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27.1.11

Noticias del Hay


La Pola, no Salavarrieta.


Gran recital el que se dió en el Teatro Adolfo Mejía. William Ospina, Hugo Chaparro, Andrés Neuman y Joumanna Haddad, entre otros, conformaron la Gala. Así lo han comentado algunos amigos que se encuentran allí. Una lástima perderme tal evento. Una de las grandes esperadas es Pola Olaixarac, que con Las teorías salvajes, y su reciente inclusión en la Revista Granta en español, hacen que se acumule la espectativa por su charla mañana viernes, en la Plaza de Santo Domingo. Acerca de Pola, dice la Revista Arcadia:

Hay un personaje que se repite como una obsesión en las portadas del único libro que hasta ahora se conoce de Pola Oloixarac. Un Napoleón furibundo montado en un blanco caballo mientras mira con ojos torvos y esconde su mano en el abrigo militar en ese gesto que sólo el emperador francés era capaz de ejecutar con tanta autoridad aparece en la edición argentina de Las teorías salvajes (Editorial Entropía) y un Napoleón con un extraño pajarraco anidando en su sombrero corso se repite en la edición española (Alpha Decay). Como si la propia Pola hubiera dado la orden ¿marcial? de incorporar al guerrero máximo en una obra que habla de la guerra como si se tratara de una película pornográfica en la que los fusiles son penes incólumes que penetran cuerpos de mujeres que provocan la muerte con filosófica alegría. Las portadas (ambas) funcionan así como preludio alucinado de lo que vendrá, anuncio de un texto bizarro como pocos, plagado de árboles invertidos, tortugas que son como el universo, manzanas por cabeza y elegantes cucarachas de roja cabellera. Ante semejante despliegue surge la pregunta: ¿quién es Pola Oloixarac?

Nacida en Buenos Aires en 1977, Pola era apenas una palabra mágica pronunciada entre ciertos especímenes de lectores argentinos desde que en 2008 publicó Las teorías salvajes, suscitando una avalancha de críticas excelsas y se transformó de repente en una especie de incipiente celebridad regional cuando la prestigiosa revista literaria inglesa Granta la incluyó el pasado año en el grupo de los escritores en lengua castellana destinados a alumbrar el porvenir. Antes de Las teorías salvajes

Oloixarac era, como ella misma lo cuenta, una escritora secreta que había empezado a “escribir a los siete años y a los ocho, en un viaje familiar por el Atlántico”, que se había obsesionado con Carl Sagan tanto como para empezar “a mandar cartas a la Nasa” y a la que fascinaban Borges y Leopoldo Lugones, mientras conseguía su primer trabajo como escritora redactando textos… ¡para un hotel!

Mientras entrenaba su escritura ejecutando “un libro de cuentos sobre enfermedades imaginadas, una comedia social que transcurría en Punta del Este (con orgías de quinceañeras católicas), una novela de ciencia ficción biológica (que ahora estoy reescribiendo), y una novela en inglés gótico, sobre un joven rey que es visitado por fantasmas”, Pola ingresaba a la Universidad de Buenos Aires para estudiar Filosofía, un dato biográfico no menor teniendo en cuenta que en ese ámbito se desarrolla su libro.

Su primera novela, que recibió elogios de Ricardo Piglia (“el gran acontecimiento de la nueva narrativa argentina”) y de Ignacio Echevarría (“una novela realmente insólita, escrita por una exquisita antropóloga de la barbarie contemporánea”), entre otros, es un texto arrollador que tiene por protagonistas a una joven pareja que hace de su deformidad física su raison d’être, mientras una rara voz en primera persona fantasea con seducir a un viejo profesor de la facultad proponiéndole llevar hasta las últimas consecuencias su extravagante Teoría de las Transmisiones Yoicas. Personajes que en realidad son refinadas excusas para que Oloixarac saque a relucir su ácida visión del Buenos Aires contemporáneo, una ciudad que bien podría ser cualquier otra del planeta, ya que en la era de las redes sociales y el mundo Google poco importa en qué lugar se desarrollan las tramas.

