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13.6.10

Orgullo y prejuicio...y zombies


La versión de Seth Grahame, que ya es un clásico.


¿Quién dijo que la literatura permanece estática? La revista Ñ nos habla de aquellas versiones distorsionadas de algunos clásicos. Un remake siempre será un remake, pero en este caso, contrario a lo que sucede en el séptimo arte, un remake siempre será más divertido:

Se podría pensar, en un axioma un poco básico pero que es necesario verbalizar, que cada país establece una relación única e intransferible con su tradición literaria. La historia de las letras expone casos extremos: la absoluta irreverencia, la devoción, el desinterés, la reescritura, la parodia. Son los propios escritores los que en cada caso, en una especie de golpe oracular hacia atrás, le confieren un nuevo sentido a la literatura nacional que los precede. Después, claro, la crítica hace esa otra tarea, igualmente vital, de buscar las inflexiones semánticas, tensar los nudos entre poéticas y armar finalmente esa línea de tiempo de escrituras compartidas que llamamos literatura nacional. Desde luego, no es la misma relación con la historia literaria la que tenemos los argentinos, de tradición corta y abigarrada, que la que pueden tener por ejemplo los ingleses, que arrastran una sombra de siglos de literatura. Por eso, aunque se traten en el fondo de lo mismo –reescrituras, loops, cirugías en el corazón del canon– las distintas intervenciones sobre libros clásicos que aparecieron en el último tiempo deberían leerse de modo aislado y como casos que sólo hablan de sí mismos.

Cerebros

Cuando Orgullo y Prejuicio y Zombies arañó el puesto número tres de los libros más vendidos en la lista del New York Times, los agentes de mercadotecnia que andan siempre detrás de las modas literarias se hicieron una pregunta básica: ¿de dónde salió este engendro que se vende con el frenesí de un clásico instantáneo? La pregunta era válida, porque en efecto la génesis del libro tiene su modesta historia. El libro nació cuando el editor de Quirk Books golpeó la puerta de la casa de Seth Grahame-Smith, un errático escritor de libros de divulgación y ensayos new-age, y le entregó en mano un volumen delgado y sugestivo. Se trataba de The Art of War Against Fat (El arte de la guerra contra la gordura): un remix del clásico de Sun Tzu con un manual de instrucciones para bajar de peso. Grahame-Smith, seducido por la idea de reconstruir un libro clásico, revisó su biblioteca y encontró en Orgullo y prejuicio de Jane Austen la posibilidad de trabajar con una de las grandes obsesiones de su vida: los zombies, el cine de terror clase B, la sangre derramada, la truculencia como apuesta estética. En ese libro de un terror psicológico contenido, siempre a punto de rebalsarse, Grahame-Smith sólo tenía que dar el último paso, ese que haría estallar todo. Llevar a Orgullo y prejuicio de lo implícito a lo explícito. Además, la intervención de Grahame-Smith lo que hace es trabajar con la influencia de un contexto: no es lo mismo Orgullo y prejuicio en 1813 que en el año 2009; el mundo es otro, y otros son también los lugares desde donde las generaciones leen. Borges nos enseñó en "Pierre Menard, autor del Quijote" que los contextos de lectura lo definen todo. El mismo párrafo exacto del Quijote, leído con cuatro siglos de distancia, no puede jamás ser el mismo. La idea de Grahame-Smith en este sentido es otra, como si lo contemporáneo rearmara el texto clásico de un modo literal, agregando, cortando, saturando la escritura con el imaginario de lo actual. Pero al mismo tiempo, si bien Grahame-Smith incorpora en la novela de Austen eso que hoy está de moda, también elige una figura anacrónica, bien tradicional, como es la de los zombies. Es como si sugiriera que también la versión actual está hecha con materiales añejos, anacrónicos y saturados de sentido.

