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21.4.10

Pacheco, Premio Cervantes


Una de las grandes figuras de la poesía latinoamericana.


Durante meses, José Emilio Pacheco se encomendó al gran dios azteca Huitzilopochtli (Cortés y los suyos pensaron en llamarle Pepe, pero al final se conformaron con Huichilobos) porque no es hombre de celebraciones, ni de agasajos, ni de premios (“aunque no los he satanizado, dice, sobre todo porque no usé ninguna influencia para ganarlos”), y venir hasta España para recoger su premio no era precisamente el santo de su mayor devoción. Luego, fantaseó Pacheco con que las cenizas del volcán islandés impidieran su periplo, porque quien dijo que ni siquiera era el mejor poeta de su barrio no es hombre de fastos, aunque vengan matasellados con un ineludible “Ganador del Premio Cervantes”. Pero aquí está, y su agenda durante esta semana es casi la de un ministro y una ministra, la de Cultura, Ángeles González-Sinde, quien se vistió de presentadora bien informada, para entablar con Pacheco y con el también poeta y director de Radio Nacional Ignacio Elguero una conversación a tres bandas, y una cuarta pared, la de los periodistas.

Es Pacheco hombre sencillo, de cálida, calidísima palabra, hombre y poeta que en cada frase salva todas las distancias. “He de reconocer que no he bajado de manera muy airosa la escalera, creía que sólo se recibía así a los actores”, sonríe y se sincera ante los fotógrafos. “Poeta, siempre me he preguntado por el oficio de escribir”, le dice Sinde. “¿Qué condiciones han de darse para que alguien elija la poesía para comunicarse con los demás?”. “Sin duda –responde José Emilio Pacheco- creo que la poesía es una capacidad inherente a todos los seres humanos. Pero, desde luego cuando estás en el colegio, con catorce años y quieres formar parte de la pandilla, cómo le vas a decir a tus compañeros: soy poeta. Es más, cuando tuve mi primera cuenta bancaria, en profesión puse: Trabaja por su cuenta".

Lo que en otros es camisa apretada, estrecha y ceñida, mayormente camisa de once varas, es en Pacheco modestia, modestia que le sale del alma, humildad del que con versos como estos “Ni amor ni nada: / tan sólo ojos de cólera mirándonos” no necesita excusa alguna: “Si me pongo soñador, digamos que soy poeta debido a una palabra que ya no se usa: la vocación. Si me pongo realista, digamos que me convertí en poeta por todo lo demás que no supe hacer”.

Pacheco no se olvida en estas mañanas y tardes de gloria de sus viejos amigos (cincuenta años codo con codo) Sergio Pitol y Carlos Monsiváis, ambos enfermos. "Si el Premio se lo dieran a uno con treinta años podría disfrutarlo, pero me temo que a la edad que tengo (va para los 71) voy a tener que guardar el dinero del Cervantes para los gastos del hospital. Veo enfermo a mi amigo Monsiváis y me doy cuenta de que ése es mi porvenir inmediato. Me han llegado los 15 minutos de fama de los que hablaba Warhol, pero me han llegado cuando falta un cuarto de hora para las 12. Es decir, que tengo 15 minutos de provecho".

Ángeles González-Sinde e Ignacio Elguero pactan una pausa con el poeta, le piden que recite, aunque don José Emilio no soporte las lecturas de poemas. “Si al menos se rifase un pollo”, guasea. “La gota es un modelo de concisión: / todo el universo / encerrado en un punto de agua”. Ciencia muy exacta la de la poesía de Pacheco, con el recado de algún sabio griego bien presente: "La poesía es pintura que habla, la pintura es poesía del silencio”. Poesía que le pide al tiempo, por favor, reloj, no marques las horas, pero poesía que sabe que el tiempo es un sicario implacable: "Escribir poesía hoy en día es un absoluto misterio, porque todo está en contra. Se escribe en legítima defensa”.

El verso de Pacheco ilumina, pero cuando pasa a la prosa de la conversación su palabra se torna dardo: “El mundo es desastroso, cada vez peor. Las cenizas del volcán no son nada comparadas con los terremotos, con la violencia cotidiana que sufre mi tierra. Cómo me gustaría haber influido en la realidad de mi país con tanta violencia y crueldad como existe”. ¿El futuro? José Emilio Pachecho sí sabe, pero casi no contesta. “Yo no pertenezco al mundo de ustedes, yo soy de la cultura del libro impreso, y no sé qué pasará con el libro electrónico. Fíjense, hasta me asombraba ver salir un fax, pero a lo mejor, incluso a través del móvil, la tecnología sirve para que la poesía se propague más”.

