15.1.10

Mil años de poesía española


La portada.

En El cultural comentan una nueva antología de poesía, como si fuesen suficientes las que circulan. No es una queja, es una realidad. La info aquí:
Con la antología Mil años de poesía española ocurre como con la selección nacional de fútbol: cada español tiene la suya propia y ninguno está de acuerdo con la de Vicente del Bosque. O con la de Francisco Rico, en nuestro caso.

Discrepancias de opinión que, obviamente, no suelen afectar a los titulares indiscutibles: que levante la mano el valiente que dejaría fuera de la Armada Invencible (o siquiera en el banquillo) a Quevedo o a Luis Cernuda. En cuanto a esa mayoría de poetas prescindibles e incluso contraproducentes en la tradición española (no daremos nombres, para que ni vivos ni muertos se ofendan, aunque uno empieza por “campo” y termina por “amor”), Francisco Rico se cura en salud asegurándonos que “puede el lector estar tranquilo: en las páginas que siguen mi parte ha sido la menor posible. Esta antología la ha hecho esencialmente la memoria poética de España, ella ha elegido el grueso de los textos que aquí se reúnen”. Y en esto no miente: Mil años de poesía española respeta escrupulosamente el canon institucional oficialmente sancionado de nuestra literatura, evitando con prudencia cualquier sorpresa o innovación en la lista de los elegidos para la gloria.

Originalmente publicado en 1991 como La poesía española y con seis reimpresiones entre 1996 y 2001, Mil años de poesía española incorpora en esta nueva edición autores nacidos después de 1939. Una idea más exacta de en qué consiste esta actualización la da el hecho de que el último de los antologados sea Carlos Marzal (1961). Con ello, el siglo XX ocupa aproximadamente un tercio del volumen, si bien Rico tiende a conceder a máximos poetas el mínimo espacio: Julio Martínez Mesanza (cuya épica Europa es una de las mejores razones que conocemos para aprender a leer) sólo está representado por dos poemas. Estrecheces que, sin embargo, resultarán envidiables para Félix Grande o Jenaro Talens, o para los escritores en lengua no española, como los euskaldunes Xabier Lete, Ibon Sarasola, Luigi Anselmi o Joseba Sarrionandia, con un solo texto que se pronuncie en su nombre. Y toda la penuria de una crítica literaria española políticamente incorrecta e ideológicamente aislada queda de manifiesto en que, de los treinta y ocho autores posteriores a 1939, sólo cuatro son mujeres: Clara Janés, Olvido García Valdés, Ana Rossetti y Blanca Andreu. De lo anterior a esa fecha, mejor ni hablar.

Manual introductorio para no iniciados, Mil años de poesía española se propone alcanzar como público “un buen número de lectores, en especial entre quienes no dispongan de grandes conocimientos de literatura ni tengan al alcance una amplia biblioteca” y se fija como objetivo editorial ayudar al español medio a localizar “el verso que llevaba tiempo rondándole por la cabeza y no sabía dónde buscar”. Para bien o para mal, aquí es posible encontrar algunos de los más célebres bestsellers de ayer pero también de hoy, desde el irrepetible “Amor fou” de Luis Alberto de Cuenca (“Los reyes se enamoran de sus hijas más jóvenes”) hasta el olvidable “Tú me llamas, amor, yo cojo un taxi” de Luis García Montero.

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