El propio Grahame-Smith dice que lo que hace es "microcirugía". Cuando le entregó el libro terminado a su editorial, los responsables del sello vacilaron porque pensaban que los devotos de Austen no iban a entender el gesto. Pero la industria del libro, atenta como cualquier otra, vio que la publicación fue un éxito de ventas inmediato y ya empezó a pensar la posibilidad de instalar la reescritura de clásicos como un género en masa. En pocos meses, salieron libros como Sensibilidad y sentimientos y monstruos marinos; Androide Karenina, en donde los personajes de Tolstoi se enfrentan a una revolución cyborg y robótica; Lazarillo Z, el clásico de la picaresca en un ambiente también de Zombies, con una modificación curiosa: el libro –originalmente anónimo– está "firmado" por el personaje central del relato, que anuncia que va a contar "la verdadera historia". Tratándose en Estados Unidos de un fenómeno de la pura industria cultural (no parece haber en estos títulos una relectura fuerte de la tradición literaria, como sí lo hay en la Argentina. Por lo pronto, como dato significativo, ningún libro es norteamericano), hay que mencionar que por ahora todos fueron publicados por la misma editorial, Quirk Books.

Originalmente enfocada a la publicación de libros de mesa de café, la editorial encontró en este formato que ellos llaman mash-up [un término que se utiliza en la industria musical y significa "mezcla"] un modo de "sacar a los libros del circuito clásico de las librerías". En palabras del propio fundador del sello, buscan "un concepto que sea claro y entendible, y que si se publica con una portada correcta y tentadora, pueda cruzar hacia el amplio mundo de los negocios que no sólo venden libros". Por ahora, los mash-up se hacen sobre títulos que han entrado en dominio público (es decir que hayan pasado más de ochenta años de la muerte de su autor, y entonces el libro se puede imprimir sin pagar derechos). De este modo, los beneficios económicos son mayores, desde luego, y además el siglo XIX ofrece un nutrido museo de clásicos para contrabandear. Quizás en algún momento se animen a intervenir sobre relatos nacionales, y ahí sí empiece a jugarse una relación más profunda con la propia tradición literaria.

El canon y el orden

Ya habían pasado sesenta años de la publicación de Orgullo y prejuicio cuando acá, del otro lado del Atlántico, a un tal José Hernandez se le ocurre escribir el Martín Fierro y fundar definitivamente una literatura nacional. El poema se publicó en dos partes, en 1872 y 1879, y durante varios años esa naturaleza mestiza y esquiva del libro confabuló para que no se lo pueda terminar de etiquetar ni de encapsular en una lógica de sentido. El golpe de gracia llegó recién en 1913, cuando Leopoldo Lugones imparte una serie de conferencias en el Teatro Odeón bajo el título de "El payador", en las que instala al Martín Fierro como piedra fundacional de la literatura argentina, y al gaucho como paradigma del ser nacional. Un poco más adelante, Borges va a imprimirle una nueva torsión al Martín Fierro, afirmando que se trata en realidad de una novela en verso, y no de un poema. Quizás frente a esa afirmación se para El Martín Fierro ordenado alfabéticamente (2007), de Pablo Katchadjian. Cuando Katchadjian ordena alfabéticamente los 2.316 versos del original está desembarazando al libro de su imperativo narrativo y convirtiéndolo en un puro efecto estético, en una música con vagos ecos semánticos. Ahí, de fondo, está esa historia del gaucho que se escapó con los indios, esa historia que todos conocemos porque quedó instalada en el inconsciente colectivo de nuestro país, pero ahora fracturada y arrojada en fragmentos en el medio de un libro de frases sueltas. El efecto es extraordinario. "El resultado es un poema a la vez extraño y conocido, una cámara de ecos del poema nacional" escribió César Aira, y agrega: "nos damos cuenta con sorpresa que nos hemos librado justo de lo que más nos molestaba: de esa insistencia de una voz en decirnos algo, hacerse entender, convencernos".

