Mostrando entradas con la etiqueta Julio Cortázar. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Julio Cortázar. Mostrar todas las entradas

9.9.10

El videojuego de Cortázar


Conejos para mi placard.


Por el blog En minúscula, del argentino Ezequel Martínez, me entero que hay ahora un videojuego de Cortázar. O más bien, de uno de sus personajes. Se trata del cuento Conejos para mi placard. Uno de mis pasatiempos (aunque lo he dejado de lado hace ya algunos meses por cuestiones de tiempo) son los videojuegos. NFS y GTA IV son espectaculares. Así lo comenta Ezequiel:

Los cuentos de Julio Cortázar están abrochados a mi adolescencia por varias razones. Una de ellas tiene que ver con el recuerdo de algunas vacaciones en Caracas, donde mi padre vivió su exilio durante la última dictadura militar argentina. Solíamos pasar los veranos allí junto con mis hermanos menores, y mi obsesión cortazariana me llevaba a leerles algunos de sus cuentos a la hora de dormir.

Hay dos que -ahora tomo conciencia-, les deben haber casuado algún tipo de trauma infantil. Me refiero a No se culpe a nadie (Final del juego, 1956), en el que el protagonista intenta atravesar un pulóver en el que se le niegan el cuello y las mangas, hasta que su impaciencia se transforma en angustia y doce pisos. El otro es Carta a una señorita de París (Bestiario, 1951), porque torpemente imaginé que el asunto de los conejitos podía llegar a distraerlos.

Treinta años atrás no existían los videojuegos online. Hubiese sido una forma más benigna de asomarse a la invasión de conejos. Pero hoy sí existen y todo este preámbulo nostálgico es una excusa para contar que ya está en Internet el primer videojuego corto inspirado en Carta a una señorita de París.

En Rabbits for my Closet (Conejos para mi placard) de Purple Tree Studio, el jugador toma el rol del anónimo protagonista del cuento y su tarea consiste en guiar a los erráticos conejos hacia el placard, empujándolos y bloqueándoles el camino con los distintos muebles de la habitación, antes de que se acabe el tiempo.

Al ir avanzando en cada nivel, se intercalan frases y fragmentos del texto original de Cortázar. Se puede jugar aquí.

7.12.09

El perseguidor, según Cortázar


Una de las ilustraciones.

