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27.11.09

Gamboa, Serrano y Vásquez en España


Enrique Serrano.

En el Instituto Cervantes, en su sede de Tokio, fueron invitados Santiago Gamboa, Enrique Serrano y Juan Gabriel Vásquez para que comentaran la "salud" de la actual literatura colombiana. Me pregunto, ¿dónde dejaron a Evelio Rosero, en el patio trasero? La nota en la agencia EFE:

Tres escritores colombianos reivindicaron hoy en Tokio su derecho a acceder a otros mundos literarios después de Gabriel García Márquez, cuya "poderosa sombra" ha marcado la literatura moderna de Colombia. Santiago Gamboa (Bogotá, 1965), Enrique Serrano (Barrancabermeja, 1960) y Juan Gabriel Vásquez (Bogotá, 1973) participaron en un coloquio en el Instituto Cervantes sobre la literatura colombiana después de García Márquez, destinado a divulgar entre el público nipón a autores que comenzaron a publicar en los 90 con temáticas abiertas a otros mundos y otras culturas.

"La literatura colombiana no se reduce a García Márquez pero su sombra es muy poderosa y nadie quiere reducir su grandeza", resumió Enrique Serrano, autor de "Tamerlan" y "De parte de Dios", y único de los tres escritores que reside habitualmente en Colombia. Gamboa, que trabaja en la Embajada de Colombia en Nueva Delhi, explicó que los autores de su generación conquistaron "territorios con tranquilidad" más allá de América Latina, desde Europa a Asia, y dijo que no responden a los estereotipos atribuidos a Colombia: "exotismo, evasión y revolución".

En el coloquio, organizado por la Embajada de Colombia en Tokio, el autor de "Los impostores y "Hotel Pekín" reivindicó que "leer nos hace mejores, más sensibles y comprensivos", y que por ello también "es importante abrirse a otras culturas". Juan Gabriel Vásquez, cuya primera novela, "Los informadores", narra un episodio oscuro de la II Guerra Mundial, coincidió con sus compañeros en que "existe una sombra" de García Márquez, a quien calificó como la figura literaria más importante de todos los tiempos en Colombia, pero opinó que no es "territorial".

26.10.09

Encuesta sobre el Kindle, en Colombia


3.000 libros en la palma de tus manos...

La revista Semana preguntó a 50 intelectuales colombianos, entre los que se encuentran Juan Gabriel Vásquez, Héctor Abad Faciolince, Nahum Montt y el B39 Ricardo Silva, si dejarían o no los libros de papel, o más bien, si se dejarían encantar de ese aparatejo que se llama Kindle. Juzguen ustedes. La lista es larga:

Por el sí:
1. Ricardo Silva, escritor:
Sí, yo comenzaría, sin ningún problema, a sumarle a mi biblioteca física la biblioteca que alcance a almacenar mi Kindle, igual que le he sumado a mi repisa de música las canciones que tengo en mi IPod, pero, porque el objeto que es un libro me parece maravilloso, no dejaría de comprar nunca las novelas o los poemarios o los volúmenes de cuentos que quisiera tener en mis manos.

2. Rafael Baena, escritor:
Más que dispuesto, estaría encantado de hacerlo sin dudar un instante. Me serviría además como ‘back-up’ de los libros que siempre releo, y como liviano y poco aparatoso compañero de viaje, que permite pasar de la lectura de prensa a la de una novela y de regreso vuelve y juega.

3. Héctor Abad, escritor:
Tarde o temprano regalaré mis demasiados libros y seguiré leyendo en pantalla. No necesariamente en Kindle (no me gusta hacerle publicidad a ninguna marca) sino en cualquier soporte electrónico.

4. Nahum Montt, escritor:
Tener un Kindle es lo más parecido a tener un Aleph, un dispositivo mágico donde caben muchos, muchos textos al alcance de un click. Tampoco renuncio al placer de acariciar y leer los libros impresos, pero con un Kindle me puedo convertir en un lector caracol que lleva su biblioteca a cuestas.

5. Antonio Ungar, escritor:
Claro que sí usaría el Kindle o cualquier otro aparato parecido. Si es igual de liviano que un libro y la pantalla logra imitar al papel, me parece muy bueno lo de ahorrar espacio y pagar menos. La nueva tecnología permite además encontrar libros que los editores en papel tienen 'descatalogados' por el miedo a imprimirlos.

6. Manuel Kalmanovitz, periodista:
Aunque igual da pesar. La interfaz clásica del libro, tan portable, anotable, recorrible, no tiene equivalente electrónico. Pero es razonable la migración: se pueden llevar muchos libros en poco espacio, tiene bastante mejor surtido que las librerías locales y hay muchas cosas gratis (la carestía casi obscena de los libros en el país no deja de sorprender).

7. Salomón Kalmanovitz, economista:
Por la facilidad de acceso, menor precio por el ahorro de papel, oferta creciente de títulos, necesidad de menos espacio en mi biblioteca (que se ha vuelto inmanejable), tener a la mano una enorme cantidad de títulos que facilitan su citación en mis investigaciones y el mero placer de tener ahí muchos, mucho libros que quiero leer pero que nunca leeré.

8. Catalina Holguín, periodista:
He estado muy tentada a comprar el Kindle por que los libros son mas baratos, porque la oferta en libros en inglés es infinitamente mas amplia que en Colombia y porque para viajes largos es mas practico el Kindle que un cerro de libros de papel. Esto no significa que dejaria de "construir" una biblioteca de papel. Construiría mas bien una biblioteca digital paralela con libros con los que no sienta una necesidad de guardar para la posteridad.