Borges recargado

Pero la cosa no queda ahí. Un tiempo después, Katchadjian saca un nuevo librito, intrépido y destellante: El Aleph engordado (2009). Como lo indica el título, se trata del cuento de Borges ampliado por dentro, con palabras y frases del propio Katchadjian. Se podría pensar que la intervención sobre los dos textos nacionales tienen algo de sana irreverencia, pero yendo más lejos es posible pensar que los mismos textos originales pedían, de un modo tácito pero palpable, estas reescrituras. Porque el Martín Fierro contiene implícitamente la posibilidad de su propia mutación (la idea de que a partir de ahora puede ser reordenado una y mil veces, y siempre habrá un nuevo Martín Fierro), y "El Aleph" es un relato sobre lo infinito. Así, las frases que agrega Katchadjian son parte de un aleph posible, de un aleph infinito que todo lo contiene. Cuando el personaje de Borges se acuesta en un sótano y ve detrás de un escalón esa esfera en donde confluyen todos los puntos del universo vistos desde todas las perspectivas en todas las épocas, debe haber visto también a El Aleph engordado. Borges, recostado en un sótano, viendo en una esfera tornasolada "de casi intolerable fulgor" la imagen de Katchadjian operando con microcirugía en el cuerpo de su propia literatura.
Por lo demás, Aira afirma que Katchadjian hizo un trabajo riguroso con los dos ejes centrales de la conciencia escrita: el tiempo y el lugar. Dice: "El Martín Fierro, El Aleph. El gaucho vagabundo urdiendo en el desierto de los años de su destino, y el escritor inmovilizado en una incómoda escalera, con la vista fija en un punto del espacio. El Martín Fierro es el tiempo de la literatura argentina, El Aleph su lugar. Son nuestras categorías, fuera de las cuales no podemos pensar. ¿O sí podemos? Por lo pronto, podemos escribir". Podemos escribir: la apreciación es válida, porque estos libros son también un modo de pensar el futuro de nuestra literatura. En la tensión con los grandes nombres de la tradición –eso que Harold Bloom llamó "la angustia de la influencia"– se juega la posibilidad de escribir hacia adelante. Lo de Katchadjian, en ese sentido, es vital, porque Borges significó para un par de generaciones una sombra difícil de franquear. "¿Cómo escribir después de Borges?" fue la pregunta fetiche durante algunas décadas para pensar las relaciones epigonales y de mimetismo que la propia escritura borgeana tendía a propagar. Por lo pronto, se vieron dos influencias dominantes de la obra de Borges en las generaciones de escritores argentinos de los sesenta para acá: una impronta estilística (escribir como Borges), que es posiblemente la más peligrosa y la más estéril, y una influencia en el modo de leer la cultura y de pensar lo literario, que ya se impone con el tiempo como su gran legado. Por eso, la intervención de El Aleph engordado en lo puramente estilístico es central, porque juega a desestabilizar esa perfección en la prosa borgeana que ha generado en tantos nuevos escritores el miedo o la reverencia que raya el plagio. Así, el Martín Fierro y El Aleph, textos vertebrales de nuestra tradición, son ahora materia más viva, que podemos manipular con libertad para poder seguir escribiendo.

22.4.10

I foro de Estudios Hispánicos y Americanistas


Kodama.


El I Foro de Estudios Hispánicos y Americanistas da comienzo este miércoles en la Universidad Jaume I de Castellón. El congreso ha sido organizado por la Unión de Editoriales Universitarias Españolas (UNE) en la que se integran todas las universidades de España con servicio de publicaciones y algunas instituciones como el CSIC, la Real Academia de la Lengua Vasca, el Instituto de Estudios Aragoneses... Su intención, como explica su presidente, Francisco Fernández Beltrán, es "promocionar el libro universitario, que afronta graves dificultades para abrirse un hueco en el mercado".


La asociación, aprovechando el bicentenario de la emancipación de las colonias americanas, ha centrado el foro en el ámbito de los estudios hispánicos y americanistas, “un territorio muy fértil en trabajos científicos realizados en las universidades, que luego gozan de pocos espacios para mostrarse al público”, advierte Fernández Beltrán. “También porque la conmemoración se estaba sosteniendo sobre todo al otro lado del Océano, mientras que en España no se le estaba dedicando tanta atención”. Por estos motivos, durante los próximos tres días muchos de esos investigadores en este campo tendrán la oportunidad de dar a conocer los frutos de sus investigaciones, en las diversas comunicaciones que han sido programadas por las tardes.

Las mañanas, por el contrario, estarán reservadas a las ponencias de académicos de prestigio. El jueves será el día destinado a las cuestiones literarias y lingüisticas (el miércoles se abordarán los aspectos históricos y el viernes los políticos). Romperá el hielo el lingüista, escritor, investigador y miembro de la RAE Fernando González Ollé, con un discurso inaugural. Luego intervendrán el ensayista hispano-uruguayo Fernando Aínsa, que analizará la influencia del Quijote en la narrativa hispanoamericana, y Manuel Ángel Vázquez Medel, Catedrático de Literatura Española de la Universidad de Sevilla, que disertará sobre el “compromiso editorial del autor granadino tanto en España como en América”. El colofón lo pondrá María Kodama, presidenta de la Fundación Internacional Jorge Luis Borges y viuda del escritor, que brindará una videoconferencia desde Buenos Aires en la que abordará las relaciones de España y América en la obra de Jorge Luis Borges.