Construida a golpes de descripciones filosóficas, como si la filosofía fuese el ángulo que viene a reemplazar las visiones psicoanalíticas de los personajes que alumbraron la literatura en el siglo XX, Las teorías salvajes es también una reflexión profunda sobre la violencia y sobre los modos que la violencia adquirió en los años setenta, o al menos, sobre el modo en que a Pola le narraron la violencia de una época en la que ella no vivió, pero cuyos ecos impregnaron sus años iniciáticos. “Sentí que seres privados de luz permanecían junto a mí en medio de sombras impalpables; que un hombre me miraba como solo se mira a un predador. ¿Era este el llamado ?”, se pregunta la poderosa voz que recorre la novela, solo un poco después de haber afirmado que “aquel que nunca ha oído historias de dioses, héroes y santos, difícilmente quiera o pueda transformarse en un héroe o un dios”.

Novela sobre el mito, o mejor, sobre el reciclaje de los viejos mitos en el esperpéntico siglo XXI que apenas comienza, Las teorías salvajes es también una broma macrabra de humor negro capaz de hacer desternillar de la risa al lector durante páginas, una risa que se corta de manera brusca cuando se percibe que no hay mucho de qué reírse y la mueca se trastoca en horror. Es ese mismo horror que ensombrece el texto desde el principio, cuando un narrador incierto todavía relata “los ritos de pasaje” practicados por ciertas comunidades primitivas en los que los niños que van a ser iniciados son “amenazados por adultos que se agazapan entre los arbustos” para provocarles miedo, un miedo primordial que está en la base de toda formación del yo. Después de convertirse “en testigos de secretas ordalías y tormentos que cifran la historia de la tribu”, los niños que sobreviven “regresan a la aldea, vestidos con máscaras y plumas como los espíritus que los amenazaron al principio, y participan de la caza de cerdo. Regresan ya no como presa sino como predadores”.

Invadida de una sexualidad tan salvaje como la que anuncia su título, la ópera prima de Oloixarac más que una cumbre es un anuncio de lo que vendrá. Bella y voraz, como su autora (a juzgar por la seductora foto que acompaña la edición argentina sería lícito preguntarse —en irónica sintonía con su propio texto— si no estamos ante la primera escritora diseñada íntegramente por Photoshop de la historia de la literatura), la palabra de Pola llegó para quedarse y todo hace suponer que todavía tiene mucho por decir. ¡Que así sea! |

8.10.10

Poema del Viernes # 39


William Ospina (Padua, Colombia 1954)


HIROSHIMA

Todas las hojas
de diez largos otoños
en un instante.

13.4.10

Comienza Cosmopoética


Logo del evento.


Entre los invitados colombianos en años anteriores estaba Alvaro Mutis y Giovanni Quessep. Este año invitaron a William Ospina. Arranca y todo indica que año tras año se convertirá en uno de los festivales más importantes del mundo. La nota en la Revista Ñ:

Más de 40 poetas internacionales se darán cita a partir de mañana en Córdoba, sur de España, para participar en la semana grande de Cosmopoética, una iniciativa cultural reconocida por el Ministerio de Cultura español con el Premio Nacional del Fomento de la Lectura en 2009, que homenajeará este año al poeta, Miguel Hernández.

Sobre Cosmopoética, cuya lectura inaugural realizará el escritor y dramaturgo francés Michel Houellebecq, Ocaña resaltó su "transversalidad", ya que aúna la poesía con las artes plásticas, la música o incluso la sostenibilidad.

La séptima edición del festival reunirá a prestigiosos autores como el italiano Edoardo Sanguinete, el norteamericano Robert Hass, el español Eduardo García (Premio Crítica 2009) o la costarricense Ana Istarú.

A los versos cosmopoéticos se unirá el "cantaor" flamenco Enrique Morente y destacados músicos como el rockero argentino Ariel Rot y el compositor cubano Banito Brown.

En homenaje al poeta alicantino Miguel Hernández, los balcones del centro histórico de la ciudad continúan exhibiendo fragmentos de sus poemas con motivo del centenario de su nacimiento.

