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21.8.10

Villoro al teatro


El mexicano Juan Villoro.


El Premio Herralde de novela, Juan Villoro, estrena su segunda obra de teatro, llamada El filósofo declara. La nota en la Revista Ñ:

La obra se montará del 26 de agosto al 21 de noviembre en el teatro de Santa Catarina de Ciudad de México y tendrá como argumento un duelo intelectual entre dos pensadores.

"Quise confrontar dos académicos en un duelo de emociones, en el cual no se combate con armas sino con ideas", dijo Villoro en una conferencia de prensa realizada hoy en Ciudad de México.
El tema de la obra, dijo el autor de "Dios es redondo", surgió en1994 cuando se inició como docente en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Yale, donde "los sabios reprimían los afectos" y evitaban el contacto humano.

Años más tarde, el escritor y periodista dio forma a este drama que busca "conciliar el mundo de la razón con el mundo de la emoción", según sus palabras.

El mexicano Antonio Castro dirigirá la obra de teatro, segunda de Villoro después de "Muerte parcial", un thriller psicológico-policial presentado en 2007.

"El filósofo declara" enfrenta a dos filósofos, amigos y rivales: uno que se ha dedicado a buscar el sentido de la vida y otro que ha decidido desempeñarse en la política cultural. "Explora su intimidad, su función dentro de la sociedad y su relación con el poder", dijo Castro.

28.1.10

Villoro, Premio Rey de España


Villoro.

El escritor mexicano se llevó el Premio a mejor reportaje. Uno más en su haber. Quizá el más importante, junto al Herralde de Novela, por El testigo. Ah, se me olvidaba. También ganó Manuel Saldarriaga, del diario El colombiano, a mejor Fotografía:


Colombia, Eliane Brum, de Brasil, María Arce y Paula Mercedes Lugones, de Argentina, junto al escritor mexicano Juan Villoro fueron distinguidos hoy con los Premios Internacionales de Periodismo Rey de España en su XXVII edición.

Los españoles Juan José Millás, Nieves Concostrina, Antonio Parreño y Rosa de Santos fueron también merecedores de estos premios, que convocan anualmente la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID) y la Agencia Efe.

Juan Villoro recibió el Premio en la categoría Iberoamericano por su reportaje "La alfombra roja, el imperio del narcoterrorismo", publicado en el diario español "El Periódico de Catalunya", el 1 de febrero de 2009, en el que trata la cultura en torno al narcotráfico en México.

El jurado destacó "la calidad de la escritura, el rigor del reportaje, la clarividencia en la elección del tema y las múltiples perspectivas (plásticas, musicales, literarias, políticas y sociológicas) desde las cuales el autor ha analizado una realidad tan poliédrica como el narcotráfico".

El galardón de Fotografía fue para el reportero gráfico colombiano Manuel Salvador Saldarriaga Quintero, de 40 años, por una imagen publicada en el diario de Medellín "El Colombiano", el 12 de abril de 2009.

La imagen premiada, titulada "Inocencia en medio de la coca", forma parte de un trabajo foto-periodístico en el que muestra los niños que nacen en las regiones cocaleras, "ajenos a las mafias y al conflicto" que les rodea.

El jurado valoró "la coincidencia de dos elementos: la edad de los protagonistas, que juegan ajenos al contexto de crimen y delincuencia donde fue captada la imagen, y el menor que cubre su rostro con hojas de coca, mostrando y ocultando al mismo tiempo las dos caras de la realidad de las zonas que padecen el narcotráfico, en contraste con las normas de la prensa del primer mundo, que obligan a pixelar los rostros de los menores".

La periodista brasileña Eliane Brum se hizo con el Premio Internacional de Periodismo Rey de España, en la modalidad de Prensa, por un reportaje sobre el crecimiento del islam entre la población negra de Brasil.

Bajo el título "O isla dos manos", el trabajo fue publicado en la revista "Época", de Sao Paulo, el 2 de febrero de 2009.

Brum investiga la expansión del islam en los núcleos de población negra de Brasil, aunque su análisis se centra especialmente en Sao Paulo, una de las ciudades más grandes del planeta.

El jurado destacó la originalidad y la oportunidad del reportaje porque "demuestra que las nuevas tendencias religiosas en América Latina no se limitan a la expansión de sectas evangélicas".

También un original trabajo sobre diversas facetas cotidianas de la crisis económica en Estados Unidos les valió el Premio Internacional Rey de España, en la categoría de Periodismo Digital, a las argentinas María Arce y Paula Mercedes Lugo.

El reportaje fue publicado bajo el título "Ruta 66, el largo camino hacia la Casa Blanca" en la edición digital del diario argentino "Clarín" (clarin.com), el 10 de octubre de 2008.

La Ruta 66, con casi 4.000 kilómetros de extensión, recorre Estados Unidos de costa a costa y conecta ocho estados.

En este periplo las autoras retratan cómo vivían y pensaban los ciudadanos de la "América profunda" en el umbral de las elecciones presidenciales estadounidenses del 4 de noviembre de 2008 y su relación con el "fenómeno" Obama.

El despliegue de las reporteras por "la vasta geografía de Estados Unidos", fue tenido en cuenta por el jurado, que también valoró las entrevistas a personajes variados de la sociedad americana "que transformaron con su voto el paisaje sociopolítico de ese país".

