28.2.10

¿Qué pasará con el Congreso Internacional de la Lengua?


Logo del evento.


Después del devastador terremoto en Chile, ¿estarán para continuar con la programación en cuanto al Congreso Internacional de la Lengua en Valparaíso se refiere? Si cancelaron Viña del Mar, todo es posible. A dos días del comienzo del Congreso, nadie se ha pronunciado al respecto. Quizá la respuesta es obvia, digo. El dilema de la exclusión de Vargas Llosa y Jorge Edwards en el evento, pasó a un décimo plano. Ya no importa. Sin embargo, Paz Soldán, antes de ocurrir el terrible sismo, nos recuerda aquel, ahora, pequeño incidente:

La Tercera informó esta semana que los organizadores del acto inaugural del Congreso de la Lengua, a celebrarse en Valparaiso el 2 de marzo, habían decidido prescindir de la presencia de los escritores Mario Vargas Llosa y Jorge Edwards. Sonaba raro que un Congreso de la Lengua contara en su inauguración con autoridades oficiales pero no con los que se supone que representan la escritura viva y están entre los que más han hecho por dotar a la lengua española de una dinámica proyección hacia el futuro. Poco después llegaron las aclaraciones y rectificaciones de La Moneda, y todo volvió a la normalidad: Vargas Llosa y Edwards no serían excluidos.

Se le puede dar el beneficio de la duda a La Moneda y decir que todo no fue
más que el error de un "funcionario medio". Sin embargo, es difícil no quedarse con la sospecha de una burda represalia debida al apoyo de los escritores a Piñera en las pasadas elecciones. Y quizás en el fondo no importe tanto si el autor del desatino era una alta autoridad o apenas un "funcionario medio". Lo que este episodio revela, una vez más, es la perversa relación que existe entre el poder y la letra en América Latina.

Ahora que estamos en época de bicentenarios, es bueno recordar que es nuestras repúblicas nacientes en el siglo XIX el hombre de letras que intervenía en la esfera pública era más la regla que la excepción. El poder simbólico de la escritura hizo que nuestros letrados se contaran entre los principales regidores de las naciones: de sus plumas salieron las Constituciones, las leyes, las reglas para hablar y escribir. Andrés Bello y Sarmiento, nuestros grandes codificadores, sellaron esa alianza entre poder y letra que no haría más que consolidarse con el paso de los siglos. Es cierto que hubo flujos y reflujos, momentos en que la escritura quiso alejarse del poder: pienso, por ejemplo, en los modernistas de fines del XIX (pero incluso ellos tuvieron a Martí). Sin ir más lejos, las nuevas generaciones -digamos, desde la década del noventa hasta nuestros días- han sido explícitas en su deseo de adoptar un nuevo modelo de escritor, más recluido, menos dispuesto a opinar, a intervenir en el debate político. Pero la tradición pesa, y el escritor latinoamericano está más cerca del intelectual público francés que del esquivo autor norteamericano (admiramos el silencio de Salinger, pero en el fondo aspiramos a Camus).

En un continente en el que la vida intelectual nunca ha alcanzado una autonomía que le permita alejarse del poder, es lógico que de vez en cuando el poder resienta estas intervenciones y quiera poner las cosas en su lugar. Nuestros políticos cortejan a los intelectuales y están acostumbrados a su adherencia cortesana, y por ello no saben muy bien qué hacer con las críticas y los rechazos, los gestos de independencia. Ya sabemos a qué extremos se ha llegado en tiempos dictatoriales: la cárcel, la tortura, las muerte.

Resulta tentador rasgarse las vestiduras ante lo ocurrido con Vargas Llosa y Edwards, pero quizás habría que verlo desde otra perspectiva. Que un escritor sea excluido por un gobierno significa que lo que dice todavía importa: su peso simbólico es más fuerte que su peso real. Lo que sorprende es la forma atolondrada de la exclusión, no la exclusión en sí, que es, digamos, el precio a pagar por esa tirante relación entre el poder y la letra en nuestro continente.

La revolución de los sentidos


Magnus.


El argentino Ariel Magnus se anticipa al mundo venidero. ¿Libros con banda sonora? ¿Con backstage? ¿Con retazos de películas? Un equilibrio entre la imaginación y la tecnología. Así lo analiza en la Revista Ñ:

Las apariciones del e-book y del e-reader son las mejores noticias que recibimos los amantes de los libros desde Gutenberg. Reducidas al mínimo las trabas materiales, a partir de ahora el horizonte de reproductibilidad libresca se potencia al infinito. Se acabaron los libros agotados o inconseguibles, los costosos envíos por correo, la angustia sobre qué llevarse a las vacaciones, las bibliotecas públicas insuficientes o la nostalgia de la propia. Se acabaron los monigotes mirándonos desde la solapa, se acabó la memoria fotográfica como único medio de búsqueda. Y se acabaron también los genios incomprendidos que no consiguen publicar, o los pobres intelectuales que no pueden pagarse una edición. Los manuscritos –como se los sigue llamando– ya son libros, y habent sua fata [los libros tienen su destino].
Claro que para que tomemos plena conciencia de esta revolución falta aún que los readers cuesten lo que una tostadora, y que las editoriales dejen de vender los pdf al mismo precio que sus lentamente anacrónicas impresiones en papel. Gracias por informarnos sobre cada nuevo dispositivo que sale al mercado, con su pantalla de no sé qué y su capacidad para no sé cuánto, pero a mí las técnicas de costura de un libro tampoco son un tema que me apasione. Hágannos algo bueno y barato, y apliquen la tecnofilia en los coches y los aires acondicionados.
Porque el gran enemigo de esta nueva tecnología es la tecnología misma, su idea poco libresca de lo que es un soporte evolucionado respecto de uno que ya existía. La tinta y el papel digitales que no cansan la vista son inventos grandiosos, capaces al fin de cumplir el sueño borgeano del libro que contenga todos los libros, y que no se desmarque al caer. Hasta los gatos, que aman rasparse contra el papel, ponderarán las ventajas de hacerlo contra la superficie templada de un aparato. Y si ya no podremos medir la cultura de un anfitrión por el tamaño de su biblioteca, nos entrenaremos en deducir de sus razonamientos lo que logró incorporar de sus lecturas. Y aunque ya no vamos a saber por la tapa qué lee esa chica en el subte, aprenderemos a adivinar sus gustos por el color o el modelo de su reader.
El riesgo está más bien en que la tecnología no se frene ahí, y que en vez de abaratar costos se concentren en justificar su precio agregándole funciones multimedia hasta convertirlo en una computadora más. El error de aplicar al libro digital la misma lógica que al teléfono o a los otros dispositivos móviles está en que el libro es por definición aquello que no contempla más movimiento que el de sus páginas. Con alguna temeridad podría hasta decirse que la literatura es lo anti-cinético, y que su historia gira en buena medida alrededor de los intentos que han hecho sus cultivadores por generar la ilusión de movimiento y simultaneidad. Esa quietud fundacional es todo lo contrario a una falencia, más bien es a ella que la literatura le agradece su capacidad para hacer que el movimiento ocurra dentro de nuestras cabezas.
Por ende, queridos amigos japoneses, si un libro de pronto sirve para ver películas o chatear, ya deja de ser un libro, y no necesariamente para convertirse en algo mejor. Al menos para los que no podemos leer y mirar la televisión al mismo tiempo, pero que a la vez no podríamos abstenernos de chequear mails si la bandeja de entrada estuviera a pie de página, el libro-multimedia pierde atractivo cuantas más funciones se le agreguen. El único movimiento que deben lograr los e-reader, y que por ahora se les escapa, es el equivalente al de hojear rápido sus páginas. Pero si la utopía es lograr un libro que suene cuando alguien nos llama o sirva para jugar a la Playstation, creo que no va a poder ganarle tan rápido al de papel.
De todas formas lo más probable es que convivan por varias décadas, al menos hasta que nos vayamos los que nacimos entre árboles encuadernados, y que no vamos a dejar de comprar libros aun cuando podamos obtener nuestro primer e-reader a precio sensato. Pero tampoco la posibilidad de que este proceso se acelere y realmente nos toque vivir la muerte del libro puede asustar a nadie. Salvo a los que sacan fotocopias, oficio que nadie va a extrañar, empezando por quienes lo padecen, ninguna persona que se dedique por verdadera vocación a los libros tiene que dejar de hacerlo cuando todos sean digitales.
Al contrario. La multiplicación de originales y la velocidad de publicación hará que se necesiten muchos más editores y que las editoriales cobren cada vez mayor importancia como filtros de calidad. Otro rubro que florecerá será el de los lectores calificados, no bien las editoriales y los concursos empiecen a recibir textos digitales y se acabe el absurdo de los tres ejemplares impresos "a doble espacio por una sola carilla". Premios como el Juan Rulfo, en el que ya se puede participar por mail, confirman que basta ese cambio para que los ejemplares recibidos pasen de unos cientos a varios miles. El mismo panorama de continuidad y aun de mejora parece abrirse para la corrección de originales, el diseño interior y el arte de tapa, pues cuanto más proliferen las ediciones de autor (ahora en sentido bien estricto) tanto más se valorará un libro sin erratas, bien diagramado y con una linda portada.
Tal vez los que más sufran la falta de libros sean quienes los venden, los libreros, aunque los que saben de su tema también sabrán aplicar sus conocimientos en otros ámbitos, ya sea en negocios online o reacomodados en los suplementos literarios, que por su lado tenderán a ampliarse en relación proporcional a la cantidad de textos que necesiten una lectura crítica o una publicidad solapada. Y los libreros y otros intermediarios que no saben de su tema se dedicarán a vender e-readers o cualquier otra cosa, probablemente sin notar la diferencia.
En cuanto a los escritores, difícil que les vaya peor que ahora, que cobran como máximo un 10 por ciento de lo que generan en un 90. Los que tengan su público hasta podrán vender sus libros por SMS y acaso ganar buen dinero. Y los que no, seguirán contentos de que alguien los publique y alguien los lea, aunque más no sea en copias piratas por las que acaso no reciban ni un comment de agradecimiento.
Porque la piratería, ese gran fantasma, no es algo que deba preocupar más que a los editores, que por cierto no parecen estar perdiendo el sueño por ello y que posiblemente se despierten tan tarde como sus colegas de las discográficas y las productoras de cine. Como ya ocurre de hecho con la música y el cine, la piratería en literatura la sufrirán en su mayoría los pocos que ya ganan suficiente, mientras que la gran mayoría la mirará casi con cariño. Ningún escritor se opone a ganar cuatro o cinco pesos por cada libro vendido, pero no creo que tampoco nadie prefiera esos billetes a tener un lector, que por lo demás no tendría problemas en pagar por lo que lee si no le pidieran cuarenta o cincuenta pesos para hacerlo. La literatura no nació para ser un negocio y tampoco va a morir si deja de serlo, y los escritores igual tienden a ganarse la vida en sus márgenes.
Tampoco la literatura en sí me parece que vaya a cambiar demasiado en la era de su reproductibilidad sin fronteras. Ya hay libros con links y no puede faltar mucho para que los haya con pedazos de películas, con banda sonora, con backstage. Imagino ediciones de Borges con todos los libros citados adentro, una edición de El perfume con olores, policiales con partes de texto que se borren y reaparezcan.
Pero dudo que nada de eso reemplace las historias tradicionales, aun en sus versiones más modernistas. La literatura es también el arte de luchar contra sus propias limitaciones, jugando a quebrarlas con imaginación, no con tecnología. Si desaparece esa sugestiva imposibilidad, si las letras se ponen en movimiento, desaparecerá la literatura tal como la conocemos hasta hoy. Lo cual tampoco sería una tragedia. Con lo que ya hay escrito, incluso con lo que ya hay escaneado, a los seres humanos no les alcanzará la vida entera para leerlo todo, condición necesaria para al fin ponerse a releer.