10.8.09

La nueva narrativa "cafetera"


¿Habrá qué nombrarlos? Gabo, Vallejo, Rosero, Faciolince, Medina Reyes.

En la revista Ñ del periódico bonaerense El clarín, sale hoy un titular de lo que para ellos, los argentinos, resultamos ser nosotros como narradores. Ah, se me olvidaba, ya no somos colombianos, somos simplemente "cafeteros":
En Colombia ya casi no queda rastro del realismo mágico, como si la guerrilla, o los paramilitares, o los narcos, o el ejército o cualquiera de los diversos grupos armados que pueblan el territorio hubieran exterminado esta corriente a tiros. Y como si, además, para que no quedara duda de su poder, se hubieran infiltrado ellos mismos en los argumentos de las nuevas novelas. Así, la violencia - en sus múltiples formas-es el rasgo común a los escritores que hoy cuentan en este país.

Un país con un público lector que compra libros pirata en los semáforos pero que no duda en pagar el equivalente a cuatro euros - un fortunón, aquí-para asistir a las mesas redondas que se celebran en sus festivales literarios, por ejemplo el Hay de Cartagena de Indias, o el que organiza la revista El Malpensante -un milagro dirigido por Andrés Hoyos- en Bogotá. Ahí precisamente, tomándose solitario una cerveza, encontramos al influyente crítico Luis Fernando Afanador, temido por todos los escritores del país, quien nos resume las tendencias que él ve: "Por un lado, la novela histórica, que dirige su mirada muchos siglos atrás, con Enrique Serrano o William Ospina. Por otro, la narcoliteratura, con Jorge Franco o Sergio Álvarez. Además, la aproximación directa a la violencia política de Héctor Abad Faciolince, Laura Restrepo o Evelio Rosero. O la revelación literario-histórica que ha supuesto Juan Gabriel Vásquez". Y, por supuesto, reverencia a los dos grandes maestros, los padres de todo, que viven en México: Gabriel García Márquez - que ya no escribe-y Fernando Vallejo, que publicó no hace mucho en Seix Barral La puta de Babilonia, inmisericorde alegato contra la Iglesia católica. Aunque hoy la más vendida es Ángela Becerra, cuya prosa romántica recibe a menudo las pullas de Afanador.

Tras hablar con varios autores, podríamos dividirlos de modo superficial en dos grupos. Por un lado, aquellos que - como Sergio Álvarezo Mario Mendoza-permanecen pegados al sustrato de la cultura popular, trabajan en la industria audiovisual y en seguida quieren llevárselo a uno a conocer "la Colombia real", compuesta, al parecer, de culebrones, canciones pegadizas, barrios rojos y una fascinación por el universo mafioso. Y, por otro, un perfil más europeo - como el de Héctor Abad o Juan Gabriel Vásquez-,en el que los escritores imparten clases, escuchan música clásica, compran en los mercadillos primeras ediciones de Balzac, saben escoger los vinos y son padres de familia respetables. Un personaje de Mendoza afirma: "Sólo aquellos que caminan por bordes peligrosos y eligen los límites como sus territorios cotidianos, sólo ellos sienten el verdadero estremecimiento de estar vivos". ¿Sirve para la propia Colombia?

El libro más interesante de Héctor Abad Faciolince (Medellín, 1958), traductor de Lampedusa o Calvino, entre otros, es El olvido que seremos "lo consideraban muy peligroso porque defendía la sanidad para todo el mundo"-asesinado por dos sicarios en 1987. Abad encontró en el bolsillo del muerto un papel con unos versos - que él atribuye a Borges, aunque la viuda Kodama lo niega-que empezaban diciendo: "Ya somos el olvido que seremos...". Veinte años tardó en poder exorcizar literariamente el dolor: "Creí que sería un libro privado, para mi familia, pero ha sido el mayor éxito comercial que he tenido", afirma sorprendido.