15.10.09

El atlas de Borges


Borges con Kodama.

Kodama no descansa, o mejor, no deja descansar a Borges. Y si, por estos días todo ocurre en Frankfurt. -Me sigo preguntando ¿Cúando volveré a ver el otoño de la ciudad germana?-. La info en EFE:
La viuda del escritor argentino Jorge Luis Borges, María Kodama, presentó hoy en Francfort el libro "El Atlas de Borges", que recoge las reflexiones literarias de él y las fotografías que hizo ella durante los viajes por el mundo que ambos realizaron.

Kodama inauguró en el Instituto Cervantes de Fráncfort una exposición de 130 fotografías y textos seleccionados que dan una imagen íntima de la vida del escritor.

La muestra invita a participar del universo de Borges desde su forma de ver, interpretar y vivir el mundo que recorrió y que reflejó a través de su obra.

Kodama (Buenos Aires 1945), que es escritora, traductora y profesora de literatura argentina, recordó que "para Borges era inútil viajar si uno no tenía idea de la literatura y del arte del país al que iba".

La inauguración de esta exposición, que comenzó su andadura en la ciudad argentina de Mendoza, coincidió con la apertura de la Feria del Libro de Fráncfort al público.

El ministro de Cultura de la ciudad de Buenos Aires, Hernán Lombardi, presente en el acto de inauguración, dijo que "son fotos del cariño y de la intimidad", a través de las que el observador "puede asomarse a los viajes de una pareja feliz por el mundo".

La directora del Instituto Cervantes de Fráncfort, Mercedes de Castro, explicó que en 1979 Borges fue el primer escritor latinoamericano galardonado con el Premio Cervantes, equivalente al Nobel de Literatura en castellano.

"Qué era un atlas para nosotros, Borges?. Un pretexto para entretejer en la urdimbre del tiempo nuestros sueños hechos del alma del mundo", dice uno de los textos expuestos.

Kodama recuerda: "antes de un viaje, cerrados los ojos, juntas las manos, abríamos al alzar el atlas y dejábamos que las yemas de nuestros dedos adivinaran lo imposible: la aspereza de las montañas, la ternura del mar, la mágica protección de las islas".

Borges (Buenos Aires 1899 - Ginebra 1986) publicó ensayos breves, cuentos y poemas.

El Instituto Cervantes de Fráncfort se encuentra en la "Casa de América", edificio construido en 1956 por los arquitectos estadounidenses Skidmore, Owings & Merrill en cooperación con el arquitecto alemán Otto Appel y declarado monumento histórico.

La semana pasada el poeta español Antonio Gamoneda inauguró la biblioteca del Instituto Cervantes de Fráncfort, que lleva su nombre y tiene un fondo inicial de 5.000 volúmenes y capacidad de 25.000 volúmenes.

24.9.09

Autoretrato de Borges


El antiguo dueño del autoretrato era Blomsbury Auction.

La casa de subastas Bloomsbury Auctions de Nueva York rematará más de 200 autorretratos, entre los que se encuentra el de Borges, que pertenecieron a la colección de Burt Britton, quien trabajó en las librerías Sheridan Square Bookstore y The Strand de Manhattan. Los dibujos incluyen autorretratos de Norman Mailer, Tennessee Williams, Lilian Hellman y Jorge Luis Borges – quien ya estaba ciego a los 50 – pero hizo el suyo en el sótano de The Strand, usando un dedo para guiar la pluma que sostenía con la otra mano. "Lo trajo su traductor," dijo Britton.
"El retrato es perfecto, pero lo que más recuerdo es cuando lo acompañé arriba, al piso principal, donde se hizo evidente que estaba escuchando la habitación, los estantes, los libros, y me dijo: "Tiene tantos libros como los que tenemos nosotros en la biblioteca nacional", agregó en declaraciones recogidas por The New York Times.

