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11.10.10

Reivindicación


Héctor Abad Faciolince.


El cultural de España ha invitado a seis escritores latinoamericanos para hablar sobre la violencia en la literatura. Héctor Abad Faciolince y Evelio Rosero es la cuota colombiana. Leamos lo que nos cuentan los seis autores:

A pesar de la esperanza, el color sangre tiñe Latinoamérica desde hace siglos. Hay quien prefiere pensar que es la herencia del Imperio español, aunque resulte difícil aceptar que dos siglos después de las Independencias tantos pueblos sigan así, tiznados de muertos, sólo por culpa nuestra. Unos datos: más allá de la pintoresca estampa del presidente ecuatoriano Correa pidiendo que los presuntos golpistas le pegasen un tiro, en Colombia el homicidio sigue siendo hoy la primera causa de mortalidad, por encima de las enfermedades o el tráfico.

Otro: en México la violencia del nacrotráfico lleva cobrados más de 30.000 muertos en los últimos dos años. En los 90, hubo en Colombia más de 200.000 homicidios, cifra igual a la total de los años 40 y 50 juntos. Entre 2005 y 2008, se sumaron cerca de 45.000, pero también hay bibliotecas abarrotadas,y una curiosidad cultural incomparables, aunque, por ejemplo, en gran parte de Brasil no exista un teatro o una biblioteca, según reconoce el gobierno de Lula. Con todo, en México, Colombia, Cuba o Venezuela se sigue escribiendo en libertad, a pesar de que muchos sientan cómo percute un gatillo cuando van a escribir...

Colombia Hector Abad y Evelio Rosero “¿Alcanzó a verlos [a sus asesinos] mi papá, supo que lo iban a matar en ese instante? Durante casi veinte años he tratado de ser él ahí, frente a la muerte, en ese momento”. Estas líneas de El olvido que seremos (Seix Barral, 2006), el libro que Héctor Abad Faciolince escribió sobre el asesinato de su padre, explican mejor que ningún editorial de qué hablamos cuando hablamos de literatura y violencia.

“Bueno -dice Héctor Abad- si la violencia viene a tocar a la puerta de tu casa, y además eres escritor, ¿cómo ignorarla, cómo volver la vista o la cara para otro lado y vivir y escribir como si nada hubiera ocurrido? No creo que nadie sea capaz. Hasta el menos comprometido y realista de los escritores, Borges, escribió sobre la violencia padecida por sus abuelos, sobre la cárcel padecida por su madre. La violencia es como el calor, como el mar, como las montañas. Si uno escribe desde un barco, frente a las olas, o sumergido en el calor, con vista a las montañas esto se refleja en la escritura. Son datos ineludibles. La violencia es como un caldo, como el aire: la violencia está ahí y no puedes ignorarla. No es lo mismo escribir en Suiza que escribir en Colombia. Suiza es mejor para vivir; Colombia es mejor para escribir. Pero prefiero la vida a la escritura”.

-¿Puede algo un escritor contra la violencia polìtica?
-No puede nada. Las palabras son impotentes y los libros son un pésimo escudo contra las balas. Pero tienen algún sentido, de todos modos: hacen que el horror se sepa y si hay una conciencia moral en los seres humanos, en algunos, las palabras ayudan a que la violencia no se perpetúe, a que el horror no se repita, a que unos pocos actúen contra la barbarie”.

Por el contrario, Evelio Rosero (Bogotá, 1958), dice que no, que el escritor lo puede todo, aunque reconoce que la violencia “influye como influye la realidad, cuando es tremenda, visceral y colectiva, cuando se impone hasta en la cotidianidad. Sus consecuencias, por supuesto, son distintas, en los distintos escritores. Eso lo hace mejor, plural, multifacético. Y, sin embargo, todos venimos de ella -la violencia-, hacia ella vamos, y, sobre todo, contra ella, mediante el mismo reflejo de la violencia y los violentos, porque se trata de un reflejo cuestionador.
Autor de una novela, Los ejércitos, galardonada con el premio Tusquets en 2007, que nació ante “la diaria indiferencia que se apodera del país ante una realidad cruel -secuestros, desaparecimientos”, niega la mayor y asegura que la literatura, contra toda evidencia, “lo puede todo, si la obra es legítima, quiero decir, de auténtico arte literario. La obra es modificante de conciencia; ningún hombre es igual después de leer un libro de verdad; se enriquece del otro, aunque ese “enriquecimiento” sea la misma desolación. Pero es un compartir humano, que se prende de la memoria, que no se olvida nunca. Por eso un escritor lo puede todo contra la violencia política; no es un logro inmediato, como el que puede lograr un programa de televisión, pero es más profundo y determinante, siempre y cuando el libro llegue al lector.

