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2.6.10

Farenheit 2010


Oskar Werner y Julie Christie.


Este blogger ya se había planteado lo que posteo aquí, más adelante, y por olvido, por pereza, no lo sé, no había escrito la sensación que me produce Farenheit 451 en nuestra época. Y hablo tanto de la novela de Bradbury como de la adaptación al cine que haría Truffaut. El escritor español Rafael Argullol realiza un análisis al respecto. Me has ganado en escribirlo Argullol, pero mejor que fue así:

El otro día -quizá como preparación del día de Sant Jordi- emitieron en televisión Fahrenheit 451, película de François Truffaut sobre el relato de Ruy Bradbury. Se trata, ya saben, de la escenificación de un mundo en que los libros son perseguidos y quemados por parte de un cuerpo singular de bomberos que, en lugar de apagar incendios, se dedica a propagarlos, siempre que haya letra impresa por medio. Con algún anacronismo, la película conserva una gran intensidad visual. En cuanto a su diagnóstico profético, le sucede lo mismo que a las novelas de Orwell y Huxley: acierta en cuestiones esenciales, aunque es incapaz de prever los grandes cambios tecnológicos. Eso le otorga un cierto aire naïf tanto al contrastar la maldad como al sugerir la resistencia al mal.

Al contrario de lo que pronostica la película, como demuestra festivamente el día de Sant Jordi, estamos rodeados de libros, aunque en su mayoría nunca serán leídos y con mucha probabilidad, serán destruidos sin que ningún lector haya asomado la nariz en ellos (bajo la dictadura de la novedad los editores se han convertido, ellos mismos, en destructores sistemáticos de sus propios libros).

Lo curioso del caso es que, aun disponiendo de tantos libros, nuestros contemporáneos tienen la misma mentalidad que los habitantes de la película de Truffaut: en ambos casos se trata de una rabiosa necesidad de ser analfabetos, pese a que la sociedad haya gastado tanto en su alfabetización. Nuestros contemporáneos, como aquellos personajes ficticios, sienten miedo y desdén por los libros pese a que un día al año se sienten pródigos y compran un libro preferentemente televisivo. El olfato de Truffaut funciona con lustros de antelación: la verdad está en el marco publicitario que alecciona a los analfabetos a través de la pantalla.

La voluntad tenaz de analfabetismo coincide con la obsesión de unos seres humanos que creen que la felicidad reside en un igualitarismo por abajo. "Cuanto menos personas más felices seremos". Un buen lema antiilustrado que preside la película de Truffaut y nuestra vida social. Entre Sant Jordi y Sant Jordi, todo un año de Fahrenheit 451 en los cerebros.

1.9.09

Desde ya, arranca la FIL Guadalajara 2009


Bradbury, invitado especial en la FIL Guadalajara 2009.

Dos meses antes que abra sus puertas, la FIL Guadalajara 2009 ya comienza los anuncios de su programación. Tres premios Nóbel: Gabo, Saramago y Pamuk. Además, se le rendirá un sentido homenaje a Ray Bradbury, por su reconocidísimo libro Fharenheit 451. Y más de 1.000 autores de reconocida trayectoria pisarán tierras mexicanas. ¿Ya ven, señores, por qué la feria internacional de Bogotá, tuvo los resultados que tuvo?

27.7.09

Nuevo libro de Bradbury


Ray Bradbury y su Fahrenheit 451

Ya que estamos en la ciencia ficción como tema por estos días, pues, como les parece que acaba de aparecer calientito calientito el nuevo libro de Ray Bradbury. Si hubiera nacido en el siglo XV Ray Bradbury (Waukegan, Illinois, 1920) sería un perfecto hombre del Renacimiento, un Leonardo da Vinci prolífico y genial en cualquier campo. Y si fuera producto del siglo XXI, de esos años que anticipó en sus libros y en su cabeza, sería el mejor ejemplo de la cultura multimedia capaz de expresarse con palabras, con edificios y con sueños espaciales que se han ido haciendo realidad. A los ojos de quien simplemente le vea sentado a la puerta de su casa, bañado por el sol en lo alto de la escalera que conduce al que es su hogar desde hace 50 años en el apacible barrio angelino de Cheviot Hills, el escritor y novelista, visionario y arquitecto, guionista, ensayista y poeta, uno de los padres de la literatura fantástica contemporánea, no será más que un abuelo simpático y de mirada pícara dispuesto a contar batallitas de otros tiempos. Al fin y al cabo, el próximo 22 de agosto se coloca a las puertas de los 90. Una edad en la que el descanso está más que merecido. Pero esta última sería una visión muy simplista del Bradbury actual, de su talento y de su temperamento. Porque utilizando una expresión típicamente costarricense, el hombre que dio al mundo Fahrenheit 451 y Crónicas marcianas es ?pura vida? incluso a los 88. Como dijo George Clayton Johnson, autor de La fuga de Logan, ?Ray siempre ha sido un chaval de 14 a punto de cumplir los 15?.

La inquietud del adolescente sigue reflejada en el rostro de Bradbury aunque el cuerpo le traicione mostrando rastros de una edad que le limita el movimiento. La vista también está prácticamente perdida en los ojos de un hombre que ?fue capaz de verlo todo mucho antes?, como le dijo el padre de la carrera espacial, el alemán Wernher von Braun, a la llegada del primer cohete a Marte, cuando compartió con él ese triunfo para la humanidad. Y el oído también le falla. Pero lo importante es la mente y ésa sigue ahí. Como asegura a modo de recibimiento o de mantra, ?el momento más feliz del día es levantarme cada mañana y ponerme a escribir?. Ahora es más complicado que hace casi seis décadas cuando alquilaba la máquina de escribir en los bajos de la Biblioteca de la Universidad de California en Los Ángeles para desgranar las páginas de Fahrenheit 451, su obra más conocida. Pero el proceso es el mismo. ?Nunca he trabajado por dinero, tampoco buscaba una carrera. Decidí ser escritor a los 3 años, empecé a escribir con 12 y he escrito desde entonces. Para sentirme a gusto?, se explaya con sencillez. ?Todo es amor. Escribo por amor y ése es mi único consejo. Ama lo que escribes y escribe lo que amas?, añade el escritor, de quien ahora se publican en España sus dos novelas cortas En algún lugar y Leviatán 99, agrupadas en el libro Ahora y siempre.

Pincha aquí para leer el primer capítulo.