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29.11.10

Bolaño es como el rock and roll¡¡¡


Punk.


Lo dice Patti Smith. También dice que Bolaño es revolución, pecado y energía sexual. Lo comenta es ABC:

Lectora voraz y escritora espiritual. Ciudadana radical y madre sensible. Poeta, maga, prestidigitadora de las artes y púgil de la palabra. A sus 63 años, la poeta residente en Nueva York que rechaza por su eterna juventud la etiqueta de «madre del punk» es puro hechizo. En un escenario (esta noche cierra la semana dedicada al escritor chileno, Roberto Bolaño, en Casa de América en Madrid), en rueda de prensa (en la de ayer recitó de pie, habló sentada, eructó), y en este cara a cara con ABC, Patti Smith es una experiencia multisensorial.
—¿Cuandó encontró Patti a Roberto?
—Le encontré a través del título de un libro: «Detectives salvajes». Lo leí y pensé, «alguien me ha robado mi título». Mi conexión con él es como lectora, pero también como escritora, leerle me activa las energías de la escritora que soy.
—¿Creo que está aprendiendo español para leerle?
—Lo intento, pero soy fatal con los idiomas. Pero si Dios me concediera el deseo de aprender un idioma, elegiría el español para leer a Bolaño. «2666» es la primera obra maestra del siglo XXI.
—¿Por qué gusta tanto en EE.UU.?
—Bolaño es como el rock and roll, al lector le da una sensación de revolución, de energía sexual, de pecado floreciente; juventud y tragedia. Te da todo lo que necesitas. Es el escritor perfecto para el nuevo siglo.
—Al recibir el National Book Award dijo que no se imaginaba un mundo sin libros. ¿Tiene miedo de que desaparezcan?
—No creo que haya un riesgo de que desaparezcan, pero cada vez más gente se suma a leer en formatos digitales. Será bueno para el medio ambiente, pero yo no me imagino sin los libros en mis manos. Como artista de estudio, cuando miro cómo desapareció casi el vinilo y cómo el CD ya se queda obsoleto sí me asusta un poco.
—¿Compra en Amazon?
—No, cuando quiero un libro voy a una librería. Aunque cuando no encuentro algo o busco libros descatalogados o rarezas sí que compro en «abebooks.com».
—¿Le molesta la piratería digital?
—No es mi problema. Yo siempre entendí un disco como una obra en sí mismo, quiero que la gente siga disfrutando de la portada, del librillo, de las notas… Es un problema para los artistas con menos recursos, pero a mi no me molesta. Sé que mucha gente se descarga o comparte mis discos, me alegra que escuchen mis canciones, el rock and roll es para ser compartido. Pero me alegra aún más cuando esa gente valora el objeto y se lo compra. Yo voy a hacer todo lo que pueda para deleitarles con mis discos y con mis libros, donde me detengo en cada aspecto de su diseño.
—¿Usa el iPad o el kindle?
- No. Tengo un pequeño Mac Air, pero escribo en cuadernos. Ayer compré un pequeño cuaderno y ya lo tengo lleno de cosas que he escrito, dibujos… Luego lo transcribo en mi portátil.
—¿Transcribe todo?
—Yo creo que el 70 por ciento de mis escritos siguen en un cuaderno, o en una transcripción en alguna caja en algún sitio. Espero que en el futuro podré publicar estas cosas.
—¿Qué música escucha?
—Mucha clásica, y a Glen Gould. Escucho todavía a Jimi Hendrix, a John Coltrane, REM, música que me inspire para escribir. Me gusta la música «ambient… y escucho también a mi hijo (Jackson) y a mi hija (Jesse), son muy buenos. Jackson es un músico de sesión importante, ha tocado con T Bone Burnett, es un gran guitarrista, como su padre...
El marido de Patti Smith, Fred «Sonic» Smith, guitarrista de los MC5 y fallecido en 1994, está presente a cada segundo. «Os cuento cómo se gestó “People have the power” (su himno musical más universal)», dijo la artista entre risas ayer. «Estaba yo en la cocina pelando patatas y entró Fred y me dijo, “¡Tricia! Apunta, el poder es de la gente”... le miré, dejé las patatas, apunté, y surgió la canción».
—Le vemos a menudo en España...
—Vuelvo siempre para ver el «Guernica» de Picasso.
—¿Por qué?
—Vi un picasso por primera vez cuando tenía doce años, y fue alquimia pura. Me ocurre así. Hay ciertos artistas con los que no necesitas una explicación. Escuché a Coltrane y ocurrió. Leí a Bolaño y ocurrió, Rimbaud… En el caso de Picasso, el «Guernica» es el gran símbolo antibelicista de la Humanidad. Cuando estaba en el MoMA en Nueva York iba a verlo a menudo, y ahora me gusta venir a visitarle.

4.4.10

La dramaturgia de 2666


La obra tuvo un rotundo éxito.


Hoy terminó el Festival Iberoamericano de Teatro. Con él, quedan representaciones memorables, como la asptación que hizo el director catalán Alex Rigola de 2666, el célebre libro de Roberto Bolaño. El espectador le hizo una entrevista al drmaturgo español:

La verdad real lo sujetaba de un brazo, mientras que la verdad escénica halaba del otro costado. Al sentirse derrotado por estas dos fuerzas superiores, el catalán Álex Rigola optó por mezclarlas y de ahí surgió la realidad simulada, la misma que él ha plasmado en montajes como El proceso, de Franz Kafka; Ricardo Tercero, de William Shakespeare; Rock'n roll, de Tom Stoppard, y otras veinte propuestas escénicas.

En 2003, este dramaturgo y director asumió la principal responsabilidad del Teatre Lliure, con el que emprendió una competencia que se asemeja más a una maratón que a una carrera de doscientos metros, en la que el atleta termina y puede bajar los brazos.

En este oficio, Álex Rigola prefiere siempre acompañar al público en un viaje que no tiene fin. Por eso montó la pieza literaria 2666, del chileno Roberto Bolaño, que presentará en la edición XII del Festival Iberoamericano de Teatro.

¿Las manifestaciones teatrales de Cataluña tienen algún elemento que las haga únicas y particulares?

Más que los ámbitos geográficos son las personas las que hacen que un estilo teatral sobresalga o se quede haciendo parte de las artes escénicas en su versión más simple. La información cultural que uno recibe es importante en la vida de un artista, pero lo importante es el propio lenguaje que uno crea en estos momentos de globalización. Por suerte una de las ventajas que hay es que todo lo relacionado con las artes queda más cercano sólo si el arte nos interesa.

Usted es el director artístico del Teatre Lliure... ¿cuál es su filosofía?

La compañía tiene la característica de trabajar con diferentes directores de escena y al mismo tiempo con varios equipos. Todos esos colectivos hacen parte de una unidad, pero a cada quien se le respeta su pincelada y cada artista se reconoce por su propia obra. Lo anterior quiere decir que tiene un estilo personal y eso se refleja en el escenario.

Nuestras salas de teatro estaban inundadas por comedias... ¿es normal que eso pase antes de un encuentro teatral tan grande?

El teatro está dotado de muchos géneros y la comedia es esencial como evento catárquico para mirar con otros ojos todos esos temas sociales que tanto nos preocupan de una forma más relajada. Nosotros contamos hechos en nuestro espectáculo, mostramos escenas muy trágicas, pero al mismo tiempo hay escenas que producen risa, ese elemento tan necesario para poder superar los instantes más traumáticos.

‘La parte de los críticos’, ‘La parte de Amalfitano’, ‘La parte de Fate’, ‘La parte de los crímenes’ y ‘La parte de Archimboldi’ son las historias que componen ‘2666’ de Roberto Bolaño... ¿qué encontró en estas páginas que le resultó atractivo como propuesta escénica?

Cuando me incliné por la obra literaria 2666 estaba buscando un texto que me permitiera ir mucho más allá de la visualización del espectáculo. Mi prioridad era encontrar una verdadera experiencia teatral. Yo buscaba un texto ético, una novela de grandes dimensiones con muchos personajes, que sucede en diversos momentos históricos, pero que todos tienen el mismo hilo conductor. Y aquí la encontré.

¿Cuáles son las cualidades que tiene Bolaño como dramaturgo?

Hablar de este chileno no es referirse a un autor de novelas con un perfil clásico, sino a un poeta que hace novelas. Roberto Bolaño hace que su gramática tome un aire poético que es muy apropiado para el actor porque le permite transmitir su grandeza verbal. También es un autor muy jugoso y yo creo que el contenido de la novela, más la forma en la que cuenta cada historia y le otorga una dimensión de obra casi inalcanzable, por sus 1.170 páginas, terminan convirtiéndose en un poco menos de cinco horas de teatro. Todo eso hace parte del imán que a mí me atrapó desde el inicio.