9. Antonio García, escritor:
Porque es ecológico, porque uno puede tener muchos libros en un espacio reducido y porque sería una biblioteca portátil.

10. Hugo Chaparro, escritor:
La ciencia ficción nos alcanza. Modifica nuestros hábitos. La lectura en el papel se trasladó a la pantalla. Una tecnología que sugiere otra variante posible: hacer de la biblioteca un objeto portátil. Al libro de bolsillo lo reemplaza la estantería de bolsillo. Un mundo al alcance de la mano. ¡Y pensar que apenas estamos en el Kindle-garden!

11. Patricia Lara, escritora:
A pesar de la nostalgia que me produce el adiós a la tinta y al papel, me encantaría construir mi biblioteca con kindle: me ahorraría espacio, plata en costosas bibliotecas de madera, podria cargar mi biblioteca entera en mi cartera y dejaría de almacenar ácaros y polvo. ¡Bienvenido el kindle!

12. Rodrigo de la Ossa, editor:
Porque no dejaría de comprar libros pero quisiera un acceso más amplio, veloz y efectivo de contenidos de todo tipo. Debe ser sensacional tener una biblioteca en el bolsillo, más que un aparato.

13. Ernesto McCausland, periodista:
Sí.

14. David Roa, librero:
Sí.

15. Eduardo Posada Carbó, historiador:
En fin, ciertamente no reemplazaría la biblioteca con el Kindle, pero no creo que se excluyan. Como su encuesta no deja una tercera opción, mi respuesta parecería apuntar hacia un "Si".

16. Juan Diego Mejía, escritor:
Después de un tinto nostálgico en mi biblioteca digo que a estas alturas ya es mayor las ganas de leer que de tener libros. Hasta hace poco iban parejitas pero algo ha ocurrido en estos últimos años. Si el Kindle me abre la puerta de la biblioteca de la nueva Alejandría me quedo con el Kindle. Tal vez me dedique a conservar algunos viejos compañeros de vida en mi biblioteca, para que me acompañen a leer en el Kindle por las noches.

17. Eduardo García Aguilar, escritor:
Debemos reaccionar con el mismo entusiasmo que tuvieron los hombres de letras ante la aparición de la revolución de Gutenberg, y hace poco ante la irrupción de internet y su ampliación espectacular del conocimiento y el acceso abismal a la información. Ahora en la red llegamos en un instante a libros que antes nos eran inaccesibles. Tener en la mano el Aleph de Borges me encanta y por supuesto, así como tras Gutenberg siguen existiendo los manuscritos caligráficos monacales, pervivirán para siempre los libros de papel para los bibliómanos del futuro y sus arqueólogos...

18. Mauricio Becerra, escritor:
Porque hay muchos lugares de mi casa que merecen sacudirse cuanto antes de tantos libros apilados en torres de dudosa estabilidad. Sin embargo, creo que hay libros que seguiré leyendo en el papel como un tributo: todo Kafka. Todo Verne. Todo Steinbeck. El Quijote.

19. Daniel Samper Pizano, periodista:
Sí, pero en ningún caso dejaré de agregar y leer libros impresos. Es interesante el Kindle como complemento, sobre todo para buscar unidades en un texto (palabras, párrafos, capítulos), pero jamás reemplazaré mi biblioteca por este útil fantasma del que pueden desaparecer archivos cuando alguien mueve un botón en una estación central.

20. Alberto Casas, periodista:
Sí , lo intentaré sin prescindir de mi biblioteca actual.

21. Ana Roda, directora de la Biblioteca Nacional de Colombia:
Si. Aunque no tengo afán por abandonar el cómodo y amigable libro, supongo que a la vuelta de unos años habremos aceptado y estaremos encontrándole las ventajas a esta nueva tecnología, como nos ha pasado ya con la música, con el correo electrónico, con el internet. Aún no he leído nada en un kindle, pero si es de agradable lectura como dicen, portátil y sobre todo, si permite leer cualquier libro de la abundante oferta editorial, pues sí, acabaré utilizándolo. Pero, insisto, no tengo prisa por cambiar esta particular costumbre de la lectura en el libro.

22. Carmen de Escorcia, bibliotecóloga:
Si me hubiesen encuestado hace tres meses habría dicho que no. Pero hoy digo que SI.

23. Germán Rey, analista de medios:
Seguiré utilizando el libro físico y empezare a trabajar también con el electrónico.

Por el no:
1. Alejandro Martín, filósofo:
No, porque Kindle tiene un sistema muy restrictivo que no permite leer libros en todos los formatos, y privilegia de modo muy marcado los libros comprados en Amazon.
Buscaré otro lector de libros digitales de mayor libertad de formatos, e intentaré tener allí una buena biblioteca, a la vez que seguiré comprando libros físicos. Sin embargo, considero fundamental resaltar que los dominios más importantes que lo digital ha "quitado" a lo impreso están en internet y se consultan en los computadores personales desde hace años. Lo revolucionario es internet y el formato digital, no estos nuevos aparatos.

2. Juan Carlos Garay, escritor:
por alguna razón, la lectura en pantalla me cansa la vista más rápido que en papel. El Kindle es útil para transferir publicaciones que uno consulta puntualmente, como diccionarios o enciclopedias. Pero la narrativa le pertenece al papel. Generacionalmente, no puedo desvincular los libros de la experiencia del tacto y la ley de gravedad. Y sobre todo: el libro no tiene un sistema operativo que necesita ser actualizado, que es la excusa de Kindle para vendernos cada año nuevos modelos. El libro no caduca.

