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18.8.11

Los mejor pagados


Patterson.


"Ah... la envidia es mejor despertarla que sentirla", dice un personaje de Honoré de Balzac (de allí la manida frase). A James Patterson se le considera el "magnate" del entretenimiento. Es el autor mejor pago hoy día. Sigan la lista:

El escritor y magnate del entretenimiento estadounidense James Patterson encabeza la lista de la revista «Forbes» de los autores mejor pagados a nivel mundial, duplicando en ganancias al segundo puesto, que ocupa la escritora Danielle Steel.

Patterson, de 64 años, líder del mercado de ficción y autor de más de 80 obras -con la ayuda de colaboradores- ganó 84 millones de dólares el año pasado, de acuerdo a un estudio basado en ventas que van desde mayo del 2010 a abril del 2011.

Pese a que los libros tradicionales están en retroceso, Patterson aumentó sus ventas al publicar 10 libros en el 2010 y expandirse en los últimos años a los mercados de adultos jóvenes y adolescentes, así como también de los libros electrónicos.

El empuje de los libros electrónicos

Danielle Steel, también de 64 años, recaudó 35 millones de dólares, de acuerdo al sondeo de «Forbes». La revista señaló que los autores con mayores ganancias han empezado a entrar en el mercado de los libros electrónicos, que es el sector de mayor crecimiento dentro de la publicación de libros, mientras que las ventas de libros tradicionales están sufriendo una prolongada caída.

En tercer lugar se ubica el escritor de horror y suspense Stephen King, quien obtuvo 28 millones de dólares, mientras que en el cuarto puesto quedó la autora de aventuras románticas Janet Evanovich con 22 millones; en el quinto la autora de «Crepúsculo», Stephenie Meyer, con 21 millones en ventas.

En la lista que publica «Forbes» también figuran conocidos escritores como J. K. Rowling, John Grisham o Ken Follet.


17.3.10

Crepúsculo, al manga


Edward.


Los fans de «Crepúsculo» están de enhorabuena. Aunque tendrán que esperar hasta junio para poder ver en la gran pantalla «Eclipse», la siguiente entrega de la saga de Stephenie Meyer protagonizada por Robert Pattinson y Kristen Stewart, hoy es un gran día para sus vampíricos corazones, pues sale a la venta «Twilight: The Graphic Novel».

De momento, la versión manga de las aventuras de Bella y Edward, supervisada por la propia Meyer y puesta en práctica por el artista coreano Young Kim, sólo será publicada por la editorial Yen Press en Estados Unidos y Atom en Reino Unido, aunque teniendo en cuenta su espectacular acogida, a buen seguro las editoriales españolas pondrán pronto sus ojos sobre un caramelo de jugosa rentabilidad para sus arcas.

6.8.09

La autora de Amanecer, acusada de plagio


Stephanie Meyer.

Hace poco fue Harry Potter, hoy es Amanecer. ¿Será oportunismo de algunos, o realmente será un vil plagio, como lo tuvo en su momento José Cela y Bryce Echenique?

J. Craig Williams, quien representa a la autora de The Nocturne, Jordan Scott, señaló en una entrevista telefónica que los pasajes en cuestión involucran pocas similitudes de palabras, pero que los dos libros tienen personajes y una trama parecidas. La editorial de Meyer, Hachette Book Group, calificó a las acusaciones como carentes de mérito, diciendo que la saga de Crepúsculo es una completa creación de Stephenie Meyer y que ella no sabía nada de The Nocturne. Breaking Dawn, publicado en el 2008, es el cuarto libro de una serie de novelas sobre la adolescente Bella Swan atrapada en un romance prohibido con el vampiro Edward Cullen.

Los libros de Crepúsculo, que de acuerdo a la editorial han vendido 70 millones de copias en todo el mundo, son la base para una serie de películas del estudio Summit Entertainment. La primera película, Crepúsculo, ha recaudado más de 380 millones en la taquilla mundial, y la segunda, Luna Nueva, será estrenada en noviembre. En una carta que Williams envió al grupo Hachette Book Group, el abogado entregó comparaciones de los dos libros acerca de una boda, un capítulo de sexo en una playa y un pasaje donde un humano convertido en vampiro describe el desgarrador cambio.

Entre otras similitudes, Williams destacó que los personajes en los dos libros llaman a sus esposas "amor". El grupo Hachette señaló en un comunicado que los libros de Meyer "han sido un éxito fenomenal" y que "no debería ser sorprendente escuchar que otras personas busquen subirse a las faldas de ese tipo de éxito". Williams agregó que Scott piensa presentar una demanda por infracción a los derechos de autor contra Meyer esta o la próxima semana en una corte federal.

"Creo que los seguidores tienen que leer ambos libros y formar su propia opinión, como deberá hacerlo un juez", sostuvo Williams. El abogado añadió que Scott no piensa buscar beneficios monetarios por daños. Scott colgó en Internet capítulos de The Nocturne mientras trabajaba en la novela de vampiros, que escribió durante su época adolescente y publicó como un libro en el 2006, explicó Williams. El abogado dijo desconocer cuántas copias del libro fueron vendidas.

26.5.09

La invasora


La sexy Stephanie Meyer.

