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25.1.11

Habla Gelman


Juan Gelman.


Una interesante reflexión del quizá más grande poeta vivo en latinoamérica: Juan Gelman. Leamos lo que nos dice en el diario El País:

Gustavo Adolfo Bécquer tenía finalmente razón: la poesía es palabra y la palabra es mujer. Lo pensaban así los vedas y lo saben todos los poetas de hoy y los que pisaron esta tierra de 50 siglos a esta parte. "Word" no tiene sexo. Por eso, y por tantas otras cosas, soy feliz de haber nacido en castellano.

¿Qué ha pasado en la poesía mundial en los últimos 20 años, los que Babelia cumple con vigor juvenil? Pues nada distinto a lo de siempre: el amor, el dolor, la infancia, el mar, la muerte, la memoria y el olvido, el paisaje, un río cualquiera, crean en el poeta la necesidad de internarse en sí mismo para entender cosas del sí asombrado por tanta belleza abandonada, como pregunta sin respuesta. El poeta no da respuestas. Hasta el fin de sus días interroga lo invisible de la realidad, que no le da respuestas.

Vuelvo a los vedas. Dijeron que la Palabra embarazó a Prajapati, el dios cosmogónico, quien así pudo dar a luz a todos los dioses. Fue el primer varón fecundado por una mujer. Esos dioses querían domeñarla mediante sacrificios, reducirla a una ofrenda que les estaba destinada. Pero Ella es huidiza, viene cuando quiere, se va cuando quiere y deja al poeta como un papel vacío. Esperarla se parece a un vino flaquito.

El gran Basho advirtió a los poetas que no deben imitar a los antiguos, sino buscar lo mismo que ellos buscaron. Trescientos años después, Ezra Pound repitió de otro modo la advertencia: hay que volver nuevo lo viejo. El otoño cambia con el tiempo en ojos nuevos que le encuentran nombres no descubiertos antes. ¿El ser humano es un paisaje con lugares todavía a descubrir? ¿Por eso la Palabra es esquiva, no se dejará apresar hasta que nos sepamos?

¿Y qué será escribir poesía? ¿Apagar el ruido de la muerte que entra al oído sin invitación? ¿Mezclar la propia voz con ese ruido para volverlo inútil, apaciguarlo al menos? Borges opinó que el noventa por ciento del arte no existiría si se supiera qué sigue a la muerte. La muerte sería entonces un accidente de la lengua. Homero avisó que los dioses envían desdichas a los mortales para que las cuenten. La palabra narra ese castigo y confiesa así sus límites. No conoce un Paraíso todavía.

Una antigua creencia árabe imagina que el poeta es un ser montado cada noche por un demonio que le exige arrancar a la lengua lo que la lengua niega. Esa tarea es ardua y el poeta insiste porque no tiene más remedio. Espera que la imaginación encuentre en la vivencia su justa expresión y las tres celebren una boda milagrosa. Bien dijo Dylan Thomas que el poeta persevera en su mester con la esperanza de que el milagro se produzca.

A diferencia de los sofistas, que buscaron convertir en razón la ambigüedad de la vida, el poeta desnuda la ambigüedad de la razón. No se lo propone. Escribe a la intemperie de sí mismo y nada más lo abriga. El techo que no tiene es infinito.

La crisis de la modernidad es muy profunda y va mucho más allá de lo económico. Hace años ya que se nos quiere uniformar el alma para convertirla en tierra fértil de cualquier autoritarismo. Impera un darwinismo social brutal y prepotente. La llamada globalización impulsa un genocidio más lento que el de los hornos crematorios, pero no menos bárbaro: se llama hambre. La poesía se levanta contra el empobrecimiento espiritual que todo ello acarrea. La poesía es resistencia no más porque existe.

La poesía viaja del misterio de uno al misterio de todos y en ese encuentro gana su transparencia. Pasa sin nombre, sin número, ajena al cálculo y la sumisión, corrige la fealdad y el desamor, abriga en sus tiendas de fuego. Entra en el lenguaje como cuerpo, corazón que interroga y no puede dormir, come los libros de la noche.