Centroamérica Horacio Castellanos Moya A Horacio Castellanos Moya (Tegucigalpa, Honduras, 1957), la violencia en su país de adopción, El Salvador, le obligó a huir a Canadá a finales de los años 70. Costa Rica, México, España, Alemania, Estados Unidos o Japón son otras estaciones de un exilio que sólo hace poco ha logrado terminar. ¿O no?

“Las sociedades centroamericanas -explica- han padecido un creciente nivel de violencia en las últimas décadas. Primero una violencia política, que luego se recicló en violencia criminal. Son sociedades aterrorizadas en las que la criminalidad es la comidilla diaria. Los sistemas democráticos han sido incapaces de contener o disminuir este fenómeno. La literatura que surja de semejantes sociedades no puede ser ajena a esa atmósfera en que la violencia lo permea todo. Si el escritor es una especie de radar de su época, su obra reflejará de una u otra forma ese clima violento, no porque el escritor se lo proponga, o porque tenga una ‘agenda' sobre la violencia, sino porque esa es su levadura. La violencia genera pasiones muy fuertes, extremas: odio, venganza, rabia, conmiseración, valentía. Y la literatura trata sobre eso, sobre las pasiones humanas.

-¿Y cómo influye en su obra?
-Quizá yo tendría que sentirme afortunado de que me haya tocado vivir en sociedades donde la violencia saca a flote las pasiones más profundas del hombre. Toda gran literatura ha procedido de ese tipo de sociedades, desde Homero y Sófocles, pasando por Virgilio y Shakespeare, hasta la gran literatura contemporanea, como lo puede comprobar usted con Vasili Grossman.

-¿Qué puede un escritor contra la violencia política?
-Si un escritor está interesado en combatir la violencia política lo que procede es que se olvide de la literatura e ingrese a un grupo, organización o partido para que le encuentre sentido a su causa y pueda hacer algo concreto al respecto. Si le molesta la compañía de los seres humanos, también puede comprar una pistola y aprender a disparar, de tal forma que cuando vengan a por él les salga caro. Y si no le apetece ninguna de estas opciones, porque lo que quiere es seguir escribiendo, lo prudente es que se largue antes de que sea demasiado tarde.

Cuba
Pedro Juan Gutiérrez

En la literatura cubana hay de todo: están los que huyeron, y también quienes se esconden o se resignan a sobrevivir o a gozar, simplemente, del día a día.

Poeta, novelista y pintor, Pedro Juan Gutiérrez (Matanzas , 1950), dice ahora que hay demasiada violencia en sus libros. “Hay de todo. Desde una poesía muy intelectual, muy elaborada, muy lezamiana, con un alto dominio del lenguaje y que se ocupa de cuestiones metafísicas, hasta una prosa dura, fuerte, directa, con libros muy buenos de Wendy Guerra, Angel Santiesteban, Leonardo Padura, Marilyn Bobes, Senel Paz, yo mismo, y otros más, donde hay un alto grado de violencia y de incorrección política, como debe ser. Aunque no hay tradición de una violencia muy acentuada en nuestra literatura. Creo que es un fenómeno que se ha agudizado en los últimos años, sobre todo de 1990 hacia acá, cuando comienza la crisis en el país tras la caída del Muro de Berlín”.

Lo peor es que, tras tanta violencia y represión, uno acaba como Pedro Juan, convencido de que el culpable puede ser él: “Hay demasiada violencia en mis libros. Un exceso de violencia. Yo mismo he estado inmerso en esa vida violenta del barrio donde vivo: Centro Habana. Y esa realidad brutal me ha impregnado hasta los huesos. Y eso que me controlo mucho, reduzco la realidad para hacerla creíble. Hay habaneros que viven en otros barrios mejores y creen que yo exagero. Pero no. Hace años que dejé de tomar notas y no hago caso a lo que sucede. Quiero cambiar mi cuerda. Escribir de otra cosa. Lo cual, supongo, es imposible. Pero no sé. No sé. El caos y el desorden reinan a mi alrededor y dentro de mi y se meten dentro de mis libros y me clavan los colmillos en la yugular”.