3. Andrés Felipe Solano, escritor:
Porque hay cosas que el Kindle no me permite y un libro sí: guardar un pasabordo en medio de las páginas y encontrarlo años después, usar un sello que tengo a manera de ex libris o pedirle en la playa a un boxeador que estampe su autógrafo en la primera página como lo hizo alguna vez mi padre con Kid Pambelé. Además siempre pierdo los cargadores y me molesta mucho la idea de tener que actualizar cada tanto un programa o aparato electrónico.

4. Óscar Collazos, escritor:
Porque el paisaje de las paredes de mi casa es una biblioteca de obras impresas y me llena de placer convertirme en el último ser humano que compre, toque, lea, subraye y anote libros en papel.

5. John Junieles, escritor:
Los que quieran usar ese aparato que lo hagan, tienen derecho a ser parte de una nueva tradición. La bateria de los libros de papel seguramente dura más que la del Kindle.Yo seré fiel al libro de papel y tinta, en especial a esos libros usados que parecen veteranos de guerra (es un asunto de amor). Al final lo que importa son las ideas, la libertad de expresarlas sin que te expulsen de los periódicos por hacerlo.

6. Miguel Silva, periodista:
Le tengo un amor profundo a los libros. Y seguiré comprando y atesorando libros. Pero eso no quiere decir que no fortalezca mi biblioteca con libros en lectores con Kindle. Lo que pasa es que aun están lejos estos libros electrónicos de parecerse a los libros verdaderos.

7. Carmen Barvo, editora:
Primero, porque mantengo una relación amorosa con el papel. También, puedo agregar que leo un 90% de literatura y que esta obtiene su perfección en forma de libro tradicional. A veces leo historia, biografías y uno que otro ensayo. Los libros de árboles, orquídeas y jardines, son maravillosos pero si son en papel. Cuando necesito una "referencia" recurro al internet. Reniego diariamente de la cantidad de libros que tenemos en la casa, pero no los reemplazaría por una cajita.

8. María Inés McCormick, periodista:
No. Personalmente, me cansa estar leyendo todo el tiempo en una pantalla pero pienso que el dispositivo tiene grandes virtudes. Para los que crecimos con el libro tradicional, el papel está arraigado en el inconsciente y nos cuesta trabajo desprendernos de ese soporte pero ahora los jóvenes son digitales y su realidad tiene nuevos referentes. Si el Kindle ayuda a que un joven que jamás ha leído una novela se acerque a la literatura me parece un medio tan legítimo como cualquier otro.

9. Pía Barragán, periodista:
No, no reemplazaré mi biblioteca por un Kindle. ( y los periódicos internacionales los seguiré leyendo en la pantalla de mi computador, para poder ver fotos, videos y audios.)
Mi biblioteca representa la geografía de mis 44 años... Contiene todos sus accidentes, amores, torpezas, pasiones, aprendizajes y obsesiones. Es un lugar sagrado para la memoria y el encuentro. Vive, habla, palpita y me sorprende. Cada libro encierra un misterio y una magia particulares. Y gozo con íntimo placer redescubrirlos por azar, releerlos, manosearlos y volverlos a guardar hasta el próximo encuentro, en otro rincón de mi biblioteca.

10. Julio Paredes, escritor:
Sostengo desde hace tantos años una relación física y visual con la biblioteca que de verdad no entendería otra forma. Como cualquier relación afectiva, está cifrada por lo imprecedible, con libros, por ejemplo, que aparecen de repente por ahí, en un estante, después de un rato largo. Veo en el Kindle otro apéndice supuestamente infalible y sin esas sorpresas simples que alegran.

11. Yolanda Reyes, columnista:
Porque todavía me cuesta trabajo aprender a manejar el nuevo celular. Porque aún compro discos por las carátulas y por los libritos que incluyen. Porque soy concreta, como los niños, y necesito tocar el papel y pasar las manos, al tiempo con los ojos, por las ilustraciones. Porque se me acaban de borrar mil correos del computador, por causa de un virus, y confío más en el papel que en los misterios informáticos. Porque el tamaño sí me parece importante, y el de la letra y el de cada libro son distintos, como la gente.

12. Carolina López, editora:
Porque por alguna razón siento que lo digital es perecedero y lo físico no (hablo de los libros o el contenido escrito, específicamente). Por ejemplo, cuando veo en internet una información que me interesa, o paso de la primera página de un manuscrito, o considero importante un correo, me veo en la necesidad de imprimirlos. Supongo que es cuestión de costumbre, costumbre que no pienso cambiar por ahora porque me gusta esa lógica que tengo con lo impreso en el papel, que también corresponde a la necesidad de ver los libros apilados en la biblioteca.

13. Juan Felipe Roblado, poeta:
Aparece una y otra vez la posibilidad de permitir que el papel sea sustituido por un equipo electrónico que, con las enormes ventajas que tiene, jamás ofrecerá la cercana complicidad de un libro, esa herramienta para gozar y compartir las historias que constituyen el origen de nuestros sueños, anhelos, fortalezas y temores. Isaac Asimov llega a afirmar que ese sorprendente Kindle ya existe y se llama libro.