El poema se forja en el combate contra lo que no va a decir y así construye rostros que duran la eternidad de un resplandor, o de un miedo, una miseria, alguna dicha, un recuerdo que despertó y no sabe si va a la muerte o a vivir. El poeta necesita la abolición del mundo para entrar en sí mismo y su escritura. Entonces se metamorfosea y, como Odiseo cuando vuelve al hogar, entra en la poesía disfrazado de mendigo. Hace más de dos mil años le preguntaron al poeta indostán Qu Yuan qué era la poesía. Se quedó pensando en la respuesta y nunca más habló...

11.10.10

Gelman cierra la Feria de Frankfurt


El poeta.


El gran poeta Juan Gelman ha cerrado con total éxito la Feria de Frankfurt 2010. Borges fue el puente, Gelman el camino. Así comenta la revista Ñ la participación del lírico argentino:

El pabellón argentino desborda. En la mesa un presentador alemán, Michael Schmitt, dentro de un rato tendrá que ingeniárselas para sacarle alguna respuesta al poeta Juan Gelman, que está a su derecha. A su izquierda, habla en castellano el escritor islandés Gudbergur Bergsson. Los miran desde atrás, desde el mural que fue haciendo Rep en estos día, Julio Cortázar, Borges, Arlt, Ulrico Schmidl, Esteban Echeverría, Alfonsina Storni, Alejandra Pizarnik, muchos más.

Se acaba la Feria, termina este año en el que la Argentina recorrió Alemania con libros, lecturas, muestras de arte, conferencias, se acaba la serie de discusiones por el pabellón, que empezó por los iconos (Maradona, el Che y Eva Perón, además de Borges y Cortázar), pasó por la estética –muy vital para algunos, demasiado cargado y “turístico” para otros– y terminó con críticas por la inclusión de tres fotos de la presidenta Cristina Kirchner, de buen tamaño.

De parte de los dueños de casa, hubo elogios. “Tuvimos una presencia argentina muy conmovedora”, dijo Juergen Boos, director de esta inmensa Feria. “El nexo entre los autores era la responsabilidad política respecto de su idioma, de su origen, de su historia y del futuro.

Es el invitado de honor con más literatura en muchos años ”. El sábado, Boos había dicho a Clarín: “Nunca tuvimos tantas traducciones al alemán, nunca tuvimos tantas notas de prensa. Vimos mucho interés por el país”. Y había hablado del caracter literario de esta presencia. “El año pasado, con China, la política copó todo. Antes, con Turquía, el tema era la censura, las dificultades de expresión. Con Cataluña, la autonomía. Aquí se habló de literatura y aunque la política estuvo presente, con la dictadura sobre todo, lo estuvo en boca de escritores. Un balance de política y literatura: de eso se trata todo esto”.

Efectivamente, la dictadura y las políticas de la memoria fueron el sello de esta presencia. El sábado, un periodista alemán señalaba que de eso se trataba el 30 por ciento de los libros traducidos a través del subsidio que establece el programa Sur, de Cancillería. Y se preguntaba si el número era representativo, si acaso el 30 por ciento de lo que se escribe en el país habla de la dictadura. Le contestó Claudia Piñeiro, autora de Las viudas de los jueves y una de las escritoras argentinas más requeridas en Alemania: “Hay que pensar que hoy hay chicos de 30 años que viven con familias que no son sus familias y que, además, quizás sean los que mataron a sus padres. Y no es lo mismo cómo la literatura se ocupaba de la dictadura años atrás que como lo hacen ahora Félix Bruzzone o Laura Alcoba. Los efectos deberían estar en todas las novelas, somos un país que pasó por una dictadura.” Pero terminó. Terminó ayer, cuando Magdalena Faillace le pasó el testimonio al islandés Sigtryggur Magnason. Pero antes, un ratito antes, el presentador Schmitt citaba a Tomás Eloy Martínez: “Aun cuando nací en la Argentina y pasé casi toda mi vida ahí cada vez que visito el país lo comprendo menos”. Schmitt adhirió: “Muchos alemanes dirían los mismo respecto de su país”. Y contó: “En los últimos días, nos dimos cuenta de lo orgullosa que está la Argentina de sus escritores”.