Ángeles González-Sinde tendrá que volver al despacho sin escuchar de labios del poeta uno de sus poemas preferidos: “Telaraña” (Telaraña: crin de una caballo espectral, puente colgante entre el mundo de aquí y la noche que siempre está esperándonos”), pero Pacheco, caballero y poeta andante la consuela: “Esta noche tengo los libros (“Tarde o temprano”, su poesía completa en Tusquets), uno es para ti”. Eso sí que es un regalo.

20.4.10

Pacheco: tarde o temprano


José Emilio Pacheco.


José Emilio Pacheco es de aquellos poetas eternos, perdurables en la poesía latinoamericana. Recuerdo ese poema del zancudo que resulta ser más humano que el propio hombre...en fin. Desde el año pasado, y desde que le otorgaron el Premio Cervantes, las ediciones de su obra aparecen a diestra y siniestra. Por fortuna. En el diario El país de España hablan sobre su libro Tarde o temprano, donde se antologa parte de su mejor poesía. Así lo comentan:

En su poema 'La mosca juzga a Miss Universo' José Emilio Pacheco plantea, en forma de monólogo dramático, la repugnancia de una mosca por la supuesta belleza de una hermosa mujer cuyas piernas "no se curvan ni se erizan de vello" y cuyo vientre "no es inmenso ni está abombado". En otro poema, escrito muchos años antes, 'Escolio a Jorge Manrique', replica a modo de epigrama que "La mar no es el morir / sino la eterna / circulación de las transformaciones". En 'Tal por cual', advierte que esa expresión era un insulto gravísimo durante su infancia, por el que la gente se pegaba nada más oírlo, y propone, en vista de lo cambiante y misteriosa que es la gramática, convertir en insulto palabras igualmente inocentes: "lontananza, arabesco, rada, / erial, relieve, barbecho". En 'Carta a George B. Moore en defensa del anonimato' le dice a su corresponsal -quien, según el poema, le ha llamado para pedirle una entrevista- que si le han gustado sus versos "qué más da que sean míos / de otros / de nadie /. En realidad los poemas que leyó son de usted: / Usted, su autor, que los inventa al leerlos". En el 'Rap del salmón', que pertenece a su libro Como la lluvia, publicado el año pasado, escribe y casi canta: "Qué esfuerzo inútil: cada minuto / Pienso en la cuna, para mi luto" o "Roto y exhausto, muy malherido, / Llego a la poza que es meta y nido".

Son solamente algunos ejemplos de la rutilante variedad temática y formal de la poesía de José Emilio Pacheco y a la vez, de la fina constancia de su pensamiento. El sistema poético de José Emilio Pacheco está particularmente alerta ante cualquier ocasión, del tipo que sea -literaria, cultural, vivencial, imaginativa, especulativa-, para constatar, casi siempre con una ironía que suele ir acompañada de un rebufo impagable de ternura, la pequeñez del ser humano y la temporalidad de todas sus obras.

A su poesía reunida, de la que acaba de aparecer en España una nueva edición (Tusquets) que incluye sus 14 libros de poemas publicados hasta la fecha, la ha titulado, ya desde la edición del año 2000, Tarde o temprano, un nombre que parece tener insertado, como tantos de sus poemas, el tictac amenazante de un reloj y que une en un segmento común el destino irremediable de vida y poesía, es decir, la muerte y el olvido.

José Emilio Pacheco es uno de los grandes poetas del tiempo en lengua española y uno de los que mejor ha sabido poner las sílabas de nuestra época. La realidad en sus poemas es una sucesión de sobresaltos sensoriales, emocionales, intelectuales que retan con sus asedios al poeta. La poesía, tal y como se desprende de su trato con ella, es, antes que nada, clarificación, es decir, reposo e iluminación de alguna cosa, supresión de los impedimentos que hacen difícil comprenderla. En toda esa tarea hay una vigorosa voluntad de servicio a la cual la poesía se entrega con placer aportando sus combinaciones sensoriales, sus músicas particulares, su capacidad de poner, una vez y otra, el dedo en la llaga. El principal enemigo visible, o invisible, del poeta habita tanto las máscaras de la realidad como los perezosos lugares comunes del pensamiento, contra los que José Emilio Pacheco lanza la sutileza de su percepción, un sentido del humor infalible y una inteligencia golosa y trepidante que parece atreverse con todo.