14. Conrado Zuluaga, editor:
No estoy dispuesto a construir a partir de ahora mi biblioteca con un Kindle. Magnífico para quienes tienen que vivir actualizados con las últimas tendencias de la gerencia, la administración, las ventas, el código penal o lo avances científicos. Pero de los clásicos de la literatura y de los buenos autores de hoy -que son tan pocos- no hay y no se requieren actualizaciones.

15. Luis Fernando Charry, escritor:
Me irrita mucho (sobre todo los ojos) leer en una pantalla. Por lo demás no estaría dispuesto a salir de mi actual biblioteca, que ya está cerca de los 3000 libros.

16. Orlando Mejía, escritor:
No, porque hace 6 meses compré el PR S 700 de Sony y me pareció un desastre visual. Mi biblioteca digital alcanza varios cientos de volúmenes pero son textos antiguos que no pudieron ser configurados adecuadamente con lo que compré. Pienso que falta mucho para que hagan un modelo de lector virtual que compita, de verdad, con los libros de tinta y papel.

17. Claudia Cadena, editora:
No.

18. Juan Manuel Roca, poeta:
Los libros perseguidos en la novela de Bradbury, las páginas envenenadas de El nombre de la rosa, los libros salvados de la trituradora como los de Una soledad demasiado ruidosa, resultarán antiguallas metafóricas para el neo-riquismo del Kindle. No me niego a las diferencias: al que le sirva el Kindle que se lo chante. Yo prefiero los viejos modos de llegar a los libros. No estoy dispuesto a construir mi biblioteca de modo tan lánguido y aséptico.

19. Evelio Rosero, escritor:
Porque me parece irreemplazable el libro de papel, que es como otra piel, viva, cálida, prolongación mutua del autor y del lector.

21. Rubén Darío Vasco, bibliotecólogo:
La respuesta a la pregunta es No. Aunque considero que el kindle es un instrumento que se puede integrar paulatinamente a la cotidianidad.

22. Federico Díaz-Granados, poeta:
Sin duda los entusiastas defensores del Kindle tienen razón esgrimen sus argumentos tan ventilados por estos dìas pero, reconociendo que será un complemento para la formación de nuevos lectores, no cambio por nada del mundo el placer de ir a las librerías de viejo y oler y manosear libros de todas las texturas sin necesidad de energía y baterías y reconocerme en los que me han acompañado siempre con la alegría que entraña ver cómo crece una biblioteca real a la par de la vida misma.

23. Gloria María Rodríguez, bibliotecóloga:
Mi respuesta es NO, yo no estaría dispuesta a seguir formando mi biblioteca solo con un Kindle. Tengo muchas expectativas con su llegada, seguramente experimentaré, pero no me voy a privar del placer de tocar, abrir, oler y ver los libros de papel. Me encantaría además que en las bibliotecas públicas empezaran a hacer pequeños experimentos con el Kindle para ver como los recibe la gente.

24. Juan Gabriel Vásquez, escritor:
La respuesta es no. Porque no quiero que mi biblioteca se dañe si le cae agua, o si alguien se sienta encima, o si le entra arena. Porque no quiero que se vuelva obsoleta cada vez que a los señores fabricantes les dé por sacar una "nueva generación". Porque me parece que el libro, como la rueda, nació perfecto, el pobre. Porque los libros electrónicos me parecen objetos sin gracia, asépticos y antipáticos, gratuitamente complicados y frívolamente artificiales.

25. Nicolás Morales, editor:
No. Es cierto que generacionalmente me correspondería ser correcto y decir que si pero la respuesta es que aun creo en mi experiencia personal con el tacto y el olfato en el disfrute del libro. En otras palabras el objeto calo demasiado en mis imaginarios infantiles con padres intelectuales llenos de libros-objetos y esto fue muy perjudicial, desde este punto de vista. Es decir: seguiré con mis manías masturbatorias editoriales. Eso no quiere decir que como editor este absolutamente convencido que es irremediable el cambio tecnológico y que la digitalización de los contenidos nos forzará a todos los actores del espectro editorial a competir en los nuevos espacios multimediático y diseñar nuevas cadenas de valor entre todos ellos.

26. Carlos Castillo, columnista:
No seguiría construyendo mi biblioteca exclusivamente con el Kindle.
No he empezado a usar el Kindle. Lo haré, porque uno debe acudir a todos los recursos de lectura que sean posibles. Sin embargo, la tecnología de libros digitales todavía está en desarrollo, la disponibilidad de libros todavía es limitada y, finalmente, yo soy un vejete que todavía cree en el papel, así ácaros de los libros viejos me devoren los dedos.
Si me preguntan a mi, diría como Woddy Allen. Quizá si, quizá no y también todo lo contrario.

25.9.09

Juan Gabriel Vásquez y Onetti


Juan Carlos Onetti.

Un artículo del gran crítico Edmundo Paz Soldán, donde nos habla de Onetti. Vásquez, como siempre, con gran elocuencia, comenta el centenario del escritor uruguayo:
La semana pasada tuve la oportunidad de asistir a uno de los encuentros más originales de todos los que se han realizado este año para conmemorar el centenario de Juan Carlos Onetti. Un grupo de escritores, periodistas y críticos nos reunimos en el convento de San Benito, en Alcántara, una población extremeña a quince kilómetros de Portugal. ¿Onetti en el convento? Sí, se trataba de la sede de la fundación que auspiciaba el encuentro, pero no era motivo suficiente. El último día, sin embargo, conocimos la iglesia del convento, dejada a medias en el siglo XVI debido a que el rey requirió los servicios del arquitecto para la construcción del palacio de El Escorial, y entendimos que había algo de justicia poética en que estuviéramos allí celebrando al escritor uruguayo. Onetti era el gran escritor de los proyectos fallidos, y se hubiera sentido muy a gusto en ese convento majestuoso con una iglesia a medio hacer.