Hora de los escritores, entonces. Habla Gelman: “Bergsson es del norte, yo del sur pero no hay norte ni sur para la escritura. Sus puntos cardinales son otros. La literatura islandesa nació hace muchos siglos, cuando se pobló la isla y nuestra ignorancia de ella es abismal”. ¿Ignorancia? Gelman vuelve al puente, vuelve a Borges: “Borges admiraba la literatura y la lengua islandesas y consideró que las sagas son joyas de la literatura universal”. El castellano y el islandés son diferentes pero “sus músicas forman parte de la gran partitura de las lenguas del planeta”, dijo el poeta, y dedicó su lectura –la que estaba a punto de hacer—a Paco Urondo, Miguel Angel Bustos, Rodolfo Walsh y Haroldo Conti, “que cayeron en combate contra la dictadura militar o fueron asesinados en las mesas de tortura”.

Después leyó poemas, después le dijo al presentador que no creía “que el dolor o la felicidad sean el motor de la escritura” y que “ nadie se propone nada con la escritura , lo que sale sale y el resto es silencio”, después le tocó al escritor islandés.

“Hay un pájaro que viene de la Argentina todos los años, pasa el verano en Islandia y después vuelve a la Argentina, dice Gudbergur Bergsson. Y lee un cuento que se llama “El hombre de la Patagonia” y que empieza: “Soy el hombre de la Patagonia, traigo la paz”. Habla buen castellano, lee en islandés, pone en el pabellón argentino los sonidos extraños del islandés, salpicados por –¿dijo eso?—palabras como “Poncho”, “Julio Cortázar”. Y en el relato cuenta que le contaron que había en la Argentina una mujer tan rica tan rica tan rica que hizo que Picasso le tatuara una hoz y un martillo en el hombro, para exhibirla cuando andaba con vestidos sin mangas frente a Perón. Y es Cortázar el que dice, en el cuento, “Esa tiene que haber sido Victoria Ocampo”. No viene de la Patagonia (ahora), viene de Islandia Bergsson. Pero saluda: “Que la paz sea con ustedes, todos los que llegan y salen de Frankfurt”.

Entonces llega la hora del traspaso oficial. Faillace –que estuvo a cargo de todo esto– agradece a los escritores, a los periodistas, a los organizadores, a todos y al gobierno argentino, pasa revista de lo actuado, lee un poema (a Islandia, de Borges), abraza a Juergen Boos y bueno, entrega el rollo.

El hombre que lo toma tiene tiempo para un elogio más. Argentina, dice, mostró “que la literatura no es solamente entretenimiento, no es solamente negocio , es parte de la sociedad, de la democracia, de la humanidad”.

Y empieza a hablar de Islandia. Listo. Somos pasado. Lo hecho, hecho está. La paz sea con los que llegan y con los que nos vamos.

29.9.10

Juan Gelman y La Muerte


Juan Gelman.


El poeta argentino guarda en su corazón varias muertes. Su hijo, desaparecido y asesinado en la dictadura, al igual que su nuera. Por ello asegura que "la muerte da bronca porque no puedes seguir amando". La Revista Ñ (que hace reingeniería en su página web) habla sobre Gelman:

Recién llegado a Barcelona, después de un vuelo de 17 horas procedente de México DF, Juan Gelman presenta el aspecto envidiable de un hombre de 80 años que aparenta sólo 60 - "que se joda el viaje"-aunque ha paseado ya por medio mundo y, encima, lo ha vivido, y sufrido, casi todo. Dispuesto a no anclarse en el pasado, este poeta colosal, delgado y fibroso que sigue bailando tango y milonga corrida, prosigue una pelea interminable que dura ya casi treinta y cinco años, desde que "aquellos asesinos" de la Junta Militar argentina que dieron el golpe de estado del 24 de marzo de 1976 le robaron para siempre a su hijo y a su nuera para torturarlos y desaparecerlos.

Mientras sigue derribando muros de silencio y de burocracias que ocultan complicidades, Juan Gelman dará un recital poético en Barcelona, acompañado con el bandoneón de su gran amigo y no menos gran músico Rodolfo Mederos. "Es un viejo proyecto que nunca conseguíamos llevar a cabo, hasta que la Casa América Catalunya que dirige Toni Travería lo ha hecho posible". Será, en cualquier caso, un acontecimiento insólito (L´Auditori de Barcelona, sala Oriol Martorell, mañana, día 28, a las nueve de la noche) en el que Gelman y Mederos, dirigidos por Cristina Banegas, hablarán Del amor.

