree que incluir nombres tan coyunturales, tan locales, reduce el vuelo que pueda tener una novela?

"No sólo le reduce el vuelo: la empuerca. ¡Pero qué importa! Entre la porquería andamos".

Uno siente que sus novelas son el resultado de manuscritos salidos de un jirón y sin barreras. ¿En su trabajo hay mucha revisión, mucha reescritura?

"Ninguna. No releo lo que escribo. Por eso los libros míos están llenos de repeticiones y contradicciones. Pero así los dejo. No les cambio ni una coma. Lo que sí no me quedan es lo suficientemente caóticos para que me reflejen a mí".

¿Qué le genera un libro cuando lo termina? ¿Qué siente hoy por 'El don de la vida', por ejemplo?

"Para mí terminar un libro es como una eyaculación de diez minutos en ralentí, fantástica, 'inmarcesible', como diría Núñez".

A finales del año pasado usted dijo que esta sería su última novela.
¿Es su despedida de la novela como género o de la escritura en general?

"No: es simplemente el tercer libro que escribo sobre mi muerte. A ver si logro escribir el cuarto. Entre fantasmas y La Rambla paralela no me quedaron bien. Ni este tampoco. Con mi muerte soy exigentísimo. Espero escribir siquiera cinco más sobre este mismo tema a ver si le atino".

¿Es decir que en 'El don de la vida' no está todo lo que quiso decirle a la muerte?

"No, todavía no acabo, me da para varios libros más, empecinados, repetitivos, rabiosos".

23.2.10

Lanzamiento del libro El cuaderno de Renata, sede Cali


La portada.


Para Marzo será el lanzamiento del libro RENATA Bogotá. Mientras esperamos, les comento que mañana será el lanzamiento de El cuaderno de Renata, sede Cali. Julio César Londoño, el tallerista de la ciudad vallecaucana, y a quien entrevisté el año pasado, fue el encargado de antologar el libro. Aquí la nota:

El Taller de Escritura de la Biblioteca Departamental funciona desde el año 2006. Busca que los talleristas aprovechen todo el potencial de ese antiguo y poderoso instrumento que nos ha tocado en suerte, el idioma español, para elevar su nivel de escritura.

Está adscrito a Renata, la Red Nacional de Talleres de Escritura Creativa del Ministerio de Cultura, cuyo objetivo es diseñar estrategias para estimular la lectura crítica y la cualificación de la producción literaria en las distintas regiones de Colombia.

Aquí un aparte del prólogo:

“… y empecé a trabajar el 21 de junio de 2008, día del solsticio de verano, con un grupo que resultó extraordinario (¿manes del solsticio?).

Es una feliz combinación de adultos que aportan su experiencia y de jóvenes llenos de talento y entusiasmo. Hay estudiantes de literatura, humanistas, dramaturgos, periodistas, artistas, hombres de ciencia. Por eso las sesiones del taller pueden desembocar en una discusión sobre astrofísica, ética, biología, música, neurología o cualquier otro asunto. Fue un resultado sorpresivo: sólo aspirábamos a ser un taller de escritura y nos encontramos con un centro de pensamiento estimulante y muy divertido (la risa no está excluida) con énfasis en literatura.

Esta heterogeneidad del grupo garantiza que los textos que los estudiantes someten allí al examen de sus condiscípulos resulten analizados desde muchos ángulos y adquieran una consistencia notable. De la severidad de la crítica de este grupo no escapa nada, ni siquiera los escritos del director. ¡Cuánto hemos aprendido todos en los debates del taller!

El volumen que el lector tiene en sus manos es dispar por la misma disparidad del grupo, y no tiene pretensiones antológicas: es más bien una especie de memoria del taller. Cada estudiante eligió de su producción algunos cuentos, ensayos, crónicas o poemas, y con ellos armamos un libro que aspira a enseñar y a divertir, a intrigar y a conmover.

Pido a los dioses del verano que algún vestigio de la felicidad con que fue compuesto alcance al lector.


Si quieren leer los relatos de la antología en Scribd, pincha aquí.