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22.3.10

¡Bienvenido El cangrejo!


Daniel y Cerebro.


Una historia maravillosa gira en torno a la película El vuelco del cangrejo. Daniel, un hombre derrotado, busca en el pueblo La barra aquella lancha que lo sumergirá en otro mundo. El pescador "Cerebro" será el encargado de guiarlo en esa búsqueda incesante. Así la describe el Bogotá39 Ricardo Silva:

Decía el escritor norteamericano Raymond Carver que los relatos que valen la pena son aquellos que nos traen verdaderas noticias del mundo. Y eso es lo primero que puede decirse de este admirable largometraje titulado El vuelco del cangrejo: que la historia triste y sencilla que cuenta, la de un hombre que espera la llegada de una lancha en un pequeño caserío del Pacífico colombiano, presenta a los espectadores toda una forma de atravesar la vida desde un lado hasta el otro. Y que lo hace sin caer en efectismos, sin caer en exotismos, sin tomar partidos de ninguna clase. Y gracias a un grupo de actores naturales que dejan constancia de su vida en cada una de las escenas, y por medio de una serie de planos largos que son un verdadero logro.

El vuelco del cangrejo no es cine colombiano. Es una película hecha en Colombia que se saca de encima el adjetivo. Es, simplemente, cine.

Detrás de sus imágenes contundentes se encuentra el director debutante Óscar Ruiz Navia: es a su talento narrativo (que durante los últimos dos años fue un rumor dentro del gremio) al que se le deben los grandes aciertos que se ven en la pantalla. Sin embargo, habría que reconocer que sin la labor de toda una generación de gestores culturales que se ha fogueado en los principales festivales del mundo, sin el esfuerzo de esta industria modesta que justo a tiempo ha dejado de hablar del boom del cine colombiano, sin el trabajo de una serie de profesionales que han participado ya en un buen número de producciones nacionales, a El vuelco del cangrejo le habría costado mucho más ser la obra notable que es. Quiero decir que Ruiz Navia ha llegado a un lugar que por fin existe: a ese importante grupo de cineastas cinéfilos (los primeros que vienen a la mente son Javier Mejía, Andi Báiz, Carlos Moreno, Ciro Guerra, Jorge Navas y Felipe Martínez) que están dándole forma a la etapa más interesante que se haya vivido en la historia del cine producido en el país.

Todas las buenas películas son, en el fondo, películas documentales: pruebas de cómo funciona alguna parte del mundo. Y esta no es la excepción. Sin juzgar todo lo que alcanza a ver durante un poco más de una hora y media, y sin caer en la tentación de explicarnos los gestos culturales que se encuentra por el camino mientras sigue a Daniel, el protagonista derrotado, en sus encuentros con el pescador 'Cerebro', la cocinera Jazmín, el empresario 'Paisa' y la dulcísima niña Lucía, El vuelco del cangrejo logra mostrarnos cómo es la vida en ese pequeño pueblo llamado La Barra. Y su propio título, que es el nombre de uno de los pocos juegos que distraen a los niños de la comunidad, se convierte en una metáfora que puede ser interpretada de cualquier manera. Por ejemplo, como una manera de decir que hay que tener valor para no quedarse atrás de la vida. Y estamos a merced de lo que venga.

23.2.10

Semana de lanzamientos


Portada del libro de Juan Sebastían Gaviria.


MIÉRCOLES 24 DE FEBRERO:

El poeta Darío Jaramillo Agudelo presentará su libro Del amor, del olvido, de Luna libros; junto al escritor Ricardo Silva.
Lugar: Fondo de Cultura económica, Centro cultural GGM, 6 de la tarde, en la librería.

JUEVES 25 DE FEBRERO:

Noche de Los Conjurados, mi editorial. 7 p.m. en la biblioteca del Gimnasio Moderno de Bogotá (Cra 9 No. 74–99) se presentarán los poemarios Los materiales humanos del venezolano Leonardo Padrón, Navíos de Caronte de Carlos Fajardo Fajardo, Objetos que nos miran de Olga Malaver y Cicatriz Souvenir de Juan Sebastián Gaviria.

VIERNES 26 DE FEBRERO:

Universidad nacional. Centro de postgrados Ciencias humanas, salón oval.
Presentación del cuaderno Viernes de Poesía No. 72
“Un oficio” de Fernando Linero Montes
la presentación de los libros: “Los materiales humanos” de Leonardo Padrón (Venezuela)
y “Disturbio” de Miguel Ángel Manrique


26.12.09

2.500 lectores


Ricardo Silva.

