21.1.10

López Velásquez: mucha poesía, pocos poetas


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El controvertido Germán López Velázquez, periodista incansable, promotor cultural y director de la revista Mefisto, amigo incondicional, dicharachero, satírico y lúcido, lanza un mordaz ensayo donde comenta el país que somos: mucha poesía, pocos poetas. Un abrazo Germán, y si, de acuerdo contigo. Aquí un aparte:

La historia de Colombia es la historia de una fantasía. Seguimos levitando; con los pies por encima de la tierra. Nuestro nivel de locura se aproxima a la catalepsia, es decir, a la inmovilidad total, a la extinción del alma nacional. Sin alma no hay movimiento, por supuesto. Nuestra nación sigue postrada, alienada, paralizada. Es una tragedia porque nos acercamos a los doscientos años de la llamada independencia de España, que realmente medio se concretó en 1819 con las batallas del Pantano de Vargas y del Puente de Boyacá. No es verdad que nos hayamos independizado el 20 de julio de 1810, es un decir de historiadores de enseñanza primaria. Si nuestra independencia se hubiera sellado en esa fecha, no tendría razón de ser la gesta libertadora de Simón Bolívar, que seguía sin concretarse en 1830, el año de su solitaria y prematura muerte y que empezó, precisamente, después de 1810. El grito de independencia de los terratenientes, comerciantes, intelectuales y juristas del 20 de julio, los criollos ricos, que querían el poder para ellos en la Nueva Granada, no es más que el comienzo de una encarnizada lucha de clases. Y el pueblo, como siempre, utilizado y acribillado por la revolución contra España. Vale la pena rendirle tributo, reconocimiento sincero, abrazo fraternal, a los soldados de esa época, a los que se alistaron dando cumplimiento al Acta de Independencia para proteger a Bogotá de una arremetida española. También a los que acompañaron a Bolívar y a todo su enjambre libertador. Sin duda, verdaderos colombianos. Esos ejércitos populares, revolucionarios, renunciados a la vida total de sacar a España de nuestros territorios, merecen todos los monumentos públicos. Si imagináramos siquiera por un momento, el cruce a caballo desde Bogotá hasta Quito, en la llamada Campaña del Sur, comandada por Bolívar, entenderíamos el sacrificio. Ahora hay grandes autopistas, vehículos raudos, restaurantes en las vías, hoteles lujosos donde se suspende la travesía, armas de largo alcance, aviación militar, artillería moderna, trajes contra el frío, medicinas, termos y alta tecnología en los teatros de operaciones militares. Las bombas lanzadas del cielo son de al menos 500 libras de pólvora. Un estallido verdaderamente universal. En esa época, la faena tenía otro precio. Era el verdadero compromiso, la entrega absoluta a la causa libertadora de esos miles de campesinos desharrapados que morían en las hondonadas, los precipicios y por el frío inclemente de los páramos. Esa reflexión es necesaria y justa.

Cuando era niño de escuela me hicieron dibujar a Camilo Torres y a don Antonio Nariño, para enseñarme la historieta aquella del grito de independencia. Desde luego, no pudo faltar don José Acevedo y Gómez, el famoso, trillado y no estudiado, Tribuno del Pueblo. El 20 de julio se conmemora en Colombia en forma superficial y estúpida, diciéndoles a las gentes que es día nacional y que deben izar una bandera. Claro que en los últimos dos años ha habido un cambio. Ya no importa poner la bandera en el balcón y la ventana sino salir a las plazas a escuchar a todos los cantantes vallenatos y a Shakira, Carlos Vives y Juanes. Esta es la nueva forma de celebración de nuestra historia.