Entrevista de Omar Prego a Cortázar en 1983, acerca del uno de los relatos más importantes del argentino. ¿Y a qué viene esto? El ilustrador José Muñoz se tomó la tarea de dibujar este excelente relato:
Yo no lo conocí personalmente [a Charlie Parker], aunque sí estéticamente, porque me tocó vivir en el momento en que Charlie Parker renovó completamente la estética del jazz y después de un período en que nadie creía y la gente estaba desconcertada por un sistema de sonidos que no tenía nada que ver con lo habitual, se dieron cuenta de que allí había un genio de la música. Y entonces la anécdota de ese cuento es la siguiente: a mí me perseguía desde hacía varios meses una historia, un cuento largo, en el que por primera vez yo me enfrentaba con un semejante. Porque la verdad es que, como decís vos, hay una ruptura en El perseguidor. En todos los cuentos precedentes, los personajes pueden estar vivos, pueden comunicarle algo al lector, pero si se analiza bien —es como en los cuentos de Borges— los personajes son marionetas al servicio de una acción fantástica. […]
Cuentos en los que los personajes están situados, cada uno de ellos, pero no son lo determinante del cuento. Con una que otra excepción. Antes de El perseguidor yo ya había escrito algunos cuentos que no tienen nada de fantástico, que son muy humanos, como Final del juego. Esos ya eran caminos que se me iban abriendo. Pero la primera vez que se me planteó eso que vos llamás existencial —y es cierto—, es decir el diálogo, el enfrentamiento con un semejante, con alguien que no es un doble mío, sino que es otro ser humano que no está puesto al servicio de una historia fantástica, en la que la historia es el personaje, contiene al personaje, está determinada por el personaje, fue en El perseguidor. ¿Por qué fue Charlie Parker? Primero porque yo acababa de descubrirlo como músico, había ido comprando sus discos, lo escuchaba con un infinito amor, pero nunca lo conocí personalmente. Me perseguía la idea de ese cuento y al principio con la típica deformación profesional, me dije: «Bueno, el personaje tendría que ser un escritor, un escritor es un tipo problemático». Pero no me decidía porque me parecía aburrido, me parecía un poco tópico tomar un escritor. Pensé en un pintor, pero tampoco me entusiasmaba mucho. Tenía que ser un individuo que respondiera a características muy especiales. Es decir, todo eso que sale de El perseguidor: un individuo que al mismo tiempo tiene una capacidad intuitiva enorme y que es muy ignorante, primario. Es muy difícil crear un personaje que no piensa, un hombre que no piensa, que siente. Que siente y reacciona en su música, en sus amores, en sus vicios en su desgracia, en todo. Y en ese momento murió Charlie Parker. Yo leí en un diario una pequeña biografía suya —creo que era de Charles Delonnay— en la que se daba una serie de detalles que yo no conocía. Por ejemplo, los períodos de locura que había tenido, cómo había estado internado en Estados Unidos, sus problemas de familia, la muerte de su hija, todo eso. Fue una iluminación. Terminé de leer ese artículo y al otro día o ese mismo día, no me acuerdo, empecé a escribir el cuento. Porque de inmediato sentí que el personaje era él; porque su forma de ser, las anécdotas que yo conocía de él, su música, su inocencia, su ignorancia, toda la complejidad del personaje, era lo que yo había estado buscando.
[…]
Hubo una doble dificultad. La primera me concierne a mí. Yo empecé a escribir El perseguidor profundamente embalado y escribí casi de un tirón toda la primera secuencia, esa que transcurre en la pieza del hotel, cuando Bruno va a visitar a Johnny y lo encuentra enfermo, con Dédée. Eso toma unas veinte páginas, es bastante largo. Bruno le deja algún dinero y se va, se mete en un café y trata de olvidarse, con la ambivalencia típica del personaje. Y ahí me bloqueé. Al otro día quise seguir el cuento y nada. Releí las veinte páginas y nada. Quedé totalmente bloqueado, me era imposible seguir. Entonces metí todo eso en un cajón y pasaron tres meses, una cosa muy excepcional en mi trabajo de cuentista, porque a mí los cuentos me salen de un tirón. Pasaron tres meses, entonces, me dieron un contrato en las Naciones Unidas, en Ginebra. Tenía que pasarme tres meses en una pensión y me puse a sacar papeles. Entre ellos iban esas veinte páginas, pero yo no me di cuenta. Metí todo en una maleta y me fui. Hasta que un día, en la pensión, buscando no sé qué papel, salió eso. Después de tres meses vos te releés como si eso que estás leyendo fuera de otro, ¿no? Leí, y seguí, seguí, terminé las veinte páginas, me senté a la máquina, puse una hoja y en tres días terminé el cuento. Nunca me he podido explicar la razón del bloqueo y mucho menos la razón de que haya podido empalmarlo. Pero creo que si yo no contara esto nadie se daría cuenta de que el cuento estuvo interrumpido.
[…]
Las censuras son literarias, cada capítulo está escrito en un tiempo de verbo diferente. Está hecho a propósito, porque son alusiones musicales. Y salió así hasta el final. En cuanto a la segunda dificultad a la que aludiste, ocurrió que a mí el cuento me gustó mucho. Por esa época me fui a Buenos Aires y se lo di a leer a un amigo a quien yo le tenía plena confianza, era uno de esos lectores privados que tienen muchos escritores. Lo leyó y como era un tipo que no tenía pelos en la lengua me dijo: «Tiralo. Tiralo; es demasiado largo», me dijo. Y agregó: «No tiene sentido». Bueno, tuve la debilidad de desobedecerle y me traje el cuento de vuelta a París. Y entonces lo leyó Aurora (Aurora Bernárdez, la primera mujer de Cortázar) y le gustó enormemente. Esto no quiere decir que yo consulte mucho a otras personas; tal vez se trate de una extraña vanidad. Pero una vez que yo he conseguido lo que creo que tengo que conseguir, me importa un bledo que les guste o no les guste. De todos modos, lo di a leer a dos o tres personas. Ese cuento dio lugar a otro cuento largo, Las armas secretas, ahí ya se armó el libro y se publicó.
[…]
Esto que te voy a contar lo supe por Dolly Muhr (Dorotea Muhr, la mujer de Onetti). Onetti leyó El perseguidor, se fue al cuarto de baño de su casa y rompió el espejo de un puñetazo. Nadie ha tenido una reacción que me pueda conmover más.