El tema, la "obsesión", le viene a Gelman de antiguo, de cuando a los nueve años no se le ocurrió otra cosa que escribirle un poema de amor a una niña - ella tenía once y se llamaba Ana-que ni así le hizo ningún caso, quizá porque "era insensible a la poesía", aunque "ella se fue y a mí me quedó la poesía". Un regalo de la vida si pensamos que Juan Gelman está considerado hoy "el mayor poeta vivo de habla hispana", una valoración seguramente compartida por sus lectores en todo el mundo, además de haber sido honrado en el 2007 con el premio Cervantes y antes, en el 2000, con el Juan Rulfo.

Tiene Gelman otras "obsesiones", que no son otra cosa que el motor de su escritura poética, además de la amorosa, aunque, y a su edad, "todavía estoy averiguando qué es el amor".

"La niñez, el paisaje, el otoño, la muerte" forman parte también de su particular, y universal, repertorio de obsesiones, aunque la muerte, "que a mi edad ya se ve de cerca", no le asusta lo más mínimo y si le da bronca es sólo "porque no podré seguir amando a las personas que amo", y lo dice con voz triste, con ese tono oscuro de callejón y con voz de pena de bandoneón, como la de Malena (uno de sus tangos preferidos), la que cantaba el tango como ninguna.

"Para ser sincero, a mí me habría gustado que el recital de mañana fuera sólo con el bandoneón de Rodolfo Mederos, como en Villa Crespo en los años cuarenta, en las bodas y en las fiestas de la gente que no tenía plata para contratar orquestas pero tenían siempre en la familia o en el barrio un bandoneísta".

Aunque al músico le ardió la cabeza cuando le pidieron que musicara los poemas de su amigo y decidió elaborar más de cincuenta composiciones, adecuadas a cada letra y a cada verso, que podrán escucharse mañana, en rigurosa primicia mundial, en L´Auditori barcelonés.

Desde aquel poema infantil y primerizo, que el autor no quiere recordar, Gelman ha ido elaborando una densa obra en verso y en prosa que le ha merecido la consideración universal. "La lengua es ahora mi obsesión, espero que la última: explorar sus límites desde el fundamento, sólido como una piedra, del español".

18.12.09

Lo nuevo de Gelman


Un poeta para siempre...

A mi querido amigo Leonardo Gil le encanta. A mí también. Es uno de mis poetas preferidos. Rodolfo Edwards de la revista Ñ, nos muestra el nuevo poemario de Juan Gelman. Así nos lo comenta:
Leer a Gelman es escucharlo decir cansinamente y sin énfasis sus poemas.

La poesía de Juan Gelman constituye un género en sí misma. A través de los años el poeta ha edificado una obra compacta, única, intransferible, cerrando "un coto de poesía" que no para de autorregenerarse en un círculo verbal infinito. La marca en el orillo se deja ver ante el menor murmullo o movimiento de sus versos. Gelman es reconocible al primer acorde, es un sonido familiar, "cantito" entrañable como el voceo del canillita o el silbido del afilador.

Su palabra escrita es indisoluble de su voz: leerlo es escucharlo decir cansinamente y sin énfasis sus poemas, como quien camina sin prisa pero sin pausa. Nunca la voz de Gelman fue altisonante, siempre prefirió los registros bajos, profundos. Apela a una gravedad luminosa para "poemar" una vida durísima pero que siempre enfrentó con un corazón inquebrantable, casi invencible. Por su búsqueda de verdad y justicia ha bregado tanto, que en buena parte del planeta ha dejado la marca de su rastrillo.

En el mundo Gelman hay luces en una pista de aterrizaje que nunca dejan de titilar para que regrese una y otra vez al mismo lugar, a la misma herida. Las recurrentes "preguntas gelmanianas" suelen ser retóricas: tienen implícita la formulación de una imputación, escarban como perros de caza, impulsadas por una sed insaciable que no olvida ni perdona: "Esto que empieza solo/de mí, lejos de mí,/es un camino ciego donde/la navegación de la verdad/nunca entra a puerto y lee/sus oleajes de luto (...)¿Qué hace con esto, Usía, juezeando su doctrina apagada? Los que no comen dicha tienen/malpartos en su haber" ("Expedientes"). Los signos de interrogación funcionan como pinzas, como guinches que levantan cada prueba en el simulacro de juicio que se desarrolla en el espacio del poema.