En la corriente histórica, el nombre del momento es William Ospina, de 55 años, que acaba de recibir el premio Rómulo Gallegos por El país de la canela, novela que reconstruye el descubrimiento del Amazonas. Ospina se ha propuesto invertir el discurso épico del conquistador español y dotar de orgullo propio a los latinoamericanos, reivindicando el mestizaje. "A los conquistadores - afirma-los empujaba la codicia, la avaricia y las leyendas que les aseguraban que en América encontrarían sirenas, centauros, gigantes, enanos y amazonas". El país de la canela es la segunda entrega de una trilogía sobre la conquista, iniciada con Ursúa

Dos de los autores con más éxito - y que adscribiríamos en una corriente popular de temática sexual-son Gustavo Bolívar (Girardot, 1966), autor de Sin tetas no hay paraíso - donde narra cómo las chicas de los barrios pobres usan su cuerpo para el ascenso social-y el volumen de supuesta autoayuda Los caballeros las prefieren brutas - subtitulado "Someta, manipule y tenga feliz a su hombre"-,desinhibido manual de peripecias sexuales escrito por la periodista Isabella Santo Domingo (Barranquilla, 1970). En este grupo podría estar Efraím Medina, autor de Técnicas de masturbación entre Batman y Robin.

Y, volviendo a la política/ violencia, Evelio Rosero (Bogotá, 1958) aborda en Los ejércitos "el conflicto" con depurado estilo. Como tantos, no realiza distinciones: "La guerrilla, los narcos, los paramilitares, el ejército..., todos son fatídicos, igual de tercos. En mis novelas no hay compromiso ideológico, sino reflejo de lo humano, como el protagonista de este libro, un jubilado que halla en la sensualidad de espiar a su vecina un aliento a su vejez, hasta que la violencia entra en su pueblo. Paso del sosiego a la acción extrema porque así es la vida, charlamos tranquilamente y ahora mismo puede caernos, de repente, una bomba ¿no?", comenta, con una inquietante sonrisa, en el vestíbulo de nuestro hotel.
(La Otra Orilla), la historia del español Pedro de Ursúa.

15.6.09

William Ospina reseñado.

Un retrato de William.

Evidentemente, William ospina se volvió tema obligado por estos días en hispanoamérica. En el diario El País, de España, le hacen una reseña bastante interesante al País de la Canela, la novela merecedora del premio Rómulo Gallegos 2009. Aquí les dejo la nota:


El escritor colombiano William Ospina anuncia para dentro de un año y medio la finalización de la trilogía que comenzó hace cuatro con Ursúa y continúa ahora con El País de la Canela, reciente ganadora del XVI Premio Rómulo Gallegos. Declaró a este periódico que se titulará La serpiente sin ojos y que ya tiene para ella su tono y su ritmo. Este crítico reseñó hace unos años Ursúa, y vio soluciones acertadas alrededor de su tono. Respecto al ritmo la novela hacía un uso competente y dosificado de la peripecia según la definía Aristóteles: no era el ritmo de quien se impone la obligación de mantener atento al lector con la velocidad de los acontecimientos sino de quien sabe que la vida novelesca transita entre la felicidad y la desdicha. O viceversa. Para el relato de la vida del conquistador navarro Ursúa, el tono y el ritmo que les imprimía Ospina eran el ajustado al destino que se impuso en tierras del Nuevo Mundo. Otra cosa era su soporte ideológico, inspirado en las crónicas del sevillano Juan de Castellanos (al cual el autor colombiano le dedicó un ensayo titulado Las auroras de sangre): una inclinación muy poco matizada hacia el concepto roussoniano del "buen salvaje". Es evidente que Ospina convierte la información negativa que recaba de la colonización española en materia angular de su trilogía. Pero mientras en Ursúa parecía más un ajuste de cuentas entre corrientes historiográficas, ahora encontramos en El País de la Canela una propuesta más comprometida, además de metafórica, con la condición humana en general: la codicia, la crueldad con el diferente, los sueños de la razón que diría Goya, las utopías destructivas. Quiero insistir en esta cuestión porque es una de las más insistentes, además de las más dolorosas, que salen recurrentemente en la obra de Ospina. Escribe Tzvetan Todorov en El miedo a los bárbaros que una de las características de la tradición europea es el ejercicio del pensamiento crítico: ello significa que ese pensamiento no es ajeno a su vez a la conciencia de la intolerancia europea, de su fanatismo religioso y de su prepotencia moral y física respecto a los pueblos que colonizó. Esta tensión entre civilización y barbarie (o elegancia y cinismo, como redefinió con acierto en alguna ocasión Ospina), ecuación despótica o generadora de progreso según se mire, impregna a esta novela su verdad moral e histórica.