Ese proceso debió ser muy cercano a la labor de un editor, ¿o no?

Claro... con la adaptación de la obra para la presentación en el Festival me tocó padecer el traumatismo de haber tenido que cortar partes que eran maravillosas. Sin embargo, uno al final no se puede extender hasta el infinito, sino que debe darle un respiro al espectador para que regrese a casa y pueda volver a vivir su cotidianidad.

Pero ‘2666’ no es su más reciente montaje, después vinieron tres más...

Así es. Después de la adaptación de 2666 hice Rock'n roll, de Tom Stoppard, que se está montado en Madrid, y también tenemos Nixon-Frost, de Peter Morgan. Pero la compañía, además, está en la tarea de recuperar espectáculos como European House, que se exhibió en el pasado Festival de Teatro de Taipei.

¿Para un director existen diferencias inmensas entre adaptar un clásico de la literatura o un texto contemporáneo?

Cada texto literario debe ser adaptado a las tablas con una fórmula particular. Shakespeare es el más utilizado y por eso es el gran dramaturgo de todos los tiempos. Para Kafka tuvimos que hacer un trabajo singular. Con 2666 fue un reto, porque toca pensar en la forma en la que se debe hacer el trabajo para no aburrir al espectador, porque se trata de volver real esta historia triste y apasionante, pero al mismo tiempo cada parte tiene un formato narrativo distinto. Pasamos de una conferencia a una instalación, o a un teatro más clásico, o intentamos crear una novela negra.

¿En su proceso dramatúrgico usted concibió ‘European House’ como una pieza teatral o como una obra literaria y después fue adaptada a las tablas?

En el caso de European House es una sección de una casa de tres plantas en la que el público ve lo que pasa en la totalidad de la infraestructura y son los personajes de Hamlet justo antes de que empiece su propia historia. Es el preámbulo del entierro, es un proceso de creación que salió de los actores de la compañía.

También se metió con el cancionero catalán y con Wagner, del que dicen que es muy complejo... ¿así lo percibe usted?

Para nada... todo buen autor aporta lo mejor para que la obra dé buenos resultados. Wagner es fácil y los difíciles son los malos autores.

11.2.10

Bolaño, al cine


La portada del libro, verisón Mondadori.


La Bolañomanía no cesa. Un escritor para leer y disfrutar, indudablemente. Para aquellos que no hemos leído Una novelita lumpen, tendremos la oportunidad de "verla" en la pantalla grande. La nota, claro, en la Revista Ñ:

Aunque otros fracasaron en el intento, la chilena Alicia Scherson, talento emergente del cine latinoamericano, ha asumido el reto de convertirse en la primera directora que adapta una obra de su aclamado compatriota, el escritor Roberto Bolaño.

Scherson está volcando todas sus energías artísticas en los preparativos de su tercera película, "El futuro", una versión cinematográfica de Una novelita lumpen (2002), última novela publicada en vida por Bolaño (1953-2003).

"Pensamos filmar el próximo año en enero", declaró hoy en Madrid la cineasta en una entrevista con Efe, al adelantar que la cinta es una coproducción de Chile, España e Italia que se estrenará a "fines de 2011". Además, la directora chilena viajará próximamente a la Berlinale para "terminar de consolidar la producción" de "El futuro".

Scherson habló del proyecto con motivo de la presentación de sus dos filmes anteriores: "Play" (2005), estrenado en el Festival de Cine de Tribeca de Nueva York, donde ganó el Premio a la Mejor Dirección Novel; y "Turistas" (2009), nominada el pasado año a los galardones Tiger Awards del Festival de Cine de Rotterdam (Holanda). "El futuro", explicó la directora, se basa en "una novela que escribió Bolaño como por encargo para el cambio de milenio. Es una novela muy cortita, como muy de serie B. De hecho, dentro del mundo literario, es considerada una obra menor de Bolaño".

"Y yo creo que eso la hace mucho mejor material para el cine", puntualizó la realizadora, "muy tranquila" ante el desafío de rodar el filme, pese a que "hay mucha adoración y fanatismo por Bolaño, especialmente después de su muerte".

"Jamás -admitió- me animaría a adaptar (los famosos libros del autor chileno) Los detectives salvajes o 2666. Me parece que no necesitan ser adaptados al cine. Sería difícil y creo que un suicidio. No hay manera de hacer esos libros en cine".

Anteriormente, el mexicano Carlos Sama, director de "Sin ton ni Sonia" (2003), intentó trasladar a la gran pantalla Los detectives salvajes (1998), tras aseverar que había comprado los derechos de la obra antes de que estallara la "bolañomanía" con la publicación, en 2008 y en lengua inglesa, de la novela póstuma 2666 (2004). Sin embargo, el deseo de Sama se truncó después de que la viuda del escritor, Carolina López, alegara que el mexicano carece de autorización para rodar nada fundamentado en la obra de su esposo.

Scherson ha evitado ese obstáculo, pues asegura que adquirió los derechos de Una novelita lumpen en 2006, cuando estaban en poder de la agente literaria Carmen Balcells.

Los derechos "los tenía Carmen Balcells en Barcelona y partí a Barcelona a conseguirlos. No conocí a la viuda personalmente. Lo hablé con la agente literaria y se hizo un contrato", señaló la realizadora, quien subrayó que legalmente está "todo en orden".

La cineasta chilena acaba de visitar Roma, ciudad en la que se discurre la trama de Bolaño, con el fin de hallar localizaciones para el rodaje de la película, ya que "va a haber que mostrar la ciudad, aunque hay muchos interiores también".

Admiradora del director italiano Michelangelo Antonioni (1912-2007), Scherson también ha buscado en la Ciudad Eterna la inspiración de los filmes de serie B italianos de los años sesenta, para inyectar a su cinta "esa atmósfera romántica, cutre y barata".

Antes del "boom" del autor chileno, la realizadora leyó Una novelita lumpen y se sintió atraída porque "tiene un personaje femenino muy lúcido (Bianca), una adolescente huérfana que se prostituye y entra en un mundo del lumpen", pero con "una lucidez y una ironía un poco tragicómica respecto a su propia realidad".

Con su hermano y dos enigmáticos hombres, Bianca se adentra para sobrevivir en el mundo de los adultos, en el que descubre el lado más oscuro de la sexualidad y la mentira, ingredientes que encajan en el tipo de personajes inadaptados que tanto gustan a Scherson.

No cabe duda de que Alicia Scherson profesa fervor por Bolaño ("A mí me gusta mucho. Es un escritor genial"), pero difiere de la "bolañomanía", pues "convertirle en una especie de rock star intocable es un poco de exageración y muy de márketing".

31.1.10

El Tercer Reich


Bolaño difuso.


La editorial Anagrama pondrá en las librerías, el próximo día 4 de febrero, una novela inédita y primeriza de Roberto Bolaño, «El Tercer Reich», ambientada en la Costa Brava donde el autor chileno navega por los límites de la realidad, los juegos de guerra y la ficción.
Bolaño terminó de escribir «El Tercer Reich» en 1989 y la guardó en un cajón, mecanografiada. Salió a la luz en la Feria de Francfort 2008 de la mano del agente literario, Andrew Wylie, alias «El Chacal», quien gestiona los derechos de Bolaño para sus herederos.
Jorge Herralde, fundador y director de Anagrama consiguió los derechos para completar su particular «biblioteca Bolaño». Herralde presume de que toda la obra del Bolaño novelista y cuentista está actualmente en su editorial: once novelas y cuatro libros de relatos, además de algunos ensayos, discursos o su faceta poética.
«El Tercer Reich» está escrito en forma de diario y su protagonista es un joven alemán, Udo Berger, a quien la vida parece sonreirle. Nazismo, juegos, y sexo son los temas principales de esta «novela primeriza, que no de principiante», según precisó el crítico y escritor Ignacio Echevarría.

12.1.10

Una novelita lumpen


Bolaño. Fuente: estoy buscando...

En ADN cultura aparece reseñada Una novelita lumpen, aquella obra que Bolaño publicó en sus inicios, o debo decir, que escribió. Cassara, quien hace la reseña, confiesa que le ha parecido una novela "artificial y demasiado gruesa". Dice la nota:

Si bien no funciona como una regla universal, es sabido que cuanta más utilidad en el presente tiene la obra de un escritor, mayor es su costo de depreciación en el futuro. Roberto Bolaño está pagando demasiado caro las deudas adquiridas con su época y con sus contemporáneos. Hoy por hoy, toda su obra se nos presenta embargada por la verborragia del presente y aquello que podría haberlo distinguido alguna vez del rumor de la marea se está dilapidando rápidamente en manos de su agente literario y su editor, sin mencionar a sus exaltados panegiristas ibéricos ni a sus presuntos herederos latinoamericanos.