13.11.09

La biblioteca de Cortázar


De su biblioteca.

Los libros de Cortázar
, permite adentrarse por primera vez en la biblioteca del autor de Rayuela, y conocer, a través del testimonio de sus libros, su universo lector.C oordinada por Jesús Marchamalo, la muestra puede visitarse desde esta semana en la página web del Centro Virtual Cervantes http://cvc.cervantes.es/literatura/libros_cortazar//.

Aurora Bernárdez, viuda y legataria universal de Julio Cortázar, donó en 1993 a la Fundación Juan March la biblioteca personal del escritor. Algo más de cuatro mil volúmenes, muchos de ellos dedicados o anotados, que tenía en su casa de parisina: literatura del siglo XX, libros de arte, antiguas ediciones de clásicos castellanos; libros de poesía en inglés o francés, diccionarios.

Dividida en cinco epígrafes -libros firmados, dedicados, anotados, con objetos y formatos curiosos-, la muestra se detiene en un centenar de obras, seleccionadas por su singularidad. Hay libros dedicados por Octavio Paz, José Lezama Lima, Pablo Neruda, Alejandra Pizarnik, muchos de ellos mostrados por primera vez; así como dedicatorias de María Zambrano, Rafael Alberti, Augusto Monterroso, Italo Calvino, Virgilio Piñera, entre otros muchos autores con los que Cortázar tuvo relación, según informó la agencia Europa-Press.

También pueden verse libros con anotaciones manuscritas, a lápiz, bolígrafo o rotulador -comentarios, preguntas-, que muestran la pasión con la que Julio Cortázar leía, y el diálogo que le gustaba establecer con los autores a través de sus libros.

Hay un apartado dedicado a las erratas, que el escritor corregía incansablemente, y sobre las que -en ocasiones- pedía explicaciones en los márgenes del libro a autores y a editores: "¿Por qué tantas erratas?", anota en su edición de Paradiso, de Lezama Lima.

La exposición virtual se interesa también por algunos libros de formatos curiosos, y por una selección de primeras ediciones de obras de Julio Cortázar publicadas tanto en español como en distintas lenguas.

24.8.09

Lo inesperado de Cortázar


Portada del libro.

Se ha dicho siempre que Julio Cortázar es un escritor para escritores, pero también lo es contra ellos, como demuestra la lectura de estos Papeles inesperados, que te puede llegar a deprimir profundamente en algunas de sus páginas, al hacerte pensar que con lo que él dejó perdido en el cajón tú podrías haber parecido un genio. Naturalmente, en este volumen, que a los 25 años de su muerte rescata cuentos, poemas, artículos, discursos, autoentrevistas, prólogos o fragmentos de libros como Un tal Lucas o Historias de cronopios y de famas, tiene de todo, como cualquier obra miscelánea, pero la verdad es que algunos de los textos que incluye son extraordinarios y vuelven a poner sobre la mesa al mejor Cortázar, aquel inventor de lenguajes dentro del lenguaje cuya destreza narrativa mostraba un equilibrio único entre la tradición y la vanguardia y cuya imaginación parecía capaz de cualquier cosa. El relato que se titula 'Los gatos' es una prueba magnífica de lo primero, y muchos de los episodios inéditos de Un tal Lucas demuestran lo segundo con rotundidad. Por haber, en esa última sección hay hasta una brevísima pieza, titulada 'Lucas, las cartas que recibe', capaz de maravillar incluso a quienes cada vez que oímos la palabra "microrrelato" nos ponemos hechos unos dinosaurios.