26.2.10

Poema del Viernes # 7


Herta Müller (Nitchidorf, Rumania 1953)


En el más reciente número del periódico virtual Con-fabulación, aparece publicado un poema de la actual Premio Nóbel, la rumano-germana Herta Müller. La traducción es de este blogger, exclusivo para el periódico, y ahora, claro, para todo el mundo. Feliz fin de semana para todos.


LA LÁGRIMA*


Amelia salió del patio. Comenzó a andar por la hierba llevando una pequeña caja en la mano. La olió. Windisch vio la falda de Amelia proyectar su sombra sobre el forraje. Sus muslos eran blancos. Windisch vio que Amelia mecía las caderas.

La caja estaba enlazada con una cinta plateada. Amelia se miró en un espejo. Buscó en él la cinta y haló de ella. “La caja estaba en su sombrero”, dijo.

En el interior crujió un papel de seda blanco. Sobre el papel había una lágrima de cristal, y tenía un orificio en la punta, así como una ranura en su interior. Bajo la lágrima había una hojita de papel. Rudi había escrito en ella: “La lágrima está vacía. Llénala de agua, agua de lluvia, si es posible”.

Amelia no lograba llenar la lágrima. Era verano, todo el pueblo se había quedado seco, estéril, y el agua del estanque no era agua de lluvia. Amelia acercó la lágrima a la luz de una ventana. Por fuera era sólida, pero por dentro, a través de la ranura, se estremecía.

El cielo ardió siete días hasta vaciar el mundo por completo. Se desplazó hasta el final del pueblo. En el valle, el cielo miró hacia el río. Bebió toda el agua posible, y volvió a llover.

En el patio el agua se precipitaba sobre las piedras. Amelia se detuvo con la lágrima mirando hacia la canaleja. La lluvia iba colmando el vientre de la lágrima.

En el agua de la lluvia también había un retazo de viento. Un viento que impulsaba campanas de cristal por entre los árboles. Se escuchaban lóbregas, en cuyo interior se agitaban remolinos de hojas. La lluvia cantaba. Parecía tener arena en su voz, y cortezas de árbol.

La lágrima se llenó. Amelia la llevó a su habitación con las manos mojadas y los pies descalzos saturados de arena.

El agua resplandecía en el interior de la lágrima. Una luz fulguró dentro del cristal. El agua de la lágrima goteaba entre los dedos de Amelia.

Windisch extendió la mano. Cogió la lágrima. El agua comenzó a empapar su codo. Amelia se lamió los dedos con la punta de la lengua. Windisch la vio humedecerse los dedos en aquella noche tempestuosa. Miró la lluvia afuera. Sintió la oleada de agua en su boca. El nudo del vómito le oprimió la garganta. Windisch puso la lágrima sobre la mano de Amelia. La lágrima goteaba, y el nivel del agua en su vientre no cedía. “Es agua salada. Te calcina en los labios”, dijo Amelia.

Esta vez, Amelia se lamió la muñeca. “La lluvia es dulce”, dijo, “La sal viene del llanto de la lágrima”.

*El relato Der Träne, traducido especialmente para Con-fabulación del libro Der Mensch ist ein großer Fasan auf der Welt. Editorial Hanser, Primera edición, 1995, Berlín, Deutchland.

23.2.10

Primer año de Tierraliteraria


El logo.


Hoy Tierraliteraria cumple su primer año. Como saben, este blog no pretende ser centro de crítica literaria bajo ningún sentido. Lo quisiera, pero el tiempo requerido para eso sería demasiado agotador, y hasta ingenuo. Tierraliteraria es un blog de noticias literarias, nada más. Una que otra opinión, algún comentario, rara vez un pequeño artículo, un ensayo, alguna crítica, y hasta ahí. Eso sí, y lo deben admitir, muchas recomendaciones de lecturas, de libros, de autores. Estoy más que feliz con las estadísticas: 23.000 entradas en un año. Tierraliteraria recibe visitas diarias de más de 20 países, 130 entradas en promedio al día, sin contar los enlaces automáticos en el Facebook, que ya van en 40 vistas cada 24 horas, es decir, 170 entradas totales. Bajo mi honesta, pero humilde opinión, un pequeño éxito. Es cierto, los comentarios son más bien pocos, lo cual no significa que las entradas no sean vistas. No hay afán. El objetivo está propuesto. Gracias a ustedes por acompañarme en esta tarea que resultó, como muchas cosas ocurren en la vida, experimentando, jugeteando, diviertiendome un día que no tenía mucho por hacer. Debo añadir, para terminar, que hoy cumple años mi padre, y estamos a tres días de celebrar el de mi hija Laura. Así que cada año que cumple el blog, cumple así mismo Luis, mi padre, y Laura, mi hija. Un abrazo a todos, y gracias de nuevo.

Semana de lanzamientos


Portada del libro de Juan Sebastían Gaviria.


MIÉRCOLES 24 DE FEBRERO:

El poeta Darío Jaramillo Agudelo presentará su libro Del amor, del olvido, de Luna libros; junto al escritor Ricardo Silva.
Lugar: Fondo de Cultura económica, Centro cultural GGM, 6 de la tarde, en la librería.

JUEVES 25 DE FEBRERO:

Noche de Los Conjurados, mi editorial. 7 p.m. en la biblioteca del Gimnasio Moderno de Bogotá (Cra 9 No. 74–99) se presentarán los poemarios Los materiales humanos del venezolano Leonardo Padrón, Navíos de Caronte de Carlos Fajardo Fajardo, Objetos que nos miran de Olga Malaver y Cicatriz Souvenir de Juan Sebastián Gaviria.

VIERNES 26 DE FEBRERO:

Universidad nacional. Centro de postgrados Ciencias humanas, salón oval.
Presentación del cuaderno Viernes de Poesía No. 72
“Un oficio” de Fernando Linero Montes
la presentación de los libros: “Los materiales humanos” de Leonardo Padrón (Venezuela)
y “Disturbio” de Miguel Ángel Manrique


Lanzamiento del libro El cuaderno de Renata, sede Cali


La portada.


Para Marzo será el lanzamiento del libro RENATA Bogotá. Mientras esperamos, les comento que mañana será el lanzamiento de El cuaderno de Renata, sede Cali. Julio César Londoño, el tallerista de la ciudad vallecaucana, y a quien entrevisté el año pasado, fue el encargado de antologar el libro. Aquí la nota:

El Taller de Escritura de la Biblioteca Departamental funciona desde el año 2006. Busca que los talleristas aprovechen todo el potencial de ese antiguo y poderoso instrumento que nos ha tocado en suerte, el idioma español, para elevar su nivel de escritura.

Está adscrito a Renata, la Red Nacional de Talleres de Escritura Creativa del Ministerio de Cultura, cuyo objetivo es diseñar estrategias para estimular la lectura crítica y la cualificación de la producción literaria en las distintas regiones de Colombia.

Aquí un aparte del prólogo:

“… y empecé a trabajar el 21 de junio de 2008, día del solsticio de verano, con un grupo que resultó extraordinario (¿manes del solsticio?).