Lo peor que pudo pasarle a Bolaño es haberse "bolañizado", vale decir, haberse convertido en una caricatura de sí mismo y haber reencarnado en un fenómeno comercial, peleando cabeza a cabeza con Isabel Allende en los primeros puestos de los autores más vendidos. Se podrá objetar que ser asimilado a aquello que más aborrece es la suerte que corre todo escritor maldito. No obstante, a la espera de esa justicia poética que sólo puede dispensar el tiempo, los fanáticos del escritor de Estrella distante tendrán que hacer silencio y bostezar con Una novelita lumpen , un libro que ya desde el título -parodia de las Tres novelitas burguesas de José Donoso- bien puede leerse entre líneas como una caricatura o un cómic negro sobre las penurias, los desencantos y el despertar sexual de una adolescente -Bianca- perdida en los basureros de la posmodernidad.

La adolescencia entendida como un estado de máxima combustión poética es un tema recurrente en la narrativa de Bolaño. Basta recordar que Los detectives salvajes es una larguísima novela protagonizada exclusivamente por un club de clones mexicanos de Rimbaud y Lautréamont. Pero mientras que en Los detectives... la bancarrota moral y cultural de la vida moderna apenas aparecía esbozada en los intersticios de una historia que fluye a un ritmo endiablado, al mejor estilo de las películas sobre la mafia, en Una novelita lumpen todo -desde los personajes hasta la trama, pasando por el lenguaje y las locaciones- es deliberadamente chato, artificial y trash .

Quizás el problema radique en que la adolescencia trash que pinta Bolaño es demasiado gruesa, demasiado cerebral o literaria para ser verosímil. Del mismo modo, la calculada mezcolanza de un oscuro actor de péplum con los programas diarios de la televisión basura, la combinación de fisicoculturismo con esa pequeña dosis de pornografía que la pequeña Bianca consume diariamente junto con su hermano, parecen clisés calcados del manual básico del escritor "berreta". Ello, sumado a un intriga que coquetea vagamente con el policial y el gótico sureño de Estados Unidos, compone un extraño cóctel que podría elevar a Una novelita lumpen a la categoría de lectura para el verano, si no fuera esa clase de textos que sólo sirven para que los críticos frunzan el entrecejo y se pongan a releer las obras principales de uno de los escritores más prolíficos y polémicos de las últimas dos décadas.

Como siempre, quedará entre uno de mis estantes, entre aquellos libros para leer en el momento oportuno. Afortunadamente solo tiene 82 páginas, así que su lectura, espero, será rápida, gustativa.

20.10.09

Una novelita lumpen


La portada.

Aparece al fin la nueva -¿nueva?- novela de Roberto Bolaño...bueno, la novela que nadie quiso leer en su momento. La publica su editorial, Anagrama. Aquí les dejo los primeros párrafos de "una novelita lumpen":

I

Ahora soy una madre y también una mujer casada, pero no hace mucho fui una delincuente. Mi hermano y yo nos habíamos quedado huérfanos. Eso de alguna manera lo justificaba todo. No teníamos a nadie. Y todo había sucedido de la noche a la mañana. Nuestros padres murieron en un accidente automovilístico durante las primeras vacaciones que hicieron solos, en una carretera cercana a Nápoles, creo, o en otra horrible carretera del sur. Nuestro coche era un Fiat amarillo, de segunda mano, pero que parecía nuevo. De él sólo quedó un amasijo de hierros grises. Cuando lo vi, en el desguazadero de la policía donde había otros coches accidentados, le
pregunté a mi hermano por el color.

-¿No era amarillo?

Mi hermano dijo que sí, claro que era amarillo, pero eso fue antes. Antes del accidente. Las colisiones deforman el color o deforman nuestra manera de percibir el color. No sé qué quiso decir con eso.

Se lo pregunté. Dijo: luz... color... todo. Pensé que el pobre estaba más afectado que yo. Esa noche dormimos en un hotel y al día siguiente volvimos a Roma en tren, con lo que quedaba de nuestros padres, y acompañados por una asistente social o una educadora o una psicóloga, no lo sé, mi hermano se lo preguntó y yo no oí la respuesta pues iba mirando el paisaje por la ventana.

1.10.09

Cuento inédito de Bolaño


Bolaño, siempre.

¿Inédito? Si, inédito. Ahora lo rescata 60 watts, en su página. Les dejo el relato - un tanto largo, debo decir - que recibió el tercer áccesit del concurso Alfambra de cuento:

EL CONTORNO DEL OJO

Diario del oficial chino Chen Huo Deng, 1980.

Por Roberto Bolaño

Jueves. Una curiosa criatura parecida a una vaca gigante pero que posee un pico de pato. Las palabras del periódico se ordenaron como un acertijo infantil dentro de mi cabeza. Me levanté a las cinco de la mañana. Después de lavarme descorrí la cortina: al fondo, en las escarpadas, muy lejos de la aldea, unas fogatas me recordaron los campamentos militares de mi adolescencia. Eran los carboneros. Más allá, hacia el oeste, entre bosques y campos de cultivo, el tendido ferroviario y un tren iluminado a medias que se perdía en la noche. Martes. El comisario político de la aldea vino a visitarme. Eran las siete de la mañana y la puerta estaba abierta. Debió deducir que me hallaba despierto y entró. El hombre quedó sorprendido de encontrarme sentado en el suelo, de cara a la pared, sin ninguna prenda de vestir encima. Al volverme hacia él se puso a parpadear y musitó que lo sentía. Le dije que no importaba. Mi rostro recién afeitado contrastaba con su cara soñolienta. Luego dijo: buenos días camarada Chen, y se marchó. Me quedé un instante escuchando sus apresurados pasos sobre el camino. Jueves. Por la mañana estuvo conmigo el médico. Me preguntó cómo me sentía. Le dije que escribía un diario. Dijo que hacía años que había leído mis diarios de juventud. Le dije que el diario que ahora llevaba no era para la imprenta. He escrito muchos diarios, le dije, la mayoría fruto del cansancio, muletas para mi creación literaria. Dijo que comprendía que los poetas escribiéramos mil palabras para librar una. Le dije que en mi diario actual se libraba algo más y se rió sin comprender. Viernes. Hoy ha habido ajetreo en la aldea. Por la tarde un grupo de hombres y mujeres salió hacia el bosque que colinda con la Granja; el resto del pueblo se reunió en la biblioteca y partieron después en dirección a las escarpadas. Temí que fuera el único habitante que quedara en la aldea. Me vi a mí mismo, solo en la casa y luego vi la casa confundida entre las otras casas vacías. En la perspectiva había algo que iba mal. Salí al jardín a fumarme un cigarrillo y a pensar; en la casa de enfrente se abrió una ventana y una anciana a quien nunca antes había visto me sonrió. Permanecí allí bastante rato; observé que las plantas crecían con inusitado vigor; al final del camino un perro jugaba solo. Entrada la noche comenzaron a regresar los aldeanos. Casi nadie hablaba, a excepción de los niños que parecían alegres y excitados. Jueves. Por el camino principal de la aldea vi venir al comisario político acompañado de tres niños. Los niños conversaban entre ellos y de vez en cuando le dirigían la palabra al comisario. Pensé que iban a la Granja. Camarada Chen, sonrió el comisario al llegar a la casa, pero sin entrar, estos alumnos tienen que escribir una composición sobre tus libros, explicó: sé amable con ellos.
Camarada, dijo uno de los niños, nuestro trabajo de literatura de este mes versará sobre ti. Les dije que me halagaban, cuidándome mucho de preguntarles si había sido idea de ellos o de la maestra. Parecían unos niños muy serios. El comisario se marchó enseguida. Mientras mis huéspedes se acomodaban en el cuarto me asomé a la ventana y lo vi alejarse por el camino del pantano, la cabeza inclinada como si tuviera sobre sí un gran problema. El gris del cielo parecía enfermizo, veteado de blanco, con fosforescencias apagadas en la línea del horizonte.