La misma casa de subsatas vendió en 2004 uno de los 300 ejemplares de la primera edición de Fervor de Buenos Aires, el libro debut de Jorge Luis Borges de 1923.

El remate del autorretrato del autor de Ficciones es la única noticia del día que lo vincula con la Gran Manzana, puesto que la Hispanic Society de Nueva York alberga también desde este jueves en su biblioteca tres grandes estructuras diseñadas por la artista francesa Dominique González-Foerster, que representan escenarios reales acompañados de textos del chileno Roberto Bolaño y del propio Borges, entre otros autores.

El proyecto "Cronotipos y dioramas", que se podrá ver hasta el próximo 18 de abril, es una iniciativa de la Fundación de Arte Dia que se expone por primera vez en Estados Unidos, según informó hoy esa institución en un comunicado de prensa.

13.7.09

Sigue la polémica por los poemas de Borges


Borges y gato.

"Yo soy el autor de esos poemas de Borges", dice ahora Harold Alvarado Tenorio, en un bar céntrico de Bogotá, la capital colombiana. Aunque también ha dicho lo contrario, en estos días salió a contar que es él y no Borges quien los escribió. Y que todo este barullo de intrigas se debe a una de sus bromas añejas, cuando decidió junto a unos amigos distribuir unos sonetos como si fueran del autor de El Aleph, una historia que ahora le volvió como pesadilla. Es que la polémica por los cinco sonetos que se le atribuyen a Borges está en su pico más alto. Empujada por los hallazgos del escritor Héctor Abad Faciolince, quien encontró uno de ellos en el bolsillo de su padre asesinado hace 22 años y no paró hasta confirmar su procedencia, la historia que ya contamos, a contramano de Tenorio, dice más o menos así:

En 1985, un año antes de su muerte, Borges les habría entregado las copias de seis poemas al pintor Guillermo Roux a su compañera Franca Beer y a un poeta francés llamado Jean Dominique Rey. Beer, se los pasó a su amigo Coco Romairone y éste los llevó a Mendoza, se los dio a Juan López y este a Jaime Correas, un fanático de Borges (hoy dirige el Diario Uno) quien publicó cinco sonetos en un cuadernillo para amigos diciendo que eran inéditos y pertenecían a Borges. Dos años más tarde, uno de los poemas apareció en el bolsillo del médico Héctor Abad Gómez, el día en que fue asesinado. Ahora, su hijo, Abad Faciolince, ha armado un revuelo fantástico. "El vende miles de libros con ese cuento del poema", se queja Tenorio. "Yo fui quien le hice saber a Correas de estos sonetos y también quien se los dio al padre de Abad" asegura.

Tenorio, doctor en Letras de la Universidad Complutense de Madrid, es un fanático de Borges. Ha escrito una tesis sobre su obra, un ensayo sobre estos sonetos que curiosamente tituló "Cinco inéditos de Borges por Harold Alvarado Tenorio", se ha visto y fotografiado con el autor de Ficciones en varias oportunidades y entrevistó a María Kodama para el diario El Tiempo hace unos años. "Elegí a Borges cuando tenía 12 años, toda mi vida lo admiré, toda mi vida escribí sobre él y quise ser como él", dice. Pero su relato choca contra un muro. Tiene todas en contra Tenorio. Tanto Roux, como Beer y Dominique Rey confirmaron que los poemas se los dio Borges. Además, de las personas que él cita como testigos de aquella travesura, ya no queda uno solo vivo. Y encima, no tiene la menor idea de por qué Abad Gómez, al leer el poema en un programa radial de Medellín, atribuyó la fuente a la "Revista Semana" y dijo que estos habían sido tomados de un cuadernillo mendocino, el de Correas.