Catalina Holguín expone en Arcadia lo imprevisible que resultó el año 2009 en materia editorial. Según Ricardo Silva, sólo 2.500 lectores compraron su libro. Los mismos 2.500 lectores que compran todos los libros. Son palabras de él, no mías. Me pregunto si soy yo uno más de aquella estadística, porque sí, compré algunos libros, pero no tanto como en el 2008. Hasta en la biblioteca se ve la recesión. Otra cosa, y esto va para Ricardo. Si de algo sirve, no fui yo quien compró Autogol. Vos me la regalaste, acuérdate. Dice la nota:
Necesariamente, el balance editorial del 2009 es positivo, negativo o regular, según el entrevistado. Pero asumiendo el risego que conllevan todas las generalizaciones, se podría decir que el 2009 fue un año contradictorio y confuso para la industria editorial colombiana. El caso de Alfaguara refleja justamente la divergencia de percepciones. Unos opinan que la salida de Pilar Reyes fue un gran golpe para la editorial, pero un innegable triunfo profesional. Otros, en cambio, ven con muy buenos ojos la llegada del editor Rodrigo de la Ossa, quien recibió el cargo en un período de transición particularmente difícil por la honda crisis del Grupo Prisa. Los mismos críticos de Alfaguara hablan también de ocasiones perdidas: Demasiados héroes, la nueva novela de Laura Restrepo, pasó sin un fu ni un fa, y Autogol, de Ricardo Silva, fue lanzada en multitudinario evento para luego sumirse en un aparente silencio.

Silva, en cambio, está contento con las ventas del libro (más de 2.500 ejemplares), contento con la amplísima cobertura del libro en medios y contento con la oferta que le hizo Fox para adaptar el libro a una serie de televisión. No obstante, Silva siente que Autogol era una novela con la que la editorial pudo buscar nuevas audiencias y nuevas formas de difusión. Es como si la audiencia total de literatura colombiana, opina Silva, nunca pasara de los mismos 2.500 lectores y jamás lograra cruzar el umbral lector que fácilmente cruzan los libros de coyuntura y los libros infantiles. Afirma un Silva sorprendido de la inutilidad de los medios de comunicación tradicionales: “Usted puede salir en todos los medios del país, en todos los canales y noticieros, pero la gente pregunta: ¿Cuándo va a sacar otro libro?” Más contradicciones. Muchos autores colombianos lograron importantes reconocimientos: Santiago Gamboa ganó el premio de Norma aunque su novela ha recibido en susurros de corrillo críticas pobres, que parecen ratificar que las editoriales están apostando por nombres conocidos más que por Literatura con mayúscula; las traducciones de Los informantes, de Juan Gabriel Vásquez, y Los ejércitos, de Evelio José Rosero, muy elogiadas, y Rosero ganó el premio otorgado por The Independent y también fue finalista del premio iberoamericano de obra infantil S&M; Roberto Burgos Cantor ganó el premio de novela José María Arguedas, de Casa de las Américas; y Sin Remedio, de Antonio Caballero, fue traducida al francés y recibida muy bien por crítica y lectores. Pero a pesar de estos logros, el sentimiento generalizado entre los entrevistados es negativo; editores, escritores, libreros y lectores empedernidos sienten que acá, en literatura, no pasó nada.

Los grandes
Mientras en Santillana reina la incertidumbre, en Norma la llegada de un editor con la experiencia de Gabriel Iriarte revolucionó un poco el orden de las cosas: Norma logró tentar –en una movida comercialmente agresiva– al ex director de Planeta justo en el momento en que esta casa editorial anunciaba la compra de El Tiempo. Algunos opinan que el estilo editorial de Iriarte aleja la editorial de apuestas literarias interesantes, y que lo acerca a los hábitos más comerciales de los editores catalanes, sus antiguos jefes.

Con Planeta la cosa es más clara. Todos saben que apuesta a libros de coyuntura, que fabrica premios de poca credibilidad (como el otorgado a Mauricio Vargas) y que opta por un grandísimo volumen de publicaciones (164 libros publicados en el 2008 y 126 registrados en el catálogo de ventas de enero-octubre de 2009) siguiendo el modelo económico editorial que rige en el nivel mundial, tan bien profetizado por el editor norteamericano André Schiffrin en su mítico libro La edición sin editores.

De hecho, la editora y crítica literaria Margarita Valencia, miembro del Observatorio Iberoamericano de la Edición Independiente, parece seguir de cerca el análisis de Schiffrin cuando señala que el tamaño del catálogo no es medida de calidad, sino una tendencia comercial. “Los editores -afirma Valencia- dejaron de tener tiempo para sus libros, porque el tiempo transcurrido entre el pago de los anticipos y el momento de la publicación empezó a ser muy costoso, además de que los libros tenían tan corta vida en las librerías, que no valía la pena detenerse en los detalles”.

Tal vez una anécdota reciente pueda ilustrar la transformación del libro como contenedor de conocimiento a vulgar objeto de moda: Hilo de sangre azul, la más reciente novela de la periodista Patricia Lara, con su trama fácil y efectiva, se vendió bien gracias a los buenos contactos de la autora con la prensa, que le dio un buen cubrimiento. Ahora, de cara a la navidad, a Planeta se le ha ocurrido la pintoresca idea de publicar el libro con un folleto “extra” que incluye las recetas que la protagonista de la novela cocina a lo largo de la novela. Es como cuando te venden la película Shrek con el muñeco de plástico incluido.

Los números, por su lado, confirman el panorama que todos los entrevistados intuyen: poca literatura colombiana (Alfaguara publicó solo seis novelas colombianas), pronunciado énfasis en títulos nacionales de coyuntura (Confesiones de una guerrillera, de Zenaida Rueda), cañonazos navideños (Jaque al terror, de Juan Manuel Santos) y exceso de autoayuda (Secretos de la energía positiva, de Hilda Strauss). El catálogo comercial de Intermedio-Círculo de Lectores igualmente abarca un gran número de títulos (99 en total, con 32 autores colombianos) que en su mayoría cubren temas como culinaria, conflicto armado y jurisprudencia. Comer, pelear, defenderse y rezar parecieran ser las únicas narrativas al alcance del consumidor de libros colombiano.