Martes. Una curiosa criatura parecida a una vaca gigante pero que posee un pico de pato ha sido vista repetidas veces desde el mes de agosto en un lago volcánico cerca de la frontera con Corea. Algunos trabajadores temporeros la han podido observar a 40 metros de donde se hallaba, aunque no se sabe si es una especie acuática o anfibia, cómo vive ni por qué este raro ser no ha sido visto antes del citado mes. Miércoles. Vino a visitarme la maestra. Es una muchacha de unos 20 años. Parece frágil, pero sus ojos son fuertes y mira de una manera decidida. Hablamos poco. Los niños, la escuela, la biblioteca. Dijo que era un honor para ellos que yo viviera una temporada aquí. Le dije que estaba en la aldea por prescripción médica y luego añadí que había sufrido un trastorno nervioso considerable, que había estado internado un mes en el Hospital Militar de Nanning y que finalmente los médicos y mis superiores habían llegado a la conclusión que lo mejor para mi salud era pasar un par de meses en el campo, sin hacer nada. Dijo que ya lo sabía y que confiaba que me recuperara pronto. Luego propuso dar un paseo. Al levantarnos tuve la sensación imperceptible pero clara que estaba angustiada. Caminamos hasta una loma desde la que se divisaba la Granja. De pronto sentí deseos de volver, de estar solo. Le dije que prefería volver, que estaba cansado. Es normal, dijo ella. De vuelta a casa permanecí hasta tarde recortando noticias de diferentes periódicos. Jueves. Wan. Un niño de 11 años de edad puede ver con sus ojos, como si fueran rayos X, el corazón, los pulmones y cualquier órgano interno del ser humano. Su nombre es Shie Zo Hue, vive en la ciudad de Wan, en la provincia de Guizho, y su caso ha sido examinado por la Academia de Medicina de la provincia de Hubel. El niño puede ver, por ejemplo, en qué posición se encuentra el feto de una madre embarazada y en una ocasión adelantó que había visto mellizos en el seno de una mujer y el resultado se pudo comprobar poco después. Un grupo de investigadores científicos se ha servido del niño para hacer radiografías que serían difíciles o peligrosas por otros métodos. Shie Zo ya ha examinado en los últimos meses a 105 pacientes. Martes. La maestra me invitó a cenar. Al llegar a su casa encontré a cinco personas de las que sólo conocía al comisario político y al muchacho que baja a la ciudad tres veces a la semana en la camioneta del pueblo. Fui recibido con efusivas muestras de alegría. Durante la comida hablaron de cuestiones agrícolas. Uno de los comensales, una campesina de la Granja, dijo repetidas veces “se inunda el valle“. No supe, pese a la atención que presté a su conversación, a qué se refería. Después de la comida la maestra me llevó aparte; salimos al jardín y me preguntó qué pensaba de la guerra. Permanecí callado, estudiándola; sus ojos estaban llenos de lágrimas. Detrás de ella las colinas eran una mancha negra debajo de la luna creciente, pero al mismo tiempo era una mancha móvil, inestable. De improviso sentí que no estábamos solos: los otros se habían asomado a la ventana y desde allí nos miraban con sonrisas heladas que se aproximaban demasiado a la piedad. Martes. Me desperté a las cuatro de la mañana, sudando y con fiebre. Salí a caminar, la aldea estaba dormida y sólo se escuchaba el ladrido de un perro por el camino de la Granja. Me dirigí a la biblioteca; ésta tenía la puerta cerrada pero sin llave, como parecía ser costumbre. Encendí una pequeña lámpara, busqué papel y lápiz y me puse a escribir. Al cabo de una hora tenía sueño, pero permanecí un rato más hasta terminar el bosquejo de mi informe. Después apagué la luz, dejé todo tal como lo había encontrado y regresé a casa. Dormí hasta las nueve de la mañana. Me despertó el muchacho que regresaba de la ciudad para entregarme los periódicos.

Domingo. Pekín. Tres personas murieron pisoteadas por la multitud y otras diez resultaron heridas al final de un festival de música moderna celebrado en Pekín hace dos días con motivo de la “Fiesta de la Luna“. Hoy se reveló que la empresa encargada del parque de Beihai, donde se celebró el festival, cometió graves irregularidades que propiciaron el accidente. El recinto estaba preparado para recibir 25.000 personas, pero la administración del parque vendió exactamente hasta 50.240 entradas e invitó a otras personas, hasta completar la cifra de 60.000. Domingo. Hoy me encontré con la maestra. Era mediodía y yo estaba desde muy temprano leyendo en un claro del bosque cuando ella apareció precedida por unos cuarenta niños. Se sentó conmigo -en el claro hay bancos de madera construidos por los aldeanos- mientras sus alumnos se dedicaban a buscar hojas y musgo. Parecía cansada. Me preguntó qué leía. Se lo dije; luego permanecimos en silencio, ella evitaba mirarme. De pronto, sin levantar la vista, me preguntó cómo era la guerra. Es muy dura, le dije. Muere gente. Cuando me miró comprendí que estaba agradecida por lo que había dicho. Volvimos juntos, entre la algarabía de los niños, yo sin comprender nada. Al llegar a la puerta de mi casa nos despedimos. Sonreía, algunos pelos se le habían pegado en la frente. Me quedé inmóvil hasta que la vi desaparecer, primero las piernas, luego la cintura, los hombros, la cabeza. Sábado. Es de noche. Desde mi ventana veo los fuegos en las escarpadas. Me pregunto quiénes son los carboneros, de qué aldea, y a manera de respuesta imagino una planicie blanca. La maestra tuvo un comportamiento extraño esta tarde. Yo daba un paseo en bicicleta y ella venía con un grupo de gente por el camino del pantano. Al llegar junto a ellos algunos campesinos me advirtieron que no siguiera, que el camino era peligroso para andar en bicicleta. Les pregunté de dónde venían. Contestaron que del maizal que hay junto al pantano. Les pregunté si eso era posible, cultivar maíz junto a un pantano y dijeron que sí. Mientras hablábamos la maestra rehuyó mi mirada y al decidirme a volver con ellos se retrasó intencionadamente del grupo junto con otras dos muchachas. Al cabo de un rato de caminar volví la cabeza y en el otro extremo sólo vi dos siluetas. Iba a preguntar a los otros dónde estaba la maestra cuando observé que uno de los campesinos llevaba guantes. Este descubrimiento me trastornó hasta el punto de impedirme decir nada más durante el resto del trayecto. Ahora es de noche y tal vez un día de estos me decida a visitar las escarpadas. Los fuegos son minúsculos. En ocasiones, sin embargo, su brillo es cegador. Lunes. En la Granja todo el mundo estaba trabajando menos el muchacho de la camioneta. Me senté junto a él en el galpón y le ofrecí cigarrillos. Al terminar de fumar dijo que esta tarde iría a la ciudad, por si tenía algún encargo que hacerle aparte de los periódicos que me envían de Nanning. Le dije que no necesitaba nada. De acuerdo, dijo, un verdadero revolucionario es aquel que puede abastecerse en la cooperativa de su propio pueblo. Lo dijo sonriente, con algo de burla. Le respondí que este no era mi pueblo. Eso tiene mayor mérito, dijo. Me hubiera gustado sonreír pero no lo hice. Después de un rato me preguntó si sabía qué árboles eran los que crecían junto a la cerca. Le dije que eran almendros. Me miró con una sonrisa radiante y después me dijo que sí, en efecto eran almendros. Por un instante quedé desconcertado, luego sostuve con calma su mirada hasta que desvió los ojos. Alguien hizo sonar una taza de latón y escuché una voz detrás de mí que decía son las diez de la mañana.

Jueves. Algunos científicos se han instalado en la zona atraídos por el fenómeno y un campesino llamado Lai Jui Hua la describió en los siguientes términos: “Tiene la boca como la de un pato y la cabeza como la de una vaca, pero mucho más grande. El cuerpo también es enorme y se mueve dentro del agua provocando unas olas similares a las que producen las barcas”. He despertado con fiebre. Durante mucho rato he permanecido sentado en la cama, los ojos fijos en un punto de la pared, intentando no pensar en nada. Por el tórax me corrían hilos de sudor y sentía las tetillas frías como si me hubieran aplicado hielo. Martes. Tengo fiebre, sin embargo procuro quitarle importancia. Mientras escribía, el comisario ha venido a invitarme a una reunión de carácter político que se celebrará después de una comida campestre. Le he preguntado, un tanto molesto por haber sido interrumpido, si en esta aldea solían celebrar las reuniones después de comer en el campo. Ha titubeado y después me ha dicho que sí. Una curiosa costumbre, murmuré, y él me ha confesado que desde antes de la Revolución Cultural lo hacían así. No me he comprometido a nada y al irse el comisario he seguido escribiendo. Jueves. Han venido a visitarme dos mandos militares de la ciudad. Eran jóvenes y estaban nerviosos. Les rogué que se sentaran y me excusé de no tener nada que ofrecerles. Ellos sacaron una botella de vino y una de aguardiente que traían de regalo. Abrimos la botella de aguardiente; me trataron con deferencia y demostraron haber leído mis poemas. Uno de ellos también escribía y parecía tener talento a juzgar por los versos que recitó. De pronto me di cuenta que había olvidado quitar los recortes de periódico de la mesa e inevitablemente éstos atrajeron su atención. ¿Qué significado tiene esto?, preguntaron sonriendo. No lo sé, dije, son noticias que recorto. No insistieron y al cabo de un rato hablábamos de otras cosas. Jueves. Por la noche, antes de dormirme, saco por unos instantes los recortes y los alineo sobre la mesa. Luego me siento delante de ellos y los contemplo. Escucho apenas el vehículo de los militares que vuelven a Nanning. “El Youjiang va crecido este año”, dijo uno de ellos al despedirse. ¿Qué significado tiene esto, en realidad? El monstruo tiene pico de pato, leo. Esto no puede asombrarme ni maravillarme, sin embargo intuyo que detrás de estas palabras hay algo que puede provocarme una emoción aún mayor. Por momentos tengo la certeza de encontrarme sobre la pista, por momentos creo que sólo estoy enfermo.