Es una feliz combinación de adultos que aportan su experiencia y de jóvenes llenos de talento y entusiasmo. Hay estudiantes de literatura, humanistas, dramaturgos, periodistas, artistas, hombres de ciencia. Por eso las sesiones del taller pueden desembocar en una discusión sobre astrofísica, ética, biología, música, neurología o cualquier otro asunto. Fue un resultado sorpresivo: sólo aspirábamos a ser un taller de escritura y nos encontramos con un centro de pensamiento estimulante y muy divertido (la risa no está excluida) con énfasis en literatura.

Esta heterogeneidad del grupo garantiza que los textos que los estudiantes someten allí al examen de sus condiscípulos resulten analizados desde muchos ángulos y adquieran una consistencia notable. De la severidad de la crítica de este grupo no escapa nada, ni siquiera los escritos del director. ¡Cuánto hemos aprendido todos en los debates del taller!

El volumen que el lector tiene en sus manos es dispar por la misma disparidad del grupo, y no tiene pretensiones antológicas: es más bien una especie de memoria del taller. Cada estudiante eligió de su producción algunos cuentos, ensayos, crónicas o poemas, y con ellos armamos un libro que aspira a enseñar y a divertir, a intrigar y a conmover.

Pido a los dioses del verano que algún vestigio de la felicidad con que fue compuesto alcance al lector.


Si quieren leer los relatos de la antología en Scribd, pincha aquí.

¿Plácido o Pablo?


Plácido Domingo

Por el periódico El mercurio, me entero que Plácido Domingo será Pablo Neruda en la ópera Il Postino. Aquí la nota:


La Ópera de Los Ángeles, que dirige el tenor español Plácido Domingo, acaba de comunicar que abrirá su temporada el 23 de septiembre con el estreno de la ópera Il Postino, basada en el filme homónimo de Michael Radford, quien a su vez se inspiró en el libro Ardiente paciencia, del escritor chileno Antonio Skármeta.

Aunque la presentación había sido anunciada originalmente para el año pasado, fue pospuesta un año para que coincidiera con el 25º aniversario del teatro, según explicó el pasado 11 de febrero el músico mexicano Daniel Catán, uno de los pocos compositores latinos que han logrado conquistar a la crítica y el público estadounidense, al diario chileno El Mercurio.

“Marcaremos un hito, porque por primera vez en toda su historia este coliseo programó un estreno mundial cantado íntegramente en español. Es un reconocimiento a la comunidad hispana de Estados Unidos. Ahora tendremos que poner sobretítulos en inglés”, cuenta Catán, quien nacido en Ciudad de México y radicado en Los Ángeles, también es autor, entre otros montajes, de la ópera Florencia en el Amazonas, inspirada en El amor en los tiempos del cólera, de Gabriel García Márquez.

Il Postino contará con un elenco de lujo, partiendo por los tenores Plácido Domingo, como Pablo Neruda, y Charles Castronovo, como el cartero Mario (el papel originalmente sería encarnado por el mexicano Rolando Villazón, pero él mismo canceló por problemas vocales). Junto a ellos estará la soprano chilena Cristina Gallardo-Domâs, como Matilde Urrutia.

La idea nació de una solicitud del propio cantante español, quien le pidió a Catán que concretara un proyecto lírico que los involucrara a los dos. “La obra de Skármeta me pareció fantástica y de inmediato me puse en contacto con Antonio, preguntándole si podía montar su libro, y le encantó. Me dio luz verde para elaborar el libreto y la partitura”.

En términos musicales, dice que se apreciará la influencia de grandes compositores de este género, entre ellos Puccini y Verdi. “Pero también oiremos algunas orquestaciones propias de Debussy, Stravinski, Ravel y Richard Strauss. Me he esforzado en plasmar melodías memorables y con momentos de gran dramatismo. Con un gigante de la talla de Plácido Domingo, tenía que producir una partitura a su altura”.

Catán agrega que para el papel de Matilde Urrutia originalmente había pensado en una mezzo, pero “al oír a Cristina Gallardo-Domâs decidí ajustar ese papel a su voz de soprano. Ella tiene un registro extraordinario. Matilde es el gran apoyo de Neruda y por eso reescribí varias veces su rol, para que se luciera”.

Catán adelanta que la obra incluirá una memorable escena de amor entre el poeta y su amada. “Normalmente este tipo de situaciones se da entre parejas más jóvenes, no entre maduras como ocurre aquí. Creo que será un aporte”.

Simonetti y el pudor


Simonetti.


Al igual que yo, Pablo Simonetti es ingeniero. Abandonó su carrera a los 35 años para dedicarse por completo a la literatura. ¿Abandonaré la ingeniería a esa edad por la literatura? Bueno, mi historia es eso, otra historia. Estamos hablando de Simonnetti. Debutó con gran mérito con un libro de cuentos titulado Vidas vulnerables. Ahora, tras el enorme éxito que le ha supuesto la novela La barrera del pudor, está más que dichoso de haber tomado a buen momento de su vida aquella decisión de cambiar de profesión. En este caso, deberíamos decir, de oficio. Es más gratificante ser escritor que ingeniero. A nosotros, los ingenieros, nadie nos quiere, en cambio a los escritores generalmente se les ama. En ADN Martín Rojo le hace una entrevista al chileno:

-¿Cómo definiste tu condición?

-Viajé a Estados Unidos en el último año de mis estudios y allí salí catapultado del clóset. Desde ese instante supe que quería escribir. Volví a Chile en el inicio de la adultez. No resistí más mi trabajo, renuncié y comencé a escribir. Una vez que asumí mi sexualidad, quité el tapón que bloqueaba la vocación literaria.

-¿Esa transformación fue aceptada o resistida?

-Cuando vinieron los primeros premios comenzó a parecer a mí y a mi familia que no estaba errado. En 2004, cuando salió mi novela Madre que estás en los cielos , mis compañeros del colegio, a quienes no había visto en mucho tiempo, me celebraron el cumpleaños y me mostraron su aceptación. Esa grieta que crucé me hace escribir sobre personas con la identidad desfasada del mundo en el que viven. Como el personaje de esta novela, Amelia.

-¿Cómo surgió ese personaje?

-Lo primero que vi fue a ella, separada, en esa casa. Vibraba como una nueva mujer, independiente, con mucha fuerza vital. Después apareció Ezequiel, el marido. Me atraía la inversión de roles: la mujer activa y el hombre pasivo. Yo sigo a mis personajes, creo que son los que le dan vida a la novela y traen temas interesantes. Si hubiera puesto el tema antes, habría asfixiado la narración, porque los personajes se vuelven discursivos y el relato, una demostración de las ideas que uno tiene sobre la sociedad y las relaciones. Como dice Norman Mailer en Un arte espectral , uno se sienta a su escritorio cada día con la esperanza de que el inconsciente se sienta en confianza como para asistir a la cita. Mi inconsciente me llevó a los conflictos que enfrenta Amelia.

-¿Cuáles son esos conflictos?

-Los de todos mis libros, personas que luchan por conquistar su identidad ante circunstancias que los reprimen. Amelia hace un camino de autodescubrimiento. También de reconocimiento de su cuerpo. Si la experiencia sensorial está postergada, te retraes y no te involucras en tu vida, prefieres no desear para no sentirte incompleto y necesitado. Son dos posturas frente a la muerte. Amelia siente que seguir su matrimonio sin pasión es como morir. Ezequiel cree que no arriesgar es la manera de no morirse.

-En esta novela y en la anterior analizás los conflictos de identidad en las relaciones matrimoniales. ¿Por qué elegís ese modo de relación?

-La pareja me parece la fórmula esencial de convivencia en nuestra sociedad. Es donde aprendemos a amar, odiar, temer, a resentirnos del otro; es el lugar donde dudamos o confiamos ciegamente. Es el laboratorio de la vida humana. Las dimensiones sociales, políticas o culturales que adquiere un hombre comienzan por una definición en la pareja y la pareja se define por la estructura familiar en la que ese hombre nació. Se me puede acusar de freudiano en esto, pero creo que es así. Hice un psicoanálisis de diez años, así que de todos modos no puedo negarlo.

-¿Creés que la negación puede sostener a una pareja extinta?

-La negación es una forma de sostener una identidad que se derrumba. En mis relatos hay un personaje principal lúcido pero que está equivocado. Amelia es una mujer que espera cosas que sabe que no van a pasar. Es tan narcisista que espera del mundo un espejo que le siente cómodo, y cuando eso no sucede se rebela. Es inteligente pero no puede verse a sí misma con claridad. Siempre me ha fascinado de Henry James que sus personajes tienen una lucidez gigantesca pero no ven lo esencial de lo que les está ocurriendo, como en Las alas de la paloma o Retrato de una dama . Los personajes que ganan moralmente son los que, sin ser esclarecidos, ven la pequeñez humana.

-¿Cómo descubriste el modo en que una mujer piensa sus conflictos de identidad?

-Al escribir no me disocio de mi personaje. Soy Amelia cuando escribo. Mi escritura es muy física. Por eso lo perceptivo, lo visual y la emoción son fundamentales. Lo esencial en un escritor es ponerse en la piel de una persona diferente.

-¿A qué creés que se debe el éxito que la novela tuvo en Chile?

-Hay gente que me dice que siente que es una novela conectada con su época, que está leyendo algo de la vida de hoy tal cual es, sin una mirada preconcebida.

-¿Pensás que refleja algo de la sociedad chilena actual?

