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18.12.09

Kafka vs. Dostoievski


Dostoievski.

El investigador colombiano Guillermo Sánchez Trujillo asegura haber descubierto diversas claves que apuntarían a que Franz Kafka dejó en su obra un vasto y complejo homenaje a Fedor Dostoievski, según se informa este sábado 5 de diciembre en un reportaje del periodista Nelson Fredy Padilla en el diario El Espectador.

Según el investigador, Kafka no sólo escribió su obra, sino que además vivió su vida personal, en función de Crimen y castigo, de Fedor Dostoievski. Sánchez Trujillo ha escrito cuatro libros sobre el tema y, ante la indiferencia de las editoriales, el último de ellos, El enigma de los manuscritos; desciframiento de El proceso de Franz Kafka, que concentra en 33 capítulos y 281 páginas los resultados de sus investigaciones, fue publicado en formato PDF para su descarga gratuita por el diario colombiano.

Sánchez Trujillo considera que Kafka dejó en sus manuscritos diversas pistas sobre los orígenes de su obra, al admitir como grandes influencias a sus “hermanos de sangre” Flaubert, Dostoievski, Kleist, Grillparzer o Dickens. Una de esas pistas, asegura, es la carta de 1903 en la que Kafka le escribe a su amigo Oskar Pollack y termina con la frase: “Un libro debe ser el hacha que rompa el mar helado que llevamos dentro”, lo que el investigador relacionó con Raskolnikov, el asesino protagonista de Crimen y castigo, de Dostoievski.

Aislado en una casa en Medellín, Sánchez Trujillo empezó a releer la novela de Dostoievski simultáneamente con El proceso. Encontró coincidencias asombrosas que lo dejaron “en estado de paranoia crítica” al sospechar que tanto los relatos “Descripción de una lucha” y “Preparativos de boda en el campo”, como sus novelas La condena y La metamorfosis, se inspiraban en Crimen y castigo.

El investigador dedicó diez años a comparar El proceso y Crimen y castigo, párrafo por párrafo. Al comienzo lo hizo de manera aleatoria, luego en forma cronológica, y cuando se dio cuenta de que la obra de Kafka se centra en la segunda parte de Crimen y castigo, decidió valerse de métodos matemáticos y estadísticos a partir de los cuales elaboró una serie de gráficos e incluso la representación tridimensional del “genoma dostokafkiano”, que demuestran la metodología de Kafka para construir sus obras apoyado en los hombros de Dostoievski.

Según Sánchez, Kafka no plagió sino que encarnó la literatura de Dostoievski a través de sus vivencias personales, para luego reescribirlas como enigma. El investigador determinó que el tema de ambas novelas es la culpa y su relación con la ley. Kafka construye una nueva obra sobre las bases de su maestro ruso, se redime él mismo y concibe una metáfora premonitoria del mundo absurdo del totalitarismo nazi.

20.10.09

Disputa por El proceso, de Kafka


Kafka revolutions...

Hoy día los escritores consagrados, los realmente consagrados, reviven así porque sí. Kodama no deja reposar a Borges, España no deja descansar a Lorca, y ahora, Israel y Alemania no dejan en paz al adorado Kafka. Cuentan en la Revista Ñ:
Kafka, como han señalado muchos ensayistas, nunca terminó de saber a dónde pertenecía y su doble condición de miembro de las minoría alemana y de la minoría judía en Praga hacia más difícil esa búsqueda de la identidad. Ahora, se discute también donde deben estar sus manuscritos -aunque los checos, que tardaron en descubrir a Kafka no han entrado en la discusión- lo que también vuelve a abrir la cuestión de a dónde pertenece el autor del proceso.El original de El proceso está, desde 1988, en el Archivo de Literatura Alemana de Marbach pero ahora el director de la Biblioteca Nacional Israelí, Schmuel Har Noy, exige que el documento sea devuelto a Israel para poner fin a "una injusticia histórica".

El manuscrito de El proceso, al igual que los otros manuscritos de Kafka, ha tenido una historia que en parte refleja también la historia del siglo XX. La odisea de los documentos empieza ya con ese momento en que Kafka, ya moribundo, le pide a su amigo y albacea testamentario Max Brod que queme sus manuscritos después de su muerte, en 1924.

Brod no sólo no cumplió la última voluntad de Kafka -que había editado pocos textos- sino que publicó sus obras, que le darían una fama mundial póstuma y lo rodearían además de un aura de leyenda. Además, Brod conservó los manuscritos originales y en 1939, cuando logró huir de Praga con destino a Palestina, se los llevó con él en una maleta.

Brod murió en 1968, en Jerusalén, y su secretaria, Esther Hoffe, heredó sus bienes, incluidos los manuscritos de Kafka que ya para ese momento era visto como un indiscutible clásico de la modernidad. En 1988, Hoffe decide separarse de parte de los documentos kafkianos y vende, entre otras cosas, el manuscrito de El proceso que fue adquirido por el Archivo de Literatura Alemana -por cerca de 2 millones de dólares- en una subasta realizada en Londres.