Martes. Wu Yunquing, de 142 años de edad, residente en Quinghuabian, provincia de Shaanxi, pasea en bicicleta por las calles de su ciudad natal. Para Wu, el secreto de su longevidad radica en su optimismo, el ejercicio físico y una forma de vida moderada. Según él, esta moderación incluye cuatro o cinco horas diarias de sueño y, a ser posible, sentado. Recorto también la foto: en ella aparece un anciano de barba blanca, montado sobre una bicicleta, observando la cámara fotográfica. Miércoles. He asistido a la comida campestre y luego a la reunión. La comida fue abundante, hubo vino y muchos brindis. Después hubo dos oradores, el comisario político y una campesina que trabaja en la Granja. La charla de esta última fue curiosa, la traía escrita y tenía por título “¿Qué hacer cuando la lluvia nos sorprende en el camino?” A medio discurso, plagado de lugares comunes, de reiteraciones y descripciones minuciosas de herramientas y ropas de trabajo, me dormí apoyado sobre el tronco caído de un árbol. En determinado momento, a mi sueño llega su voz que dice que la persona que se viera asaltada por la lluvia debía cavar un hoyo, meterse dentro y luego cubrirse de tierra. Desperté sobresaltado. Nadie me observaba salvo el comisario político; su rostro era una extraña mezcla de ironía y miedo. Cuando la campesina finalizó su discurso esperó a que yo aplaudiera para hacerlo él. Jueves. Sobre los incidentes del parque Beihai: El jefe de seguridad de la zona había advertido a los responsables del parque que vender más entradas de las autorizadas podría provocar desórdenes…Algunas canciones de la última moda interpretadas en inglés provocaron fuerte emoción en el público juvenil… Los espectadores salieron del recinto atropelladamente y alrededor de 60 personas fueron pisoteadas…Entre los diez heridos, cuatro se encuentran graves. Jueves. El militar más joven, el poeta, dijo que la realidad era la cultura. Yo miraba por la ventana el movimiento apenas perceptible de la aldea. Por la calle principal se alejaban dos niños llevando algo entre los brazos; por el otro extremo venían dos mujeres arrastrando una carretilla; hablaban en voz alta, se reían. El otro oficial dijo algo acerca de armas bacteriológicas. No le presté atención, sólo recuerdo haber asentido mientras un ligero corrimiento, allá lejos, en las escarpadas, cautivaba mi interés. Fue algo así como si empujaran hacia un lado el paisaje y metieran en el hueco otro exactamente igual, pero nuevo. Por la noche fui a la casa del comisario. Vive con su mujer y cinco hijos, todos menores de diez años. Le pregunté qué clase de asamblea había sido la de ayer. Su mujer me miró como si los hubiera amenazado de muerte. El comisario dijo que no había sido una asamblea sino una fiesta. Al recordarle que por la tarde todos habían trabajado, añadió que se trataba de una fiesta menor. La tradición, dijo, es celebrarla durante media jornada, con una comida colectiva. Viernes. A las doce de la noche, cuando terminaba de leer un libro de divulgación científica y me disponía a revisar mis recortes de periódico, llamaron a la puerta. Permanecí sentado, quieto, no quise responder. Volvieron a llamar, muy débil, como si no quisieran molestar. Recuerdo haber cerrado los ojos, haber deseado que quienquiera que fuese creyera que no estaba, aunque la luz encendida me delataba. Después la puerta hizo un sonido de alambre al abrirse y unos pasitos menudos se deslizaron hasta detenerse a pocos metros de donde yo me hallaba. Abrí los ojos: la maestra apagó la luz y se desnudó sin decir una palabra. A tientas, guardé los recortes, dejé la carpeta sobre la mesa, descorrí la cortina, me dirigí con cuidado hacia el lecho. Sus senos eran pequeños y anchos y sollozó mientras la penetraba. Después estuvimos abrazados en la oscuridad hablando de cosas sencillas, los problemas de la escuela, la biblioteca -insistió en saber mi opinión sobre ésta-, los niños, la Granja, los carboneros que trabajaban de noche. Al llegar a este punto le pregunté por qué trabajaban de noche y no supo responderme.

Viernes. El muchacho de la camioneta llega a las ocho de la noche de Wuming. Me acerco a él para que me entregue los periódicos. Su semblante está pálido y demacrado. Con una sonrisa me dice que está enfermo. Le pregunto si ha ido al médico y dice que sí. Tiene diarrea y fiebre. Le digo que no debería conducir en ese estado. Responde que ahora se irá a la cama, apenas deje de conversar conmigo. Por la noche trabajo en la biblioteca hasta la una de la mañana. Al salir tengo la sensación de que el pueblo está vacío. A medida que camino la sensación se hace más intensa, así como el deseo de entrar en algunas casas y comprobarlo. Sin embargo, soy capaz de controlarme, de llegar hasta mi casa, de desnudarme, de pensar. Sábado. Durante la mañana revisé los recortes. El niño de Wan, el monstruo del lago, el anciano que pasea en bicicleta, los incidentes del parque de Beihai. ¿Qué tienen en común estas noticias? He recortado otras, pero las recurrentes, las que vuelven a mi memoria como señales rojas, sólo son estas cuatro. Jueves. El oficial habló de armas bacteriológicas. Le pregunté a qué clase de armas se refería. Al mirarme, su rostro se desdibujó como si una niebla azul lo envolviera. Pensé: camarada, estás desapareciendo.
Viernes. Debo mantenerme firme. Por la mañana vino a visitarme el médico. Su marcha coincidió con la llegada de la maestra. Escuché cómo se saludaban en la puerta y luego un largo silencio donde acomodé ambos rostros, inexpresivos, débiles. Al llegar a la habitación la maestra dijo que me encontraba bien. Le pregunté por qué creía eso. Respondió que el medico había dicho que mi salud era buena; además, ella sabía que escribía a diario, un excelente síntoma. Sábado. Por la tarde un primer grupo de aldeanos salió por el camino de la Granja. Poco después salió otro grupo por el camino de las escarpadas y el pueblo quedó prácticamente vacío. Esta vez quise saber adónde iban y decidí seguir al segundo grupo, por lo que cogí una bicicleta que alguien había dejado junto a la cooperativa y pedaleé en dirección a las escarpadas. Al llegar al primer recodo comprendí que no les daría alcance: en algún momento habían abandonado el camino y ahora, para alcanzarlos, debía volver atrás y encontrar el punto por el que se habían desviado. Me pareció inútil y regresé a la aldea. Al pasar por mi casa la anciana que vive enfrente abrió la ventana y sacó la cabeza como si intentara atrapar algo con la boca. Supe, recién entonces, que era ciega. Dejé la bicicleta adonde la había tomado y volví andando.