Es bueno comprender que el 20 de julio de 1810 no se dio por historicismo espontáneo. Hay unas causas y también unas consecuencias. Es decir, tres momentos perfectamente articulados. Antes del 20, el 20 y después del 20. Hablemos de antes del 20 para ir hilando todo el carretazo que se maneja en estos días de aparente primavera independentista. España nos colonizó por cerca de trescientos años. La transculturización fue total. Su brazo ideológico lo constituyó la Iglesia Católica con sus conquistadores, su Biblia y su Santa Inquisición. Lo demás, fue la violencia contra nuestras gentes, ejercida en todas las formas, desde la tortura hasta el sicariato de nuestros hombres insignes, no sólo con pistolas españolas, francesas o inglesas, sino con cuchillos y todo tipo de bayonetas. Los realistas o chapetones fueron bastante decididos a la hora de masacrarnos. Hacían cumplir las órdenes de su majestad o de su virrey a cualquier precio. Nuestra condición de vasallos nunca se puso en duda. Obligados a pagar impuestos, a ir a misa, a ser hipócritas y camanduleros, a no pensar, a no escribir, a dejarles los seminarios, los colegios y las universidades a los criollos, léase cundinamarqueses, caucanos o boyacenses, al servicio de la corona (la nueva clase social terrateniente y comercial, digna de recibir privilegios por su lealtad al virrey de turno); pero, también a morir en palacios de la Inquisición y descuartizados al estilo de José Antonio Galán, el líder comunero de la provincia del Socorro, de San Gil, Charalá y Mogotes. Es que los españoles nos hicieron duchos en el arte de la tortura antes de 1810. A José Antonio, a quien le incumplieron un acuerdo de paz que el virrey tiró a la basura al saber su asesinato, fundamentado en la baja de impuestos, en mayores oportunidades y trato justo para las gentes del Socorro y lugares aledaños, lo partieron y macabramente, lo izaron en maderos ubicados en varias localidades de esa provincia, para despertar terror en las comunidades que se atrevieran a protestar o levantarse de nuevo contra los amos españoles. Mucho antes que los paramilitares colombianos ya teníamos esos modelos para aniquilar a los opositores. Ellos nos dieron ejemplarizantes lecciones de muerte atroz, ajustadas a todas las exigencias del Derecho Internacional Humanitario. Si no hubieran muerto sus ejecutores y autores intelectuales, tendría ahí la Corte Penal Internacional mucho trabajo, ahora que rige en Colombia gracias al Tratado de Roma.

Es suficiente desplazarse a Cartagena y visitar el Palacio de la Inquisición, para aprender sobre desmembraciones y lamentos propios de Dante. Todas esas cosas ocurrieron antes del 20 de julio de 1810. Ahora bien, los vientos renovadores de la Revolución Francesa de 1789, la independencia de la América sajona de 1776, la traducción de los Derechos del Hombre y del Ciudadano hecha por Antonio Nariño desde la clandestinidad, la crisis económica de España invadida por Napoleón Bonaparte y el imperialismo expansivo de Inglaterra, hicieron su aporte revolucionario. No fue, pues, el 20 de julio de 1810, una simple algarabía de idiotas veintejulieros en la esquina de la Plaza de Bolívar de Bogotá, porque un rico comerciante español, chapetón hasta la médula que orinaba azul de Prusia, no les prestó un florero, valga decir, una jarra para servirle jugo de maracuyá o tomate de árbol a don Antonio Villavicencio y sus amigos, cercanos todos a la corona de don Fernando Séptimo y católicos hasta la coronilla. ¡Eso jamás! Había unos antecedentes como acabo de explicarlo de la mayor seriedad y con muertos suficientes. Eso hay que decirlo a las nuevas generaciones, a los estudiantes, a todos los que estamos próximos a los grandes conciertos de Juanes y compañía el 20 de julio de 2010, fecha de celebración del famoso bicentenario de nuestra independencia, donde ya se han lanzado hasta globos aerostáticos en cantidad de cien por toda la capital de la república con el nombre de Vuelo de la Libertad y cumplido otras juergas populares con costos cercanos a los cien millones de pesos y constituido una junta bienhechora encabezada por el ilustre escritor del establecimiento, don William Ospina.

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1 comentario:

Leogilg dijo...

Siempre es bueno leer un artículo que haga un balance aterrizado del circo del bicentenario. Aterrizado el balance, porque la larga capa de adjetivos (así William Ospina se merezca eso y más), eleva al texto como cualquier panfleto al aire, restándole seriedad a la importante propuesta de López Velazquez.

En cuanto al problema de los poetas, hay que decirlo, tiene razón.