México
Ignacio Padilla

No es fácil convivir con la violencia. No en lo que fue el territorio sagrado del PRI durante más de un siglo, y hoy cada día uno, como Ignacio Padilla (México DF, 1968), se amanece con noticias de balaceras y cientos de muertos en ajustes de cuentas de los narcos o acciones de la policía, o lo que sea. Por eso, a veces, sea más sencillo hacer como Padilla ydecir que la violencia le afecta poco, sólo “como han influido en la literatura de todos los pueblos todas las emociones humanas, es decir, muchísimo. No concibo el arte sin la impronta de la violencia, la ira, el miedo, el amor, la dicha...

“O sea", dice, “la violencia en México o en la antigua Roma, los campos de exterminio en Polonia o los campos de prisioneros en Suráfrica a principios de siglo, me afectan y afectan mi escritura en la medida en que soy parte de la humanidad y para la humanidad escribo”.

Y no hay remedio: contra la violencia, el escritor, insiste Padilla, no tiene otra responsabilidad “que la de escribir la mejor obra posible. Nada, en principio, puede o debe hacer directamente contra la violencia política”.

Venezuela
Alberto Barrera Tyszka

Raras, impuntuales, sorprendentes... las relaciones entre literatura y violencia nunca han estado en Venezuela tan marcadas como ahora, por la “desigualdad”, confirma Alberto Barrera Tyszka (Caracas, 1950), ahora que “la violencia está demasiado presente en nuestras vidas. Es imposible mantenerse al margen. Tal vez por eso se está reinventando un nuevo tipo de literatura social o política en Latinoamérica. Escrita desde el fracaso, desde el miedo y la desconfianza. Es una literatura que busca dar cuenta de la realidad sin pretender definirla totalmente, sin ofrecer demasiadas conclusiones. Porque no queremos hacer periodismo. No nos interesa que la literatura se convierta en un editorial. Pero tampoco queremos negarnos a escribir sobre lo que estamos viviendo, sobre lo que nos afecta. La imaginación no se opone a la realidad”.

Premio Herralde en 2006 por La enfermedad, el poeta y narrador venezolano reconocer vivir “en un país con altísimos niveles de inseguridad y grandes problemas de pobreza. Nuestras estadísticas de criminalidad son altísimas. Caracas es una de las ciudades más peligrosas del mundo. Aparte de eso, también vivimos en una permanente situación de confrontación política. Tenemos un Presidente que es fundamentalmente militar, que cada semana amenaza con pulverizar a un enemigo interno o externo, que sólo entiende la política como una guerra… Supongo que nadie puede escapar de esto. Tampoco la literatura. La violencia ha venido convirtiéndose en un tema cada vez más recurrente en nuestro país. Pero también en una forma, en una experiencia literaria. La violencia política, casi siempre, se alimenta de la polarización. No tiene argumentos sino emociones, le huye a cualquier complejidad, pretende que los estereotipos sean una ideología. Me gusta pensar que la escritura es el lugar de las preguntas. Que está más cerca de las dudas y de las contradicciones que de los himnos y de las consignas. Eso también es una forma de no banalizar la violencia, de no convertirla en un espectáculo pintoresco, en otra de nuestras etiquetas de identidad. Los escritores somos ciudadanos comunes pero la literatura no puede sustituir al sistema de justicia. Aunque quizás sí pueda al menos arrimar unas preguntas, sumarle un poco de complejidad a las distintas versiones de la realidad que tenemos.

12.4.10

El señor que no conoce la luna


Rosero.


El crítico Alberto Duque retrata en El tiempo la reciente novela editada por Mondadori del célebre autor Evelio Rosero. Me pregunto, ¿qué pasó con Tusquets después de que publicase Los ejércitos y Los almuerzos, con una ventas para nada despreciables? Así lo comenta Duque López:

'Señor que no conoce la luna', publicada inicial y discretamente en 1992, ha sido rescatada con buen criterio en medio del reconocimiento internacional que la obra del colombiano Evelio Rosero ha despertado en los últimos años, especialmente con 'Los Ejércitos', premiada y traducida a varios idiomas, como culminación del ejercicio solitario, discreto y disciplinado de un escritor que permite, con la reedición de esta breve novela (apenas 114 páginas), conocer mejor los elementos que maneja con eficacia, el humor negro y el esperpento.