Lunes. El volcán hizo erupción tres veces entre 1597 y 1702 y las repetidas lluvias y la nieve convirtieron su cráter en un lago de 10 kilómetros cuadrados y 373 metros de profundidad. Según han manifestado los trabajadores que conocen la zona, la abundancia de microorganismos en el lago puede muy bien ser la causa de que en él vivan animales acuáticos. Las plantas del jardín dan la impresión de una inmovilidad perfecta. Pensé en la bicicleta de Wu Yunquing, en su barba blanca, casi postiza. Nacido en 1838. El día está cargado de nubes oscuras, hace calor. Por un momento he creído que los recortes se proyectaban sobre las escarpadas. He cerrado los ojos; la imagen ha tardado en diluirse. Algunas personas afirman que Shie Zo habitualmente ve a todas las personas desnudas debido a la fuerza de sus ojos. De pronto comienza a llover y sé entonces que soy el único que presta atención a lo que está ocurriendo. Esto puede ser el fin, pienso. Entonces la lluvia cesa. Lunes. Nunca podré establecer una relación entre los recortes; ¿de qué manera se prolonga la extraña criatura del lago con los disturbios del parque Beihai?¿En qué medida el portento visual del niño de Wan es el de la misma naturaleza que da la larga vida de WuYunquing? Sólo sé que suceden cosas extraordinarias. Mientras el militar más joven recitaba algo de Mao Dun observé que la vida en la aldea era idéntica a sí misma. La maestra salía de la escuela rodeada de niños y miraba en dirección a mi casa, sin verme. La camioneta de la aldea permanecía aparcada junto a la cooperativa. Más lejos jugaban dos cachorros de perro, y un niño, con una pala en la mano, los observaba. El color del cielo nuevamente era gris y por el lado de las escarpadas exhibía unas franjas fosforescentes, repugnantes, como si esa parte del cielo estuviera leprosa. Sin perder la sangre fría corrí hacia el patio trasero y vomité. Sentía una profunda piedad imprecisa. Los oficiales salieron en mi búsqueda e intentaron llevarme al baño, pero no lo permití. Me bastó mirarlos, con los labios aún manchados de bilis, para que no avanzaran un paso más. Después mentí: he perdido la costumbre de beber, dije. Lunes. No estoy enfermo. Mi nombre es conocido en las provincias de mi país. Tengo 45 años y desde los 15 sirvo en el ejército. He recibido múltiples condecoraciones. A los 25 años publiqué mi primer libro y desde entonces mi producción literaria ha sido ininterrumpida. Soy sano y fuerte, me he demostrado que puedo resistir el hambre y el dolor. Durante seis años residí en Vietnam donde fui consejero del ejército popular en la lucha contra los imperialistas y sus lacayos. Viví en Hoa Binh y Phat Diem; en 1971 fui herido en una aldea cercana a Phu Dien Chau y retorné a mi país. En 1979, durante el conflicto bélico chino-vietnamita, combatí contra mis antiguos aliados. Mi división estaba acuartelada en Jinxi y yo pertenecía al estado mayor. Al terminar la guerra fui destinado a Ningming, cerca de la frontera y, al poco tiempo enfermé. Estuve en el Hospital Militar de Nanning donde mi recuperación fue rápida; luego, por deseo de los médicos y con el beneplácito de mis superiores, fui enviado a esta aldea para descansar.

Viernes. Desde las cinco de la mañana hasta las doce he permanecido sentado en el suelo, desnudo, intentando pensar. Es difícil; a veces el cuerpo parece un agujero y todo lo demás, las ideas, las palabras, los descubrimientos, se asemejan a las joyas, hermosas pero innecesarias. Si tuviera tiempo, conjeturé, me gustaría trasladarme a Pekín e investigar a fondo los incidentes del parque Beihai. Una sola pregunta: ¿quiénes autorizaron la venta de entradas? ¿Y para qué? Esta segunda pregunta, por supuesto, podría contestarla si pudiera interpretar correctamente los recortes. Sábado. Salí por la mañana. Conseguí una bicicleta en el taller de la Granja y partí de inmediato. El muchacho de la camioneta me vio abandonar el pueblo y gritó algo inaudible. Me volví a mirarlo, no me detuve. Corrió un trecho detrás de mí pero al cabo de unos minutos abandonó; por el espejo retrovisor alcancé a ver que me decía adiós con los brazos. Pedaleé durante unas tres horas en dirección a las escarpadas y me detuve a descansar. Estaba empapado de transpiración pero me sentía bien. La bicicleta era vieja y tenía el cuadro oxidado, pero aguantaría; era pesada y resistente, de las construidas hace mucho. A mediodía llegué a una colina escasa de vegetación desde donde vislumbré una aldea. Saqué los prismáticos y enfoqué las calles durante un rato. Ni una sola persona, ni un solo movimiento. Un kilómetro más adelante el camino se bifurcaba. Una senda, casi techada por el bosque, llevaba a la aldea; la otra seguía hacia las escarpadas. Noté la ausencia de sonidos, la quietud que parecía colgar de las ramas más altas de los árboles. Pensé textualmente: la quietud cuelga de una rama, y tuve un acceso de desmayo. Me sostuve, perplejo, como si estuviera en un bosque de adivinanzas y no debiera perder el buen juicio. Al cabo volví a montar en la bicicleta y me alejé en dirección a las escarpadas.

Martes. La maestra vino a mediodía. Traía composiciones que sus alumnos habían realizado sobre mi literatura. Me las extendió, sonriendo, y esperó a que las leyera. ¿Qué te parecen? Camarada, le dije, me dan ganas de llorar. Pues llora, dijo ella. Nos desnudamos e hicimos el amor. Después ella dijo riendo que nunca lo había hecho a esa hora. Por el marco de la ventana vi un cielo gris, de un brillo opaco, y pensé que era extraño que no me estremeciera. Martes. Al caer la noche la maestra volvió a casa. Comimos juntos, lavamos los platos, nos sentamos a trabajar en la misma mesa; ella preparaba sus clases y yo escribía los últimos párrafos de mi informe. En el silencio de la medianoche escuché pasos de gente que iban a la casa vecina. Le pregunté qué ocurría. Dijo que la anciana ciega estaba enferma. A los pocos minutos el silencio se había restablecido. ¿Era el médico?, pregunté. No, dijo, el médico vive en Wuming, era gente del pueblo. Me acosté pensando en la vieja. Por el hueco de la cortina veía a la maestra inclinada sobre la mesa. Cerré los ojos y sonreí, los niños habían escrito “optimismo y confianza en el futuro”. Intenté recordar, ignoro por qué razón , el rostro del joven oficial y poeta, y en su lugar aparecieron las siluetas de los niños que rodeaban al comisario político al final del camino. Cuando la maestra vino a la cama me había dormido. Temblaba, me contó ella al día siguiente. Me sentía feliz. Viernes. Me desperté a las seis de la mañana. Le dije a la maestra que no debería haber sido fácil para los aldeanos mi estancia aquí. Me miró sorprendida. No, dijo, los campesinos son generosos. Sólo temían que no te sintieras bien. Me siento bien, le dije. Antes de marcharse me acarició una mano. No me moví de la puerta hasta que la vi desaparecer por una calle lateral. Por todas partes se veía gente trabajando. Salí al patio trasero y me bañé con baldes de agua fría. Sentí deseos de cantar. Por supuesto, no lo hice.

Sábado. A las seis de la tarde avisté otra aldea. Desde un árbol estuve observando el pueblo con los mismos resultados que en el anterior. Era curioso, a mi derecha crecía un rumor de río, como si el Youjiang se hubiera salido de madre, aunque yo sabía que el Youjiang estaba por lo menos a 25 kilómetros a mi izquierda. El calor era insoportable y presagiaba tormenta. Esta vez resultaba inevitable pasar por el pueblo, a menos que lo rodeara, pero en este caso tenía que abandonar la bicicleta. Entré lentamente, a vuelta de rueda, temeroso de perturbar el silencio reinante. Cuando dejaba atrás la primera casa comenzó a llover. Casi al instante el agua formó una cortina tan densa que impedía cualquier atisbo de visibilidad. Dejé la bicicleta apoyada junto a un bebedero y entré corriendo en la vivienda más cercana. No fue necesario tocar, la puerta estaba abierta y un sólo vistazo me bastó para comprender que allí no vivía nadie. Cuando la lluvia amainó penetré en las otras casas: todas estaban vacías desde hacía mucho. Me senté en el suelo, bajo el alero de una de las chozas, y esperé. Había anochecido cuando decidí seguir adelante. Al ir a buscar la bicicleta observé que en las escarpadas ya estaban las primeras fogatas de los carboneros. ¿Carboneros en la provincia de Kuangsi?, ¿después de la lluvia? Saqué los prismáticos y enfoqué hacia arriba. Los fuegos apenas parpadeaban. Me sentía afiebrado, no obstante seguí. Sábado. Dos kilómetros más adelante el camino terminaba junto a un pozo. Alrededor del pozo habían limpiado una especie de explanada y en ambos lados habían bancas de madera, enmohecidas, con respaldos labrados con motivos florales. Me senté en la de la izquierda. Sabía que a mis espaldas los fuegos crepitaban aunque no pudiera oírlos. El rumor sordo del río se imponía a cualquier otro sonido.

