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14.8.11

"Aligerando" El nombre de la rosa


Eco, por Jhilinius.



Polémica es lo que ha desatado la versión light de El nombre de la rosa, la ya clásica novela de Umberto Eco. ¿Comenzará una nueva época para las narraciones de larguísimo aliento? ¿Qué pensaría Joyce?

Hace unos días la editorial italiana Bompiani sorprendía a la prensa cultural: Umberto Eco estaba preparando una segunda versión -más light, digamos- de El nombre de la rosa que saldrá el próximo cinco de octubre. La decisión del autor piamontés ha abierto un intenso debate en la república de las letras, sobre todo en el ámbito de la novela histórica, donde Eco es una especie de máximo pontífice. Los hay que ven lícito "aligerar" (así lo ha explicado el propio escritor) la obra, pues un autor es soberano sobre sus libros, producto exclusivo de su imaginación y de su trabajo. Pero también hay otro bando, quizá más enconado en sus posiciones, que afirma que Eco se está traicionando a sí mismo, al prestarse a participar en una maniobra comercial que sólo busca generar ingresos económicos. De fondo, late una pregunta: ¿El nivel cultural medio en la sociedad contemporánea es tan bajo que los escritores deben rebajarse para llegar al público? El debate está abierto. Varios autores y editores recogen el guante lanzado por elcultural.es.

José Luis Corral: "Eco está planteando un juego semiótico"
Creo que detrás de esta decisión hay una operación de marketing, para salir a flote del fracaso creativo de las últimas novelas de Eco. El nombre de la rosa es su novela cumbre. Luego su calidad ha ido cayendo en los títulos posteriores. Yo El cementerio de Praga ni la pude terminar. Me pareció un ejercicio literario frustrado. Como semiólogo que es, es posible que Eco también esté planteando un juego semiótico: empezar y acabar su ciclo novelístico con la misma obra. Cada novela es hija de su tiempo. No soy partidario de muchos retoques más allá de las erratas. Retocar textos me recuerda a las intervenciones de arquitectos en edificios antiguos sin respetar el espíritu de la época en que fueron construidos.

Catedrático de Historia Medieval en la Universidad de Zaragoza. Es uno de los pioneros de la novela histórica en España. 'La prisionera de Roma' (Planeta) es su última novela.

Luis Racionero: "El que tiene que aligerarse es él, que está hecho un gordinflón"
El que se tiene que aligerar es él, que últimamente está hecho un gordinflón. Eco está confundiendo lo subjetivo y personal con lo literario. Yo lo veo cada vez más gordo y creo que cada vez escribe peor. La lectura El cementerio de Praga provoca pesadez, con todas esas descripciones de comilonas grasientas e indigestas. Puestos a aligerar, la novela que tendría que haber recortado es El péndulo de Foucault, donde los textos del ordenador de Abulafia parecen los de una novela que tenía guardada en el cajón y quiso así aprovecharla. Lo que tenía que haber hecho, si quería llegar a los jóvenes, es haber escrito una saga como la de Alatriste. Podría haber cogido a Guillermo de Baskerville como protagonista y haber escrito novelas cortas policíacas ambientadas en el medievo, con él como una especie de detective. Pero El nombre de la rosa debería haberla dejado como está. Aunque es un poco pesadita está bastante bien. Sólo lo hace por ganar dinero.

Es uno de los grandes cultivadores de novela histórica en nuestro país. Ha escrito 'La sonrisa de la Gioconda' y 'El cráneo de Akenatón' (Ediciones B).

Mario Muchnik: "Es una barrabasada que desmoraliza a cualquier editor"
Lo que le pasa a Eco es que se está poniendo gagá. A mí eso que hacen los franceses de hacer cómic a partir de Proust me parece una estupidez. Es una trivialización de una obra monumental. Yo vería con buenos ojos que puliera El péndulo de Foucault, pero no El nombre de la rosa. Se lee muy bien, no exige mucho al lector. Eco tendría que llevar ante un juez a cualquiera que quisiera reescribirla. O sea que ahora él mismo tendría que entregarse a la justicia y confesarse un escritor suicida. Algo así desmoraliza a cualquier editor. Cómo te vas a dedicar a esta profesión si hasta los autores están dispuestos a perpetrar semejantes barrabasadas con sus obras.