-Chile es un país que ha pasado de ser una sociedad pobre y solidaria a ser rica e individualista. Las personas no tienen tantos problemas de subsistencia pero viven encerradas en sí mismas. Se puede convertir en un individualismo salvaje que excluya la solidaridad. El valor que se le ha dado al individuo es positivo, pero hay que estar atento al otro lado de la moneda.

22.2.10

Antonio Úngar, el cirquero


Antonio Úngar.


Las Zanahorias voladoras es una hermosa novela ambientada en varias ciudades, desde México, la propia Bogotá y Barcelona. Una extraordinaria obra donde la locura de un escritor se convierte en la fatalidad de su vida. Ahora Úngar nos presenta el libro de relatos Trece circos y otros cuentos comunes. Aquí la nota, en El Espectador:

Antonio Úngar ha usado sus cuentos como excusa para mirar en las grietas, para recorrer de la mano de sus personajes esas zonas no muy iluminadas ni ventiladas en donde se crían los anormales. Y entiéndase en este caso por anormales aquellos hombres que no le venden el alma al diablo, “a cualquier diablo, para tener un estilo de vida parecido al del estadounidense de clase media que aparece en las series de televisión”, sentencia el autor.

En esta antología, Trece circos y otros cuentos comunes, un Pierre espía una pelea de dos hermanos regordetes que sucede en el apartamento del lado, un hombre y una joven llamada Ángela invaden una refinada casa desocupada durante las vacaciones, un hombre arrastra el cadáver de una mujer en un trigal y el lector no sabe si es realidad o sueño, y además, se cuenta la vida de un abuelo comunista y alemán que ha muerto.

También hay una y otra vez historias de seres que viven en universos circenses. “Creo que hay circo en una pelea familiar y hay circo en un tiroteo del narcotráfico, y hay circo en un coqueteo entre novios, y hay circo en las maromas que hace un político para robarse unos millones. La vida entera puede ser un juego. Tal vez podamos jugar mejor si entendemos que jugamos, y a qué jugamos”, asegura Úngar, quien ha bautizado a algunos de los cuentos de esta antología El gran circo Tandele, El circo Manson, El circo muerto con frutas.

Esta compilación de 24 historias escritas por Úngar entre 1994 y 2001, fueron concebidas en sus años de desprevenida juventud, cuando entre maquetas de arquitecto y puestos administrativos llegaba a su casa y encontraba sosiego, —y alguna alternativa vital para su insomnio—, en la escritura de unos relatos cortos.

“Estos cuentos eran una abstracción, una metáfora de lo que venía pasando en mi vida real. Después escribí dos libros que tenían que ver con la memoria: uno sobre la infancia y otro sobre la adolescencia. Ahora acabo de terminar una novela sobre la realidad política. Sigue siendo la realidad, pero una más dura”, asegura Úngar, quien en cada respuesta deja entrever su timidez y, con ella, la razón poco mística para que no le gusten los medios.

Los personajes que habitan las 221 páginas del libro están llenos de dudas, atraviesan crisis, sucumben a la tristeza, padecen derrotas públicas y reconocen las privadas y eso, aunque carga los cuentos irremediablemente de un tono lúgubre, hace que estos protagonistas sean reales, demasiado humanos.

A lo largo de las historias de tono alucinante, Úngar tiene la intención, o la tentación, de darle al lector el final por adelanto, o al menos las opciones que devienen de sus finales, pero lo que propone es casi como un juego de rompecabezas: habrá que atacar cabos, escuchar acuciosamente la voz del narrador, oler como los personajes huelen para no perder detalle ni pistas y entonces encontrar, cuando se llega al final sabido, de nuevo la sorpresa. Ese es sin duda uno de los grandes talentos de este libro.


¿Cuántos colombianos han sido publicados en Anagrama? Pregúntenle a Herralde, o al propio Antonio Úngar, ya que Miranda, su segunda novela será publicada por esta editorial. De buena fuente sé que Juan Gabriel Vásquez publicará con Anagrama próximamente. ¿Se avecina un acercamiento de los colombianos con Jorge Herralde? ¿Una cosecha? Recordemos que el bogotano Alvaro Robledo, finalista del Premio Herralde de novela en 1998, con la novela Nada importa, no fue publicado por la afamada editorial...

Moleskine, mejor blog de crítica literaria.


Iván Thays.


El ya afamado blog de Iván Thays, Moleskine literario, se ha llevado el premio a mejor blog de crítica literaria en lengua hispana. Congratulaciones a Thays. La nota, que ya aparece en varios medios, la retomo de su amigo, el también peruano Gustavo Faverón:

Como quien me recuerda que la blogósfera peruana también tiene un lado positivo, la catalana Revista de Letras acaba de premiar a Moleskine Literario, la bitácora de Iván Thays, como el Mejor Blog de Crítica Literaria del Extranjero.

Supongo que esto convierte a Iván, oficialmente, en un crítico literario. Vamos a ver cómo lidia con ese peso...

Fuera de bromas, y tras mandarle mis felicitaciones a Iván, se me ocurre una cosa: quizá sería interesante que los organizadores del premio dividieran esta categoría de modo que se pudiera premiar a quienes manejan blogs de actualidad literaria, como Iván, por un lado, y a quienes llevan bitácoras de crítica, por otro (que los hay y de buen nivel: en España, México y Argentina sobre todo).

No sé en realidad si es el mejor blog de crítica, pero si el más reconocido. Felicidades al peruano¡¡¡¡

Las memorias de Casanova


El manuscrito.


¿Quién no recuerda al desaparecido Heath Legher en el papel de Casanova? La leyenda del conquistador veneciano puede ahora retomarse con sus memorias. Dicen que pueden llegar a la increíble suma de 3,6 millones de euros. Nada mal. La nota en ABC:

El Ministerio de Cultura francés que dirige Frédéric Miterrand ha hecho pública hoy la compra de un valioso manuscrito que contiene varias páginas de las memorias de Giacomo Casanova.

Frédéric Mitterrand, el presidente de la Biblioteca Nacional, Bruno Racine, y el editor alemán Hubertus Brockhaus, han rubricado la firma del contrato de compra del valioso documento, cuyo precio no se ha dado a conocer, aunque al parecer se trata de la compra más cara de un manuscrito hecha por el Ministerio francés.

En palabras del editor, «el manuscrito estaba en nuestra posesión y yo quería que el público tuviese acceso a él. Me alegro de poder entregar esta obra de la literatura mundial a la Biblioteca Nacional».
Según estiman los expertos, el precio de la obra adquirida se situaría por encima de los 3,6 millones de euros que se pagaron por el manuscrito del autor francés André Breton en 2008. Mitterrand explicó que Francia adquirió el único ejemplar de las memorias de Casanova, del siglo XVIII, con ayuda de un mecenas anónimo.
Casanova, italiano de nacimiento, escribió sus vivencias en francés, por considerar, como él mismo apuntó, que ese idioma estaba más difundido que el suyo. Un heredero del mujeriego italiano vendió en 1821 las memorias al editor alemán Friedrich Arnold Brockhaus, en Leipzig. Tras la Segunda Guerra Mundial, la familia se trasladó a Wiesbaden y se llevó el manuscrito.

19.2.10

Despedazando 544 páginas


Ese soy yo, ayer en la noche.


Querido Andrés,

Lo que te escribo aquí quizá te cause algún dolor. Uno minúsculo, claro, pero al fin y al cabo, un dolor. O tal vez exagero y no te importe, y rías después, no lo sé. Ese dolor del que te hablo me ha asaltado de una manera tal que, por hoy, no puedo trabajar a gusto, no me hallo, no me encuentro, hoy simplemente, no soy. O soy aquel que lo exagera todo, aquel que pretende condicionar el mundo para que gire según le apetece, y eso, apreciado Andrés, es peligroso, y lo sabes. A lo mejor, es una maldita bravata por una senda estupidez. No daré más rodeos: he roto, casi hoja por hoja, tu libro, ese que aprecio tanto, ese libro que para mí es la Biblia literaria desde hace un año. He vuelto nada El viajero del siglo. Y no creas que no adoro a Sophie, a Hans, al hermoso organillero, o a Franz, con todo y que no me agradan los perros. Pero espera, no es lo que piensas. Vos me caes bien, porque, como dice Thays, eres un buen tipo. Y tus libros son más que extraordinarios. No fue envidia, o algo semejante. Vaya qué cosas suelen sucederle a la gente. Y sí, por una senda estupidez he deshojado tu libro, le he quitado la hilaza que sostenía las páginas. La solapa quedó irreconocible. Del arcón no queda nada. La sabiduría que llevaba dentro ha desaparecido. Ahora tu libro yace en la basura, y lo arrastrará al relleno sanitario alguien como Demetrio, que por las noches seguirá con sus malditos puzzles, imaginando un escape más allá de sus narices. Por tercera vez repito: Quizá exagero. Imagínate que le he prestado el libro a mi esposa, a mi amada esposa, que es algo descuidada, y le ha regado una taza de café por todos lados. Era la taza de café más grande del mundo, no tengo duda, porque las hojas se despedazaban entre las manos. Lo hizo sin intención, claro, sabe cómo amo esa obra. Lo hizo en su oficina, en alguna cafetería, qué se yo. No me dijo nada. Ayer en la noche lo tomé de nuevo para leer algún aparte, y vaya sorpresa que me llevé. Y no, no es por el libro. El libro puede volver a comprarse, y con gusto lo haría de nuevo. Ese no es el lío. El lío, querido Andrés, es que firmaste el libro con aquella pluma que te regaló Mont Blanc, y a ti nadie, curiosamente, te había regalado una pluma, y eso también lo sabes. Ese día, en aquel instante, la primera firma fue para mi ejemplar. Con aquella pluma de oro, la recuerdo bien. Por eso ella, Paloma, ni comprando de nuevo el libro puede reemplazarlo. Y sí, también te digo, mañana será como si nada, como un día más, y seguramente ya no estaré tan furioso con ella, y pensaré que es una senda estupidez, una bravata de niño. Pero hoy no lo es. Ese es el dolor del que te hablo. A Isabel Allende le preguntaron alguna vez que si su biblioteca se quemara, qué libro, si estuviese en sus posibilidades, salvaría, y ella dijo: la primera edición de 20 poemas de amor y una canción desesperada, con asombrosa dedicatoria de Neruda. Los demás pueden arder sin problemas ¿Y vos, querido Andrés, cuál es el libro que más amas?