Domingo. La tonalidad del cielo es la misma de ayer y de los días pasados. Por la mañana estuve sentado en el jardín, con un libro en las rodillas, mientras los campesinos marchaban a trabajar a la Granja o al pantano y horas después volvían de la Granja y el pantano y se saludaban al encontrarse o se detenían a hablar. A las cinco de la tarde vino puntual el muchacho de la camioneta a entregarme el paquete de periódicos. Cuando ya se iba le pregunté si se había recuperado; me miró sonriendo, sin entender. ¿Estás sano, ahora?, le grité.¡Sí!, dijo, y la camioneta se alejó camino abajo. Domingo. No he abierto el paquete de periódicos. Sé que encontraría noticias que recortar y ya no importa. Alguien se encargará de quemar los recortes que he guardado y mi diario. Tal vez alguien se adelante y no permita que eso suceda. Sospecho que ambas posibilidades tienen más de algo en común. Lunes. Me disponía a dar un paseo cuando llegó el comisario. Le dije que quería caminar, que si a él no le molestaba podíamos dar un paseo juntos. Aceptó encantado. Tomamos el camino de la Granja hasta llegar al bosque. Dígame, le pregunté, cómo se llama esta bosque. El comisario sonrió con timidez. No tiene nombre, dijo. Nos sentamos a hablar en el claro. La conversación fue parca. El comisario miraba beatíficamente las ramitas esparcidas en la tierra mientras yo buscaba las ramas más altas, los pedazos inseguros de cielo. Casi un símbolo, medité. Al anochecer volvimos a paso lento a la aldea. Lunes. Me asomé a la ventana de la casa vecina. La oscuridad no era total y pude ver a la anciana sentada en una silla mientras un niño vigilaba la sartén sobre un hornillo de leña. Buenas noches, dije, me alegra verla repuesta. ¿Quién es?, dijo la anciana. El niño miró sonriendo y después siguió atento a lo que cocinaba. Mi nombre es Chen Huo Deng, dije. Ah, el soldado, suspiró ella. Soy una vieja asmática pero no puedo morirme todavía. Eso está bien, dije. Lunes. Sobre la mesa he dejado en orden todo cuanto he escrito estos días. Aquí está mi informe atrasado y cinco poemas. Sobre la mesa quedará asimismo este diario. No oculto nada. (Además, sería inútil.) Junto a mis papeles he dejado una breve nota señalando que éstos deben ser entregados al estado mayor del ejército, en Nanning. La casa, que tan amablemente me fuera prestada por el comité del partido de esta aldea, la devuelvo en las mismas condiciones en que me fue cedida. Por lo demás, todo lo que tengo es del Ejército. Ahora saldré a caminar, ya ha pasado medianoche, hasta llegar al bosque. Espero tener la paciencia de buscar una rama alta y resistente, escondida en el follaje, y colgarme.

22.9.09

¿Bolaño endiosado?


Bolaño.

Me lo he preguntado algunas veces. Unos me dicen que si, que Roberto Bolaño está mitificado, que su prosa no es suficiente para generar tanto movimiento literario. Yo simplemente me remito a las lecturas de sus libros. Esa pérdida de aliento que tuve al leer Los detectives Salvajes, ese cataclismo al leer uno de sus libros de cuentos, esa admiración a algunos ensayos cortos que terminó escribiendo, y ese personaje tan único, tan brillante, tan maravilloso que fue el mismo Bolaño. Tales situaciones no pueden quedar desapercibidas (Aunque algunos, los muchos, siguen diciendo lo mismo: Bolaño está endiosado). Les dejo esta info que aparece en el diario La nación, a propósito del bolañismo:

La tarde del 7 de febrero del 2003 hablé con Roberto Bolaño por última vez. Yo vivía en México DF y era coeditor de El Ángel , la revista cultural del diario Reforma , para la que él colaboraba con cierta regularidad. Esa tarde había muerto Augusto Monterroso, y mi jefe me ordenó reunir testimonios de distintos escritores sobre el gran cuentista guatemalteco, exiliado en México desde 1944. Bolaño era amigo de la casa, admiraba cierta literatura exquisita emparentada con la de Monterroso, conocía de primera mano la cultura mexicana y también sabía, como el autor de "El dinosaurio", lo que significaba vivir y escribir muy lejos del país natal. Para mí, llamarlo era una buena idea; para él, no tanto. Me atendió con afecto y franqueza, como siempre, y muy amablemente declinó la invitación. "Además, la próxima necrológica que te toque escribir va a ser la mía", me dijo, con un tono que entonces no supe si era de tristeza o ironía. No lo tomé en serio y le pedí que, si estaba tan seguro, la escribiera él y me ahorrara el trabajo (y el disgusto, debí agregar). Él insistió, entre risas, y ambos prometimos pensar en el artículo de su muerte. Menos de seis meses después, el 14 de julio de ese mismo año, Bolaño moría en España, víctima de una larga enfermedad hepática.

No sé por qué, esa tarde de julio, mi jefe no volvió a pedirme que reuniera opiniones de escritores, en ese caso acerca del creador de Los detectives salvajes . Yo no cumplí mi palabra, no escribí su necrológica (me gusta y me da miedo pensar que lo estoy haciendo ahora). Bolaño sí cumplió la suya, y de sobra, con 2666 , su monumental novela inconclusa, toda una necrológica enloquecida y brutal cuya última palabra es "México". En otra de las conversaciones que sostuvimos, siempre por vía telefónica, le reclamé que nunca apareciera por su teóricamente queridísimo Distrito Federal. Hasta donde yo sabía, lo más cerca que había estado de volver al país al que le debía, según sus palabras, su "formación intelectual" había sido en 1999, cuando Chile fue el invitado de honor de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL). Bolaño ya tenía su pasaje y había comprometido su participación en varias mesas literarias, pero a último momento prefirió quedarse en casa y pidió que en su lugar se invitara a Pedro Lemebel. "¿Por qué no vienes, si aquí se te admira, tienes amigos y la ciudad te encanta?", llegué a preguntarle alguna tarde. "Porque no se regresa al lugar del crimen", me respondió, otra vez, con un tono entre irónico y triste. Y otra vez, como si fuera un destino o simple irresponsabilidad, en aquella ocasión yo tampoco lo tomé en serio. Hasta ahora, cuando pienso que "México" fue la última palabra que escribió e intento ver allí una pista que delate al prófugo imposible de atrapar.

Pero, ¿cuál es el "crimen" cometido por Roberto Bolaño? ¿A quién o a quiénes afecta su "delito"? ¿Y qué huellas conviene seguir para absolverlo o condenarlo? En las calles de Barcelona, el esténcil con su retrato compite con los grafitis hiphoperos o las pintadas en favor del nacionalismo catalán. El pasado jueves 10 se presentó en Pekín la traducción al chino mandarín de Los detectives salvajes . En Estados Unidos, 2666 Time la eligió como la novela del 2008. Por esos días, la dirección de la cárcel de Huntville, en Texas, le negó el pedido de Los detectives salvajes al preso número 1.385.412, ya que el libro "transgrede el manual de orientación para reos". Un año antes, The New York Times y The Washington Post destacaron a Los detectives salvajes entre las diez mejores novelas de 2007. En octubre pasado, el temido agente literario Andrew Wylie, actual encargado de los derechos de la obra del escritor chileno, dio a conocer la aparición de El Tercer Reich , novela oculta e inédita de Bolaño, de quien su editor español, Jorge Herralde, nunca había tenido noticias. Y hace apenas tres meses se anunció que Gael García Bernal podría interpretar a Arturo Belano (álter ego de Bolaño) en la versión cinematográfica de Los detectives salvajes , dirigida por el mexicano Carlos Sama. El extraño y heterogéneo caudal de noticias a su alrededor y la creciente mitificación de su figura confirman que Bolaño se ha convertido en un fenómeno global de la literatura latinoamericana, un impacto que en términos de aceptación crítica en otras lenguas sólo parece comparable al que en su día conquistó Gabriel García Márquez con Cien años de soledad (1967). Si lo de Bolaño fue un crimen, hay motivos para pensarlo como un crimen perfecto.

10.9.09

Roberto Bolaño en China


Bolaño por jhonj.

La "bolañomanía" se toma tierras asiáticas. Ahora a Roberto Bolaño lo leerán en mandarín. Veamos lo que comentan en Revista Ñ:
La traducción al chino mandarín de Los detectives salvajes, la primera novela del escritor chileno Roberto Bolaño que llega a las librerías de China, fue presentada hoy en Beijing, donde destacados intelectuales chinos subrayaron el quiebre que supondrá su narrativa para los lectores de ese país. En una presentación y coloquio sobre la obra que se celebró en la Embajada de Chile en la capital china, profesores de literatura, escritores, directores de teatro y otras destacadas figuras de la cultura del país asiático disertaron sobre la obra de Bolaño, que llega a China de la mano de la editorial Shanghai Century.

