23.12.09

Mil años de la poesía española


Francisco Rico.

Así se llama la nueva antología que recientemente se publicó en España, a cargo del académico Francisco Rico. Lo entrevistan en La vanguardia, publicado por la Revista Ñ:
¿Un antólogo es un notario de lo que el tiempo decanta, o bien reemplaza al tiempo en esa labor de ponderación?
La literatura es una tradición. Nadie se levanta y escribe un soneto sin haber leído antes muchos sonetos. Pero esa tradición está regida por la ley del péndulo, que hoy adora a unos poetas y mañana los desdeña: durante dos siglos, Góngora fue un autor despreciado. Al antólogo le toca reconocer el canon de la tradición a la altura de cada tiempo, los textos que permanecen y los que no se habían estimado y con la perspectiva histórica resultan ser más actuales que otros en su momento muy elogiados,

No es un ejercicio cómodo...
Juego con ventaja. De Quevedo hay media docena de piezas imprescindibles. Pero si uno se pone como límite una docena, la otra media queda al gusto del antólogo, y el lector le tolerará que muestre esas preferencias, aunque las suyas sean otras.

Pensaba más bien en la exclusión de algún autor.
Si he quitado a alguno, como Miguel de Barrios, un poeta judío que murió en 1701 y es muestra de la decadencia del Barroco, ha sido para hacer sitio a otros, por ejemplo a los que cultivaron la poesía erótica con tanto ingenio como desvergüenza.

Pero usted da más importancia a la "tradición" que a su aportación personal, que justifica como una licencia que ha de ser perdonada.
Es una forma de quitarme responsabilidades, de decir que los errores, unos son míos y otros de la tradición. El terreno más resbaladizo es el de los autores que he añadido en esta nueva edición, que ya llega hasta los nacidos en 1960, una Blanca Andreu, un Àlex Susanna o un Carlos Marzal. Ahí cabe no poca discusión, y la verdad es que no están varios que me gustan más que otros sí que he incluido. Pero también ahí he podido guiarme por algunos criterios objetivos. Por ejemplo, Google...

¿Por el número de entradas que tenga un poeta?
La labor de un científico, su reconocimiento, se mide hoy por el número de menciones que logra en los trabajos de otros científicos, y Google tiene incluso herramientas para ese objeto, de las que a menudo depende la valoración de un investigador. No hay que tenerle miedo a tomar esos datos como punto de referencia. Claro que existen otros, como las antologías hechas por votación de críticos y creadores. Y para los más jóvenes a mí me ha sido también muy útil fijarme en quienes ya han publicado unas "poesías completas".

De las últimas corrientes como tales que incluye en la antología, ¿cuáles le interesan más?
Entre la que llaman "poesía del silencio" y la "poesía de la experiencia", me inclino por la segunda, pero porque me tira más lo clásico. Si tuviera que recomendarlas, diría que la primera es más para poetas y la segunda para lectores que no son poetas.

Y con la poesía reducida a un mercado de élite, casi endógamo ¿siguen funcionando las capillas?
Hay casos raros de un poeta que se abre paso solo, pero lo común es que se dé a conocer como parte de un grupo. Casi desde siempre, en cada provincia hay una tertulia, que hoy a su vez publica una revista y cuenta con el apoyo de una institución local, y ese es el grupo que tiene el poder.

Pero la poesía apenas mueve dinero...
Que sí. También en la poesía hay grupos de presión y editoriales, algunas óptimas, con gran control del mercado. Una tertulia de poetas de Sansueña que tiene en sus manos una revista y dirige una colección es en sí mismo un grupo de presión.

¿A pesar de ser un mercado casi clandestino y de haberse convertido en un arte elitista, cuando fue una expresión artística puramente popular?
La poesía ha vivido un proceso paralelo al de las artes, un progresivo ensimismamiento. En otras épocas los poetas populares convivieron con las vanguardias. Luego la individualidad del autor se convierte en el centro de la obra de arte y los artistas, poetas incluidos, van encerrándose en sí mismos y reservando su obra a los iniciados

¿Se vende bien la poesía?
La poesía secreta tiene muchos agentes. Estoy seguro de que en este local [un pub de la calle Alfonso XII, muy cerca de la Real Academia de la Lengua, en Madrid] hay un buen porcentaje de ellos. Y los autores de poesía secreta, a menudo con cajones llenos de versos, son también lectores de poesía. Es cierto que, mayormente, se lee a los poetas clásicos y muy poco a los nuevos. Pero cada edición de un Rimbaud, Leopardi, o Shelley, se vende continuamente, siempre están en las librerías. Y si observa a las principales editoriales especializadas, Visor o Hiperión, por ejemplo, no son grandes imperios, pero no se arruinan ni pierden dinero. Piense que los sonetos de Joaquín Sabina han vendido quizá 25 ediciones.

Cierto. Es curioso, porque se trata de un escritor con una obstinación en la rima que ni siquiera es común en la música, a pesar de sus ripios.
La buena rima es siempre creativa. Tiene un punto de exigencia que hace que los versos surjan por asociación. Y, si lo piensa, todo es ripio y nada lo es. Verá... [Francisco Rico pregunta entonces al periodista sus dos apellidos y sobre la marcha compone una cuarteta perfecta con ellos]. ¿Lo ve? Todo es ripio y nada es ripio.

Tiene usted facilidad para la rima, está claro.
Hablando en serio, esa facilidad es indispensable para la poesía. Un poeta que tiene que contar la sílabas o buscar las tónicas de un verso, no es un poeta. Con Carlos Barral jugábamos a marcar el ritmo de un verso con golpes sobre la mesa y adivinar de qué poema clásico se trataba.

¿Es usted el niño travieso de la Academia?
No más que en otros sitios. Álvaro Pombo me dice: "Paco, tú lo que eres es ganso". Pero es que en los sitios serios hay que saber no tomarse a uno mismo en serio.

En los últimos años parece que la Academia ha estado con más frecuencia en la esfera pública y en el debate. Incluso político.
Fernando Lázaro Carreter le dio un rigor científico que había venido faltándole; Víctor García de la Concha le ha añadido proyección, y sobre todo un formidable vuelo en Hispanoamérica. Creo que ahora a la Academia le toca volverse de nuevo más hacia adentro, con empresas como el diccionario histórico.

Los chicos no se divierten tanto con el método tradicional de enseñanza de la literatura, el cronológico, de la antigüedad a nuestros días. No crea muchos nuevos lectores.
Todo el modelo de enseñanza debe cambiarse, al menos en lo relativo a las humanidades. No se puede vivir de Cicerón y Virgilio y sin Kafka ni T.S. Eliot. Hay que enseñar el canon moderno, y no perpetuar la forma en que se enseñaban hace cincuenta años las humanidades. También aquí hay que aprender de Google.

¿Google?
Se trata, a partir de una lectura, de establecer links con otras artes, la pintura o la música, o con otros momentos históricos. Ir proponiendo relaciones interesantes y relevantes entre obras y autores. Y en ese nuevo currículum, la poesía puede ser utilísima; y a la gente le gusta si se la presentas bien. Puede dar mucho juego

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