Poema del Viernes # 6


E.E. Cummings (Cambridge, Massachusetts1894 - 1952)


EN UN LUGAR


En un lugar en el que nunca he estado, felizmente más allá
de cualquier experiencia, tus ojos tienen su silencio:
en tu gesto más frágil están las cosas que me cercan,
o aquellas que no puedo tocar porque están demasiado cerca

tu mirada más leve fácilmente puede descerrarme,
pese a que he cerrado mi ser como dedos,
vos me abrís siempre pétalo por pétalo, como la Primavera abre
(tocando hábilmente, misteriosamente) su primera rosa

o, si es tu voluntad cerrarme, yo y
mi vida se cerrarán muy hermosamente, repentinamente,
como cuando el centro de esta flor imagina
la nieve descendiendo cuidadosamente en todas partes

Nada de lo que podemos percibir en este mundo se compara
con el poder de tu intensa fragilidad: cuya textura
me fuerza con el color de sus tierras,
mostrando muerte y eternidad con cada respiración

No sé que hay en vos que se cierra
y se abre.
Nadie, ni siquiera la lluvia, tiene manos tan pequeñas.

18.2.10

Esmir Garcés y Carlos Polo, ganadores de los premios UIS


Carlos Polo Tovar.

Esmir Garcés Quiacha.

Esmir Garcés Quiacha, quien dirige la revista Hojas sueltas, ha sido el flamante ganador del Concurso UIS de poesía. A Esmir Garcés me lo presentó hace poco Gonzalo Márquez Cristo. Un hombre sencillo, jovial, con una risa constante que llega a impregnar a todo el que conoce. No hay duda que, cómo dice Thays de Neuman, es un gran tipo.

A Carlos Polo lo conocí en Barranquilla, en la charla que dí en la Biblioteca de La Aduana. A él me lo presentó Paul Brito. Un tipo serio, bakano como dicen los barranquilleros. Hablamos un rato, leí algo de su poesía - vaya, otro poeta - y me pareció genial. Algo lacónico en sus respuestas. No es fácil sacarle las palabras, pero sin duda, un escritor genial. Polo ha ganado en la categoría de Cuento.

¿Los premios? Nada mal: $ 5.000.000 y la publicación de las obras, en un tiraje de mil ejemplares. Aquí la nota que publican en la Universidad Industrial de Santander:

Carlos Alberto Polo Tovar, nació en Barranquilla. Ha publicado narrativa y poemas en libros como Polifonía de colores, Testamento de la barriada, asi como artículos en El Heraldo y las revistas Flota la prosa, Puesto de combate, Huellas y en ediciones de Uninorte y de la Universidad del Magdalena. Recientemente publicó su primera novela “La suerte del perdedor”. En 2003 gano el VII Concurso de guiones y libretos, de la Universidad Autónoma del Caribe. De manera unánime, el Jurado de la quinta versión del Concurso Nacional de Libro de Cuentos UIS, integrado por los escritores Julio Alberto Paredes, Cristian Valencia y Roberto Rubiano, concedió el premio a la obra, que según el Jurado “ofrece una mirada irónica y arriesgada sobre el entorno militar a partir de una experiencia particular. El libro tiene un sostenido interés en todos los cuentos y una propuesta temática que se preocupa por las circunstancias de nuestro tiempo”.
Por su parte, el escritor huilense Esmir Garcés Quiacha, es Comunicador Social, Periodista Cultural y Editor, director de la revista de poesía Hojas sueltas de literatura. El Jurado del Concurso de Poesía, Ramón Cote Baraibar, Fernando Herrera y Juan Manuel Roca, destaco “que la obra sostiene una unidad temática y una misma atmósfera, que sin embargo no limita una amplia gama de registros. La obra revela un mundo sugestivo e inquietante, de gran imaginación y dominio del idioma”. En el acta, el Jurado añade que “la obra es una producción notable en la reciente producción poética del país, con una musicalidad que le da un tono intimista a un mundo poblado de presencias oníricas y de sobresaltos nocturnos”.
El jueves 4 de marzo, Dirección Cultural, llevará a cabo la ceremonia de premiación, a las 4 de la tarde en el salón Hormiga de la Sede UIS Bucarica.

El mapa de Jack Kerouac


El librodiagrama de Posavec.


La generación Beat marcó una ruptura en la literatura norteamericana, y Jack Keroauc, a la cabeza del movimiento, mostró ese lado de la moneda del beatnik: una escritura rápida, lacónica, cinematográfica. Stephanie Posavec se introduce en el mundo del escritor estadounidense para dejarse arrastrar en la brillante novela En el camino. Un extraño homenaje al escritor, pero maravilloso al mismo tiempo: un mapa, un diagrama de la novela. Dicen en la Revista Ñ:

Este es un texto que comienza por la imagen. Las ilustraciones que acompañan este artículo son páginas del proyecto On the map (en el mapa). Un trabajo de la británica Stephanie Posavec, que convierte la novela En el camino de Jack Kerouac en lo que la artista llama un organismo literario.Su resultado es fiel a la nueva representación gráfica, que hace uso de la iteración, y donde los elementos se ramifican siguiendo una lógica matemática. Piezas que florecen siguiendo registros estadísticos.

En el organismo principal, la novela está representada con una rama por capítulo, que se ramifica en párrafos, que a su vez se bifurcan en tantas líneas como frases, y que muestran en su punta una flor tan extensa como la longitud de la frase. Cada una de ellas tiene un color diferente según la temática: actividades ilegales y encuentros con la policía; fiestas, alcohol y drogas; trabajo y supervivencia... El resultado muestra de un vistazo el ritmo y la temática. Y nos da pistas de por qué la pieza se llama En el mapa.No hay que confundir los diagramas con los mapas.

En 1933 el diseñador Harry Beck creó el actual mapa del metro de Londres, que supuso un importante avance en la representación gráfica. Las representaciones hasta entonces eran fieles a la distancia real. Beck decidió que lo importante no era la distancia sino la secuencia, y propuso un plano, no topográfico, sino topológico. El plano fue un éxito y ha sido aplicado a subterráneos de todo el mundo. La clave de su éxito es la clave de todo mapa. El ingrediente esencial de los mapas es la señal usted está aquí, y esa cuestión no tiene sentido en el espacio que el metro recorre entre estaciones.

La novela En el camino fue simultáneamente la Biblia y el manifiesto de la norteamericana generación beat. El nombre beat evocaba la idea del derrotado (beaten down)y la del ritmo. El norte de la generación beat y el alma de la novela de Kerouac fueron la individualidad y el inconformismo, que en general se practicaban cogiendo el coche y marchándose bien lejos. Mientras escribo estas líneas, una marca de coches se anuncia en televisión recitando un fragmento de la novela desde el interior de un utilitario en marcha, lo que muestra que su espíritu sigue vivo. La generación beat es la primera en la que los coches son un producto de consumo: antes de la producción en cadena, un avión y un coche tenían precios muy similares. Los beat derrotados eran la oposición a los vencedores de la Victoria mundial, y su crisis de identidad se enfrentaba a unas normas establecidas pero poco concretas. Los norteamericanos definieron su perfil como el opuesto al comunismo. El comunismo estaba definido en las obras de Marx y Engels, pero el perfil americano nunca fue enunciado. Más acá del horizonte de prosperidad del sueño americano, todo era justificable como lo contrario de lo que hacía el rival.

La novela de Kerouac es el intento de descubrir el sentido por las bravas. Cuando no hay mapas, la solución se busca ejerciendo de polizón. El personaje principal de En el camino, por encima del narrador, es el travieso Dean Moriarty. Su identidad real, Neal Cassady, estuvo en el ojo del huracán en dos saltos generacionales. Fue el explorador de los Beats, y fue también el conductor del autobús de Ken Kesey (autor de Alguien voló sobre el nido del cuco) que inmortalizó Tom Wolfe en su monumental Ponche de ácido lisérgico. Estuvo en la generación que se rebeló ante el progreso utópico, y estuvo en la generación que, mediante química lisérgica, se rebeló contra la propia realidad. Los mitos de Cassady y de En el camino se mantienen porque aplicar hoy sus preceptos no es fácil. Los coches de entonces son los vuelos baratos de hoy, en los que entrar de polizón es impensable. La iluminación está copada por gurús de anuncio por palabras. La rebeldía está estandarizada en los anuncios de refrescos.

De este modo, el diagrama de Posavec es en realidad un mapa, que podemos aplicar sobre nosotros mismos. Reflejando sobre el papel el porcentaje de horas que pasamos en el coche, o tomando café, o en reuniones que no cuajan en ninguna decisión concreta.