Cuando murió, le dejó a sus hijas Ruth y Hava lo que quedaba del archivo de Max Brod, en donde se sospecha que hay otros manuscritos de Kafka, además de otros bienes de alto valor pero el proceso de sucesión se encuentra bloquedado por culpa de "El proceso".

El director del Archivo, Ulrich Rauff, sostiene que no hay duda alguna sobre la legalidad de la adquisición del manuscrito, que se hizo "ante los ojos del mundo" sin que se hubiese presentado reclamaciones en los 21 años que han transcurrido desde entonces y se ha declarado irritado por las exigencias israelíes. Rauff no ve razón para devolver el manuscrito que forma parte de la tradición de la literatura en lengua alemana.

En Israel se sostiene que con la venta de el manuscrito de El proceso en una subasta en Londres se violó una ley nacional que prohíbe sacar bienes culturales del país. Otro argumento es que con la venta del manuscrito no se respetó la última voluntad de Max Brod, a lo que hay quien responde que, si del respeto de las últimas voluntades se tratara, el documento debería quemarse como lo había pedido Kafka.

24.6.09

Las traducciones: insoportables.


Samsa al despertar.

El argentino Ezequiel Martinez, quién estará como corresponsal de El Clarín de Buenos Aires en el Festival Malpensante, nos entrega esta vez la siguiente reflexión que no puede ser más acertada para estos tiempos de malas, malísimas traducciones:
A propósito de una nueva traducción de El tambor de hojalata de Günter Grass, Scott Esposito se preguntaba este fin de semana en el blog Conversational Reading

Da dos razones que considera de peso: ninguna traducción está jamás completa, y dado que las lenguas evolucionan, las viejas traducciones necesitan ser revisadas para no volverse obsoletas.

No soy un experto en el tema, pero hice una prueba con La metamorfosis de Franz Kafka a partir de cuatro versiones diferentes que encontré en mi biblioteca. La más añeja es la de Borges (¿es de Borges?), que además de las licencias que solía tomarse (¿de dónde sacó eso de “una agitación sin consistencia”, al final del primer párrafo?), está cargada de pronombres enclíticos: encontróse; hallábase; sentíase; infundióle; díjose...

Las otras tres son más recientes: 2004, 2005 y 2006, pero sirven de ejemplo para advertir que los desvíos dentro de un mismo lenguaje son siempre materia subjetiva, y que finalmente nunca habrá una traducción que se asome fielmente al original. Lean a Kafka mudado al castellano, y decida el lector si Gegorio Samsa se transformó en un insecto, un parásito o un bicho:

Al despertar Gregorio Samsa una mañana, tras un sueño intranquilo, encontróse en su cama convertido en un monstruoso insecto. Hallábase echado sobre el duro caparazón de su espalda y, al alzar un poco la cabeza, vio la figura convexa de su vientre oscuro, surcado por curvadas callosidades, cuya prominencia apenas si podía aguantar la colcha, que estaba visiblemente a punto de escurrirse hacia el suelo. Innumerables patas, lamentablemente escuálidas en comparación con el grosor ordinario de sus piernas, ofrecían a sus ojos el espectáculo de una agitación sin consistencia.
Traducción de Jorge Luis Borges. Losada, Buenos Aires, 1938.

Una mañana, al despertar de un sueño intranquilo, Gregorio Samsa se encontró en la cama transformado en un insecto monstruoso. Estaba acostado sobre la espalda, que era dura, como acorazada, y levantando un poco la cabeza pudo ver su vientre convexo, color pardo, dividido por unos arcos rígidos; la manta había resbalado sobre esa superficie y sólo una punta lo cubría todavía. Sus patas numerosas, de una delgadez lamentable en relación con el volumen de su cuerpo, se agitaban frente a sus ojos.
Traducción de César Aira. Brosquil Edicions, Valencia, 2004.

Cuando Gregorio Samsa se despertó una mañana, después de un sueño inquieto, se encontró en su cama convertido en un monstruoso parásito. Estaba echado sobre el duro caparazón de su espalda y vio, levantando un poco la cabeza, su vientre oscuro, combado por arqueadas callosidades, cuya prominencia apenas si podía sostener el cubrecama a punto de caerse al suelo. Sus numerosas patas, deplorablemente flacas en comparación con el tamaño anterior de sus piernas, se agitaban desvalidas ante sus ojos.
Traducción de Alessandra Lo Presti Editorial Quadrata, Buenos Aires, 2005.

Cuando, una mañana, Gregor Samsa se despertó de unos sueños agitados, se encontró en su cama transformado en un bicho monstruoso. Yacía sobre su espalda, dura como un caparazón, y al levantar un poco la cabeza vio su vientre abombado, pardo, segmentado por induraciones en forma de arco, sobre cuya prominencia el cubrecama, a punto ya de deslizarse del todo, apenas si podía sostenerse. Sus numerosas patas, de una deplorable delgadez en comparación con las dimensiones habituales de Gregor, temblaban indefensas ante sus ojos.
Traducción de Juan José del Solar. De Bolsillo (Random House Mondadori), Barcelona, 2006.
por qué a veces se hace necesario retraducir algunos clásicos.