Esperpento es la primera reacción ante una historia que, en principio, produce rechazo por la atmósfera sucia, descompuesta, desagradable, decadente y hostigante en la que se mueven seres amorfos que, con sus divisiones, rivalidades, mezquindades y complejos reflejan las contradicciones de una sociedad más universal, más identificable.

El lector es arrastrado o mejor, cautivado -o debería decir intimidado-, por el monólogo incesante, humillado, rencoroso de un personaje encerrado en ese armario desde donde sigue los acontecimientos de esa casa que no tiene una ubicación precisa, ni una geografía particular, y donde sobreviven en medio del asco y la descomposición estos seres babosos, pestilentes, despreciables, humillados y vacíos que, de vez en cuando aceptan que el narrador salga de su encierro y se arrastre, como una masa babosa, como una gelatina amenazante por un espacio que cada vez se reduce, mientras los enemigos empeoran su situación.

Esperpento. Pesadilla. Provocación. Insulto. Agresión. Cualquiera de estas palabras se acerca a la naturaleza de un relato que se emparenta con Hyeronimus Bosch o los alemanes Gisela Elsner y Günter Grass o algunas pesadillas de William Burroughs, relato que es metáfora sangrienta y pestilente sobre tantos elementos que alimentan las relaciones humanas (desde la injusticia y las perversiones, pasando por el dolor y la compasión, hasta la soledad y la muerte), relaciones que se encargan de dificultar y amargar la ya difícil y amarga vida de los "desnudos", especie inferior sometida a toda clase de torturas y humillaciones por parte de sus explotadores, los "vestidos" que ejercen la peor de las tiranías, mientras el líder de la comunidad (llamado Jesús, no por azar), observa con deleite el hundimiento final de los pocos valores que quedan.

Este es el universo que propone Rosero, un gigantesco Gulag donde los "vestidos" dominan a los "desnudos" y evitan su fuga con el empleo de miles de animales que destrozan, matan, devoran, engullen, despedazan y someten a quienes, ilusos, buscan la libertad.

Esperpento, exageración, humor negro, experimento narrativo, sentido de la compasión y el dolor, esta breve novela debe ser leída, primero con sorpresa, luego con curiosidad y después con la alegría de saber que alguien como Rosero se arriesga a saltar sin red ni paracaídas.

22.9.09

Muere el editor de Tusquets


Antonio López Lamadrid.

El hombre que premió hace poco a Evelio Rosero, Antonio López Lamadrid, murió el este lunes. La info en ElClarín:
El editor Antonio López Lamadrid, copropietario de la casa Tusquets, murió este lunes a los 70 años, víctima de un cáncer que padecía desde hacía tiempo.

Procedente del mundo empresarial y perteneciente a una familia barcelonesa de raigambre, López Lamadrid se incorporó en 1977 a la editorial que ya dirigía Beatriz de Moura, y juntos han tutelado desde entonces la andadura del sello.

Editorial Tusquets ha publicado a autores tan prestigiosos como Milan Kundera, Marguerite Duras, luis Landero o Almudena Grandes, y ha concedido premios literarios como La Sonrisa Vertical, Comillas de Biografía o Tusquets de Novela.

Este año editorial Tusquets cumplió cuarenta años, y sus propietarios y directores lo celebraron con una fiesta en la sede de la firma la pasado el otoño, uno de los últimos actos públicos que contaron con la presencia de Antonio López Lamadrid.

Para el próximo mes de octubre, la editorial tiene previsto el lanzamiento de El hombre inquieto, la última entrega de la célebre serie policíaca de Henning Mankell protagonizada por el mítico inspector Kurt Wallander.

14.9.09

Tusquets publica Los Almuerzos, de Evelio Rosero


El bogotano Evelio Rosero.