El Embajador de Chile en China, Fernando Reyes Matta, y el director general de la editorial, Shi Hongjun, pronunciaron unas palabras al inicio del acto cultural, en la que destacaron la importancia de la llegada de la novela de Bolaño al país con más lectores del mundo. El embajador celebró la apuesta de la editorial shanghainesa por el fallecido autor, un vanguardista que siempre estuvo alejado de las corrientes literarias mayoritarias tanto entre la izquierda como entre la derecha, y que según él mismo decía en las entrevistas "no era querido por nadie".

Reyes Matta, que subrayó la importancia de México y España, en las que vivió gran parte de su vida, para formar su imaginario literario, también calificó la llegada de la obra de Bolaño como "un gran salto adelante en la construcción de puentes naturales entre China y América Latina".

En el coloquio, el director teatral Mou Sen destacó el ambiente de escritores y poetas del México de los años 70 y 80 que aparece en Los detectives salvajes, señalando que hoy en día hay un mundo similar en las ciudades chinas "pero todavía no ha habido nadie que lo refleje". Los asistentes al debate subrayaron que se debe dejar claro a los lectores chinos que la obra, pese a su título, no tiene nada que ver con la literatura policíaca, y que el origen latinoamericano del autor no lo vincula en modo alguno al realismo mágico que tan popular hizo la literatura hispanoamericana de la segunda mitad del siglo pasado. Bolaño, nacido en Santiago de Chile en 1953 y fallecido en Barcelona en 2003, es considerado uno de los escritores más destacados de la literatura contemporánea en español, y sus obras obtuvieron numerosos premios, desde el Rómulo Gallegos al Herralde o el National Book Critics Circle Award.

13.5.09

EL PLAGIO DE JOSE CELA


Camilo José Cela.

Bolaño, por sobre todas las cosas, nos recomendaba por favor, no leer a Camilo José Cela y a Umbral. Yo le añado a Bryce Echenique, pero quién soy yo para decirlo. El peruano es pésimo, y eso que ganó el premio Planeta, al igual que el español Cela. Esta es historia patria, pero es bueno recordarla:

Más de diez años después de que la escritora María del Carmen Formoso se querellara contra Camilo José Cela, una juez de Barcelona ha resuelto que existen indicios racionales para considerar que se cometió un delito contra la propiedad intelectual en la elaboración de la novela La cruz de San Andrés, ganadora del Premio Planeta de 1994, como informó el diario español El País este 21 de abril.

La juez argumenta su decisión en dos motivos. Por un lado, que Carmen, Carmela, Carmiña (Fluorescencia), la obra de Formoso, fue presentada el 2 de mayo de aquel año y que la obra ganadora del premio literario se presentó el 30 de junio, el último día de plazo. Por otro, que el informe pericial elaborado por Luis Izquierdo, catedrático de literatura española de la Universidad de Barcelona, “concluye que se trata de un supuesto de transformación, al menos parcial, de la obra original” en la novela ganadora de Cela.

De ello se deduce, en opinión de la juez, que La cruz de San Andrés “presenta tantas coincidencias y similitudes” con la obra de Formoso que “para realizar tal transformación la novela de la querellante hubo de ser necesariamente facilitada” a Cela “para que, tomándola como referencia o base, hiciera lo que el perito denomina aprovechamiento artístico” de aquélla. De esa manera, añade la juez, la obra de Formoso fue “transformada” por Cela “en una obra estéticamente diferente, con el sello propio de su autor, que presentada al mismo certamen literario resultaría premiada”.

24.3.09

ROBERTO BOLAÑO Y EL III REICH


Roberto Bolaño. Fuente: El país.

Mientras las editoriales de España se pelean por los derechos de autor de las novelas inéditas de Roberto Bolaño (que misteriosamente aparecieron de la nada en uno de los discos duros de su computador), Anagrama publicará una de sus primeras novelas, escrita antes de los detectives Salvajes y 2666. Se titula El tercer Reich. Esperamos verla en la feria del libro este año. (Si es que Anagrama consigue un distribuidor, ya que, por cosas de la poca lectura en Colombia, nadie se le mide). Les dejo entonces la información que aparece en El país:
Tras siete meses de arduas negociaciones, Jorge Herralde, editor de Anagrama y que ha publicado en España a Bolaño, firmará la semana próxima el contrato de edición de la obra, que lanzará en enero de 2010. "Es anterior a sus dos grandes novelas", ubica Herralde, que dice casi aliviado no saber nada de las otras dos obras inéditas, como pidiendo tiempo, sabedor de que la literatura es la literatura... y sus circunstancias.

13.3.09

LO PÓSTUMO DE BOLAÑO


Carátula de Los detectives salvajes. Fuente: Anagrama

Me encanta Roberto Bolaño. cuando leí Los detectives salvajes, esos pintorescos poetas buscando la nada, me enloquecí con el libro. Una obra gigantesca a lo James Joyce. pues me entero por la revista Ñ que ha ganado póstumamente el National Book Critics Circle Awards en la categoría de Ficción, en los Estados Unidos.
Señores a leer a Bolaño. les comento de antemano, para los que no han tenido el placer sobrenatural de leerlo. Los detectives salvajes cuenta con 624 páginas, y 2666 un poco más de mil...

9.3.09

NOVELAS INÉDITAS DE BOLAÑO


Roberto Bolaño. Fuente: Revista Ñ

Dos novelas inéditas salen a la luz del narrador chileno Roberto Bolaño. Como se sabe, Bolaño escribía a mano, luego a máquina y por último en computador. Veamos lo que nos comentan en la revista Ñ, de Argentina:
Bolaño falleció el 14 de julio del 2003. Cinco años después, el enorme puzle que constituye su archivo empieza a revelar sus tesoros. Su legado es el espejo de quien siempre escribía varias historias a la vez y desplegaba y replegaba sus relatos como cajas chinas, estructuras en vórtice, relatos yuxtapuestos. Hay notas manuscritas con los personajes que quince años más tarde emergerían en 2666.Y poemas que coinciden con sus narraciones, como El Gusano de Llamadas telefónicas. También hay diarios - de México, de Barcelona-,en cuyas hojas casi siempre aparecen operaciones aritméticas, quizás su contabilidad del número de líneas escritas o por escribir, y junto a anotaciones y reflexiones, la anotación de su menú del día.

Además de El Tercer Reich, la novela inédita anunciada por el agente Andrew Wylie, hay otras dos novelas, Diorama y Los sinsabores del verdadero policía o Asesinos de Sonora. El estudio del archivo Bolaño se realiza a efecto de catalogación e inventario y el único texto sobre el que existe por ahora la decisión de publicación es El Tercer Reich, inspirado en uno de esos wargames por los que Bolaño tenía - según confesión propia-una inexplicada debilidad. El escritor solía escribir primero a mano y después pasaba el texto a máquina. En 1995 se compró su primer ordenador y antes de morir llegó a tiempo de transcribir en formato digital unas 60 páginas de las 350 mecanoscritas, lo que indica su voluntad de dar por concluida la novela.

Sucede en la Costa Brava, donde Udo Berger, campeón de juegos de rol alemán, tras cruzarse con personajes siniestros, libra una partida a muerte con el enigmático y desfigurado Quemado.
El futuro del archivo, un mar de libretas y cuadernos de todos los tamaños, una vez inventariado, será seguramente una universidad. Adentrarse en sus páginas requiere la paciencia del paleólogo o del domador de pulgas. El estudioso recogerá algunas perlas. Por ejemplo, Bolaño fue vigilante del camping Estrella de Mar y soñaba (Diorama)l a historia del vigilante nocturno de una sala de cine frecuentada por un público de tercera edad y cuyo propietario sentía el aliento de la mafia tras de él. El autor, que no empezó a publicar hasta los 44 años, escribía, desesperanzado: "Estoy seguro de que moriré inédito".

Borges decía que el escritor que no publica está condenado a reescribir siempre el mismo libro y Bolaño acumulaba material narrativo, con tramas que se van metamorfoseando continuamente. De uno de los legajos con una ingente cantidad de folios (Los sinsabores...) salieron ni más ni menos que Estrella distante, Los detectives salvajes y las cinco novelas de 2666. Entre el laberinto de borradores, hay una versión más reducida de Los detectives salvajes y un bloque homogéneo, que podría considerarse la sexta novela de 2666.El escritor dejó en una nebulosa por qué Amalfitano, el especialista en la obra de Benno von Archimboldi, abandonó Barcelona para ir a dar clases al fin del mundo, a Santa Teresa (trasunto de Ciudad Juárez), "un oasis de horror en medio de un desierto de aburrimiento". En el mecanoscrito hallado ahora se desvela el misterio de su fuga, un motivo sorprendente que explica muchos cabos sueltos del personaje, y que adquiere, así, a la luz de este texto, nueva dimensión.