La encerrona no lo deja sin armas. "Como admirador de Borges he escrito tratando de imitar sus fabulaciones con el solo propósito de divertirme", cuenta. Y recuerda que una vez, en España, confeccionó un prólogo para uno de sus libros diciendo que era de JLB. Alguien mandó a preguntarle a Borges sobre el asunto. Y el periodista Jorge Di Paola, en la edición de Panorama de septiembre de 1972, consignó la respuesta. Borges, enganchado en la broma, no desmentía el prólogo. "Desde entonces soy el único poeta colombiano que prologó Jorge Luis Borges", festeja Tenorio. Pero el grato recuerdo deviene otra vez en bronca. "A mí nunca me ha interesado aparecer como autor de los poemas, a mí me da lo mismo. No hay mérito por haber escrito estos poemas que se parecen a Borges", arremete. Dice que publicó los poemas varias veces y que la gente entendía que lo hacía sólo para divertirse. Ahora es distinto. "Este señor, amparado en su éxito, anda diciendo que yo soy un mentiroso", se indigna. "Si me nombran y usan lo que yo escribí, tendrán que pagarme derechos de autor. Abad y Correas", amenaza.

Esta historia de los sonetos sigue sumando inicios posibles. El de Abad, que quiso redimir a su padre; el de Correas, que publicó por primera vez los versos; el de Tenorio que quiso divertirse y ahora se ve como víctima y, tal vez, el de Borges, que nadie sabe qué diría. "Esto era un juego para una minoría. Ahora está en la televisión, en los periódicos, en los festivales y soy el intermediario para poder usar a Borges", insiste Tenorio. Tal vez Abad hijo tenga razón cuando dice que los poemas son de Borges y que si no lo fueran tendría en frente a los fabuladores más hermosos que jamás conoció.

8.7.09

Borges: Made in Japan


Borges, cuchillo en mano.

Un pequeño cuenco de barro, fabricado por monjes, en el que Jorge Luis Borges bebió sake luego de la ceremonia de purificación preparada especialmente para él en el templo de Ise en Izumo, Japón, se exhibía en la exposición internacional que se realizó en 1999 con motivo de cumplirse el centenario de su nacimiento. Allí se reunían aquellos objetos amados e íntimos, "los talismanes" que poblaban su universo privado. La civilización y la religión japonesas atrajeron desde muy temprano al escritor, como lo atestiguó luego en su obra. "Cuando tenía once o doce años, después de leer la obra de Lafcadio Hearn me interesé por el Japón. Leí luego la traducción al inglés del Genji Monogatari , libros sobre budismo, los de Daisetz Suzuki sobre zen, y seguía sintiendo que algún día me gustaría conocer directamente la cultura japonesa." Sin embargo, recién a los 80 años, Borges, en compañía de María Kodama, viajó por primera vez al Japón invitado por la Japan Foundation. "En fin, yo he llegado tardíamente a un país del todo civilizado, y me gustaría volver, desde luego, porque es grato estar en medio de gente que nuncaes agresiva", dijo. Y en ese país "del todo civilizado", Jorge Luis Borges es uno de los escritores latinoamericanos más respetados y celebrados. A mediados del siglo pasado se conocieron sus libros y desde aquel momento se publicó en japonés gran parte de su obra. La admiración que despierta en el pueblo nipón se evidenció en el numeroso público que asistió a la primera proyección en Japón del film Borges: un destino sudamericano , en la sede del Instituto Cervantes de Tokio, durante la segunda jornada del Festival 10 Tango, que con fino sentido los organizadores incluyeron en ese encuentro, realizado recientemente.

En Borges: un destino sudamericano , el escritor se convierte en actor de cine e interpreta a Juan Dahlmann, el protagonista del cuento "El Sur" ( Ficciones , 1944) en el que se basa el film. De treinta minutos de duración, combina testimonios y confesiones con una pequeña ficción final. El relato "El Sur" nació a raíz de la septicemia provocada por un golpe que el autor de "El Aleph" sufrió en una medianoche de 1938, y que lo tuvo entre la vida y la muerte. "Cuando iba a visitar a una amiga, subiendo las escaleras sentí que algo me rozaba la frente, y cuando ella me abrió la puerta y vi su cara de espanto, me llevé la mano a la frente y la vi llena de sangre", relata Borges frente a la cámara. En la película, como en el cuento, Juan Dahlmann, secretario de una biblioteca municipal, viaja al campo para reponerse de la herida, y en una pulpería unos compadritos "medio alegres" lo provocan, un viejo gaucho le tira una daga y Dahlmann, que nunca tuvo un cuchillo en mano, sale a pelear sin saber que así cumple con la sentencia que lleva su destino. "Los hechos no son autobiográficos, pero las emociones sí lo son, y eso es así sobre todo en "El Sur"", relata en el film Borges, que puede personificar así una añoranza: el deseo de la gesta gloriosa. A la vez, muestra cómo ha sido capaz de explorar en su propia biografía para satisfacer el deseo que da sentido a la vida, el duelo, y transformarlo por medio de la palabra en un hecho estético. "El duelo es para Borges el modelo mismo de la ficción: una situación narrativa que articula de una manera particular la relación entre la literatura y la vida", sostiene Alan Pauls en El factor Borges .