Con la poesía de Gelman el género adquiere un estatuto inefable, amplía su campo de acción para transformarse en un feroz testimonio envuelto en un cofre de oro: nunca ha renunciado a la belleza, siempre pacta con ella antes de subirse a la palabra.

Más críptico quizás que en su libro anterior, Mundar (Seix Barral, 2007), el reciente de atrásalante en su porfía (Seix Barral) se sumerge en un abismo donde no llegan las sondas humanas, perfora las paredes del bunker de la indiferencia, pasa del otro lado del espejo, profanando lo indecible ("La lejanía da limosnas/que nadie puede percibir. Hay un/abierto que incesante nace/en las pequeñas formas/de lo que fuera amor/entre naranjas, arrabales, cosas/donde ya fui").

En la economía de los textos, el uso de los verbos establece un juego metafísico donde el presente interviene el pasado, en un desesperado intento de exorcizar ausencias: "Las pérdidas de hoy, ¿soterran las de ayer? ¿Van/de un dedo a otro en buitres secos/que las saquean ahora?/En los desagües pasan desechos/de la inferioridad de Dios. Las/lejanías no mueren, sueltan/el peligro de ser y su piedra/cae en la vena más dolida" ("Actualidades").

El título del libro anuncia la mecánica de estos poemas: al decir "de atrásalante en su porfía", el poeta manifiesta la urgente necesidad de pulsar las teclas de avance y retroceso para despertar al tiempo de la modorra del olvido. Los neologismos, las paráfrasis tangueras, las distorsiones fónicas, el fraseo intermitente, cierta ironía porteña funcionan como el azúcar al café en la poesía de Gelman, son recursos que sostienen como arneses una enorme mochila de dolor que por el milagro de la poesía se transfigura en imágenes redentoras donde habita una fe, a pesar de todo, en el hombre, en la posibilidad de un cambio, de un giro beatífico para la humanidad. La ausencia de nodos vertebrantes, revelan al poema como un cuerpo herido, el discurso poético se asume como un territorio escarpado donde es difícil hacer pie: "En una rama vibran/el espacio del pájaro y el pájaro/¿Y este oído que escucha/a los clavados con/clavos de resignación? Esas aulas extrañas donde el canto/está vacío" ("La fábrica"). Esa dificultad en el tránsito metaforiza y remite a pedazos de la historia personal de Gelman, verdadero epítome del calvario de un gran número de argentinos, víctimas de las atrocidades perpetradas por la última dictadura militar.

"Lo que se cuenta es lo/que no se cuenta, un rayo, una/interrupción ahí./Lo que se dice es/lo que no se dice como la espiga que brota/y calla su misterio y nadie/sabe qué pasa, qué soluna/o águila del sur/se lleva la llave de la tierra", dice en el bello poema "Silencio tierra", dedicado a Macarena, su nieta recuperada: una batalla ganada en esta larga lucha, pero el guerrero nunca detendrá su marcha, para el poeta otra vez suena la campana.

21.7.09

La poesía: un acto de resistencia


Juan Gelman.

De atrásalante en su porfía es el libro de poesía que acaba de publicar. Se llama Juan Gelman: es el hijo de inmigrantes ucranianos que escuchaba de su hermano los poemas de Pushkin, el que comenzó a escribir en secreto, el militante joven que con el grupo El pan duro se proponía una escritura hermanada con las utopías revolucionarias pero que no resignase desafíos líricos, o el que años más tarde utilizó palabras nuevas en un intento por llevar a lengua castellana al límite de sus posibilidades expresivas.

Gelman es también el hombre que se exilió para sobrevivir, el que en 1976 perdió a sus hijos y a su nuera embarazada en manos de un grupo de tareas asesinas, el que encontró consuelo en los escritores místicos, el que recuperó a su nieta Macarena después de años de búsqueda, el que ganó el Premio Cervantes y ahora, un año después, como si nada, atiende el teléfono en su casa de México y en vez de hola, para iniciar la conversación pregunta: ¿Bueno? y luego se dispone a hablar amablemente hasta que un previsible zumbido irrumpe.