El escritor colombiano Juan Gabriel Vásquez habló de Onetti como un adelantado. Recordó un artículo de García Márquez, publicado en 1954, en el que señalaba que Joyce, Woolf y Faulkner eran los escritores necesarios para la renovación de la literatura latinoamericana; el artículo no mencionaba que ya en la década del treinta Onetti los había leído y procesado. La renovación estaba en marcha sin que Gabo lo supiera, y se había iniciado en 1939 con la publicación de El pozo, primera novela de Onetti. A esto, el escritor uruguayo Rafael Courtoisie, uno de los que más sabe sobre Onetti -tiene anécdotas para todas las ocasiones--, añadió otras influencias en la obra del inventor de Santa María: Arlt y Dos Passos. Esas primeras influencias están en las novelas fallidas de esta época -Tiempo de abrazar y Tierra de nadie--, pero Dos Passos desaparecerá pronto para dar paso a Faulkner. Arlt, en cambio, seguirá presente, y será clave para que Onetti desarrolle ese estilo que Vargas Llosa llama "crapuloso" (el narrador insulta a los personajes con frecuencia y provoca al lector mostrándole lo más deleznable de la condición humana).

La grandeza de un escritor se mide por su capacidad de permitir lecturas disímiles de su obra. Los dos días en el convento mostraron que hoy son muchos los Onetti que interesan. El peruano Santiago Roncagliolo prefiere al escritor apolítico y antiépico, autor de textos intimistas y perversos como Los adioses; ese Onetti está presente hoy en películas como Whisky y La ciénaga. El chileno Carlos Franz articula una lectura político-económica y se queda con el Onetti de El astillero y Juntacadáveres, el de los fracasados sueños de progreso ("toda Latinoamérica como un gigantesco astillero astillado, en ruinas... La empresa de la modernidad la corrompemos o bien nos viene ya corrupta-como el prostíbulo de Juntacadáveres", ha escrito Franz en un brillante artículo sobre Santa María). Yo estuve alguna vez con el Onetti existencialista y nihilista de "Bienvenido, Bob" y "El infierno tan temido", y ahora me deslumbro con un autor tan contemporáneo que en 1950, con La vida breve, se anticipaba a todos esos escritores posmo que décadas después inventarían ficciones muy conscientes de ser ficciones (el publicista Brausen inventa en su cabeza la ciudad de Santa María y luego se va a vivir allí).

Courtuoisie recordó al autor mítico de las mil anécdotas; el que alguna vez, luego de leer un relato de Cortázar ("El perseguidor"), entró al baño del piso en el que vivía y rompió un espejo de un puñetazo; a Onetti le hubiera gustado escribir ese texto. Juan Cruz y Roncagliolo coincidieron: estar en Montevideo es como visitar una versión fantasmal de Santa María. Como en un cuento de Borges, las ficciones de Onetti se van imponiendo sobre la realidad, e incluso un convento español perdido en la frontera con Portugal nos remite a sus páginas.

7.9.09

El arte de la distorsión


Portada del libro.

Cuelgo aquí uno de los excelentes ensayos del mejor narrador joven actualmente en Colombia de su último libro, El arte de la distorsión, (Si no están de acuerdo con la afirmación, propongan autores...)

La seriedad del juego (a manera de prólogo)

En estos días me llegaron, por caminos distintos, dos textos curiosamente parecidos. Se parecen en forma y en color -dos cuadernillos de color hueso-, pero además son ambos discursos, y además los pronunciaron dos escritores estrictamente contemporáneos. Uno se titula Sobre la dificultad de contar», y es el discurso de entrada a la RAE de Javier Marías; el otro es la lección magistral que hace poco dio John Banville en el marco del segundo Premio Vallombrosa, y su título es «Las personas del verano ». Ambos son breves comentarios -o mejor diré aproximaciones, y añadiré cautelosas- al extraño oficio de escribir ficción. O, para ser más preciso, ambos son declaraciones de extrañeza y al mismo tiempo de fascinación por esta actividad humana que es contar las tribulaciones de gente que nunca ha existido; y, si bien parten de lugares muy distintos (y a muy distintos lugares llegan), ambos mencionan en algún momento el carácter más que lúdico, casi pueril, del escritor de ficciones.

Marías lo hace recordando esos versos de Stevenson que tantas veces ha recordado: «No digáis de mí que, débil, decliné / los trabajos de mis mayores, y que huí del mar, / de las torres que erigimos y las luces que encendimos, para jugar en casa, como un niño, con papel». Banville usa un poema de Stevens (Wallace), con lo cual sólo un par de letras lo separan del de Marías: «Las máscaras el verano son los personajes / de un autor inhumano». Luego recuerda cómo, para el novelista principiante, la creación de personajes es la cosa más natural del mundo. «Qué fácil parecía entonces crear aquellas personitas de papel», escribe de ese principiante. «Todo el día lo pasaban su estudio, como un juguetón Frankenstein en su crepuscular laboratorio.» Y los dos, Marías y Banville, pasan entonces a recordarnos que no, que no es fácil ni natural; que, de hecho, el pacto de la ficción (por el cual los lectores deciden creer en lo que leerán, incluso a sabiendas de que todo es una gran fabricación) es la cosa más rara que existe.