4.6.09

William Ospina, premio Rómulo Gallegos 2009


¿Qué piensas William, en el Rómulo Gallegos?

Dicen por ahí que algunas noticias tergiversan la información, la cambian, la omiten o simplemente comunican aquello que no es lo más importante, y quizá esto fue lo que me pasó con el premio Rómulo Gallegos. Coloco en el blog hace tan solo unas horas que Santiago Gamboa fue seleccionado para optar al premio venezolano, y se me olvida el gran William Ospina. Pues el poeta y ahora narrador William Ospina acaba de sermerecedor del premio Rómulo Gallegos por su libro El país de la canela, la cual no he leido - tengo que leer primero Ursúa, la primera parte de la trilogía - hasta ahora. ¿Qué puedo decir? Si antes rechazaba cantidad de invitaciones en estos humildes aposentos colombianos, como el que le hizo al Día Internacional de Poesía el 21 de Marzo de este año, ¿Qué se puede decir ahora? Ya no lo veremos ni en las curvas. Le diré adiós a William desde ahora, ya que no aparecerá en los eventos de Colombia en algún tiempo, y no está mal. Como poeta lo respeto, sus imágenes tienen demasiada fuerza, tanta, que logra arrebatar las hojas por momentos, pero que no se le suba "el humo", ojalá, como lo hace Juan Gabriel Vásquez, o la "Querida" Angela Becerra...
Un fuerte abrazo para William, que desde ahora su carrera despega con gran fuerza.

15.3.09

DIA MUNDIAL DE LA POESIA



Pues como no señores, estoy invitado a este magno evento, gracias a la solidaria, a mis "parces" y amigos de común presencia, gracias a la Unesco, al periódico Con-fabulación (un abrazo mi querido Iván Beltrán). Haré lo posible por hacer lo mejor , y que disfruten de esta fiestecita poética. Estaré al lado de importantes poetas, amigos, compañeros, colegas o como sea. Aquí los datos señores, para que no se pierdan el evento:

Este año se efectuarán dos grandes eventos y tendremos autores venidos de otras partes del país, aunando voces de las más variadas tendencias y matices. Por eso estamos invitando desde ya a todos los con-fabuladores, para que se hagan presentes el viernes 20 en el Auditorio Virgilio Gutiérrez, edificio de posgrados, de la Universidad Nacional, a las 6 pm a escuchar a los poetas: José Zuleta, Esmir Garcés, Amparo Osorio, Federico Díaz-Granados, Iván Beltrán Castillo, Jáder Rivera y Marcos Fabián Herrera.

El sábado 21 de marzo (equinoccio de primavera), a las 4 pm, en el teatro del Gimnasio Moderno, presentaremos el evento central de esta hermosa fiesta de paz y solidaridad con el hombre que está por llegar.

Nos acompañarán los poetas: William Ospina, Carlos Fajardo, Germán Villamizar, Pío Fernando Gaona, Enrique Rodríguez Pérez, Jorge Cadavid, Hellman Pardo, Gonzalo Mallarino Flórez, Mery Yolanda Sánchez, Andrea Juliana Encizo, José Luis Díaz-Granados, Esmir Garcés, Aldemar González, John Fitgerald Torres, Marcos Fabián Herrera, Jáder Rivera, Nathaly Díaz y Colombia Truque.

Seguimos siendo, para decirlo con Lawrence Durrell, como esas personas que se pasan de mano en mano un balde para apagar el incendio. ¡Confabuladores del mundo uníos!