El diagrama de nuestras vidas será, como el de En el camino, el diagrama de la insatisfacción. Y cubrirá la función esencial de los mapas. Usted está aquí.

17.2.10

Primeras páginas de Invisible


Paul Auster y Sophie, su hija.


Quien no haya leído La trilogía de Nueva York, de Paul Auster, se está perdiendo de todo un universo literario. Los estadounidenses Auster y Cormac McCarthy son referencia, desde hace tiempo, de cómo se debe hacer una novela contemporánea. ¿Estaremos hablando de un boom estadounidense? Me respondo: desde hace tiempo, Hellman. Philip Roth, James Ellroy, DeLillo y unos cuantos más encabezan la lista. Por el momento, y solo por el momento, leamos las primeras páginas de Invisible, la nueva novela de Paul Auster.

Otra cosa, y esto es para Anagrama, aunque no lleguen nunca a este blog - por el momento, y solo por el momento -, ¿cómo es posible, querido Herralde, que cada libro de la colección maravillosa de Anagrama, se vendan en Colombia a $70.000, $90.000 y de allí en adelante? ¿No ves que con ese dinero se pueden conseguir 10 libros en excelente estado, incluso de mejores autores de los que publicas?

Pincha aquí para leer la primera parte de Invisible, de Paul Auster

16.2.10

Para leer al anochecer


Portada del libro.


Para leer al anochecer
—sugerentemente subtitulado Historias de fantasmas—, reúne una colección de relatos de temática sobrenatural, fruto de la pluma siempre recomendable de Charles Dickens, algunos de los cuales fueron publicados en su día en la revista All the year round, propiedad del autor.

Una puerta al más allá, a lo extraordinario, se abre en cada relato: sueños premonitorios, habitaciones encantadas, personajes malignos o apariciones fantasmales que claman justicia desde el otro mundo son algunos de los ingredientes con los que están confeccionados estos cuentos para leer en las largas tardes invernales.

Sobre funestas señales premonitorias trata la primera historia de “Para leer al anochecer”, el relato que da título al volumen: en ella, una joven se obsesiona con el rostro de un personaje desconocido que la persigue en sueños y que acabará desempeñando un aciago papel en su vida. Una vuelta de tuerca a ese tema presenta “El guardavías”, donde un empleado ferroviario encargado de vigilar un tramo de vía, recibe la visita de un espectro que le avisa de accidentes mortales, pero cuyas apariciones, precisamente, serán la causa de un incidente fatal.

Las apariciones fantásticas de quienes vienen a anunciar una muerte (a veces la propia, a veces una ajena), también tienen cabida en estos relatos, así como la de quienes regresan del mundo de ultratumba para resolver un asunto pendiente. Ese es el caso de “La historia del retratista”, un relato que aparece esbozado brevemente en “Cuatro historias de fantasmas” y se desarrolla en detalle en el cuento que nos ocupa. En él, una hermosa y misteriosa joven visita varias veces a un pintor de retratos con un misterioso objetivo, que curiosas circunstancias se encargarán de esclarecer.

Los relatos de los que hemos hablado hasta ahora pretenden ser únicamente una muestra de lo que encontrará quien se embarque en la lectura de Para leer al anochecer. El volumen es muy homogéneo ,no sólo por la temática de los cuentos reunidos, sino también por la calidad de los textos. Son mayoría entre estos las narraciones en primera persona, fiel reflejo de esa tradición oral que siempre ha sentido una morbosa inclinación a contar historias macabras y sucesos sobrenaturales para amenizar las veladas.

Y precisamente, por romper con esa uniformidad que mencionábamos, cabe destacar dos relatos: “El letrado y el fantasma” y “Pálpitos confirmados”, en los cuales se sirve Dickens de todos los elementos que dan cuerpo a las historias anteriores: atmósferas opresivas, personajes misteriosos, extrañas apariciones e, incluso, el narrador en primera persona como recurso para dotar de verosimilitud a la historia; sin embargo, en ambas ocasiones el autor, en un guiño al lector, construye una risible parodia de las historias de misterio en la mejor tradición gótica.

En resumen, una agradable colección de relatos que hará las delicias de los incondicionales del género.

Andrés Neuman, ¿Ahora cantante?


Dale PLAY al ensayo previo...


Su línea musical parece estar aflorando de nuevo. Y digo de nuevo, porque recordemos que sus padres fueron grandes músicos, así que el pobre Andrés, desde muy pequeño, tomó clases de cuánto instrumento se cruzara en su camino. La dejó al poco tiempo, para bien de la literatura, y de la música, sin duda. Me entero en el blog Moleskine que ahora Neuman anda de cantante, conformando el grupo 22 escarabajos, con el peruano Iwasaki a bordo. Eso si que hubiese encantado verlo. Dice Thays en su blog:

El día 12 de febrero, en la Librería Tres Rosas Amarillas, con el auspicio de la editorial Páginas de Espuma, se cumplió un hito de la historia musical de nuestro idioma: la presentación del grupo musical 22 escarabajos con Mario Cuenca y Fernando Iwasaki en guitarras y Andrés Neuman en voces. Dicen que Neuman, previamente, repartió tapones para los oídos. Algunos agradecieron el gesto. Otros dicen que no los necesitaron. Muchas preguntas quedan flotando en el aire. Por mi parte, espero que los gustos musicales de Fernando (otrora cantante de nueva trova en las cafeterías de la pucp) hayan mejorado. Quizá le entraron al tango de Neuman. No, no creo. Tampoco me los imagino cantando una guaracha a lo Lavoe, lamentablemente. Yo los veo medio aflamencados, la verdad Pero basta de especulaciones ¿Qué clase de música tocan estos escarabajos? Quien haya estado en el concierto que lo diga.

Esperando a Alicia


Alicia.


Mientras esperamos el nuevo filme de Tim Burton, Alicia en el país de las maravillas, me entero por en el ABC que el autor del celebrado libro, Lewis Carroll, tuvo más de un lío financiero por ayudar a los huérfanos. ¿Será verdad? Lo de líos financieros lo creo:

La cuenta bancaria del autor de «Alicia en el país de las maravillas» estuvo con frecuencia al descubierto. Lewis Carroll (1832-1898) fue tan generoso con sus donativos a una treintena de entidades que ayudaban a niños sometidos a abusos, que en ocasiones sus números rojos llegaron a ser el doble de su sueldo anual.

Este descubrimiento, al hacerse pública por primera vez su cuenta bancaria, debería enterrar de una vez por todas las sugerencias de las últimas décadas sobre la posible pederastia del escritor, afirma Jenny Woolf, autora de una nueva biografía. Ésta coincide con el próximo extreno de la película de Tim Burton y Johnny Depp basada en la popular novela.
Woolf ha logrado que Barclays haga pública la cuenta bancaria de Carroll, a lo que el banco ha accedido tratándose de alguien fallecido hace más de un siglo. El modesto clérigo anglicano y profesor de matemáticas en Christ Church, college de la Univesidad de Oxford, tenía sus ahorros en un banco local, luego adquirido por Barclays.

Revelaciones monetariasLa consulta de los archivos relativos a Charles Lutwidge Dodgson, nombre real de Carroll, ha permitido descubrir que éste hacía donativos secretos a entidades como la Sociedad para la Protección de Mujeres y Niños, dedicada a perseguir a hombres que abusaban física o sexualmente de niños. Normalmente gastaba unas 50 libras anuales a esas ayudas, cuando su sueldo como profesor era de 300 libras al año. En 1892 su descubierto llegó a ser de unas 22.000 libras (25.000 euros) en su valor de hoy. Los documentos indican que el director del banco tuvo que informarle de que futuras retiradas de dinero las tendría que hacer previo acuerdo.
Woolf, autora de «The Mistery of Carroll», descarta que esos pagos no fueran en realidad fruto de la generosidad sino del sentimiento de culpa y del deseo de derrimirse. «Alguien que fuera culpable habría querido decirle a todo el mundo acerca de sus donaciones con el fin de mostrar que no era pederasta. Él los mantuvo privados», dice.
Carroll se inspiró para su «Alicia en el país de las maravillas» en Alice Liddell, la hija de once años del deán de Christ Church college. El hecho de su relación con Alice y sus hermanas y de que Carroll fotografiara desnudos infantiles llevó a que en recientes décadas se comenzara a hablar de una posible viciosa relación del escritor con niños. Para Mark Richard, presidente de la Sociedad Lewis Carroll, la nueva biografía ayuda a corregir esa visión. «Hasta ahora no sabíamos lo generoso que era», afirma.

Concurso "palabra de la memoria"


Uno de los logos de la celebración.


Con motivo de la celebración del Bicentenario de la Independencia Colombiana, la Universidad Central convoca a jóvenes entre 18 y 29 años para que presenten un poema, cuyo tema esté relacionado de alguna manera con dicha conmemoración.


Bases


1. El poema deberá tener entre una y tres cuartillas de extensión, en papel tamaño carta, a doble espacio. Si se trabaja en computador, deberá presentarse en letra Times New Roman, tamaño 12.

2. Los concursantes deberán enviar tres (3) copias del poema, firmadas con seudónimo, y en sobre aparte, los datos del autor (teléfono y dirección electrónica), la fotocopia del documento de identidad, el nombre del poema, y el seudónimo, a la siguiente dirección: Concurso Nacional de Poesía para Jóvenes "Palabra de la memoria", Departamento de Humanidades y Letras, Universidad Central, Carrera 5 # 21-38 Bogotá.