11.8.09

Carlos Fuentes, el adelantado


Carlos Fuentes.

No tiene tanta gracia hablar del mexicano por estos días, después de declinar la invitación que se le hizo a la FIL Bogotá 2009 (La excusa, como la de Herralde, es la misma, y hasta puede creerse: "un repentino quebranto de salud"). Sin embargo, el apreciado Juan Gabriel Vásquez comenta un poco en la revista Arcadia en qué anda enfrascado Carlos Fuentes. Aquí la nota:
Releyendo las cartas de Julio Cortázar, ahora que se cumplen veinticinco años de su muerte, me encontré con una noticia que le da Cortázar a su editor, Francisco Porrúa. “Te anuncio confidencialmente —escribe— que Luis Buñuel quiere hacer un tríptico con Gradiva, de Jensen; Aura, de Carlos Fuentes, y Las ménades, de Julio Cortázar”. Era el 8 de octubre de 1962. La noticia emociona tanto a Cortázar que uno puede encontrar referencias al proyecto en otras cuatro cartas. Una de ellas, por ejemplo, está dirigida a Antón Arrufat, que en junio de 1963 era responsable de los Cuadernos de la Casa de las Américas en La Habana. Arrufat le había anunciado su intención de publicar Aura. “Es una maravilla de relato —dice Cortázar—. ¿Sabes que Luis Buñuel quería hacer una película con ese cuento, uno mío y otro de Jensen? Creo que los productores se aterraron tanto que le negaron el dinero, con lo cual nos quedamos todos colgados”. Por todos se refiere, presumiblemente, al director y los autores; pero también nos quedamos colgados los lectores de esos relatos. A mí, por lo menos, me hubiera parecido un acto de justicia universal que Buñuel, aquel surrealista desbocado, pusiera en pantalla la atrevida fantasmagoría de Fuentes, esas 50 páginas que hoy, 47 años después de publicadas, siguen estando entre los grandes momentos de la literatura latinoamericana. Carlos Fuentes es autor de varios de esos momentos. No podemos decir que el boom latinoamericano —lo que conocemos como boom latinoamericano— comenzara con La región más transparente, porque esa generación de novelistas es incomprensible sin la Revolución cubana (para la cual faltaba casi un año todavía) y sin la intervención de Carlos Barral (para la cual faltaban cuatro). Pero sí podemos decir que la publicación de esa novela en 1958 fue el anuncio, con altavoces y luces de neón, de una década que iba a transformar para siempre la literatura en lengua española. Esa novela que recogía las influencias de John Dos Passos y de Thomas Wolfe, que se atrevía a pensar en Joyce y en Faulkner pero también en el Hermann Broch de Los sonámbulos, rompió con varias de las lealtades más tontas que la novela latinoamericana había guardado hasta ese momento. Con algunas excepciones gloriosas —Borges, Onetti, Rulfo— la novela latinoamericana era voluntariamente provinciana, tercamente comprometida, aburridamente realista. La primera novela de Fuentes puso sobre la mesa una nueva manera de hablar de nuestros países, y un nuevo escenario para hacerlo: la ciudad. Puso sobre la mesa, también, una idea esencial: la ficción no representa la realidad, sino que inventa una nueva. En La muerte de Artemio Cruz, en Cambio de piel o en Los años con Laura Díaz, Fuentes ha inventado un México que no existía antes, que no estaba en ninguna parte, y que sin embargo se corresponde tanto con el México real que nos ayuda —de maneras ambiguas, imprecisas, laterales— a entenderlo. O mejor: nos ayuda a entender o a iluminar el punto donde se encuentran los destinos privados de los individuos y los destinos públicos de nuestra historia. Para buena parte de la mejor novela contemporánea, de Don DeLillo a Peter Carey, de Orhan Pamuk a V.S. Naipaul, ese cruce de caminos es una especie de obsesión recurrente; y Fuentes, que no ha sido ajeno a esa obsesión, ha vindicado además el derecho del novelista de ir más allá de ella. Así en Terra Nostra: Fuentes desecha las limitaciones de la historia conocida, de lo que ha ocurrido, y nos cuenta la historia desconocida, lo que hubiera podido ocurrir. Es así que debemos leer esas líneas que ya he citado en otra parte. Hacia el final de la novela fray Julián le dice al Cronista: “Deberían aliarse, en tu libro, lo real y lo virtual, lo que fue con lo que pudo ser, y lo que es con lo que puede ser. ¿Por qué habías de contarnos sólo lo que ya sabemos, sino revelarnos lo que aún ignoramos?”. De la misma novela es aquel “teatro de la memoria”, aparato medieval que proyecta sobre una pared no solo los acontecimientos que han sucedido en la historia de España, sino también todos los que hubieran podido suceder. ¿No es una descripción perfecta del oficio del novelista? ¿No son Emma Bovary o Aureliano Buendía parte de la otra historia? Cristóbal Nonato, novela publicada en 1987, nos hablaba del México de 1992; en La silla del águila, publicada en 2003, Fuentes construye un México probable en el 2020, y lo hace mediante el recurso anacrónico de la novela epistolar. Después de estas osadías, la noticia de que Fuentes escribe la novela de Carlos Pizarro no debería sorprendernos demasiado. Este nuevo proyecto —Aquiles o el guerrillero y el asesino, se titula— puede decirnos cosas de este país nuestro que nadie más nos ha dicho. La novela, sostiene Fuentes en alguna parte, es la transformación de la experiencia en conocimiento. Sobre el asesinato de Pizarro tenemos mucho de lo primero, pero lo segundo nos falta. Ahora la ficción —la ficción de Fuentes— tiene la palabra.