Los independientes
Uno de los últimos títulos publicados por la colección Libro al viento –que ya lleva 61 títulos cuidadosamente seleccionados, diseñados y editados– trae por primera vez la siguiente leyenda: “Distribución gratuita. Prohibida su venta”. Estos libros, publicados por la Secretaría de Cultura de Bogotá, se distribuyen de manera gratuita y hacen parte de un programa más amplio de promoción de lectura. Que alguien quiera vender un objeto que recibió gratis no parece raro en el país del rebusque. Raro es que alguien quiera comprarlo, y que exista demanda por un objeto animado por una filosofía anticomercial. La (¿ilegal? ¿feliz?) venta de títulos de Libro al viento muestra el éxito de un plan editorial protagonizado por la literatura. A pesar de que Libro al viento ha inspirado el surgimiento de programas similares en Medellín y Buenos Aires, en el 2010 el plan editorial de Libro al viento reducirá en un 50% su número de títulos publicados. Más contradicciones.

Por su parte, el sector independiente continuó consolidándose bajo la Red de Editoriales Independientes Colombianas, y registró el aumento del 45% en ventas con respecto al año pasado en la FIL de Bogotá. El más reciente catálogo reporta un total de 458 libros (con 79 títulos publicados este año; solo cuatro menos que en 2008) de poesía, novela, historia, ciencias sociales, arte y fotografía, y literatura infantil. Fundada en abril de 2008, REIC es una asociación de 27 editoriales independientes que busca abrir un mercado. Justamente, REIC y la Fundación Gilberto Alzate Avendaño lanzarán en diciembre un programa para promover la bibliodiversidad.

La bibliodiversidad es una metáfora que busca comprimir en una sola palabra la diversidad de libros, lectores, editores y librerías en un espacio determinado. La bibliodiversidad es además como un club de las especies en vías de extinción. Tal y como lo dice la Declaración de Editores Independientes Latinoamericanos promulgada el 29 de noviembre de 2005, la misma globalización económica que favorece la actividad comercial de grandes grupos editoriales está poniendo en peligro la creación y la diseminación de riqueza cultural de la cual son responsables editores y libreros. Un índice de bibliodiversidad podría ser el apabullante éxito de la librería del pabellón de México en la última edición de la FIL de Bogotá. Tan solo en los primeros cuatro días se vendieron 5.500 libros, por cerca de 70.000 dólares. No es de extrañar que los grandes grupos editoriales se quejaran.

Detrás de los independientes está la labor de la gerencia de literatura del Ministerio de Cultura, que con pocos recursos ha dado apoyo a la edición independiente mediante estímulos a publicaciones (Perros Bravos, de la editorial paisa Tragaluz, es una lindísima edición de cuentos cortos de Rodrigo Mora). En el 2008 y el 2009 se entregaron en total doce estímulos a pequeñas editoriales. En el 2010, explica Melba Escobar, de la gerencia de literatura, se entregarán 30 estímulos diferentes a publicaciones regionales.

Dada la importancia del apoyo otorgado por el Ministerio de Cultura, importancia reiterada por la directora ejecutiva de REIC, Carolina Cortés, y por el editor de la casa editorial independiente La Silueta, es importante que el mismo Ministerio direccione recursos en ese sentido. El próximo año el Ministerio de Cultura recibirá un aumento del 23,67% de su presupuesto en relación con el 2009 (el presupuesto más alto de esta cartera en los últimos diez años), con lo que aumenta así la esperanza de que se continúe fortaleciendo el apoyo al libro y la lectura. De otra forma, los comentarios de Ricardo Silva sobre la promoción de la lectura podrían tornarse proféticos y la literatura tendrá siempre los mismos 2.500 lectores. Muy mal para el país de mega bibliotecas que tanto nos gusta mostrar en publireportajes de Medellín y Bogotá.

24.12.09

Los libros del año, según Arcadia


Hiromi Kawakami.

De la lista rescato a Kawakami, con una bella novela, con una poesía en cada párrafo del libro; Autogol, aunque sé que Ricardo Silva no alcanzó a dejarla tal como la idealizó, todo por aquello de la presión editorial; el libro del poeta Framb, Del otro lado del jardín, con una narrativa muy sugestiva, febril, escrita con gran maestría; y claro, cómo no, el mejor libro del 2009, La geometría del agua, de Fernando Denis. La lista completa en Arcadia.

26.10.09

Encuesta sobre el Kindle, en Colombia


3.000 libros en la palma de tus manos...

La revista Semana preguntó a 50 intelectuales colombianos, entre los que se encuentran Juan Gabriel Vásquez, Héctor Abad Faciolince, Nahum Montt y el B39 Ricardo Silva, si dejarían o no los libros de papel, o más bien, si se dejarían encantar de ese aparatejo que se llama Kindle. Juzguen ustedes. La lista es larga:

Por el sí:
1. Ricardo Silva, escritor:
Sí, yo comenzaría, sin ningún problema, a sumarle a mi biblioteca física la biblioteca que alcance a almacenar mi Kindle, igual que le he sumado a mi repisa de música las canciones que tengo en mi IPod, pero, porque el objeto que es un libro me parece maravilloso, no dejaría de comprar nunca las novelas o los poemarios o los volúmenes de cuentos que quisiera tener en mis manos.