Histórico editor hispanoargentino. En España dio a conocer autores como Primo Levi, Elias Canetti y Bruce Chatwin. Acaba de publicar 'Oficio editor' (El Aleph Editores)

Margarita Torres: "Renuncia a su modelo para emular al impostor de Dan Brown"
El nombre de la rosa es el gran referente de la novela histórica en el siglo XX. Su publicación marcó un antes y un después, no sólo por su calidad literaria sino también por la profundidad con que Eco se sumergió en el siglo XIV. Rebajar esa excelencia es, aunque suene un poco fuerte, traicionarse a sí mismo. No me creo una obra ambientada en el medievo en que los personajes hablen como en el siglo XXI. A la hora de escribir novela histórica hay que ser muy honrado. No se trata sólo de contar una trama; hay que reflejar una época y hay que hacerlo sin distorsionarla. Es como si Umberto Eco renunciase al modelo que él fundó, y que muchos seguimos hoy día, para ponerse a la altura de Dan Brown, un impostor de este género.

Profesora titular de Historia Medieval de la Universidad de León, experta en heráldica y autora de novelas como 'Enrique de Castilla' y 'La cátedra de la calavera' (Temas de hoy), que se reedita en septiembre.

14.12.10

Berlusconi es un zombi


Umberto Eco.


Es lo que afirma Umberto Eco al presentar su nuevo libro El cementerio de Praga en España. Así comenta la Revista Ñ el evento:

El escritor italiano Umberto Eco esta en Españapara presentar su último libro "El cementerio de Praga", unanovelaprecedida por la polémica por el odio a los judíos queprofesa su cínicoprotagonista. Un personaje antipático como para Eco es Berlusconi, "unmuerto viviente, un zombi muy peligroso".

Eco, narrador, ensayista y uno de losintelectuales más respetados de la escena internacional, siempre ha sido ungran crítico del primer ministro italiano, Silvio Berlusconi, quien mañana sesometerá a una moción de censura en el Parlamento.

Hoy, durante las presentación de "Elcementerio de Praga" (Lumen) y cuando se cumplen 30 años de la apariciónde "El nombre de la rosa", su primera obra de ficción, el autoritaliano no escatimó en críticas a Berlusconi y a la actual política derecortes para el mundo de la cultura, situación que ha calificado de"grave".

También ha alertó sobre la proliferacióndel populismo y la pérdida de fuerza del Parlamento.

Pero a Umberto Eco siempre le rodea lapolémica y hoy a sus 78 años, y "más pesimista", ha creado para"El cementerio de Praga" al personaje más antipático y despreciablede la historia de la literatura.

Y es que el autor traza toda un entramadosobre la historia de la falsificación y el odio a los diferentes, porque elprotagonista Simonini, un italiano glotón del siglo XIX, que vive en París, queodia a los judíos, a las mujeres, a los masones, a los jesuitas y a la vida engeneral, decide escribir sus memorias en 1897.

"No tengo amigos judíos (Dios meguarde)...siempre he evitado a los judíos. Quizá los haya evitado por instinto,porque al judío como al alemán se lo reconoce por el olor, (lo ha dicho tambiénVíctor Hugo, fetor judaica)..." dice este cínico.

"Sentí -explicó- que no sabía cómo ellector iba a acoger a este personaje y si podría confundir entre verdad yficción. Así es que creé una historia folletinesca y decidí escribir una novelabasada en una serie de documentos, tal vez los más odiados de la historia reciente,basados en los protocolos de los Sabios Ancianos de Sión, para reconstruir lahistoria del antisemitismo del siglo XIX hasta llegar a Hitler".

Los sabios Ancianos de Sión se supone queredactaron un panfleto anti judio, que se publicó en Rusia, y quesirvió de excusa a los alemanes.

Pero como hoy relató Eco, en 1921 "TheTimes" publicó que era un documento falso; sin embargo, a partir de esemomento se toma como verdadero e incluso Hitler decide que el hecho de que sehaya publicado diciendo que era falso lo convertía en documento auténtico.

Pero por el libro también pasa el casoDreifus, Freud, como suministrador de cocaína, y un montón de serviciossecretos de distintos países. Una novela que para el "L'OsservatoreRomano" y para el Vaticano es toda "una sinfonía maligna".

"Esta critica solo ha conseguido quese vendan 100.000 copias más del libro. En Italia se han vendido en un solo mes600.000 ejemplares. No lo entiendo, la verdad, como de una obra como esta, coneste protagonista, se hayan vendido tantos ejemplares. Tal vez se hayan vueltotodos locos, y se entiende, claro, votan a Berlusconi", sentenció conhumor e ironía.