20.8.09

México y José Emilio


El poeta mexicano.

No lo olviden: el viernes 21 de Agosto el mexicano estará en la Casa de Poesía Silva, a las 6:30 p.m.

La multitud que se agolpó en el auditorio de Bellas Artes en el centro de la Ciudad de México para oír la última lectura pública de Jaime Sabines en 1996, las quebradas palabras del poeta agradeciendo el fervor de un público enamorado de sus versos, son el rostro más visible de una veneración por las palabras del poema que distingue de manera sustancial la cultura viva de México. Recitales, concursos, becas, publicaciones, son la encarnación formal de un amor por el decir bello, por el ingenio verbal y la hondura existencial y paradójica del poema que encuentra en el albur y la ocurrencia graciosa su encarnación más cotidiana.

Los colores de un mercado en México, la pervivencia de las tradiciones indígenas en el idioma y la cultura de todos los días, el orgullo de sentirse perteneciendo a la misma estirpe de Nezahualcóyotl, el poeta que cantó la belleza de las flores, los pájaros, las mujeres y los hombres en las postrimerías del imperio maya, la cordialidad y el jolgorio interminable, nos hablan del poder de la poesía en este mundo de tradiciones encontradas y afirmación en la vida. Todo esto nos muestra que en México la poesía vive con hondura y naturalidad, y es una maravillosa idea que la mayor parte de los invitados de la delegación mexicana que viene a la 22 Feria Internacional del Libro de Bogotá sean poetas, creadores que encarnan el corazón de la literatura que se escribe en México.

Recordemos por eso los versos de José Gorostiza: "¡Oh inteligencia, soledad en llamas, que todo lo concibe sin crearlo!". Pocas veces las palabras del poema han dicho de una manera más precisa cómo una tradición literaria busca definición y adquiere carta de ciudadanía en el mundo del pensamiento y la creación. La soledad en llamas de Muerte sin fin, el prodigioso poema de José Gorostiza (1901-1973), convoca la rotundidad expresiva, la insatisfacción y la clara vocación por el pensamiento que distinguen a la poesía mexicana del siglo XX y ya los primeros diez años del siglo XXI, con sus matices y variantes, fuentes secretas y diferencias notorias.

La generación de Gorostiza, la de los llamados Contemporáneos (1928- 1931), creó un rasero muy alto al que la posterior tradición poética en México ha sabido llegar con solvencia y belleza. Los nombres inaugurales de Xavier Villaurrutia y Carlos Pellicer, los compañeros de generación del autor de Muerte sin fin y Canciones para cantar en las barcas, son una fuente que ha decidido el curso de un legado que encuentra en los nombres de Salvador Novo, Elías Nandino, Octavio Paz, Efraín Huerta, Jaime Sabines, José Carlos Becerra, Rosario Castellanos, Alí Chumacero, sólo por citar los nombres más destacados de una pléyade magnífica de creadores, una encarnación prodigiosa y que ha llegado a todos los rincones de la poesía que se escribe en español.

José Emilio Pacheco (1939), un heredero directo de este acervo, nos acompaña en Bogotá en el marco de la 22 Feria Internacional del Libro, hasta el 23 de agosto en Corferias, junto con una delegación que reúne algunos de los nombres más definitivos de la poesía mexicana de los últimos cincuenta años. Los poemas de José Emilio Pacheco poseen concentración, búsqueda de un habla que nace de textos precedentes, imágenes cargadas de densidad simbólica e inteligencia, en homenaje constante a una tradición que se vivifica sin cesar, creación de convenciones compartidas por una comunidad entusiasta de lectores. Canadá y México, el estrecho de Georgia y Aztlán, conviven en el espíritu que anima su poesía:

El estrecho de Georgia une y separa
de tierra firme a Aztlán
el paraíso azteca que está muerto
como Tenochtitlán
la ciudad del ombligo de la luna

Se trate del águila y el jaguar, de Norte y Sur, de recuentos incesantes de nuestra naturaleza indómita o de visiones que privilegian la historia en su capacidad de hacer poesía, de amorosos y deseantes versos donde el libro del Eclesiastés y el Cantar de los Cantares obran como fuente creadora para mostrarnos a una pareja que se ama en un hotel barato y que es, de nuevo, la Sulamita y Salomón.