2. Rafael Baena, escritor:
Más que dispuesto, estaría encantado de hacerlo sin dudar un instante. Me serviría además como ‘back-up’ de los libros que siempre releo, y como liviano y poco aparatoso compañero de viaje, que permite pasar de la lectura de prensa a la de una novela y de regreso vuelve y juega.

3. Héctor Abad, escritor:
Tarde o temprano regalaré mis demasiados libros y seguiré leyendo en pantalla. No necesariamente en Kindle (no me gusta hacerle publicidad a ninguna marca) sino en cualquier soporte electrónico.

4. Nahum Montt, escritor:
Tener un Kindle es lo más parecido a tener un Aleph, un dispositivo mágico donde caben muchos, muchos textos al alcance de un click. Tampoco renuncio al placer de acariciar y leer los libros impresos, pero con un Kindle me puedo convertir en un lector caracol que lleva su biblioteca a cuestas.

5. Antonio Ungar, escritor:
Claro que sí usaría el Kindle o cualquier otro aparato parecido. Si es igual de liviano que un libro y la pantalla logra imitar al papel, me parece muy bueno lo de ahorrar espacio y pagar menos. La nueva tecnología permite además encontrar libros que los editores en papel tienen 'descatalogados' por el miedo a imprimirlos.

6. Manuel Kalmanovitz, periodista:
Aunque igual da pesar. La interfaz clásica del libro, tan portable, anotable, recorrible, no tiene equivalente electrónico. Pero es razonable la migración: se pueden llevar muchos libros en poco espacio, tiene bastante mejor surtido que las librerías locales y hay muchas cosas gratis (la carestía casi obscena de los libros en el país no deja de sorprender).

7. Salomón Kalmanovitz, economista:
Por la facilidad de acceso, menor precio por el ahorro de papel, oferta creciente de títulos, necesidad de menos espacio en mi biblioteca (que se ha vuelto inmanejable), tener a la mano una enorme cantidad de títulos que facilitan su citación en mis investigaciones y el mero placer de tener ahí muchos, mucho libros que quiero leer pero que nunca leeré.

8. Catalina Holguín, periodista:
He estado muy tentada a comprar el Kindle por que los libros son mas baratos, porque la oferta en libros en inglés es infinitamente mas amplia que en Colombia y porque para viajes largos es mas practico el Kindle que un cerro de libros de papel. Esto no significa que dejaria de "construir" una biblioteca de papel. Construiría mas bien una biblioteca digital paralela con libros con los que no sienta una necesidad de guardar para la posteridad.

9. Antonio García, escritor:
Porque es ecológico, porque uno puede tener muchos libros en un espacio reducido y porque sería una biblioteca portátil.

10. Hugo Chaparro, escritor:
La ciencia ficción nos alcanza. Modifica nuestros hábitos. La lectura en el papel se trasladó a la pantalla. Una tecnología que sugiere otra variante posible: hacer de la biblioteca un objeto portátil. Al libro de bolsillo lo reemplaza la estantería de bolsillo. Un mundo al alcance de la mano. ¡Y pensar que apenas estamos en el Kindle-garden!

11. Patricia Lara, escritora:
A pesar de la nostalgia que me produce el adiós a la tinta y al papel, me encantaría construir mi biblioteca con kindle: me ahorraría espacio, plata en costosas bibliotecas de madera, podria cargar mi biblioteca entera en mi cartera y dejaría de almacenar ácaros y polvo. ¡Bienvenido el kindle!

12. Rodrigo de la Ossa, editor:
Porque no dejaría de comprar libros pero quisiera un acceso más amplio, veloz y efectivo de contenidos de todo tipo. Debe ser sensacional tener una biblioteca en el bolsillo, más que un aparato.

13. Ernesto McCausland, periodista:
Sí.

14. David Roa, librero:
Sí.

15. Eduardo Posada Carbó, historiador:
En fin, ciertamente no reemplazaría la biblioteca con el Kindle, pero no creo que se excluyan. Como su encuesta no deja una tercera opción, mi respuesta parecería apuntar hacia un "Si".

16. Juan Diego Mejía, escritor:
Después de un tinto nostálgico en mi biblioteca digo que a estas alturas ya es mayor las ganas de leer que de tener libros. Hasta hace poco iban parejitas pero algo ha ocurrido en estos últimos años. Si el Kindle me abre la puerta de la biblioteca de la nueva Alejandría me quedo con el Kindle. Tal vez me dedique a conservar algunos viejos compañeros de vida en mi biblioteca, para que me acompañen a leer en el Kindle por las noches.