Como no. Después de ganar el prestigioso premio The independent, Tusquets publica una segunda novela de Evelio Rosero en su sello: Los almuerzos. Nos lo dice la crítica Lolita Bosch:
Evelio Rosero (Bogotá, 1958) es un escritor excelente. Vaya por delante esta evidencia. Tiene algo persuasivo verdaderamente deslumbrante. No sólo en el sentido general de sus textos, sino en las palabras concretas, en lo pequeño: lo preciso. Algo embaucador pero no falso que logra convertir un texto en un cedazo capaz de filtrarlo todo como si lo purificara. Hasta ceñirse, estrictamente, en lo esencial. Hasta convertir las palabras en objetos verdaderos, íntimos. Casi masticables.

Ésta es su capacidad inmensa. Su talento.

Lo consiguió magistralmente con Los ejércitos (Tusquets, 2007), una novela perfecta que ganó el Premio Tusquets en 2007 y el Independent Foreign Fiction Prize en Londres en 2009. Una narración sobre la aparición inesperada de la violencia en la vida de un viejo que trastoca su delimitado contexto hasta enrarecerlo tanto que el viejo parece incapaz de reconocerse en él.

Y ahora, dos años después, Evelio Rosero regresa con Los almuerzos, que había sido publicada en 2001 por la Universidad de Antioquia y que cuenta un episodio en la vida de Tancredo: un jorobado que vive en una parroquia aparentemente inocua y bondadosa, de rutinaria simpleza, pero que en realidad esconde una extrañeza oculta e inesperada que el lector va descubriendo y en la que se va adentrando a medida que avanza la novela. Un libro que sucede en un corto espacio de tiempo y con pocos personajes. Casi una obra de teatro de enredos en la que "las tres Lilias, el sacristán Machado, su ahijada Sabina Cruz y él, acólito, él, Tancredo, él jorobado" ven de qué modo todo se precipita y cambia radicalmente. Igual que sucederá, años después, en Los ejércitos, donde el mundo del viejo desaparece en un corto espacio de tiempo.

Y sin embargo en Los almuerzos, Evelio Rosero crea un mundo que el lector debe observar desde afuera porque no necesita de él. Un mundo construido con la meticulosidad que le es propia al autor, igual de pulcro en su escritura, pero más cerrado en sí mismo. Más terminado. Y, tal vez por eso, menos obsesivo.

Un mundo que podría no necesitar al lector.

Quizás se deba al entorno religioso en el que todo sucede y a los extraños personajes que lo habitan, que convierten el entorno de la novela en un mundo voluntariosamente enrarecido. Un lugar que no podría ser el nuestro. No un contexto que se va enrareciendo a medida que la violencia lo invade, por poner como ejemplo lo que sucede en Los ejércitos. No un entorno capaz de engullirnos. Sino un mundo que el lector descubre hecho, terminado. Y que, precisamente por eso, tiene su puerta de entrada cerrada.

Una novela que podemos mirar y reseguir, pero sin construirla. Y aun así: una novela necesaria. Porque el depurado estilo y la pulcra escritura de Evelio Rosero resultan, en verdad, inolvidables.




10.8.09

La nueva narrativa "cafetera"


¿Habrá qué nombrarlos? Gabo, Vallejo, Rosero, Faciolince, Medina Reyes.

En la revista Ñ del periódico bonaerense El clarín, sale hoy un titular de lo que para ellos, los argentinos, resultamos ser nosotros como narradores. Ah, se me olvidaba, ya no somos colombianos, somos simplemente "cafeteros":
En Colombia ya casi no queda rastro del realismo mágico, como si la guerrilla, o los paramilitares, o los narcos, o el ejército o cualquiera de los diversos grupos armados que pueblan el territorio hubieran exterminado esta corriente a tiros. Y como si, además, para que no quedara duda de su poder, se hubieran infiltrado ellos mismos en los argumentos de las nuevas novelas. Así, la violencia - en sus múltiples formas-es el rasgo común a los escritores que hoy cuentan en este país.