Nos comenta el querido Rodrigo Fresán en su columna del suplemento Página12:

La Encyclopedia of Science Fiction de John Clute y Peter Nicholls dedica varias columnas a la entrada del término “Invasión”. Y, sí, está claro: la premisa de seres de otros planetas aterrizando en el nuestro para someternos de muy diversas maneras es una de las vigas vertebrales del asunto. Allí estuvieron, entre muchos otros, los marcianos alérgicos de Wells, los niños rubios de Wyndham, los marcianos bromistas de Brown, los benignos visitantes de Clarke y —variante clásica pero siempre inquietante— las casi perfectas réplicas humanas en una novela de Jack Finney y una película de Don Siegel: Invasion of the Body Snatchers.

A lo largo de los años, la llegada de feroces hordas cósmico-turísticas ha sido utilizada, una y otra vez, como metáfora de casi todas las cosas de este mundo. Y ahora Stephenie Meyer —luego de haberse hecho rica con sus vampiros juveniles pero conservadores— propone en La huésped una nueva invasión. La —por encima del argumento de la ya exitosa novela en cuestión— invasión de Meyer conquistando otro género con el primer episodio de una nueva trilogía (ya se han anunciado las continuaciones The Soul y The Seeker) destinada a abducir a millones de lectores en todo el mundo.

Y si a la hora de publicitar Crepúsculo y sus más efectos residuales que secuelas, Meyer insistía en que no había leído Drácula porque “me da miedo la sangre”; con La huésped Meyer vuelve a demostrar que a ella no le interesa el glorioso pasado de quienes la precedieron sino su exitoso presente y, todo parece indicarlo, su aún más exitoso futuro. Meyer es, sí, la verdadera invasora por más que asegure haber nacido en Connecticut, en 1973, y ser una ama de casa mormona que, ay, admira y se inspira en William Shakespeare y Jane Austen.

Meyer —hay que decirlo, lo afirmó no hace mucho Stephen King causando un cierto revuelo— es una pésima escritora. Alguien que, desde los confines de nuestra galaxia, parece haber aprendido nuestro idioma siguiendo un poco riguroso curso por correspondencia. Sólo así pueden justificarse la infinita sucesión de frases sonrojantes que ya son el estilo de Meyer. Y de acuerdo: no se le pide a este tipo de producto que sea alta literatura, pero sí un mínimo de decoro.

De ahí que lo único que verdaderamente interesaba de La huésped era atestiguar la muy publicitada metamorfosis de Meyer mutando de escritora “juvenil” a escritora “para adultos”. Y lo que descubrimos enseguida es que —con percepción un tanto marciana— para Meyer son todos iguales. No importa la edad ni la capacidad intelectual. Lo que sí importa es que son todos organismos listos para ser subyugados con una prosa mortal y un maléfico sentido del diálogo. Lo más extraño y perversamente atractivo de todo es la manera en que Meyer habita —sin ninguna pasión y con tanta sangre tan fría— géneros que suelen ser amados por sus practicantes. Poco y nada interesa aquí la historia de entidades provenientes de tan lejos para conquistar nuestros cuerpos y convertirlos en meros envases insensibles. Lo que aquí vuelve a valer —como en el sanguíneo romance entre la vital Isabella “Bella” Swan y el no-muerto Edward Cullen— es un romanticismo de folletín puesto al servicio de un tan bizarro como absurdo triángulo amoroso digno de un delirante culebrón del Almodóvar de los inicios.

Presten atención: la Tierra ha sido sometida por una raza de parásitos mentales y Melanie “Mel” Stryder —una de las contadas resistentes al influjo sideral— acaba cobijando en su seno y en su mente a un “alma” invasora pero sentimental que no se siente cómoda en ningún planeta y que acaba siendo conocida como Wanda. Y una y otra —compartiendo recuerdos, pasiones, corazón— resultan enamoradas de un mismo hombre llamado Jared Howe. Pero a no preocuparse demasiado: Wanda pronto cambia de opinión y decide conquistar a Ian O’Shea. Y ya saben: el amor casi excluye al sexo en el planeta Meyer y enseguida la trama de La huésped se dispara en múltiples direcciones para explicarnos la mecánica de la posesión astral, cómo dejar de ser poseído, la variable resistencia de nuestras células cerebrales al influjo de pensamientos externos, los métodos para extirpar el “alma” e injertarla en otro receptor, las muchas formas de relacionarse socialmente entre locales y visitantes... Luego de demasiadas páginas, todo queda flotando en el espacio a la espera de nuevos cuerpos y amoríos y lo que siente Wanda al probar por primera vez la mantequilla de cacahuete. Y, por supuesto, crepuscularmente, todos quieren a todos. Aquí casi no hay malos. Aquí hay, apenas, problemas de comunicación fácilmente solucionables si se pone buena voluntad. Con un poco de esfuerzo podremos vivir todos juntos, unos dentro de otros, felices.

En una entrevista, Meyer explicó que uno de los temas de La huésped es la tan humana obsesión por el cuerpo. Allí, dijo ser muy crítica con su propio cuerpo pero no con los cuerpos de otros. Es una pena que Meyer no sea, además, un poco más crítica con su obra.

Así, La huésped es una mala novela, Meyer es una anfitriona atroz, y yo me doy por vencido pero no —nunca, jamás— me daré por conquistado.

Yo prefiero seguir creyendo en que hay vida inteligente en otros planetas. Y —por qué no— también en éste.