18.5.09

POE & CO.


Jorge Volpi: Poe & Co.

Edgar Allan Poe es, no cabe duda, uno de los más grandes cuentistas de la historia de la literatura. Con “La máscara de la muerte roja”, “Los crímenes de la calle Morgue”, “El pozo y el péndulo”, “El gato negro” o “Berenice”, entre muchos otros relatos asombrosos que escribió, Poe se adelantó a su época y ayudó a definir el camino que tomaría la literatura en el siglo xx. Por eso, esta edición comentada de sus cuentos completos es imprescindible en cualquier biblioteca. Este volumen de lujo sirve para festejar los 200 años del nacimiento del escritor bostoniano muy por lo alto: la edición está a cargo de Jorge Volpi y Fernando Iwasaki, los prólogos son de Carlos Fuentes y de Mario Vargas Llosa y la traducción es —la ya legendaria— de Julio Cortázar. Pero no es todo: cada uno de los cuentos viene acompañado de un comentario de algún cuentista hispanoamericano nacido después de 1960. “Todos somos descendientes literarios de Poe, pues gracias a Poe existieron Chesterton y Baudelaire, Conan Doyle y Maupassant, Lovecraft y Saki, Cheever y Borges, y así hasta Julio Cortázar, ancestro de los cuentistas que nacimos a partir de 1960 (...) Somos Poe & Co.”, dice la introducción que abre este volumen de 67 cuentos. Este sentido homenaje a Poe es ampliamente recomendado para cualquier lector: desde el más experimentado hasta el que apenas esté empezando a conocer los placeres de la buena literatura.
Reblog this post [with Zemanta]

3.5.09

LA VUELTA DE CORTAZAR


El fumador Cortázar.

El tiempo publica lo siguiente:

Entre las curiosidades hay un capítulo sin publicar del 'Libro de Manuel', 13 poemas, cuatro autoentrevistas y tres historias de cronopios que se creían desaparecidas. Los textos estuvieron guardados en una cómoda del apartamento de su viuda, Aurora Bernárdez, en París. La crítica literaria Graciela Speranza fue la primera persona que leyó el texto y estos son extractos de su comentario, que se convierte en una exclusiva mundial.

Convendría, tratándose de Cortázar, que el lector traicionara el orden dócil del índice y la cronología, y empezara a leer las casi quinientas páginas de inéditos y textos dispersos de 'Papeles inesperados' por cualquier parte. Sería ideal que el azar lo llevara a "Manuscrito hallado junto a una mano", por ejemplo, un cuento escrito alrededor del 55, que en apenas seis páginas condensa el mundo cortazariano y se lee con esa sensación doble, de familiaridad y extrañeza, con la que se descubre un rostro conocido en un viejo álbum de fotos. Antes de llegar al final, uno ya está preguntándose -enigma insidioso de las ediciones póstumas- por qué Cortázar no habrá querido publicarlo.

La trama fantástica es sencilla, casi ingenua, pero se expande y se complica con la destreza del escritor que puede mover todos los hilos y al mismo tiempo ocultarlos con la fluidez transparente de la prosa. La posibilidad de reunir la pasión intelectual y la experiencia pura, la adecuación de audacia formal y fluidez narrativa que hoy se celebran en las ficciones del chileno Roberto Bolaño, florecieron sin duda en la obra de Cortázar y abrieron una nueva vía para la literatura en lengua española. Bolaño nunca dejó de reconocerlo ("Cortázar, que es el mejor", dice en un repaso de la gran tradición argentina) y está claro que su "modernismo visceral", con un fondo romántico y surrealista, abreva en ese camino, en confluencia feliz con la vía regia abierta por Borges.