Un país con un público lector que compra libros pirata en los semáforos pero que no duda en pagar el equivalente a cuatro euros - un fortunón, aquí-para asistir a las mesas redondas que se celebran en sus festivales literarios, por ejemplo el Hay de Cartagena de Indias, o el que organiza la revista El Malpensante -un milagro dirigido por Andrés Hoyos- en Bogotá. Ahí precisamente, tomándose solitario una cerveza, encontramos al influyente crítico Luis Fernando Afanador, temido por todos los escritores del país, quien nos resume las tendencias que él ve: "Por un lado, la novela histórica, que dirige su mirada muchos siglos atrás, con Enrique Serrano o William Ospina. Por otro, la narcoliteratura, con Jorge Franco o Sergio Álvarez. Además, la aproximación directa a la violencia política de Héctor Abad Faciolince, Laura Restrepo o Evelio Rosero. O la revelación literario-histórica que ha supuesto Juan Gabriel Vásquez". Y, por supuesto, reverencia a los dos grandes maestros, los padres de todo, que viven en México: Gabriel García Márquez - que ya no escribe-y Fernando Vallejo, que publicó no hace mucho en Seix Barral La puta de Babilonia, inmisericorde alegato contra la Iglesia católica. Aunque hoy la más vendida es Ángela Becerra, cuya prosa romántica recibe a menudo las pullas de Afanador.

Tras hablar con varios autores, podríamos dividirlos de modo superficial en dos grupos. Por un lado, aquellos que - como Sergio Álvarezo Mario Mendoza-permanecen pegados al sustrato de la cultura popular, trabajan en la industria audiovisual y en seguida quieren llevárselo a uno a conocer "la Colombia real", compuesta, al parecer, de culebrones, canciones pegadizas, barrios rojos y una fascinación por el universo mafioso. Y, por otro, un perfil más europeo - como el de Héctor Abad o Juan Gabriel Vásquez-,en el que los escritores imparten clases, escuchan música clásica, compran en los mercadillos primeras ediciones de Balzac, saben escoger los vinos y son padres de familia respetables. Un personaje de Mendoza afirma: "Sólo aquellos que caminan por bordes peligrosos y eligen los límites como sus territorios cotidianos, sólo ellos sienten el verdadero estremecimiento de estar vivos". ¿Sirve para la propia Colombia?

El libro más interesante de Héctor Abad Faciolince (Medellín, 1958), traductor de Lampedusa o Calvino, entre otros, es El olvido que seremos "lo consideraban muy peligroso porque defendía la sanidad para todo el mundo"-asesinado por dos sicarios en 1987. Abad encontró en el bolsillo del muerto un papel con unos versos - que él atribuye a Borges, aunque la viuda Kodama lo niega-que empezaban diciendo: "Ya somos el olvido que seremos...". Veinte años tardó en poder exorcizar literariamente el dolor: "Creí que sería un libro privado, para mi familia, pero ha sido el mayor éxito comercial que he tenido", afirma sorprendido.

En la corriente histórica, el nombre del momento es William Ospina, de 55 años, que acaba de recibir el premio Rómulo Gallegos por El país de la canela, novela que reconstruye el descubrimiento del Amazonas. Ospina se ha propuesto invertir el discurso épico del conquistador español y dotar de orgullo propio a los latinoamericanos, reivindicando el mestizaje. "A los conquistadores - afirma-los empujaba la codicia, la avaricia y las leyendas que les aseguraban que en América encontrarían sirenas, centauros, gigantes, enanos y amazonas". El país de la canela es la segunda entrega de una trilogía sobre la conquista, iniciada con Ursúa

Dos de los autores con más éxito - y que adscribiríamos en una corriente popular de temática sexual-son Gustavo Bolívar (Girardot, 1966), autor de Sin tetas no hay paraíso - donde narra cómo las chicas de los barrios pobres usan su cuerpo para el ascenso social-y el volumen de supuesta autoayuda Los caballeros las prefieren brutas - subtitulado "Someta, manipule y tenga feliz a su hombre"-,desinhibido manual de peripecias sexuales escrito por la periodista Isabella Santo Domingo (Barranquilla, 1970). En este grupo podría estar Efraím Medina, autor de Técnicas de masturbación entre Batman y Robin.