La filmación y la película también tienen su propia historia. Dirigida en 1975 por José Luis Di Zeo, con la colaboración de Tadeo Bortnowski, el film fue rodado en tres días en la casa del poeta en la calle Maipú, en Escobar y en otros escenarios. Lamentablemente, el director argentino Di Zeo, graduado en la Escuela de Cine de Lodz, alumno y asistente de Andrzej Wayda, y galardonado con varios premios en festivales internacionales, falleció unas semanas antes de la proyección en Tokio. En varias entrevistas, el cineasta rememora el momento en que le propuso a Borges realizar un film en el que él fuera el protagonista de su propio cuento. "El poeta respondió -cuenta Di Zeo- tomándome la mano y colocándola en su cabeza donde tenía una cicatriz, me dijo: "Ella fue el origen del cuento y del que era su personaje favorito, Juan Dahlmann"". Así nació Borges: un destino sudamericano . Algunas complicaciones surgieron en la destemplada mañana de junio cuando se rodó la escena final en Escobar. Borges se negaba a bajar del coche aduciendo que tenía frío, entonces el director, con permiso de María Kodama, le ofreció al escritor un vaso de coñac: "Tomó el trago de un sorbo y a los dos minutos bajó con energía del coche y me dijo: "Deme el cuchillo"". Sin embargo, el nerviosismo de Borges lo traicionó y en la primera toma "metió el bastón en un hormiguero, con lo que casi se cae". Lo único que pidió Borges por su actuación actoral fue una botella de licor Pernot.

La película durmió luego durante tres décadas en un placar de Olivos. Rescatada por una productora, fue relanzada en España en Documenta Madrid 2007, más tarde en Uruguay y en la Argentina, donde fue declarada de interés cultural por la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires. En una entrevista para La Nacion, Silvia Pisani le preguntó a Di Zeo cuáles habían sido las razones para que el film hubiera estado arrumbado durante tanto tiempo. Éste le confesó que en la Argentina de aquel entonces Borges no interesaba tanto. "La película sí se dio en algunos colegios secundarios y siempre vi entre los jóvenes fascinación por Borges y por saber cómo era. Creo que ahora las cosas han cambiado y que se abren nuevas perspectivas para este documental, al que aspiramos a convertir en largometraje con lo que aún no fue editado." Un deseo que ojalá no quede trunco.

La tarde del 4 de junio, el público que colmaba el salón del Instituto Cervantes de Tokio guardó un conmovido silencio al terminar la proyección. Se sentía que la presencia de Borges, su mirada perdida en el infinito y su peculiar y vacilante voz, que perduran en nuestra memoria, permanecían aún en la sala. Casi como si su frágil voz pronunciara palabras semejantes a las que le escuchamos en alguna conferencia: "Yo creo que la felicidad y la belleza, y la transmisión del pensamiento no son hechos excepcionales, yo creo que se dan continuamente; por ejemplo, ahora, creo que todos sentimos que estamos de acuerdo en algo esencial: todos sentimos que hemos compartido esta tarde, que esta tarde ha sido, gracias a cada uno de nosotros, una hermosa experiencia y hasta sentiremos nostalgia de ella".

2.3.09

BORGES vs TOLKIEN


Fuente: Revista Ñ

Quíen lo iba a decir: dos escritores tan disímiles entre sí, tenían algo en común: la influencia del uno con el otro, quizá sin saberlo. Mejor dicho, los dejo con el comentario de la Revista Ñ, a ver sin despejan la duda que les genero:
"Pointless" (sin sentido): con esa rotunda expresión inglesa, Borges zanjó la cuestión cuando se le preguntó por la obra del escritor inglés J.R.R. Tolkien, autor de El señor de los anillos. Sentado en la biblioteca del Malba, el investigador argentino Martín Hadis recuerda la anécdota con una sonrisa. Desde hace años estudia la vida y obra de ambos y se anima a plantear un juego de espejos. "Son parecidos y a la vez opuestos. Es significativo que Borges dijera eso porque quiere decir 'sin meta'. El problema no es que Tolkien no tuviera metas. El problema es que las tenía muy claras pero Borges jamás hubiera estado dispuesta a seguirlas".