La colección compuesta por Aurora Bernárdez y Carles Álvarez Garriga es muy variada pero el lector podrá ir tramando sus propias series, como siguiendo un "Tablero de dirección" imaginario: relatos breves que son apenas la expansión de una imagen o un detalle (la tos de una mujer durante un concierto de Yehudi Menuhin en la Alemania derrotada, un pájaro Narciso que se choca contra su reflejo en el espejo retrovisor de un auto estacionado), ciudades escritas en la ficción o la crónica (París, Nueva Delhi, ciudad de México, Managua), iluminaciones del paseante urbano (a pie, en subte o en auto), semblanzas de un arco inclasificable de escritores, músicos y pintores (de Lezama Lima, Ángel Rama o Susana Rinaldi a Michel Portal o Francis Bacon), caprichos. Es cierto que entre los cientos de páginas rescatadas hay también unas cuantas prescindibles, a las que quizás se les hubiera hecho más justicia dejándolas en el armario: textos anodinos de 'Historias de cronopios' y de famas suprimidos por los buenos oficios de un editor sagaz de esos que ya no existen, Paco Porrúa; un capítulo del 'Libro de Manuel', desbocado en esa prosa poética desbordante de coordinadas de la que Cortázar abusó en sus momentos más olvidables y derivó en sus epígonos en la peor versión del cortazarismo; humoradas; reapariciones infelices de Calac y Polanco, apenas soportables en su lugar de origen; toda la poesía.

24.3.09

120 RAYUELAS


Las rayuelas en Buenos Aires. Fuente: Revista Ñ

Esas fueron las que se colocaron en 9 de Julio entre Mitre y Perón, en pleno centro porteño de Buenos Aires. Cortázar, el invencible. Más información en la Revista Ñ:
Las contraseñas para ingresar al camino hacia el cielo fueron el nombre de Julio Cortázar escrito en una hoja, alguno de sus libros o un fragmento de alguno de sus cuentos. Y ese cielo, gracias al hechizo de la imaginación colectiva, estuvo ubicado en la avenida 9 de Julio y Bartolomé Mitre, en pleno centro porteño. Ocurrió ayer en Rayuelarte, un gran juego de rayuela creado por Marta Minujín para cerrar el programa de homenaje a Cortázar del Ministerio de Cultura porteño, a 25 años de la muerte del escritor.

La tierra estaba en la calle Perón, donde se iniciaban varias filas de coloridas rayuelas diseñadas por Minujín. En total, había 120. Los participantes, de doce a la vez, empezaban en la tierra de la primera de las rayuelas, arrojando una piedra mágica de telgopor fluorescente hacia el cielo. Si la piedra caía en un número, iban saltando por los cuadros hasta levantar la piedra. Los que erraban, se caían o pisaban fuera de los límites del dibujo, quedaban descalificados. Pero los que llegaban al cielo, podían seguir jugando por el resto de las rayuelas de la fila, hasta llegar al cielo de la última. El primero fue Santiago del Carril, de 8 años, que exhibió como contraseña un papel con el nombre de Cortázar: "Ya sabía jugar, fue fácil", dijo y se quedó con la piedra mágica autografiada por Minujín. Diana Altavilla, de 52 años, fue otras de las vecinas que participó. Mostró como contraseña una ejemplar de Rayuela que atesora desde los 23 años: "Admiro mucho a Cortázar y también a Minujín, por su irreverencia y porque se permite ser feliz con cosas pequeñas como las de hoy", le dijo a Clarín.

De fondo sonaban los acordes de más de 60 saxofonistas, con notas de Charlie Parker, las mismas que inspiraron a Cortázar en su cuento "El perseguidor".