Y, volviendo a la política/ violencia, Evelio Rosero (Bogotá, 1958) aborda en Los ejércitos "el conflicto" con depurado estilo. Como tantos, no realiza distinciones: "La guerrilla, los narcos, los paramilitares, el ejército..., todos son fatídicos, igual de tercos. En mis novelas no hay compromiso ideológico, sino reflejo de lo humano, como el protagonista de este libro, un jubilado que halla en la sensualidad de espiar a su vecina un aliento a su vejez, hasta que la violencia entra en su pueblo. Paso del sosiego a la acción extrema porque así es la vida, charlamos tranquilamente y ahora mismo puede caernos, de repente, una bomba ¿no?", comenta, con una inquietante sonrisa, en el vestíbulo de nuestro hotel.
(La Otra Orilla), la historia del español Pedro de Ursúa.

17.5.09

EVELIO ROSERO GALARDONADO


Portada del libro.


El escritor bogotano Evelio Rosero obtuvo este jueves el premio del diario "The Independent" al mejor libro de ficción traducido al inglés durante el último año por su novela "Los Ejércitos", publicada en Gran Bretaña por la editorial Maclehose bajo el título de "The Armies".
En declaraciones a EFE desde Colombia, Rosero expresó su satisfacción por el galardón "sobre todo si se tiene en cuenta -dijo- que se escogió entre 126 obras, traducidas de veintiséis idiomas".

"Todo ello me conforta ahora -agregó- sobre todo cuando me encuentro metido de lleno en la incertidumbre de otra novela. Me anima a seguir escribiendo".

Preguntado por su próxima obra, explicó que se trata de una "novela de índole histórica: la guerra de la independencia en el sur de Colombia" y agregó que está "indagando en la vida y el hecho de los llamados 'próceres' de la independencia, empezando por el más oscuro de todos: Simón Bolívar".

En relación con la importancia de premios como éste para la difusión de la literatura en español, Rosero dijo que "ayuda a que se considere con otra mirada, en los países de habla inglesa, el trabajo literario en español, cuya calidad puede estar a la altura de los mejores del mundo".

"Eso ya lo han demostrado escritores de la talla de Borges, García Márquez y Vargas Llosa, sólo por mencionar algunos", señaló.

Pero "aparte de los mencionados - añadió el escritor- hay en la actualidad latinoamericana una renovación literaria de mucha fuerza. La colombiana ya lo demuestra el hecho de que no sólo yo sino Juan Gabriel Vásquez hayamos participado con nuestras obras en esta lista exclusiva del Foreign Fiction Prize".
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2.4.09

EVELIO ROSERO Y JUAN GABRIEL VASQUEZ: NOMINADOS.


Juan Gabriel Vasquez.

Nominados están los dos escritores colombianos en el prestigioso premio del Reino Unido Independiente de ficción extranjera. Son los único latinos en la lista. Leamos lo que dice la agencia Efe:

El premio británico otorga el galardón a premia las obras traducidas en el último año, informaron hoy los organizadores del evento.El premio fue creado por el rotativo "The Independent" en 1990 y cuenta con la colaboración del Arts Council -organismo británico que se ocupa de las artes-. El ganador, que será anunciado el próximo 14 de mayo, recibirá un premio de 5.000 dólares (unos 3.700 euros), la misma cantidad que obtendrá el traductor de la novela. Rosero fue nominado por 'Los Ejércitos', una obra que, sin caer en el activismo político, relata el drama de los secuestros y los asesinatos perpetrados por la guerrilla. Situada en el pueblo montañoso de San José, la novela narra la vida de Ismael, un profesor retirado que ve cómo su mujer desaparece al tiempo que comienza a escuchar sonidos de balas en la distancia. Vásquez opta al premio por 'Los Informantes', una emocionante historia de traiciones públicas y privadas entre un periodista y su padre. La acción comienza cuando un joven periodista publica su primer libro aparentemente inofensivo sobre la vida de una mujer alemana que llegó a Colombia poco antes de la II Guerra Mundial. Los problemas comienzan cuando el padre de Santoro critica la obra de su hijo en un prestigioso diario, un hecho que lleva al vjoven periodista a investigar los motivos ocultos de la crítica.

Junto a los dos escritores, están también nominados la francesa Céline Curiol ('Voiceover'), el chino Ma Jian ('Beijing Coma'), el albanés Ismail Kadare ('The Siege') y el israelí A.B. Yehoshua ('Friendly Fire'). La directora de estrategia literaria del Arts Council, Antonia Byatt, consideró que los nominados de la presente edición "son una muestra de "la riqueza y la calidad" de las traducciones que se están publicando en el Reino Unido hoy en día.