17. Eduardo García Aguilar, escritor:
Debemos reaccionar con el mismo entusiasmo que tuvieron los hombres de letras ante la aparición de la revolución de Gutenberg, y hace poco ante la irrupción de internet y su ampliación espectacular del conocimiento y el acceso abismal a la información. Ahora en la red llegamos en un instante a libros que antes nos eran inaccesibles. Tener en la mano el Aleph de Borges me encanta y por supuesto, así como tras Gutenberg siguen existiendo los manuscritos caligráficos monacales, pervivirán para siempre los libros de papel para los bibliómanos del futuro y sus arqueólogos...

18. Mauricio Becerra, escritor:
Porque hay muchos lugares de mi casa que merecen sacudirse cuanto antes de tantos libros apilados en torres de dudosa estabilidad. Sin embargo, creo que hay libros que seguiré leyendo en el papel como un tributo: todo Kafka. Todo Verne. Todo Steinbeck. El Quijote.

19. Daniel Samper Pizano, periodista:
Sí, pero en ningún caso dejaré de agregar y leer libros impresos. Es interesante el Kindle como complemento, sobre todo para buscar unidades en un texto (palabras, párrafos, capítulos), pero jamás reemplazaré mi biblioteca por este útil fantasma del que pueden desaparecer archivos cuando alguien mueve un botón en una estación central.

20. Alberto Casas, periodista:
Sí , lo intentaré sin prescindir de mi biblioteca actual.

21. Ana Roda, directora de la Biblioteca Nacional de Colombia:
Si. Aunque no tengo afán por abandonar el cómodo y amigable libro, supongo que a la vuelta de unos años habremos aceptado y estaremos encontrándole las ventajas a esta nueva tecnología, como nos ha pasado ya con la música, con el correo electrónico, con el internet. Aún no he leído nada en un kindle, pero si es de agradable lectura como dicen, portátil y sobre todo, si permite leer cualquier libro de la abundante oferta editorial, pues sí, acabaré utilizándolo. Pero, insisto, no tengo prisa por cambiar esta particular costumbre de la lectura en el libro.

22. Carmen de Escorcia, bibliotecóloga:
Si me hubiesen encuestado hace tres meses habría dicho que no. Pero hoy digo que SI.

23. Germán Rey, analista de medios:
Seguiré utilizando el libro físico y empezare a trabajar también con el electrónico.

Por el no:
1. Alejandro Martín, filósofo:
No, porque Kindle tiene un sistema muy restrictivo que no permite leer libros en todos los formatos, y privilegia de modo muy marcado los libros comprados en Amazon.
Buscaré otro lector de libros digitales de mayor libertad de formatos, e intentaré tener allí una buena biblioteca, a la vez que seguiré comprando libros físicos. Sin embargo, considero fundamental resaltar que los dominios más importantes que lo digital ha "quitado" a lo impreso están en internet y se consultan en los computadores personales desde hace años. Lo revolucionario es internet y el formato digital, no estos nuevos aparatos.

2. Juan Carlos Garay, escritor:
por alguna razón, la lectura en pantalla me cansa la vista más rápido que en papel. El Kindle es útil para transferir publicaciones que uno consulta puntualmente, como diccionarios o enciclopedias. Pero la narrativa le pertenece al papel. Generacionalmente, no puedo desvincular los libros de la experiencia del tacto y la ley de gravedad. Y sobre todo: el libro no tiene un sistema operativo que necesita ser actualizado, que es la excusa de Kindle para vendernos cada año nuevos modelos. El libro no caduca.

3. Andrés Felipe Solano, escritor:
Porque hay cosas que el Kindle no me permite y un libro sí: guardar un pasabordo en medio de las páginas y encontrarlo años después, usar un sello que tengo a manera de ex libris o pedirle en la playa a un boxeador que estampe su autógrafo en la primera página como lo hizo alguna vez mi padre con Kid Pambelé. Además siempre pierdo los cargadores y me molesta mucho la idea de tener que actualizar cada tanto un programa o aparato electrónico.

4. Óscar Collazos, escritor:
Porque el paisaje de las paredes de mi casa es una biblioteca de obras impresas y me llena de placer convertirme en el último ser humano que compre, toque, lea, subraye y anote libros en papel.

5. John Junieles, escritor:
Los que quieran usar ese aparato que lo hagan, tienen derecho a ser parte de una nueva tradición. La bateria de los libros de papel seguramente dura más que la del Kindle.Yo seré fiel al libro de papel y tinta, en especial a esos libros usados que parecen veteranos de guerra (es un asunto de amor). Al final lo que importa son las ideas, la libertad de expresarlas sin que te expulsen de los periódicos por hacerlo.

6. Miguel Silva, periodista:
Le tengo un amor profundo a los libros. Y seguiré comprando y atesorando libros. Pero eso no quiere decir que no fortalezca mi biblioteca con libros en lectores con Kindle. Lo que pasa es que aun están lejos estos libros electrónicos de parecerse a los libros verdaderos.

7. Carmen Barvo, editora:
Primero, porque mantengo una relación amorosa con el papel. También, puedo agregar que leo un 90% de literatura y que esta obtiene su perfección en forma de libro tradicional. A veces leo historia, biografías y uno que otro ensayo. Los libros de árboles, orquídeas y jardines, son maravillosos pero si son en papel. Cuando necesito una "referencia" recurro al internet. Reniego diariamente de la cantidad de libros que tenemos en la casa, pero no los reemplazaría por una cajita.

