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25.1.11

Mairal y la televisión


Pedro Mairal.


El escritor Pedro Mairal vive en un departamento pequeño pero luminoso, con paredes colmadas de libros y un ambiente desordenado en el que brillan instrumentos de percusión, una guitarra y una valija cargada. ¿Símbolos de un viaje pasado o de otro por llegar? Ganador del Premio Clarín de Novela por Una noche con Sabrina Love (1998), Mairal hoy emprende un viaje inédito para él: se trata de la segunda edición de Impreso en Argentina (canal Encuentro), que saldrá al aire en los próximos meses. Cada capítulo del programa televisivo se centra en un libro de la literatura argentina del siglo XX y entre los elegidos figuran El juguete rabioso de Roberto Arlt, El Aleph de Jorge Luis Borges, Cuentos de amor, de locura y de muerte de Horacio Quiroga, El entenado de Juan José Saer y Enero de Sara Gallardo.

"En el programa hay entrevistas y algunas partes ficcionalizadas donde, de alguna manera, el libro del que se habla se mete en mi vida, o yo me meto en la vida del libro. Por eso, más que un conductor soy un actor", cuenta Mairal.

-¿Por ejemplo?

-En el capítulo de Quiroga subo a averiguar unas cosas y me pierdo en la selva, donde vivo situaciones un poco análogas a las que ocurren en Cuentos de amor, de locura y de muerte .

-¿Qué tal se siente como actor?

-Al principio me costó, pero después me di cuenta de que uno también actúa mucho en la vida cotidiana. Lo difícil es actuar de vos mismo, sobre todo, si no sabés quién sos [risas]. Con la práctica, creo que es posible desarrollar una especie de personaje.

Mientras lo piensa, Mairal se prepara para publicar su séptimo libro, una compilación de cuentos, artículos periodísticos y poesía. Por ahora, el libro es una carpeta azul enorme llena de hojas con textos escritos en computadora. Se llamará El señor de abajo , como el blog que el escritor mantiene desde 2006, e incluirá varios textos que inicialmente fueron publicados en ese soporte digital.

12.8.09

Recomendaciones para ir a una FIL, por Pedro Mairal


El escritor argentino Pedro Mairal.

El argentino Bogotá39 Pedro Mairal es un tipazo, como dicen en su país. A propósito del comienzo de la feria del libro aquí en Bogotá, les dejo este interesantísimo "divertimento" que publica por estos días el escritor argentino en el diario El perfil. Disfrútenlo, y si, estoy totalmente de acuerdo...

La Feria del Libro –se suele decir– es un encuentro entre el autor y el lector. Mala idea. No es que no recomiende ir a la Feria, lo que no recomiendo es ir a conocer personalmente a los autores. En general uno se arma una imagen personal del autor, a medida que va leyendo sus libros y sus entrevistas. Uno infiere o deduce al autor con la información que le brinda su ficción, su voz narrativa, sus personajes; uno se va preguntando: “¿Esto le habrá pasado?”, y se contesta que quizá sí, que le pasó realmente. Ese costado medio voyeur que tenemos como lectores inclina el plano de la lectura y muchas veces nos hace seguir leyendo, nos alienta la curiosidad, el morbo. Es una curiosidad legítima. Así armamos un autor. No es lo mismo mi Camus que el Camus que se había imaginado una amiga de mi madre, que contaba que tenía la foto en la mesa de luz. Y lo que permite esa libertad imaginativa es que Camus murió en 1960 sin que hayamos podido ir a escucharlo ni darle la mano (estuvo en Buenos Aires, pero en el 49 y brevemente, porque fue censurado por el peronismo).

Si no conocemos al autor como persona, podemos leer armando como queremos el gran rompecabezas de su vida y su personalidad. Por eso, si estaba pensando en ir a ver a su autor preferido, le aconsejo que no vaya. Esos encuentros son siempre un desencuentro. Mejor léalo, dedúzcalo, proyecte sobre él o sobre ella todo lo que le parezca; adivínelo, invéntelo, mejórelo. Si insiste, se va a desilusionar. Va notar que su autora preferida tiene demasiada peluquería encima, demasiada bijou (ahora se dice accesorios) y tiene un tic con el pelo, y las pulseras enormes le hacen ruido cada vez que se arremanga entusiasmada para contestar las preguntas que ella misma redactó. Y cuando vea al autor que la desvela, y vea la panza y la pelada que no se veían en la foto... Y cuando los escuche repetir las respuestas ocurrentes que ya dijeron en entrevistas anteriores… Y cuando los note antipáticos, o demasiado simpáticos, demasiado presentes, sin misterio, pisoteando para siempre la idea admirable del autor que usted con tanta pasión se había formado…

A los autores hay que leerlos, no conocerlos. Imagínese ir a verlo a Shakespeare a la Feria del Libro. Ahí está William con su barbita candado, y al final usted se le acerca y le dice que le gustaría hacerle una entrevista para una revista barrial. Y él le contesta que gracias pero que no puede porque está recién saliendo de una gastroenterocolitis. O peor, acepta, da la entrevista y es un plomo. Después de eso, ¿cómo seguir leyendo igual a William Shakespeare?

Una vez vi a una chica leyendo un libro mío en el colectivo. Casi le pegunto si le estaba gustando, casi le digo que yo era el autor. Pero algo me detuvo. Me pareció que yo no tenía por qué interrumpir esa tranquilidad de la lectura, no tenía por qué entrometerme entre ella y la voz que ella estaba armando o casi inventando con mi texto. No tenía por qué entrometerme entre ella y las palabras. El libro era de ella, no mío. Creo que si estoy leyendo en el colectivo y un tipo a mi lado me dice “Yo escribí ese libro” pegaría un salto, como si se materializara el genio de la lámpara. Por eso me bajé sin decir nada.