4.4.10

Murakami, solo para Murakamistas


488 páginas de Murakanismo.


Eterna Cadencia, con sede en Buenos Aires, es la "gran pequeña editorial" donde algunos autores, me incluyo, quisieran estar. Una editorial sobria, organizada, lejana de todo atributo comercial -bueno, no tanto como las grandes-. En su página encuentro una particular reseña del libro El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas -ah, cómo me encantan los títulos en las obras de Murakami...-, la última novela editada en español del célebre japonés. No la he leido, y no creo que lo haga pronto, aunque, eso sí, está pendiente antes de finalizar el año. Aquí la reseña del libro de Murakami:

En realidad, El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas no es ni la última novela de Murakami ni una sola. Escrita en 1985 (antes que Tokio blues, Sputnik mi amor, o Al sur de la frontera, al oeste del sol), narra dos historias: la una, la del fin del mundo, la otra, la del despiadado país de las maravillas.

Una novela que guarda dos historias tiene la complicación extra de evitar que una trama opaque a la otra. Y aunque El fin del mundo como novela autónoma podría ser mucho más atractiva, el peso de Un despiadado país de las maravillas gravita más en la unidad.

El despiadado país de las maravillas

La realidad sucede un Japón futurista, tal como se entendía el futuro próximo en los años ‘80: lejos de Blade Runner, más cerca de la matrix.

El protagonista es un analista que realiza cálculos complejos para una organización llamada Sistema. Estamos ante absolutos: el mundo de la información se expande en una lucha entre el Sistema y sus archienemigos, Los Semióticos. En medio de esta guerra de bandos poderosos –pero no muy creativos a la hora de escapar de la literalidad–, aparecen los peones-soldados como el protagonista que analizan y transportan la información en una parte inalcanzable de sus cerebros.

Nuestro hombre es llamado a realizar una complicada tarea a pedido de un científico tan genial como loco –una versión japonesa de Christopher Lloyd en Volver al futuro aunque desprovista del humor. Debe hacer un shuffling; no se nos explica en qué consiste. (En realidad, sí hay una explicación, pero Murakami usa el mismo recurso de Hollywood: el científico desarrolla una teoría al trotecito para justificar lo imposible y el lego no tiene problemas en comprenderla en profundidad. Como golpe de gracia, el primero lo alienta diciéndole que es tan inteligente –y por ende, nosotros tan tontos– que puede unir los puntos por sí mismo. Por el bien de la novela, uno termina concediendo lo verosímil.)

Algo sucede durante el trabajo del analista y se pone en marcha un proceso irreversible. El mundo tal como lo conocemos tiene las horas contadas.

El fin del mundo

Mientras tanto, en el fin del mundo la cosa es diferente. De un Tokio hipertecnificado pasamos a una ciudad preindustrial rodeada por una muralla y controlada por un guardián kafkiano –un guardia que cuya función, como luego descubrimos, es sólo la de contener al protagonista–. La gente se apresta a vivir en paz y armonía hasta el fin de los tiempos. La única condición para permanecer aquí es la de despojarse de la sombra y así, cuando esta muere, perder el corazón.

La traductora nos explica que corazón en japonés tiene más significados que en español: “abarca ámbitos del conocimiento, los sentimientos y la voluntad, de manera que incluye conceptos como pensamiento, mente, alma y espíritu”. La paz llega sin pulsiones.

El protagonista de esta otra “novela” está encargado de trabajar en la biblioteca, leyendo viejos sueños que se almacenan en cabezas de unicornios. Como su sombra todavía vive –está al cuidado del guardián de la muralla– todavía tiene corazón. Es capaz de sentir y enamorarse, pero no puede acceder al conocimiento imperecedero de los otros. Por ejemplo, no entiende por qué un grupo de hombres deciden perder una mañana haciendo un pozo. ¿Para qué lo hacen? Para hacer un pozo. No hay un propósito ulterior en una ciudad que se prepara para la eternidad.

El dilema que lo atraviesa es la de serle fiel a su sombra o a su corazón: o escapa con su sombra o permanece en la ciudad con la mujer que ama a costa de que su sombra muera de frío. Pero la paradoja está en que su sombra es su corazón. Sin ella no podrá amar, con ella no tendrá al ser amado.

El despiadado fin de las maravillas del mundo

Cuando las tramas se conectan no sorprende descubrir que los dos protagonistas son la misma persona en diferentes estados de conciencia: a diferencia de Neo que debe entrar en la matrix, nuestro hombre debe ingresar en su propio subconsciente. Es por ese camino sin retorno por donde llegará a la eternidad. Pero hasta tanto lo consiga, deberá huir de sus patrones, de sus enemigos y, para colmo, de un nuevo bando se suma a la persecución: los tinieblos son unos seres que viven en las profundidades de Tokio, debajo del subterráneo, que odian a la raza humana.

La novela tiene un par de curiosidades. Una: el analista piensa en hacer un pozo desde Tokio para atravesar el planeta y llegar a… la Argentina. Otra: mientras investiga acerca de los unicornios decide consultar El libro de los seres imaginarios: Borges como un manual de estudios. Hay otros momentos gratificantes y es interesante el uso de la ironía y la paradoja, pero en el balance es muy poco para sostener una novela de casi 500 páginas. Además, llama la atención la falta de sentimientos de todos y cada uno de los personajes. La pasión es como la llamita de calefón en piloto. De hecho, el protagonista pasa las que podrían ser sus últimas horas en un lavadero viendo cómo se seca la ropa interior de una joven (que no desea) que lo espera en la casa.

Tautología

La novela verifica la afirmación tautológica que Murakami le gusta a los que le gusta Murakami. Ningún fan de Murakami va a quedar decepcionado. Pero ¿qué pasa con quienes no son amantes incondicionales? Mi lectura supuso un avance tortuoso. Día tras día me proponía abandonarla, pero la novela fue persistente, me siguió llamando hasta que la terminé. Tal vez eso sea lo mejor de la novela: que no puedas dejarla hasta el final.

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