3. Se entregarán tres premios distribuidos así: primer puesto 3.000.000, tres millones de pesos; segundo puesto, 2.000.000 millones de pesos; tercer puesto 1.000.000 millón de pesos. Los poemas serán publicados en la Revista Hojas Universitarias.

4. El jurado estará integrado por escritores de idoneidad y reconocida trayectoria.

5. Apertura: Lunes 1 de febrero de 2010

6. Cierre: 20 de mayo de 2010

7. El fallo se dará a conocer el 22 de julio de 2010, a las 6:30 de la tarde, en el Auditorio del Teatro de Bogotá, de la Universidad Central.

8. No se devolverán los trabajos.

Comité organizador
Universidad Central, Comité organizador del Bicentenario de la Independencia de Colombia.
Departamento de Humanidades y Letras, Isaías Peña Gutiérrez (Director), Adriana Rodríguez Peña (Coordinadora del Concurso).

Información
Departamento de Humanidades y Letras.
Telefax:3 423790
Conmutador: 3239868, ext. 312
mireyaucentral@yahoo.es

Víctor Conde, Premio Minotauro 2010


El autor español


Dicen en España que es uno de los mejores libros de Ciencia ficción que se han escrito en el país ibérico. Un gran ganador, según el jurado. El Premio Minotauro ha sido entregado a Víctor Conde. Crónicas del multiverso. Ese es el libro ganador. Solo elogios para la obra:

Si en anteriores ediciones el premio Minotauro había podido ser acusado de indefinición por sus filtreos con el género fantástico -no hay acusación más grave para sus lectores- éste año ha logrado al fin la redención. Y es que el lector de Ciencia Ficción -no confundir, por favor, con la fantasía- tiene este año el libro que esperaba: Crónicas del Multiverso, de Víctor Conde, seudónimo con el que usualmente firma sus libros el tinerfeño Alfredo Moreno Santana (1973), que este año se lleva los 10.000 euros del galardón. Integraban el jurado Fernando Delgado, Ángela Vallvey, Juan Eslava Galán, Laura Falcó y Fernando J. López del Oso.

Elegido ganador de entre un total de 203 manuscritos llegados de España pero también de Argentina o México, Crónicas del Multiverso es una novela de SCiFi que casi no parece española. Y es que, frente a la escasez de obras que cultiven el género dentro de la narrativa patriz, Víctor Conde ha arrasado este año con una novela que adviene dentro de un universo imaginario ya completamente formado -en el que ya tiene publicada una obra que fue no por casualidad finalista del Minotauro en 2004: Mystes- y en un paradigma clásico de la Ciencia Ficcion: el de la space opera, esto es, la saga espacial a lo grande, sin medias tintas, que protagonizan civilizaciones populosas que pueblan constelaciones y galaxias.

Este miércoles, Conde ha afirmado al recibir el premio que “la clave de cualquier libro es que sea creíble y los personajes, reconocibles, pero en el fondo da igual lo que estás contando: siempre es una historia de amor”. ¿Y de qué va esta “historia de amor” estelar? Su campo de batalla narrativo es La Variedad: un archipiélago de soles moribundo poblado por 15 especies inteligentes y aisladas, sin puntos de fuga. Una de estas especies, los urianos, la más lúcida y misteriosa reacciona violenta y desproporcionadamente al robo al que les somete la corsaria interespacial Lina Kolbrand. Tan desmesurada reacción esconde un objetivo oculto y terrible que puede llevar a la guerra total y a la destrucción a toda La Variedad y su ancestral cultura.

Como ha reconocido sincero e irónico Juan Eslava Galán, miembro del jurado, la novela, que se publicará en marzo, se asienta con firmeza en un estilo “muy flexible y muy visual, aún con lo difícil que resulta para alguien de mi edad visualizar un universo así”.

15.2.10

Lo nuevo de Le Clézio


El Nóbel francés.


Aparece un nuevo libro de relatos de Le Clézio: Mundo y otras historias. Así lo comentan en Babelia:

Cuando en 1963 se publica en Francia El atestado, nadie hubiera podido imaginar el rumbo que tomaría la carrera literaria de Jean-Marie Gustave Le Clézio. Sus tres primeras novelas estaban en la onda del experimentalismo iniciado por los representantes de la "escuela de la mirada" y Le Clézio aparecía como un epígono de aquel grupo, con especial referencia a Michel Butor. Sin embargo, tras El diluvio (primera novela suya publicada en España, de la mano de Carlos Barral) y La fiebre cambió la dirección del viento. Hasta entonces su escritura estaba ceñida al mundo urbano-tecnológico y su peso sobre el hombre contemporáneo. La objetivización del punto de vista practicado por aquel grupo parecía un aliado perfecto para expresar esa sociedad, que Le Clézio detestaba, con la ayuda de elementos añadidos a la escritura, desde la tipografía hasta la fragmentación (que, por cierto, hoy se presenta en España como de la gran invención del momento) e, incluso, la utilización del collage, otra técnica bien experimentada ya en las vanguardias de comienzos del siglo XX.

La dirección del viento cambió para Le Clézio en 1969, cuando decide huir de esa civilización en busca de horizontes más puros. La veleta que marca el nuevo rumbo es El libro de las huidas. Nuestro autor se convierte en un errabundo que viaja de un continente a otro en busca de otros espacios y otras formas de vida, lo que le llevará por un camino que podríamos definir como iniciático hacia una búsqueda de sabiduría cósmica, un encuentro del hombre con su exterioridad a través de la Naturaleza que lo devuelva a sí mismo, a su esencia. En cierto modo, una especie de misticismo panteísta que puede incluso llevarle a planteamientos cercanos a la utopía. Todo ello, sin concesiones a la simpleza que amenaza a menudo a estos planteamientos: las fuerzas de la Naturaleza con las que trata son hermosas, vitales, pero también terribles.

Mondo y otras historias reúne una serie de relatos que tienen por común denominador el que sus protagonistas sean niños. Los niños, como los animales o las tormentas, pertenecen simbólicamente a la Naturaleza en la medida que están apenas contaminados por el proceso de civilización. Los de estos cuentos pertenecen a su vez a espacios abiertos o ciudades de otro tiempo. Los lugares donde transcurren las historias son abiertos y elementales, descarnados, con preferencia por el desierto, que es una constante en su obra. De hecho, Le Clézio es mauriciano y aunque criado en buena parte en Francia, el relato El africano, donde habla de su padre y su vivencia africana, deja bien a las claras el origen de sus preferencias por el paisaje selvático, desértico o de la sabana.

Aunque no vienen fechados, deduzco que todos los cuentos son posteriores a la aparición de uno de ellos, 'Lullaby', de 1970. De hecho, la comparación entre éste y 'Mondo' da la tónica del volumen, irregular, pero que contiene al menos tres relatos magistrales. Digo irregular porque el riesgo que corre permanentemente el autor con estos textos es el de idealizar el mundo de los niños. En 'Mondo', por ejemplo, el niño que aparece como por arte de magia en un poblado vive en la calle y es un dechado de pureza, resulta finalmente tan candoroso como cargado de buenas intenciones el autor. En cambio, Lullaby, Alia o Pequeña Cruz son personajes mucho más interesantes. De hecho, Le Clézio los utiliza para saltar del mundo real al mundo imaginario, y esta doble visión a veces puede resultar un tanto forzada. Cuando el personaje soporta el salto, el relato brilla a gran altura, como es el caso del espléndido 'Lullaby' o de la historia de Daniel Simbad, cuyo acierto soberbio es el de encerrarla entre dos momentos de realidad: los de los compañeros del colegio que se preguntarán siempre por él, tanto al comienzo como al final, creando un contraste expresivo excelente. Este sistema de inserción de un núcleo en otro lo repite en 'Hazarán', con la historia de Trébol dentro del relato de Alia.

La presencia de la Naturaleza es constante y su descripción, tanto en la realidad como en lo imaginario y en la ensoñación, está cargada de color, de rudeza, de austeridad y de sensualidad, de accidentes geográficos, colores y sensaciones que, salvo en los casos en que la idealización de los mundos soñados o intuidos los dirige hacia la abstracción, muestran una presencia poderosísima. Ejemplo de poderío es el relato último, 'Los pastores', una verdadera obra maestra en la que se resume lo mejor de esta segunda etapa literaria del escritor errante y viajero en busca de otros mundos, otras culturas, otros espacios de vida que oponer al modo de conocimiento obligado por la civilización occidental. Pero todos estos relatos tienen otro punto en común, aún más interesante: el deseo primordial del autor de captar el mundo con ese golpe de asombro con que el niño abre los ojos a lo que le rodea.

De resultas de su actitud, puede pensarse que Le Clézio es un autor titubeante que acaba por no definir su campo de acción. Craso error: Le Clézio es un buscador y un aventurero de la literatura. Su diversificación es producto del deseo de saber, el más poderoso estímulo de un escritor; desde la itinerancia (Viaje a Rodríguez) a lo biográfico (La música del hambre, El africano), desde la fascinación por las culturas perdidas u olvidadas (Desierto) al relato utópico (Urano), Le Clézio nunca ha dejado de ser fiel a sí mismo a través de la diversidad.

Pincha aquí para leer el primer cuento del libro.