8. María Inés McCormick, periodista:
No. Personalmente, me cansa estar leyendo todo el tiempo en una pantalla pero pienso que el dispositivo tiene grandes virtudes. Para los que crecimos con el libro tradicional, el papel está arraigado en el inconsciente y nos cuesta trabajo desprendernos de ese soporte pero ahora los jóvenes son digitales y su realidad tiene nuevos referentes. Si el Kindle ayuda a que un joven que jamás ha leído una novela se acerque a la literatura me parece un medio tan legítimo como cualquier otro.

9. Pía Barragán, periodista:
No, no reemplazaré mi biblioteca por un Kindle. ( y los periódicos internacionales los seguiré leyendo en la pantalla de mi computador, para poder ver fotos, videos y audios.)
Mi biblioteca representa la geografía de mis 44 años... Contiene todos sus accidentes, amores, torpezas, pasiones, aprendizajes y obsesiones. Es un lugar sagrado para la memoria y el encuentro. Vive, habla, palpita y me sorprende. Cada libro encierra un misterio y una magia particulares. Y gozo con íntimo placer redescubrirlos por azar, releerlos, manosearlos y volverlos a guardar hasta el próximo encuentro, en otro rincón de mi biblioteca.

10. Julio Paredes, escritor:
Sostengo desde hace tantos años una relación física y visual con la biblioteca que de verdad no entendería otra forma. Como cualquier relación afectiva, está cifrada por lo imprecedible, con libros, por ejemplo, que aparecen de repente por ahí, en un estante, después de un rato largo. Veo en el Kindle otro apéndice supuestamente infalible y sin esas sorpresas simples que alegran.

11. Yolanda Reyes, columnista:
Porque todavía me cuesta trabajo aprender a manejar el nuevo celular. Porque aún compro discos por las carátulas y por los libritos que incluyen. Porque soy concreta, como los niños, y necesito tocar el papel y pasar las manos, al tiempo con los ojos, por las ilustraciones. Porque se me acaban de borrar mil correos del computador, por causa de un virus, y confío más en el papel que en los misterios informáticos. Porque el tamaño sí me parece importante, y el de la letra y el de cada libro son distintos, como la gente.

12. Carolina López, editora:
Porque por alguna razón siento que lo digital es perecedero y lo físico no (hablo de los libros o el contenido escrito, específicamente). Por ejemplo, cuando veo en internet una información que me interesa, o paso de la primera página de un manuscrito, o considero importante un correo, me veo en la necesidad de imprimirlos. Supongo que es cuestión de costumbre, costumbre que no pienso cambiar por ahora porque me gusta esa lógica que tengo con lo impreso en el papel, que también corresponde a la necesidad de ver los libros apilados en la biblioteca.

13. Juan Felipe Roblado, poeta:
Aparece una y otra vez la posibilidad de permitir que el papel sea sustituido por un equipo electrónico que, con las enormes ventajas que tiene, jamás ofrecerá la cercana complicidad de un libro, esa herramienta para gozar y compartir las historias que constituyen el origen de nuestros sueños, anhelos, fortalezas y temores. Isaac Asimov llega a afirmar que ese sorprendente Kindle ya existe y se llama libro.

14. Conrado Zuluaga, editor:
No estoy dispuesto a construir a partir de ahora mi biblioteca con un Kindle. Magnífico para quienes tienen que vivir actualizados con las últimas tendencias de la gerencia, la administración, las ventas, el código penal o lo avances científicos. Pero de los clásicos de la literatura y de los buenos autores de hoy -que son tan pocos- no hay y no se requieren actualizaciones.

15. Luis Fernando Charry, escritor:
Me irrita mucho (sobre todo los ojos) leer en una pantalla. Por lo demás no estaría dispuesto a salir de mi actual biblioteca, que ya está cerca de los 3000 libros.

16. Orlando Mejía, escritor:
No, porque hace 6 meses compré el PR S 700 de Sony y me pareció un desastre visual. Mi biblioteca digital alcanza varios cientos de volúmenes pero son textos antiguos que no pudieron ser configurados adecuadamente con lo que compré. Pienso que falta mucho para que hagan un modelo de lector virtual que compita, de verdad, con los libros de tinta y papel.

17. Claudia Cadena, editora:
No.

18. Juan Manuel Roca, poeta:
Los libros perseguidos en la novela de Bradbury, las páginas envenenadas de El nombre de la rosa, los libros salvados de la trituradora como los de Una soledad demasiado ruidosa, resultarán antiguallas metafóricas para el neo-riquismo del Kindle. No me niego a las diferencias: al que le sirva el Kindle que se lo chante. Yo prefiero los viejos modos de llegar a los libros. No estoy dispuesto a construir mi biblioteca de modo tan lánguido y aséptico.

19. Evelio Rosero, escritor:
Porque me parece irreemplazable el libro de papel, que es como otra piel, viva, cálida, prolongación mutua del autor y del lector.

21. Rubén Darío Vasco, bibliotecólogo:
La respuesta a la pregunta es No. Aunque considero que el kindle es un instrumento que se puede integrar paulatinamente a la cotidianidad.