Desde sus comienzos tuvo una actitud militante y una posición frente al acto de escribir. ¿Qué queda hoy del Gelman que se inició en el movimiento de El pan duro?

Lo que queda es la misma necesidad de la escritura de poesía y una confianza, si usted quiere un poco lastimada, de que algún día las cosas van a mejorar. Estos son tiempos realmente oscuros, hay momentos así en la historia de la humanidad. Luego siempre algo surge tendiente a cambiar las cosas.

A lo largo de su vida ha dicho varias veces que la poesía es contraria a la deshumanización. ¿Parecería que hay algo de la poesía que confirma a la humanidad?

La poesía, y el arte en general es un acto de resistencia contra el envilecimiento de estos tiempos. Cuando hablo de acto de resistencia no me refiero a acto voluntario. El solo hecho de que el arte exista es un hecho favorable en la historia. La creación de zonas de belleza y de cierta verdad, cuando uno lee poesía, ve un actor que le gusta, provoca una especie de encuentro, y también una especie de consuelo, porque uno piensa que a pesar de todas las catástrofes habidas y por haber nada ha interrumpido a la creación. Esto, con momentos más brillantes o menos, más o menos oscuros, continúa desde el fondo de los tiempos.

Sus textos participan de una lírica que parece propia de esta resistencia, con la invención de palabras nuevas y reglas semánticas que tensan el límite de la lengua. ¿Se trató de una operación conciente?

Tal como la concibo, la poesía nunca es una operación conciente porque nadie se puede sentar nunca a escribir poesía. Yo lo hago producto de una obsesión. Necesito escribir para saber de qué se trata. No se qué quiero decir, no se qué busco, salvo la expresión de esa obsesión. Nunca es una operación pensada, es lo que me sale.

Analicemos lo que le salió en este último libro. ¿Qué significan las alusiones al lenguaje herido e imposibilitado de hacer su trabajo, al mundo que alguien debe componer, a los hombres como portadores de silencios, enigmas?

Después de haberlo escrito y publicado, creo que mi libro es sobre la poesía y el trabajo del poeta, que entraña un sumergirse en si mismo, en su propia maleza para encontrar la expresión. Este es el silencio al que refiere el libro, la coexistencia de una persona y un otro que escribe, alguien que uno no conoce bien, que está en el fondo, y no tiene todos los días. Algunos lo llaman inspiración, a mi me gusta llamarlo obsesión.

6.4.09

JUAN GELMAN Y "LAS INDIAS"


Juan Gelman.

El poeta argentino se haya en Nueva Delhi, invitado por el instituto Cervantes de India. Mi querido Gelman, ¿Cuándo vendrás a éstas otras indias?
"Se acabará la eternidad y el poema / buscará todavía su / tripulación y lo / que no pudo nombrar, tan lejos", leyó Gelman, y su conversación con el público giró a partir de entonces alrededor de la extraña capacidad de la palabra poética para decir el mundo.

"La poesía no la escribe uno cuando quiere, sino cuando quiere ella, cuando viene", reflexionó luego el escritor, laureado con el Premio Cervantes 2007.

"Sigo creyendo que la poesía va más allá", admitió cuando se le preguntó por el alcance de su compromiso político y de su convivencia con el ejercicio poético.

Pero Gelman reivindicó también su condición de periodista para seguir de cerca la política internacional y condenó, una vez más, la "sucesión de dictaduras militares" en Argentina durante el siglo XX, al tiempo que abogó por una profundización en las democracias contemporáneas.

En el coloquio también participaron el director del Instituto Cervantes en Delhi, Oscar Pujol, el embajador argentino, Ernesto Carlos Álvarez, y el escritor y consejero cultural de la embajada colombiana, Santiago Gamboa.

La nota india la puso el profesor de español S.P. Ganguly, quien comparó la "búsqueda de significado" y el dolor en algunos versos de Gelman con la obra última del poeta bengalí Rabindranath Tagore.

Cuando a Gelman, que en su visita a Delhi tiene también previsto acudir mañana a un acto en la Academia de las Letras de la India, se le preguntó por los atributos del gigante asiático, apeló a su "misterio".

Pero también, en un comentario jocoso, aseguró que países como China y la India "tienen un atractivo que uno no investiga para no decepcionarse".