"El cementerio de Praga" a pesarde hablar de unas falsificaciones de hace siglos tiene una vigencia y unaactualidad rabiosa con las filtraciones de Wikileaks.

"Antes pensábamos en el Gran Hermano,de (George) Orwell. El ciudadano se sentía vigilado. Se sabe dónde estás,cuánto has gastado y en qué, pero ahora se han invertido los papeles, y son losciudadanos los que todo lo ven. Todo es transparente y el poder necesita de un cierto secreto. Ahora nosabemos qué pasará. Puede que se vuelva a los mensajeros a caballo",concluyó.

2.8.10

Conversación a fondo


Umberto Eco.


Umberto Eco y Jean Claude Carriere conversan sobre el futuro de los libros. Dicen que nunca los e-book reemplazarán al papel. Lamento informarles, que ya está ocurriendo. Conversación a fondo sobre el asunto, en La nación:

J.-C. C .: Es evidente que el libro electrónico, en sus últimas versiones, le hace la competencia directa al libro escrito. El modelo Reader contiene ya ciento sesenta títulos.

U. E.: Es evidente que un juez se llevará a casa con mayor facilidad las veinticinco mil páginas de escritos de un proceso en curso si las guarda en un libro electrónico. En muchos campos, el libro electrónico será cómodo, pero en circunstancias de uso no corrientes. Yo simplemente sigo preguntándome si, incluso con la tecnología más adecuada a las exigencias de la lectura, será de verdad mejor leer Guerra y paz en un libro electrónico. Ya veremos. En cualquier caso, no podremos seguir leyendo a Tolstoi y todos los libros impresos en pasta de papel, porque estos ya han empezado a descomponerse en nuestras bibliotecas.

Los Gallimard y los Vrin de los años cincuenta en su mayoría ya han desaparecido. La filosofía de la Edad Media de Wilson, que me resultó útil en la época en que preparaba mi tesis, hoy ni siquiera puedo agarrarla. Las páginas se disgregan, literalmente. Podría comprar otra edición, desde luego, pero le tengo mucho apego a la mía antigua, con todas mis anotaciones de distintos colores que configuran la historia de mis diversas consultas.

Jean-Philippe de Tonnac : Con la aparición de nuevos soportes, cada vez más adecuados empíricamente a las exigencias y al confort de la lectura, ya se trate de enciclopedias o de novelas on-line, ¿por qué no imaginar una lenta desafección hacia el objeto libro en su forma tradicional?

U. E.: Todo puede pasar, desde luego. Cabe que los libros mañana interesen sólo a una minoría de indómitos que podrían ir a satisfacer su curiosidad nostálgica en los museos, en las bibliotecas?

J.-C. C .: De seguir existiendo.

U. E .: Pero también podemos imaginar que esa formidable invención que es Internet desaparezca en un futuro. Exactamente como los dirigibles desaparecieron de nuestros cielos. Cuando el Hindenburg se incendió en Nueva York, poco antes de la guerra, el dirigible ya no tenía futuro. Lo mismo sucedió con el Concorde: el accidente de Gonesse en el año 2000 resultó mortal. En cualquier caso, ésa es una historia extraordinaria: se inventa un avión que, en lugar de tardar ocho horas en atravesar el Atlántico, tarda tres. ¿Quién podría rebatir semejante progreso? Pues bien, se renuncia al Concorde, tras la catástrofe Gonesse, estimando que ese avión resulta demasiado caro. ¿Es una razón seria? ¡También la bomba atómica sale carísima!

J.-P. T .: Les cito unas observaciones que hacía Hermann Hesse a propósito de una probable "relegitimación" del libro que, según su opinión, sería consecuencia de los progresos técnicos. En los años treinta, Hesse afirmaba: "Cuanto más se satisfagan con el tiempo ciertas necesidades populares de entretenimiento y enseñanza a través de otros inventos, más recuperará el libro su dignidad y autoridad... No hemos alcanzado todavía el punto en el que los nuevos inventos rivales, como la radio, el cine, etc., descarguen al libro de esa parte de sus funciones que no merecen la pena".

J.-C. C .: En este sentido no se equivocaba. El cine y la radio, así como la televisión, no le han quitado nada al libro, nada que no pudiera perder "sin daños".