4.6.09

William Ospina, premio Rómulo Gallegos 2009


¿Qué piensas William, en el Rómulo Gallegos?

Dicen por ahí que algunas noticias tergiversan la información, la cambian, la omiten o simplemente comunican aquello que no es lo más importante, y quizá esto fue lo que me pasó con el premio Rómulo Gallegos. Coloco en el blog hace tan solo unas horas que Santiago Gamboa fue seleccionado para optar al premio venezolano, y se me olvida el gran William Ospina. Pues el poeta y ahora narrador William Ospina acaba de sermerecedor del premio Rómulo Gallegos por su libro El país de la canela, la cual no he leido - tengo que leer primero Ursúa, la primera parte de la trilogía - hasta ahora. ¿Qué puedo decir? Si antes rechazaba cantidad de invitaciones en estos humildes aposentos colombianos, como el que le hizo al Día Internacional de Poesía el 21 de Marzo de este año, ¿Qué se puede decir ahora? Ya no lo veremos ni en las curvas. Le diré adiós a William desde ahora, ya que no aparecerá en los eventos de Colombia en algún tiempo, y no está mal. Como poeta lo respeto, sus imágenes tienen demasiada fuerza, tanta, que logra arrebatar las hojas por momentos, pero que no se le suba "el humo", ojalá, como lo hace Juan Gabriel Vásquez, o la "Querida" Angela Becerra...
Un fuerte abrazo para William, que desde ahora su carrera despega con gran fuerza.

17.5.09

EVELIO ROSERO GALARDONADO


Portada del libro.


El escritor bogotano Evelio Rosero obtuvo este jueves el premio del diario "The Independent" al mejor libro de ficción traducido al inglés durante el último año por su novela "Los Ejércitos", publicada en Gran Bretaña por la editorial Maclehose bajo el título de "The Armies".
En declaraciones a EFE desde Colombia, Rosero expresó su satisfacción por el galardón "sobre todo si se tiene en cuenta -dijo- que se escogió entre 126 obras, traducidas de veintiséis idiomas".

"Todo ello me conforta ahora -agregó- sobre todo cuando me encuentro metido de lleno en la incertidumbre de otra novela. Me anima a seguir escribiendo".

Preguntado por su próxima obra, explicó que se trata de una "novela de índole histórica: la guerra de la independencia en el sur de Colombia" y agregó que está "indagando en la vida y el hecho de los llamados 'próceres' de la independencia, empezando por el más oscuro de todos: Simón Bolívar".

En relación con la importancia de premios como éste para la difusión de la literatura en español, Rosero dijo que "ayuda a que se considere con otra mirada, en los países de habla inglesa, el trabajo literario en español, cuya calidad puede estar a la altura de los mejores del mundo".

"Eso ya lo han demostrado escritores de la talla de Borges, García Márquez y Vargas Llosa, sólo por mencionar algunos", señaló.

Pero "aparte de los mencionados - añadió el escritor- hay en la actualidad latinoamericana una renovación literaria de mucha fuerza. La colombiana ya lo demuestra el hecho de que no sólo yo sino Juan Gabriel Vásquez hayamos participado con nuestras obras en esta lista exclusiva del Foreign Fiction Prize".
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2.4.09

EVELIO ROSERO Y JUAN GABRIEL VASQUEZ: NOMINADOS.


Juan Gabriel Vasquez.

Nominados están los dos escritores colombianos en el prestigioso premio del Reino Unido Independiente de ficción extranjera. Son los único latinos en la lista. Leamos lo que dice la agencia Efe:

El premio británico otorga el galardón a premia las obras traducidas en el último año, informaron hoy los organizadores del evento.El premio fue creado por el rotativo "The Independent" en 1990 y cuenta con la colaboración del Arts Council -organismo británico que se ocupa de las artes-. El ganador, que será anunciado el próximo 14 de mayo, recibirá un premio de 5.000 dólares (unos 3.700 euros), la misma cantidad que obtendrá el traductor de la novela. Rosero fue nominado por 'Los Ejércitos', una obra que, sin caer en el activismo político, relata el drama de los secuestros y los asesinatos perpetrados por la guerrilla. Situada en el pueblo montañoso de San José, la novela narra la vida de Ismael, un profesor retirado que ve cómo su mujer desaparece al tiempo que comienza a escuchar sonidos de balas en la distancia. Vásquez opta al premio por 'Los Informantes', una emocionante historia de traiciones públicas y privadas entre un periodista y su padre. La acción comienza cuando un joven periodista publica su primer libro aparentemente inofensivo sobre la vida de una mujer alemana que llegó a Colombia poco antes de la II Guerra Mundial. Los problemas comienzan cuando el padre de Santoro critica la obra de su hijo en un prestigioso diario, un hecho que lleva al vjoven periodista a investigar los motivos ocultos de la crítica.

Junto a los dos escritores, están también nominados la francesa Céline Curiol ('Voiceover'), el chino Ma Jian ('Beijing Coma'), el albanés Ismail Kadare ('The Siege') y el israelí A.B. Yehoshua ('Friendly Fire'). La directora de estrategia literaria del Arts Council, Antonia Byatt, consideró que los nominados de la presente edición "son una muestra de "la riqueza y la calidad" de las traducciones que se están publicando en el Reino Unido hoy en día.