12.2.10

Poema del Viernes # 5


Seamus Heaney (County Derry, Irlanda, 1939)


Irlanda ha dado escritores maravillosos. No por nada cuatro de ellos han sido Premio Nóbel: Shaw, Yeats, Beckett y Heaney. Desde Wilde, Joyce y Swift, por hablar de sólo algunos. De todos ellos, es Seamus Heaney el que más admiro. Hablando alguna vez con la mexicana Pura López Colomé, gran admiradora del poeta irlandés, me dijo que no ha conocido en toda su vida un lírico que escriba extraordinariamente de la naturaleza y del agua, como Heaney. Palabras de López Colomé. Le presté atención a ese comentario y me dejó sin palabras. Un Whitman contemporáneo. Pura, tienes toda la razón. Les dejo un hermoso poema del Nóbel irlandés.


Acta de unión

I

Esta noche, un primer movimiento, un pulso,
como si la lluvia se acumulase en el pantano
hasta romper y desbordarse: una presa que estalla,
un tajo abriendo la cama de helechos.
Tu espalda es una firme línea de costa del este
y brazos y piernas se prolongan
más allá de tus colinas graduales. Acaricio
la palpitante provincia donde creció nuestro pasado.
Soy el reino elevado por encima de tus hombros
al que no halagarías ni puedes ignorar.
La conquista es mentira. Envejezco
tolerando tu orilla semi-independiente
dentro de cuyos límites ahora mi legado
culmina inexorable.

II

Imperialmente soy varón todavía,
dejando para ti todo el dolor,
el proceso de rendición en la colonia,
el ariete, la barrera que explota desde dentro.
El acta germinó en una obstinada quinta columna
cuya postura crece de forma unilateral.
Su corazón bajo tu corazón es un tambor de guerra
que llama a filas a la fuerza. Sus parasitarios
e ignorantes puños pequeños
ya golpearon tus fronteras y sé que apuntan hacia mí
por encima del agua. No veo ningún tratado
que ponga a salvo por completo
tu cuerpo hollado y estirado, el gran dolor
que, como campo abierto, te deja en carne viva, una vez más.

Odiando a Bukowski


Charles Bukowski.


Hasta hace poco, y debo confesarlo, me "enclavé" en la literatura de Charles Bukowski. Le conocí todas sus formas, todas sus desventuras, todas sus desgracias. Fue una gran decepción. Esperaba más del llamado mejor poeta del siglo XX en los Estados Unidos. El leer sus libros de relatos La máquina de follar y Erecciones, eyaculaciones, excibiciones, hizo que su figurita de escritor se desvaneciera ante mis ojos. Sí, su objetivo fue el generar escándalo, alboroto. Lo consiguió, pero de una manera errónea. Es de esperarse que siempre aparecen de cuando en cuando escritores como Bukowski. En El malpensante, David Barker comenta en un largo artículo, cómo el poeta le escupió en la cara. Para David, fue todo un acontecimiento para celebrar. Les dejo la primera página:

La Taberna 49 estaba oscura y llena. Charles Bukowski, el más grande poeta del siglo XX en Estados Unidos, estaba de pie en el estrecho pasillo entre las mesas de madera empapadas de cerveza y la fila de sillas ocupadas de la barra. Bailaba borracho, con los brazos por encima de la cabeza, con una sonrisa ciega y cansada que le atravesaba toda su cara de mil batallas.
Era una cara dolorosamente viva, como carne de hamburguesa cruda, con todas las terminaciones nerviosas y las heridas abiertas, mostrando el horror y la agonía de vivir con el genio que no transige en una tierra de imbéciles. Era Lázaro levantado de entre los muertos por un Jesús bendecido y sangrante. Era Zorba el griego con los brazos balanceados y meciéndose suavemente. Era Charles Bukowski bailando.

Me detuvo cuando pasé entre la barra y él. Quedé paralizado como un conejo asustado, detenido por la hipnótica mirada de una cascabel enroscada. Su amplio pecho se expandió y sus poderosos brazos se elevaron aún más, listos para golpear, para caer sobre mí aplastándome.

Luego me escupió en la cara. El poeta más grandioso de los Estados Unidos, mi ídolo, mi héroe. La saliva lentamente empezó a descender por mi cachete. Yo no me limpié.

Dije “Gracias” y me devolví para la mesa.

Era Bukowski, el mejor escritor del mundo. El Hemingway de su época pero mucho más rudo y real que el mismo Hemingway. Y nos odiaba cuando decíamos esas cosas de él porque sospechaba que de pronto eran verdad. Y él espantaba su grandeza como si fuera una mosca impertinente.

Le decíamos Bukowski. No Charles Bukowski sino Bukowski. Los amigos cercanos le decían Hank, por lo de Henry, que es su primer o su segundo nombre, no recuerdo cuál. Y muchos de los editores de las pequeñas revistas durante los años sesenta le decían Buk o el Buk (que en inglés rima con puke, es decir, vómito) pero a mí nunca me importó.

Él era nuestro dios. Todos queríamos ser como él. Es decir, queríamos ser él. Queríamos su cara, su barriga de cervecero, sus entradas en el pelo, las cicatrices del acné, su nariz protuberante y venosa como si fuera una inmensa espada o la cabeza de un pene, el cuerpo deteriorado por la bebida, la carne avinagrada. Queríamos sus borracheras, sus mujeres salvajes, su poesía brutal, su alma en pena. También queríamos vivir esa leyenda. Pero ella solo le pertenecía a él. Únicamente dios sabe cómo la había conseguido. Y no se la iba a entregar a nadie.

Charles Bukowski nació en Alemania en 1920 y creció en Los Ángeles, California. En muchas de sus historias dice que su papá le pegaba, que cuando era un adolescente sufría de un horrible caso de furúnculos del tamaño de pelotas de golf por toda su cara y espalda que lo dejaron por siempre con cicatrices. Feo y asocial, empezó con la bebida cuando estaba en la secundaria y nunca la dejó.

Bukowski asistió al City College de Los Ángeles durante un tiempo, se salió y se convirtió en un vagabundo que escribía cientos de cuentos que ahora están perdidos y que él enviaba a las revistas de literatura al ritmo de más o menos cinco por semana. Todos eran devueltos y rechazados. Pero en 1945, a los veinticuatro años, publicó su primer cuento “Secuelas de una larguísima nota de rechazo” en la prestigiosa revista literaria Story.

Ese mismo año dejó de escribir y se embarcó en diez años de borrachera, vagando de ciudad en ciudad, de albergue en albergue, de un trabajo de mierda al otro, de puta en puta. Lo golpearon en bares de maleantes, se casó con una millonaria texana que tenía un cuello deforme y de quien se separó, durmió en canecas de basura en callejones infestados de ratas, pensó en suicidarse.

En 1955, fue internado en la sala de caridad de un hospital de Los Ángeles con úlceras sangrantes debido a la bebida. Por poco muere, y cuando salió del hospital consiguió un trabajo en una oficina postal, se compró una vieja máquina de escribir y empezó a crear la poesía que le dio la fama de duro poeta de la calle.

La primera vez que lo leí fue en los sesenta cuando escribía una columna para la Free Press de Los Ángeles titulada “Escritos de un viejo indecente”. Eso era buena prosa, divertida, impactante, espontánea pero por supuesto yo no tenía idea en ese momento de la poesía que él ya había escrito, la inmortal “tragedia de las hojas”, los poemas de amor para Jane, su único y verdadero amor que murió joven debido al alcoholismo: “Pruebo las cenizas de tu muerte”, “Para Jane: con todo el amor que tenía, que no fue suficiente”, “Uruguay o el infierno”, “Despido”; los poemas de amor más tristes escritos alguna vez. Cosas que rompen el corazón. Ni siquiera sabía que escribía poesía, mucho menos que era el poeta más importante en hacer su aparición en más o menos los últimos cien años.

Yo trabajaba en la biblioteca de la universidad de Long Beach State. El único tipo que sabía de Bukowski era un negro alto con un ojo malo que le revoloteaba por la cara cuando sonreía. Se llamaba Tony y vivía con una muchacha que tenía un bebé de él o de otro. Era inteligente, pero no hablaba mucho, se enredaba con las palabras cuando hablaba.

Le mencioné la columna de Bukowski un día que estábamos recogiendo los libros devueltos en el cuarto posterior y la cara de Tony se iluminó. Luego empezó a gritar emocionado y sin control.

“¡Sí, sí, hombre; ya leí al tipo! ¡Ese hijueputa está loco! ¡Es genial!”.

Pero fue John Kay quien me habló de sus poemas. John y Leo Mailman editaban una pequeña revista que se llamaba Mag. Era una buena revista sobre todo teniendo en cuenta que salía de una universidad. John tenía buen gusto y sabía dónde había buena poesía cuando se topaba con ella.

Cuando lo conocí, John acababa de sacar un libro de Gerry Locklin que se titulaba Poop and other Poems. Poop era en cierto modo un best seller para una editorial pequeña ya que agotó la primera edición de 500 libros en un mes y con el tiempo fue reeditado muchas veces. Localmente el libro era conocido porque Locklin, profesor en Long Beach State, tenía una fama muy bien ganada y el libro tenía su encanto, con ese título y la foto de Gerry sentado desnudo en la bañera con una cerveza y su patito de hule. Qué bien.

Por medio de John Kay conocí a Gerry Locklin y finalmente a Bukowski. Entre los dos, a su modo, me alejaron de ser ese poeta de mierda oscuro, romántico y sin esperanzas y me llevaron a otra parte; hacia el poema como debe ser si es que debe ser cualquier cosa.