U. E.: En un momento determinado los hombres inventan la escritura. Podemos considerar la escritura como la prolongación de la mano, y en este sentido tiene algo casi biológico. Se trata de una tecnología de comunicación inmediatamente vinculada al cuerpo. Una vez inventada, ya no puedes renunciar a ella. Una vez más, es como haber inventado la rueda. Las ruedas de hoy siguen siendo las de la Prehistoria.

Al contrario, nuestras invenciones, cine, radio, Internet, no son biológicas.

J.-C. C.: Tiene razón en subrayarlo: nunca hemos tenido más necesidad de leer y escribir que en nuestros días. No podemos siquiera usar un ordenador si no sabemos leer y escribir. Y, además, de una forma más compleja que antaño, porque hemos integrado nuevos signos, nuevas claves. Nuestro alfabeto se ha ampliado. Resulta cada vez más difícil aprender a leer. Si nuestros ordenadores pudieran transcribir directamente lo que decimos, se produciría un regreso a la oralidad. Claro que esto plantea una nueva cuestión: ¿es posible expresarse sin saber leer ni escribir?

U. E.: Homero respondería sin ningún género de duda que sí.

J.-C. C .: Pero Homero pertenece a una tradición oral. Sus conocimientos los adquirió a través de esa tradición, en una época en que todavía nada se había escrito en Grecia. ¿Se puede imaginar hoy a un escritor que dicte su novela sin la mediación de la escritura y que no conozca nada de la literatura que lo ha precedido? Quizá su obra tendría la fascinación de la naïveté, del descubrimiento, de lo inaudito. Pero, en todo caso, parece que carecería de lo que nosotros, a falta de un término mejor, llamamos "cultura". Rimbaud era un joven dotadísimo, autor de versos inimitables. Pero no era lo que llamamos un autodidacta. A sus dieciséis años, su cultura ya era clásica, sólida. Sabía componer versos latinos.

No hay nada más efímero que los soportes duraderos

J.-P. T.: Nos interrogamos sobre la caducidad de los libros, en una época en que la cultura parece elegir otros instrumentos, quizá más eficientes. Ahora bien, ¿qué pensar de esos soportes diseñados para almacenar la información y nuestras memorias personales (disquetes, cintas, CD-ROM) que ya hemos dejado atrás?

J.-C. C.: En 1985, el entonces ministro de Cultura, Jack Lang, me pidió que creara y asumiera la responsabilidad de una nueva escuela de cine y televisión, la Fémis. Bajo la dirección de Jack Gajos, reuní a algunos técnicos excelentes y me ocupé del destino de esa escuela durante diez años, desde 1986 hasta 1996. Durante esos diez años, tuve que estar al corriente, como es natural, de todas las novedades relativas a los campos que nos incumbían.

Uno de los verdaderos problemas que tuvimos que resolver era, sencillamente, cómo enseñarles las películas a los estudiantes. Cuando vemos una película para estudiarla, analizarla, hay que interrumpir la proyección, ir hacia atrás, ir hacia delante, a veces, fotograma a fotograma. Exploración imposible en una copia clásica. En aquella época teníamos cintas de video, pero se deterioraban muy rápidamente. Al cabo de tres o cuatro años de uso, resultaban inutilizables. En ese mismo período nació también la Videoteca de París, que se proponía conservar todos los documentos fotográficos y fílmicos sobre la capital. Podíamos elegir si archivar las imágenes en cintas electrónicas o en CD, que por aquel entonces denominábamos "soportes duraderos". La Videoteca de París eligió las cintas electrónicas e invirtió en ellas. En otros lugares, se experimentaban también los floppy disks (disco flexible), de los que sus promotores contaban maravillas. Dos o tres años después, en California, apareció el CD-ROM (compact disc-read only memory). Por fin teníamos la solución. Un poco por doquier se sucedían demostraciones miríficas. Aún me acuerdo del primer CD-ROM que vimos: hablaba de Egipto. Estábamos admirados, seducidos. Todos se inclinaban ante esa invención que parecía resolver las dificultades con las que nosotros, profesionales de la imagen y del archivo, nos topábamos desde hacía mucho tiempo. Hoy en día, las empresas norteamericanas que entonces producían esas maravillas han cerrado, desde hace por lo menos siete años.