Hablar con Hadis es como jugar a los tragamonedas. La variedad de ideas e imágenes que lanza son un combo a la vez preciso y enigmático: relaciona hobbits, elfos y compadritos porteños; disciplinas como la informática, la literatura y la antropología; la sirena del jackpot chilla cuando vincula los anillos de Tolkien, el (infinito) libro de arena de Borges, el aleph descubierto en un sótano porteño y los Palantíri (esferas que muestran distintos puntos en el espacio y el tiempo) de la Tierra Media. "Yo soy licenciado en sistemas, una profesión curiosa para dedicarse a Borges, a Tolkien y a la lingüística. Pero una de las cosas que más me interesa es cómo usan los aparatos. En ambos hay una advertencia muy contemporánea, nacieron en el siglo XIX, vieron la bomba atómica y murieron en la segunda mitad del siglo XX. La relación entre tecnología y poder, el lugar que los artefactos ocupan en la vida del ser humano, son preguntas que se hicieron y siguen vigentes: en tecnología estamos tocando límites, se crean algoritmos que imitan facetas del cerebro humanos, programas como Google Earth permiten ver cualquier lugar del mundo desde una computadora, transformamos genes. Poblamos el mundo de artefactos, ¿pero somos conscientes ética y humanamente de qué significa eso? ¡Es una locura! ¡Es fascinante!".

26.2.09

LA VOLUNTAD DE BORGES


Fuente: Agencia EFE

A propósito de los restos de Jorge Luís Borges, que quería algún avivado llevarlos a Buenos Aires, nos comentan en la agencia EFE:

Jorge Luis Borges envió el 6 de mayo de 1986, semanas antes de morir, una carta a la agencia de noticias Efe en la que reconocía "la determinación de ser un hombre invisible" en Ginebra, una ciudad en la que se sentía "misteriosamente feliz". En plena polémica alrededor de la idea de la legisladora del oficialismo María Beatriz Lenz de repatriar los restos mortales de Borges a Argentina, este documento en poder de Efe cobra nueva importancia y arroja un poco más de luz sobre el apego del escritor a la ciudad suiza en los últimos días de su vida. En Ginebra había estudiado en su juventud y regresado en numerosas ocasiones, y desde allí se reabre, 23 años después de su muerte, el debate sobre si la voluntad del hombre como individuo debe ser superada por el hombre como patrimonio cultural de un país. "Soy un hombre libre. He resuelto quedarme en Ginebra, porque Ginebra corresponde a los años más felices de mi vida", explica la carta, enviada al entonces presidente de Efe, Ricardo Utrilla, y difundida el 21 de mayo de 1986. Borges, que había definido la muerte como "la gran esperanza que me queda", en una entrevista con Efe tres años antes, falleció el 14 de junio de 1986 y fue enterrado en el cementerio ginebrino de Plainpalais, pero la diputada argentina propuso trasladar sus restos al camposanto porteño de La Recoleta. "Mi Buenos Aires sigue siendo el de las guitarras, el de las milongas, el de los aljibes, el de los patios. Nada de eso existe ahora. Es una gran ciudad como tantas otras", le "responde" "avant la lettre" Borges en la carta. "En Ginebra me siento extrañamente feliz. Eso nada tiene que ver con el culto de mis mayores y con el esencial amor a la patria. Me parece extraño que alguien no comprenda y respete esta decisión de un hombre que ha tomado, como cierto personaje de Wells, la determinación de ser un hombre invisible", concluía. Estos testimonios actualizaban -y parecían contradecir- lo que defiende su biógrafo Alejandro Váccaro o lo que el propio Borges (nacido en Buenos Aires el 24 de agosto 1899) afirmaba en una entrevista realizada en 1969 para el documental francés "Le passé qui ne menace pas" respecto a su deseo de ser enterrado en Buenos Aires.
Nada qué decir. Lo más importante es que Borges descanse, al fin y al cabo.