26.3.09

EL FUTURO NO ES NUESTRO


Portada del libro. Fuente: Revista Ñ.

El futuro no es nuestro es la más reciente antología de cuento en hispanoamérica. Reune a 20 nombres de los 63 escogidos en piedepagina. Entre los 20 escogidos aparecen dos colombianos: Juan Gabriel Vásquez, de amplia acogida en España, y Antonio Ungar, los dos Bogota39. La recopilación la hizo el peruano Diego Trellez Paz, catedrático de literatura en Estados Unidos. Vemos los que nos dice en una entrevista acerca del libro:

-¿Esa idea es aquella que vos marcás en el prólogo?
-La idea del prólogo, básicamente, como te dije antes, era elaborar una panorámica de lo que se estaba produciendo entre estos escritores que nacieron entre el '70 y el '80, y desenmarcar un poco la relación fuerte que ha habido entre la literatura y el marketing. A nosotros no nos interesaba tanto ir por el lado de ver el porvenir literario, si quieres; a nosotros nos interesaba mostrarnos como un grupo. -¿Qué cosas en común tienen como tal?
-No te puedo hablar de una forma omnipresente, o de influencias que todos tengamos en común. De hecho, si algo nos une debe ser esa disgregación germinal, no solamente en cuanto a influencias sino también en que muchos de nosotros vivimos en diferentes países, ¿no?, y nuestros temas, lo que abarcamos como escritores, a veces coincide pero muchas veces no. Y básicamente eso, ¿no? Era mostrar eso. No pretender que nos manejamos con algún tipo de estereotipo. -Pero todo grupo tiene una razón de ser y una dinámica, ¿cuál es la de ustedes?
-Es un grupo bastante solidario, de internautas. Casi todos nos conocemos por Internet y decidimos todo por e-mail. Mi idea con la antología era presentarnos, recuperar un poco esa relación horizontal que siempre ha habido con el lector, sin necesidad de condicionamientos extraliterarios, sin simplificar nuestras diferencias; sin la presión de tener, por ejemplo, en los hombros a los escritores anteriores. Y sin ninguna etiqueta, ¿no? Por esa manera, era interesante para mí, simplemente presentarnos. Y si el primer paso fue hacerlo de manera gratuita era porque, si hay algo que nos mueve, es la necesidad de la alianza con el lector, que nos lean. Ésa es la meta principal: ser leídos, presentarnos, marcar un territorio propio. -Existe un quiebre también con criterios expuestos en antologías anteriores como McOndo. Pareciera haber un grado de politización más visible que en la década pasada
-Eso de alguna manera es cierto, ¿no? En un momento, en esa época que era toda la época de MTV, como algo novedoso, la idea del escritor como ciudadano del mundo, del escritor pues que tiene que decidir entre Windows o Mac, y ese tipo de cosas que estaban de alguna manera destinadas a ver a Estados Unidos como el totem supremo, el mercado adonde se tenía que llegar. Creo que en los cuentos que he presentado, hay un regreso a la temática fundamental de la violencia. Eso tiene que ver mucho con lo que vivimos ahora. Uno ve lo que está pasando en México o lo que viene pasando en Colombia, en Perú, y se ve reflejado, ¿no? Pero no podemos generalizar. Hay otros autores a los que esto no les interesa, y eso es perfectamente válido. Hay bastante heterogeneidad, pero si hay dos temas que yo creo que dominan en la antología, uno es la violencia, política y la violencia generada por el racismo, que es tan fuerte allá; y la segunda es el erotismo, ¿no?, visto sin tabúes desde diferentes puntos de vista. -Como exponente de esta generación de escritores internautas, ¿cómo juzgás las herramientas tecnológicas a la hora de hacer literatura?
-Yo creo que eso sí es una cosa que nos ha marcado, si quieres, como generación. Sí, el ochenta por ciento, o el noventa por ciento de los autores de El futuro no es nuestro, de las dos versiones, son internautas. O sea, quiero decirte que se comunican por correo electrónico, usan blogs, los leen, utilizan facebook para promocionar sus eventos, utilizan todas las herramientas que a ellos les plazcan para conectarse, ¿cómo se ha cambiado el mundo de producir literariamente? Yo soy un poco escéptico respecto del libro electrónico. Es decir, a mí, personalmente -y aquí hablo sólo por mí- a mí me encanta el libro impreso, ¿no? Me encanta el olor, me encanta tenerlo...Yo soy un poco fetichista. Ahora bien, yo sí creo que el cuento funciona mejor que la novela en Internet. Y por esa razón, el proyecto electrónico tuvo tanto éxito. Lo más interesante es que Internet ha sido en algunos casos quizás la única forma que tuvimos para leernos. Para que un autor sea leído en todos los países de América latina, por suerte, no sólo basta con publicar en España, ni con ganar un premio ¿no? Todas esas limitaciones son las que se rompen con el mundo cibernético. Eso es lo interesante, lo importante y loable. Por otro lado, no creo que con Internet vaya a acabarse la industria de producción de libros. No lo veo, ni lo quiero. Y también lo digo en el prólogo, ¿no? Esta visión un poco apocalíptica y supermoderna de que ahora todos van a tener e-book, yo no la veo realmente realista, ¿no? -Esperemos...
-Es lo que yo digo...