22. Federico Díaz-Granados, poeta:
Sin duda los entusiastas defensores del Kindle tienen razón esgrimen sus argumentos tan ventilados por estos dìas pero, reconociendo que será un complemento para la formación de nuevos lectores, no cambio por nada del mundo el placer de ir a las librerías de viejo y oler y manosear libros de todas las texturas sin necesidad de energía y baterías y reconocerme en los que me han acompañado siempre con la alegría que entraña ver cómo crece una biblioteca real a la par de la vida misma.

23. Gloria María Rodríguez, bibliotecóloga:
Mi respuesta es NO, yo no estaría dispuesta a seguir formando mi biblioteca solo con un Kindle. Tengo muchas expectativas con su llegada, seguramente experimentaré, pero no me voy a privar del placer de tocar, abrir, oler y ver los libros de papel. Me encantaría además que en las bibliotecas públicas empezaran a hacer pequeños experimentos con el Kindle para ver como los recibe la gente.

24. Juan Gabriel Vásquez, escritor:
La respuesta es no. Porque no quiero que mi biblioteca se dañe si le cae agua, o si alguien se sienta encima, o si le entra arena. Porque no quiero que se vuelva obsoleta cada vez que a los señores fabricantes les dé por sacar una "nueva generación". Porque me parece que el libro, como la rueda, nació perfecto, el pobre. Porque los libros electrónicos me parecen objetos sin gracia, asépticos y antipáticos, gratuitamente complicados y frívolamente artificiales.

25. Nicolás Morales, editor:
No. Es cierto que generacionalmente me correspondería ser correcto y decir que si pero la respuesta es que aun creo en mi experiencia personal con el tacto y el olfato en el disfrute del libro. En otras palabras el objeto calo demasiado en mis imaginarios infantiles con padres intelectuales llenos de libros-objetos y esto fue muy perjudicial, desde este punto de vista. Es decir: seguiré con mis manías masturbatorias editoriales. Eso no quiere decir que como editor este absolutamente convencido que es irremediable el cambio tecnológico y que la digitalización de los contenidos nos forzará a todos los actores del espectro editorial a competir en los nuevos espacios multimediático y diseñar nuevas cadenas de valor entre todos ellos.

26. Carlos Castillo, columnista:
No seguiría construyendo mi biblioteca exclusivamente con el Kindle.
No he empezado a usar el Kindle. Lo haré, porque uno debe acudir a todos los recursos de lectura que sean posibles. Sin embargo, la tecnología de libros digitales todavía está en desarrollo, la disponibilidad de libros todavía es limitada y, finalmente, yo soy un vejete que todavía cree en el papel, así ácaros de los libros viejos me devoren los dedos.
Si me preguntan a mi, diría como Woddy Allen. Quizá si, quizá no y también todo lo contrario.

4.7.09

El autogol de Ricardo Silva


Ricardo Silva en su biblioteca.

El miércoles 22 de junio de 1994, a las 5:09 de la tarde, el locutor radial Pepe Calderón perdió la voz, de manera intempestiva, en plena transmisión desde el Rose Bowl de Los Ángeles, cuando el jugador colombiano Andrés Escobar hizo un gol en su propia portería.

El personaje ficticio de Calderón se apareció un buen día en la mente del escritor Ricardo Silva Romero, cuando ni siquiera tenía muy claro el argumento de su nueva novela 'Autogol', que presentó esta semana. "Tenía todos los detalles de su físico y su personalidad, pero entonces me demoré un par de años en encontrar por qué se le iba la voz. Y de pronto me encontré con que el trauma más grande que podría presenciar este hombre era el autogol de Escobar".

Luego, el escritor bogotano se trazó un plan de trabajo, pero sintió que tenía demasiado control sobre la vida del personaje central y necesitaba que se le saliera un poco de las manos. Para ello, envió un cuestionario a una cantidad de gente del mundo del fútbol. "Les pregunté: ¿cuál había sido su anécdota favorita con Pepe Calderón? Todo el mundo reaccionó como si lo conocieran con anécdotas de cocteles, de fiestas en Neiva (su tierra natal) o del Mundial del 90", comenta el también columnista de EL TIEMPO.

Entonces la novela tomó una estructura similar a la de un partido de fútbol, con un primer tiempo en el que se le derrumba la vida al protagonista, situación que lo obliga a salir a empatar en el "segundo tiempo" literario. ¿Y cuál es la mejor forma de lograrlo? Vengándose del culpable que lo dejó sin voz: Andrés Escobar.

"Alguien tenía que pagar por todo lo que le ha pasado a este locutor -explica Silva-. Pues perder la voz significa perder el trabajo y las posibilidades de reconstruir una familia que tiene medio deshecha en ese momento. Entonces, en el fondo, Calderón lo que busca es empatar el partido de su vida".

De allí que el título pueda mirarse en varios sentidos, como anota el autor de novelas como 'Parece que va a llover' y 'Tic'. "'Autogol' es la historia de Pepe, que tiene que aprender que la vida de uno está en sus propias manos y que uno no puede pasarse el resto de la vida echándole la culpa a los demás".