Los poemas de José Emilio Pacheco se sitúan en un lugar donde la poesía es, al mismo tiempo, historia, reflexión erudita, contemporáneo descenso a lo cotidiano y continuo rehacerse del río de la lengua que se vivifica en la propia escritura del poema. El reciente Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana lo dice de manera inolvidable:

En pleno Apocalipsis aún resuena
el eco de un deseo tan hondo
como para sobrevivir miles de años
Fuerte como la muerte es el amor.

10.8.09

La fugacidad de un mexicano


El escritor José Emilio Pacheco, de visita por Colombia.

Aquí, una entrevista del escritor mexicano para la prensa argentina:

Del poema, la novela, el cuento y el artículo periodístico a la traducción, el ensayo y la antología, José Emilio Pacheco (México, 1939) ha cultivado todos los géneros imaginables de la literatura. Sus casi treinta títulos, sometidos a un riguroso artesanado formal y a una limpieza extrema de sus contenidos, han hecho de él una de las voces más inconfundibles de las letras iberoamericanas

La presente conversación tuvo lugar en su casa, con motivo de que se lo distinguiera con el prestigioso Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana 2009.

-En tu poema "Contraelegía" escribiste: "Mi único tema es lo que ya no está./ Sólo parezco hablar de lo perdido./ Mi punzante estribillo es nunca más". La "estética de la desaparición" que predican estos versos ha regido tu escritura desde hace más de medio siglo. Sin embargo, la presencia de tu obra en la literatura iberoamericana de hoy es evidente y sustancial.

-En la naturaleza efímera de las cosas no todo es negativo. Sería terrible que el mundo se hubiera detenido el 5 de mayo de 1862. Todo debe cambiar sin tregua. Estamos aquí porque desaparecieron los que estaban antes. Nos vamos para que otros ocupen nuestro lugar.

-Un paréntesis: ¿porqué escogiste ese día específico?

-El 5 de Mayo es el aniversario de la batalla de Puebla. En nuestra historia de humillaciones y derrotas es una gran excepción la victoria contra el ejército francés.

-¿De qué manera caracterizas un trabajo como el tuyo que, aun reunido en una obra voluminosa pero estricta, retrata la disolución y el caos?

-Si divides la suma de las páginas entre medio siglo de trabajo, la obra (me parece muy arrogante hablar de "obra") es todo menos voluminosa. No soy el inventor de la disolución y el caos. Además, la poesía no es un manual de autoayuda. Más bien sirve para llamar la atención sobre las cosas menos agradables del mundo. Me parece asombrosa la capacidad de Neruda para celebrar lo grato y lo placentero. La dicha y el placer son mudos. Sólo la desgracia y el sufrimiento hablan.

-Tu poesía se ha ido tornando cada vez más despojada con el paso del tiempo. ¿Partiste de la lírica para llegar a la confesionalidad?

-Nunca he hecho ni haré textos confesionales. No sé hablar de mí mismo, aunque de nosotros mismos sea nuestra ocupación predilecta. Observa el éxito de los confesionarios, los bares y los consultorios psicoanalíticos. Me limito a escribir. Celebro la facilidad con que los escritores comentan e interpretan sus libros. Para mí, tener una excesiva conciencia de lo que se escribe es paralizante. El texto sabe lo que el autor ignora.

9.7.09

Nuevo premio para José Emilio Pacheco


Un joven José Emilio Pacheco tras las sombras...

La Medalla Bellas Artes, honores en El Colegio de México (Colmex), la Medalla 1808 del Gobierno del Distrito Federal, una lectura maratónica de sus textos y hasta un concierto de rock, son algunos de los homenajes que recibió en junio el poeta mexicano José Emilio Pacheco, en ocasión de arribar, el martes 30, a su 70º aniversario.

El miércoles 24, la Sala Alfonso Reyes de El Colegio de México acogió la actividad “Rescritura en movimiento: homenaje a José Emilio Pacheco”, que consistió en dos mesas redondas, la intervención del poeta y la entrega de manos de Javier Garciadiego, director del Colmex, de una réplica de la escultura Semina motum, de Luis Palacios Kaim.

Pacheco se declaró “exhausto” de los premios literarios y homenajes por sus setenta años, aunque afirmó aceptarlos gozoso y agradecido. El escritor tomó la palabra para abordar un collage de asuntos, anécdotas y comentarios a la decena de intervenciones de investigadores que lo habían precedido, entre ellos el chileno Hugo Verani, Rafael Olea Franco, Carmen Dolores Carrillo, Ivette Jiménez de Báez, Edith Negrín, Luz Elena Gutiérrez de Velasco y María Elena Isibasi.