Sin contar con que nuestros móviles y los varios iPods son capaces de hacer muchas más cosas. Los japoneses, nos dicen, los usan para escribir, y a través del iPod proponen sus novelas. Internet, una vez que está a disposición a través del móvil, atraviesa el espacio. Se nos promete también el triunfo individual del VOD (video on demand, o video a la carta), de pantallas plegables y muchos otros prodigios. ¿Quién puede saberlo?

Parece que estoy hablando de un período muy largo, que ha durado siglos. Pero se trata de unos veinte años a lo sumo. El olvido corre deprisa, cada vez más, quizá. Éstas son consideraciones triviales, es verdad, pero lo trivial es un equipaje necesario. Por lo menos al principio de un viaje.

U. E.: No hace muchos años, ofrecían la Patrología latina de Migne (¡211 volúmenes!) en CD-ROM a un precio, si recuerdo bien, de cincuenta dólares. A ese precio, la Patrología resultaba accesible sólo a las grandes bibliotecas y no a los pobres investigadores (aunque está claro que los medievalistas se pusieron a piratear alegremente los discos). Ahora, en cambio, con un simple abono, puedes acceder a la Patrología on-line. Lo mismo pasa con la Encycliopédie de Diderot, que hace poco Le Robert propuso en CD-ROM. Hoy la encuentro on-line por una miseria.

15.9.09

¿Hay premio Círculo de Lectores?


Librería Círculo de Lectores, en Madrid.

Voy a admitirlo: estoy inscrito al Círculo de lectores, y no sabía que tenían un premio llamado con el mismo nombre. Quizá no lo sé desde que he perdido cierto interés en ellos desde que el grupo Planeta los adquirió. Ahora se ven solo libros de esoterismo, libros de niños hasta más no poder y libracos que no van a tener cabida en mi biblioteca. Sin embargo, hay unos autores que se salvan: por ejemplo, conseguí un kafka en la orilla, el libro de Murakami muy económico, tapa dura, con un buen prólogo de un inglés del cual no recuerdo su nombre, unos cuentos de Ishiguro que prometen, otros de poe, también tapa dura.... lamentablemente, se cuentan con los dedos de una sola mano. El caso es lo del premio...La info en el periódico ABC:
Aunque ya había hecho un par de esbozos narrativos, un buen día, Carla Montero Manglano (Madrid, 1973) se hizo eco de las palabras de Umberto, también Eco y valga la redundancia, acerca de lo que es un best-seller, «una especie de cóctel de acción, sexo, un poco de misterio y aventura. Y todo muy bien mezclado». Carla Montero, hasta entonces, no se había presentado ni a un concurso de la radio, pero se dijo, «si esta es la fórmula, vamos a probar». Con las lecciones de Conan Doyle, Agatha Christie y Wilkie Collins bien aprendidas, probó, vaya que si probó, y con tanto acierto que la novela que escribió, «Una dama en juego», ha obtenido el II Premio de Novela Círculo de Lectores, elegida por más de 3.700 socios del Círculo entre un total de 177 obras presentadas.
Licenciada en Derecho, diplomada en Administración de Empresas y madre de cuatro hijos, reconoce que saca tiempo para escribir «robándole horas al sueño por la noche, a la hora de la siesta», y se congratula del hecho de que el galardón lo otorguen los lectores: «Creo que es un jurado de un tipo muy diferente a los habituales y me resultó muy atractivo, y ha sido decisivo para que me presentara».
«Una dama en juego» está ambientada en la Europa inmediatamente anterior a la Primera Guerra Mundial, tiene curiosísimos personajes secundarios (bueno, más bien son cameos) como la coca-cola y la aspirina, y, según su autora, no nace predestinada exclusivamente para el público femenino. «No, no es literatura femenina –explica Montero-. Femenina es la mano que la ha escrito y la protagonista, pero nada más». Carla Montero practica yoga («soy más adicta que experta»), y le apasionan también las culturas orientales, especialmente la hindú, muy presente en su obra. Incluso, una actriz hindú, la impactante y bellísima Freida Pinto, la actriz de «Slumdog millonaire», es el rostro con el que se imagina a Isabel de Alsasúa (la protagonista principal de la novela) si su narración fuera llevada al cine. «Que hicieran una película sobre mi libro sería la guinda a todo lo que estoy viviendo. De hecho, al escribir, casi veo y describo fotogramas». «Una dama en juego» parece albergar todos los ingredientes para ser un best-seller, uno de los títulos de la temporada, aunque aún no haya pasado (tiempo al tiempo) pasar la prueba del algodón del maestro Umberto Eco.