Sin embargo, Silva también deja en el aire la reflexión sobre esa doble moral que tanto mal le ha hecho a este país. "Yo creo que hay dos miradas morales ahí: la de la persona consistente como Andrés Escobar, que a pesar de estar en un mundo oscuro y sórdido, como era el del fútbol de ese momento, se mantuvo como una persona muy decente; y la de Pepe Calderón, ese tipo de personas que en algún momento recibe un regalito de algún dirigente, pero no le parece corrupto porque no es dinero".

'Autogol' es una invitación a preguntarse hasta qué punto se ha perdido la sensibilidad frente a determinadas situaciones que debieran horrorizar a cualquier sociedad. "Creo que la cosa moral es tan confusa que casi el referendo tendría que incluir la pregunta: ¿hay razones que justifiquen matar a una persona?", concluye el escritor.

23.3.09

ANDRÉS NEUMAN: PREMIO ALFAGUARA


Andrés Neuman.

Estoy más que feliz. Quizá lo estará más mi querido amigo Andres Neuman, ganador del premio Alfaguara de novela 2009 fallado hoy, y no es para menos. Este premio está dotado de 175.000 dólares. A Andrés lo conocí muy lejanamente en el Bogotá 39, del cual hace parte. Un pequeño autógrafo y nada más logre conseguir. El año pasado, en el festival de América aquí en Bogotá, me lo presentó Ricardo Silva, y pues si, hablamos un poco, nos sentamos a conversar sobre todo de la posibilidad de la culminación del libro en papel, ya que se viene esta nueva revolución del e-book, pero eso en este momento no importa. El caso es que le pasé mi libro, lo leyó algo (eso creo, quizá fue más cortesía), y me lo comentó (esta vez, estoy seguro, fue gentileza). No sé que poema leyó, me lamento por no recordarlo, pero es algo más que no interesa ahora. Ricardo intervino, como buenos poetas, (lo digo por ellos dos) y comenzaron a tratar el tema de la lejanía literaria. ¿Lejanía literaria? ¿Y eso con que se come? Se supone, dijo Andrés, que debemos alejarnos lo más pronto posible de nuestros propios libros, para exorcizarnos de la escritura, y comenzar a escribir algo más. Lo entendí. Terminamos el café y supe que no le volvería a ver no sé por cuánto tiempo. Odié no tener mi cámara en ese momento. (A veces, todos somos unos idiotas). Le dije a Ricardo: "Este Andrés si que es muy bacano". Ricardo simplemente respondió: "Ni el sabe lo que es: es un argentino que se las da de español, o es un español que se las da de argentino, no sabe con qué Andrés quedarse". Todo esto, para más, tampoco importa. Hablamos quizá por media hora, me dió una copia de su novela "Una vez Argentina", y nos despedimos. Un pequeño abrazo y adiós pues. Ricardo se fue con él y no hemos vuelto a hablar. Los bogotá 39 simplemente se han vuelto afamados, y está bien. No hay uno de ellos que no lo merezca, no lo digo yo, lo dice su literatura. Ahhh, querido Andrés, como me alegra este logro tuyo, un reconocimiento a tu obra. Estoy leyendo esa dedicatoria tuya en el libro que me has dado, que ahora vale un poco más que ayer...
Les dejo la información de premio Alfaguara de novela:
A este premio, que se ha fallado en la sede de la editorial Alfaguara, se han presentado un total de 523 manuscritos procedentes de España y de Latinoamérica.

El jurado estuvo presidido por Luis Goytisolo y formado por Julio Ortega, Ana Clavel, Ignacio Polanco, Gonzalo Suárez, Juan González y Carlos Franz.

Andrés Neuman, novelista, poeta y escritor de cuentos, nació en 1977 en Buenos Aires, aunque reside en Granada desde joven. Considerado uno de los autores más prometedores de los últimos años, a los 22 años publicó su primera novela, "Bariloche", a la que siguieron otras obras, tanto novelas como libros de cuentos o poesía.

"El viajero del siglo" es una obra extensa, compleja y de ambición literaria en cuyas páginas hay "un cierto temblor de irrealidad", ha afirmado el chileno Carlos Franz, miembro del jurado, una vez anunciado el fallo.

"Es una novela posmoderna en la que hay un esfuerzo por hacer una novela clásica desde nuestro tiempo", añade Franz, quien entiende que se trata de un ambicioso experimento que propone volver a mirar el siglo XIX con la perspectiva del XXI y está escrita por "alguien que conoce la tradición literaria".

Así, a través de la comparación entre el pasado y nuestro presente, analiza conflictos actuales como la emigración, el multiculturalismo, las diferencias lingüísticas y la emancipación femenina.

Andrés Neuman pretende establecer en "El viajero del siglo" un diálogo entre la Europa de la Restauración y los planteamientos de la Unión Europea; entre la educación sentimental actual y sus orígenes, entre la novela clásica y la narrativa moderna.

Neuman, quien siempre ha defendido que forma y contenido son "indistinguibles"; lo ha demostrado tanto en sus novelas: "La vida en las ventanas", y "Una vez Argentina", como en los tres libros de cuentos que ha escrito: "El que espera", "El último minuto" y "Alumbramiento".

Como poeta, el autor galardonado ha publicado: "Métodos de la noche", "El jugador de billar", "El tobogán", "La canción del antílope" y "Mística abajo". Además de editar colecciones de haikus -poesía tradicional japonesa- como "Gotas negras"; y series de sonetos.