En esta XXVII edición el jurado de los premios estuvo encabezado por la Secretaria de Estado española de Cooperación Internacional, Soraya Rodríguez, y el presidente de la Agencia Efe, Álex Grijelmo.

Los galardones serán entregados en Madrid, en una fecha todavía por determinar, por el Rey Juan Carlos I.

A los galardones podían optar periodistas de los países iberoamericanos, de EEUU, Filipinas, Guinea Ecuatorial, Israel y Marruecos.

22.7.09

El nuevo Juan Villoro


Juan Villoro.

Entrevista tomada de El espectador:

Es verano y aprovechando su trabajo en la Universidad de Barcelona, Juan Villoro decide desde la distancia trabajar en esa novela escurridiza, que tiene su natal México como escenario y que lleva varios años en proceso. Como él dice, “la escritura puede ser esquiva, como un potro”, por eso recurre a las mejores estrategias para domarla: saltar de un género a otro, alejarse del territorio para escribir con nostalgia y hacerlo hasta que ese texto indómito sea domesticado.

El libro salvaje, su más reciente obra publicada en Colombia, es una historia para niños en la que desarrolla esta idea de la conquista de las letras.

En el ‘El libro salvaje’ uno no lee una historia infantil...

Pienso que las historias para niños deben funcionar para cualquier lector, así como La isla del tesoro o El Principito.

Aquí los libros también son protagonistas...

Quería escribir un libro sobre la aventura de leer para un joven que no estuviera acostumbrado a hacerlo. Pensé en la idea de un libro que huye de los lectores, que es como un caballo sin herradura y no quiere tener jinete. De manera que la lectura fuera la conquista de ese libro salvaje. Así, la lectura se hace tan activa como la escritura misma de un libro. Cuando uno escribe, el libro se resiste, es como un potro salvaje que debes ir domando. Leyendo el libro, el lector vive todos estos desafíos y se enfrenta a retos.

Aquí los lectores no son ratones de biblioteca, aislados de la vida.

A veces se cree que un buen lector es un cerebro suspendido lleno de ideas pero que no tiene contacto con la realidad. Pero lo cierto es que la lectura se engrandece cuando la mezclamos con la vida. La lectura es una forma del afecto, cuando la madre le lee al hijo, éste asocia la historia con su voz. Nada mejor que compartir un buen libro.

Su escritura es también indómita, viaja por todos los géneros...

Nunca he escrito poesía, que es la forma más alta de la literatura. Lo que hago son distintos formatos de prosa, eso tiene que ver con un temperamento disperso. Me gustan muchas cosas al mismo tiempo y al escribir no me ha quedado más remedio que ser fiel a esta dispersión.

30.6.09

El nuevo libro de Juan Villoro


El mexicano Juan Villoro.

Después de leer El testigo, que fue premio Herralde de novela, quedé enganchado con el mexicano, pero dejemos que sea el propio Villoro que nos cuente su nuevo libro:
Escribí los cuentos de La noche navegable de los 17 a los 22 años, sin plena conciencia de que estaba armando un libro. El hilo conductor eran los ritos de paso de la juventud. En una carta a un amigo, escribió el poeta Carlos Pellicer: "Tengo 23 años y creo que el mundo tiene mi misma edad". En cierta forma, mi libro participaba de esta idea.

Augusto Monterroso, mi maestro de taller, leyó el manuscrito y lo llevó a la editorial Joaquín Mortiz, fundada por Joaquín Díez Canedo, donde los tiempos de espera eran terribles. El libro que más tardó en ser publicado lleva un título profético. Los días de la paciencia, de Oscar Collazos, hizo ocho años de antesala. Monterroso llevó mi manuscrito en 1976. Don Joaquín lo aceptó entre carraspeos no muy entusiastas y bocanadas de humo de pipa. Publicó el libro en 1980.
Durante esos cuatro años, yo iba a la editorial a corregir mi texto.

Era como tener un caballo de carreras en el hipódromo, pero no salía de la caballeriza.
Díez Canedo odiaba vender; lo que le gustaba era publicar títulos distintos. En estos tiempos de mercado cuesta trabajo imaginar editores rabiosamente culturales. Tal era el signo de Don Joaquín. En una visita a la editorial, me llevó a la bodega y señaló unos inmensos rollos de papel: "¡Todo eso va a dar a Los periodistas!"", dijo, como si el triunfo de un libro fuera el fracaso de todos los demás. Finalmente, el 24 de octubre de 1980 la Ciudad de México se cimbró con un terremoto y Díez Canedo me habló por teléfono para decir: "a consecuencia del temblor, salió su libro". Para celebrar, me invitó a un restaurante español donde el menú incluía cinco platos.

Envalentonado por la comida, le pregunté si me pagaría algo. En ese momento entró un vendedor de billetes de lotería. Díez Canedo lo llamó y le compró uno. Me lo tendió con un gesto hosco: "Si usted busca dinero, con esto tiene más oportunidades de ganar que con lo que escribe". Hubo una presentación a la que no llegué. El miedo o el deseo de sabotaje me hicieron calcular mal el camino de penitencia al centro y me quedé atrapado en el tráfico. La noche navegable contó con el favor de la crítica, pero ningún comentario fue tan decisivo como el de mi primer editor: "a consecuencia del temblor, salió su libro".