Habló de su relación con el Colmex y de la edición del primer libro referente a su narrativa: Ficción e historia, de Negrín, Jiménez e Ileana Morán; de El reino fantástico de los aparecidos, de Olea Franco, y de otros de próxima aparición dedicados a sus poemas y ensayos, escritos por Isibasi, Carrillo, Anthony Stanton y otros investigadores.

Pero sobre todo, el escritor, acompañado de su esposa, la escritora y periodista Cristina Pacheco, hizo gozar al público con la infinidad de detalles de la vida cotidiana que lo han deslumbrado y lo siguen llenando de asombro, como que en un puesto de periódicos su abuela le tuvo que explicar al pequeño José Emilio, ante el encabezado “El pan, por las nubes”, que ese alimento no se elevaba por los aires y que se trataba de lenguaje figurado, recurso que sería constante en el futuro escritor.

El 25, el jefe de Gobierno del Distrito Federal mexicano, Marcelo Ebrard Casaubon, otorgó a Pacheco la Medalla 1808, creada en recuerdo del Ayuntamiento donde se debatió por primera vez en la Nueva España el tema de la soberanía mexicana.

30.6.09

Jorge Edwards y José Emilio Pacheco: ganadores


José Emilio Pacheco.

Pacheco, quien cumplirá 70 años el próximo martes, es "uno de los creadores más importantes de la lengua española, pilar de las letras mexicanas y referencia obligada de varias generaciones", tal como señaló el Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA). Su labor como hombre de letras comprende la narración, poesía, ensayo, periodismo cultural, además de ser guionista, traductor y profesor.

A la ceremonia de entrega de la medalla asistieron como invitados los escritores mexicanos Margo Glantz, Elena Poniatowska y Carlos Monsiváis, y la española Francisca Noguerol. Pacheco había sido distinguido este año con el Reina Sofía de Poesía. En tanto, el chileno Jorge Edwards, ganador del Planeta-Casa de América 2008, resultó hoy elegido como Premio Internacional Fundación Cristóbal Gabarrón de las Letras correspondiente a este año.

El jurado, reunido hoy en la ciudad española de Valladolid, destacó el "excepcional compromiso literario y humano" de Edwards, de profundas convicciones democráticas acreditadas en su condición de diplomático y escritor. Jorge Edwards, que hoy cumple 78 años, "ocupa sin lugar a dudas un sitio preeminente" en las letras hispánicas de nuestros días desde la publicación de sus primeras novelas, "El peso de la noche" (1965) y especialmente de "Persona non grata" (1973), que redactó a partir de su expulsión de Cuba como diplomático de Chile en 1971. El galardón, consistente en una estatua de oro, se le entregará junto al resto de los premiados en las diferentes modalidades el próximo 9 de octubre durante una ceremonia que se celebrará en el Gran Teatro Calderón de la Barca de Valladolid.

8.5.09

PREMIO REINA SOFIA PARA JOSE EMILIO PACHECO


Jose Emilio Pacheco.

Lo recuerdo cuando recibió el premio Jose Asunción Silva ya hace unos cuantos años. Llevaba sus enormes gafas y su vestido bien puesto, con dotes de gran poeta. Efectivamente lo es. Sus poemas han influenciado a varias generaciones de líricos, y me incluyo en la lista.

El galardón, que celebra este año su XVIII edición, es convocado conjuntamente por Patrimonio Nacional y la Universidad de Salamanca, y está dotado con 42.100 euros (unos 56.000 dólares) para reconocer el conjunto de la obra de un autor vivo. Al anunciar el fallo del galardón, el presidente del jurado, Yago Pico de Coaña, presidente del Patrimonio Nacional, explicó que el premio concedido a Pacheco "no descubre a nadie", sino que ratifica una "amplia" y "sólida" trayectoria literaria.

Los poetas que concurren a este premio, uno de los más prestigiosos del género en el ámbito iberoamericano, son propuestos por instituciones académicas, universitarias y culturales de España, Portugal, Estados Unidos, Brasil y los países de Latinoamérica. Pacheco, nacido en la capital mexicana en 1939, prosista y traductor, tiene una destacada obra poética de enfoque universal, incluida desde los años cincuenta en las principales antologías latinoamericanas. Pacheco figuraba entre los favoritos para obtener este premio junto a Cristina Peri Rossi, Ernesto Cardenal y Francisco Brines.